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| 11/27/1995 12:00:00 AM

CLINTON PELA EL DIENTE

Lo que Samper interpretó como una palmadita de Clinton en la espalda, durante la asamblea de la ONU, parece más bien una palmada en la mano.

CLINTON PELA EL DIENTE CLINTON PELA EL DIENTE
PARA LOS COLOMBIANOS todavía es difícil saber si cuando el Présidente de Estados Unidos se refiere al país, eso es bueno o malo. Así quedó confirmado la semana pasada después de una serie de intervenciones de Bill Clinton en las cuales se mencionó el nombre de Colombia.
Por una parte, hubo palmaditas en la espalda. En el discurso que pronunció el pasado 22 de octubre ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, el actual inquilino de la Casa Blanca reconoció que "en colaboración con las autoridades colombianas, hemos reprimído drásticamente a los carteles que controlan el mercado mundial de la cocaína. Hace dos años vivían como multimillonarios, por encima de la ley. Ahora muchos viven como prisioneros tras las rejas".
Esa mención, al igual que otros puntos del discurso, fue interpretada positivamente por el gobierno colombiano. "El marco conceptual con respecto al problema de la droga es similar al que ha utilizado Colombia en el pasado. Se reconoció por parte del presidente Clinton que este es un problema global que se apoya en el consumo de narcóticos y requiere un esfuerzo conjunto y una solución también global", le dijo a SEMANA el canciller Rodrigo Pardo.
Dos días después, el turno en el mismo escenario de la ONU correspondió a Ernesto Samper quien, ni corto ni perezoso, trató de capitalizar el reconocimiento expreso hecho a Colombia. "Tenìa razón, en su discurso del domingo, el presidente Bill Clinton, cuando destacó que los golpes que hemos dado a los narcotraficantes han sido el fruto del trabajo conjunto", dijo el mandatario.
Con ese intercambio de elogios el gobierno aspiraba a recuperar el terreno perdido por cuenta de las declaraciones del ministro del Interior, Horacio Serpa, a finales de septiembre pasado, cuando este aceptó la posibilidad de que la DEA, la agencia antidrogas norteamericana, estuviera envuelta en el atentado contra el abogado Antonio José Cancino. En esa ocasión el Departamento de Estado respondió con varios comunicados particularmente duros que crearon nerviosismo entre la clase dirigente en Colombia.
El ramo de olivo tendido por Samper va a ser seguido por una visita del Canciller a Washington a comienzos de noviembre. La idea es aprovechar el resquicio que abrió Clinton para ganar puntos en la capital norteamericana.
Sin embargo, no todo lo que dijo el ex gobernador de Arkansas fue recibido tan positivamente. En su discurso en la ONU anunció que había tomado una serie de medidas para atacar el lavado de dinero, además de congelar los activos en Estados Unidos de una serie de compañías y de personas vinculadas al cartel de Cali. Dentro de las decisiones tomadas, incluyó una declaración de emergencia nacional "en respuesta a la desusada y extraordinaria amenaza contra la seguridad nacional" de Estados Unidos por parte de "traficantes de narcóticos ubicados en Colombia". Según Clinton "la penetración de sectores legítimos de la economìa colombiana por parte del llamado cartel de Cali, le ha permitido frecuentemente corromper diversas instituciones del gobierno colombiano y de la sociedad".
A pesar de que la guerra contra los activos del cartel fue también apoyada por el presidente Samper, las cargas de profundidad lanzadas por Clinton al subirle de esa manera el perfil a la guerra contra las drogas, angustiaron a más de uno. "La orden ejecutiva de Clinton es una medida bien preocupante, que no se sabe a dónde puede llegar", escribió el columnista Enrique Santos Calderón.
Y es que, por más sonrisas, Washington dejó en claro que es capaz de cualquier cosa con tal de defender la seguridad nacional de la amenaza del cartel de Cali. Por esa razón posibilidades como la aplicación de la sección 487 de la ley antinarcóticos de Estados Unidos, que faculta al Presidente norteamericano a tomar represalias contra países o personas que pueden haber sido ayudados o hayan cooperado con los carteles, han vuelto a tomar vigencia. Así mismo se anticipa que el debate de la próxima certificación de los esfuerzos del gobierno colombiano, programado para febrero, será arduo y complejo.
Todo se vuelve aún más complicado por la llegada de la campaña electoral norteamericana, con Clinton enfrentado a los precandidatos republicanos. El caso de Colombia, con un gobierno cuestionado por la financiación de su campaña, parece un bocado de cardenal para ser explotado con fines electorales. Semejantes cálculos están en la mente de los conocedores, quienes esperan que lo que comenzó como una felicitación, no acabe convirtiéndose con el correr de los días en una amenaza.

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