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| 5/30/1994 12:00:00 AM

COBRO DE CUENTAS

Misterio alrededor del asesinato del capitàn Humberto Coral, oficial que estuvo al frente del operativo en que murió Pablo Escobar.

COBRO DE CUENTAS, Sección Nación, edición 626, May 30 1994 COBRO DE CUENTAS
SENTADA EN UNA VIEJA POLTRONA EN LA sala de su casa en el populoso barrio barranquillero El Recreo, doña Julia permanece en silencio. Entre sus gruesas manos sostiene una foto de su hijo Humberto, la cual no deja de mirar ni un instante. Con voz entrecortada repite una y otra vez: "¡Dios me falló... Por qué, Dios mío..!". Sus pequeños ojos rojizos se llenan de lágrimas, y estalla en un llanto inconsolable. Esta mujer, que durante los últimos 10 años estuvo con el Credo en la boca y que en las noches y en las mañanas rezaba con devoción el rosario para que las ánimas y los santos protegieran a su hijo, es la madre del capitán Humberto Coral Caballero, asesinado en la madrugada del pasado 22 de abril en Medellín.
El capitán Coral era uno de los más eficientes oficiales del Bloque de Búsqueda, comando que estuvo tras las huellas de Pablo Escobar y su organización criminal durante más de un año. Este oficial fue el hombre clave en el grupo de comandantes que participaron en el operativo del 2 de diciembre del año pasado, cuando el Bloque dio de baja el jefe del cartel de Medellín. Hace apenas tres meses había sido nombrado, por sus méritos y arrojo, comandante del Bloque de Búsqueda en la capital antioqueña.
El hijo de doña Julia encontró la muerte cuando cinco sicarios interceptaron el vehículo en que se movilizaba con su novia. Los hombres, fuertemente armados, bajaron al oficial del vehículo, le colocaron una pistola en la cabeza y, sin mediar palabra, uno de ellos le disparó a quemarropa. Paradójicamente, Coral murió en un lugar que le era muy familiar: a pocas cuadras de allí, hace tan sólo cuatro meses, se desarrolló el operativo donde cayó Pablo Escobar.
Días antes habían sido asesinados el jefe de automotores de la Fiscalía Regional de Antioquia, Carlos Mario Cardona Henao, y Alejo Mario Pimienta, gerente de automóviles y reclamos de la firma Suramericana de Seguros. Por eso se llegó a pensar que el asesinato del capitán Coral podía ser un episodio más y no necesariamente relacionado con el asesinato de Escobar. Sin embargo, una vez examinadas con más profundidad las pruebas disponibles, todo parece indicar que las causas fueron otras y que detrás del crimen está la mano de un reducto de lo que queda del llamado cartel de Medellín.

EL ULTIMO DIA
El mismo día de la muerte de Coral, doña Julia había abordado un avión que la llevaría rumbo a Nueva York a pasar unos días de vacaciones en casa de su hijo mayor, Wilson. Antes de partir, habló por teléfono con Humberto, quien la convenció de que se fuera tranquila porque las cosas en Medellín estaban muy calmadas y que ya no había por qué preocuparse. Doña Julia le creyò: "Llevaba mucho tiempo sin poder dormir ni comer. Los nervios me estaban matando y cada vez que en la radio escuchaba una noticia de Medellín, me enloquecía. No aguantaba más, y por eso decidí irme para Estados Unidos".
Despuès de hablar con su madre, el capitán Coral comenzó a cumplir su rutina diaria: se reunió con los oficiales, pasó revista a sus 150 hombres, respondió varios memorandos que tenía en la gaveta de su escritorio y ordenó una serie de trabajos en el cuartel del Bloque. Hacia las cinco de la tarde se comunicó con su novia y acordaron una cita para esa noche.
Dos horas después, ya vestido de civil, el capitán abordó su vehículo particular, un Swift de placas BBA-268. Todos sus subalternos se sorprendieron cuando lo vieron abandonar la escuela Carlos Holguín, pues en el año y medio que Coral llevaba en la capital antioqueña era la primera vez que salía de sus instalaciones a cumplir una cita personal. Por seguridad nunca antes lo había hecho, y lo más lejos que se había desplazado era a un quiosco situado a una cuadra del cuartel, donde de vez en cuando tomaba gaseosa con los agentes y oficiales del Bloque. La sorpresa de sus compañeros fue mayor cuando comprobaron que el comandante del Bloque de Búsqueda se había ido solo, sin su escolta.
Cinco horas antes de morir -a las ocho de la noche- el capitán llegó a una de las tabernas del exclusivo sector de la calle 70 en Medellín. Acompañado de otra pareja y de su novia, permaneció allí, disfrutando de la música y de unós tragos. Hacia las 12 y 30 de la noche abandonó el lugar. Se despidió de sus amigos y tomó la ruta hacia la casa de su novia. Sólo le faltaban tres cuadras para llegar, cuando se le atravesó un vehículo Mazda del cual descendieron cinco hombres que encañonaron a la pareja. Pensando que se trataba de un robo, el capitán se dirigió a ellos, les gritó que se tranquilizaran, que se llevaran el carro y todo lo que quisieran. Ninguno respondió. Lo tomaron por los brazos, y dos de los sicarios apuntaron sus armas hacia la cabeza de Coral.
Uno de los asaltantes lo despojó de su reloj y de la plata que llevaba en la cartera. Coral siguió pidiendo que se calmaran. Pero de nuevo hubo silencio y segundos después se escucharon tres disparos. Su cuerpo se desplomó. Los delincuentes abordaron el Mazda y partieron raudos. La novia de Coral, quien durante el asalto no fue lastimada, trató de subirlo al carro y llevarlo de urgencias a un hospital, pero ya era demasiado tarde. Los tres tiros fueron mortales y el capitán Humberto Coral murió segundos después.
A esa hora, en Nueva York, doña Julia se encontraba en el apartamento de su hijo Wilson. A las tres de la mañana timbró el teléfono y se enteró de la nefasta noticia: su hijo, a quien por razones de seguridad nunca se le reconoció públicamente su participación en el operativo en el que se dio de baja a Escobar, había sido asesinado. Ella, inconscientemente, siempre lo había temido.

LA TRAYECTORIA
El capitán Humberto Coral llegó al cuartel del Bloque de Búsqueda en Medellín en enero del año pasado. Fue asignado como comandante de una de las compañías, y bajo su responsabilidad estaban 80 hombres. Participó en la gran mayoría de los 8.000 allanamientos que realizó el Bloque en la capital antioqueña en busca del paradero de Pablo Escobar. Formó parte de las principales operaciones contra la organización del cartel de Medellín. Estuvo en primera línea en el operativo que terminó con la baja de Mario Alberto Castaño Molina, alias 'El Chopo'. Sirvió de apoyo vital para que el comando de asalto tuviera éxito en la misión. Ese mismo día, y después de haber dado de muerte a 'El Chopo', el Bloque de Búsqueda se apuntó otro hit: el capitán Coral, al mando de un grupo de 20 hombres, allanó una casaquinta en el barrio El Poblado donde estaban almacenados 3.000 kilos de cocaína.
Con el paso de los días, Coral se convirtió en uno de los oficiales con mayor conocimiento en la localización de caletas. Fueron muchas las que se abrieron ante sus ojos, repletas de armamento, droga y documentos de la organización terrorista de Medellín. Por esa razón, cuando un informante dio pistas sobre el paradero de Escobar en el barrio San José, Coral fue asignado para adelantar una de las misiones más difíciles que tuvo el Bloque de Búsqueda: durante cinco días rastreó las huellas del jefe del cartel de Medellín a través de la red de alcantarillado. Como un topo se metió en cada uno de los recovecos de las alcantarillas. Pero Escobar logró escaparse, pues conocía mejor el terreno. Sin embargo, el capitán Coral y sus hombres hallaron documentos que contenían información clave para los operativos posteriores. En la medida en que su trabajo iba dando resultados, las misiones que se encomendaban a Coral eran más importantes. Fue él quien adelantó uno de los allanamientos más espectaculares del Bloque, realizado tres semanas antes de que un comando diera con el paradero de Pablo Escobar. En esa oportunidad, Coral se tomó el Hotel Intercontinental y seis manzanas a la redonda. En menos de tres horas peinó el hotel y las 57 casas que cobijaba el operativo. El trabajo permitió la captura de dos hombres que entregaron valiosa información sobre las actividades acerca de la organización del cartel de Medellín.
Con esa información en la mano, se montó la operación que permitió dar de baja a Alfonso León Puerta Muñoz, alias 'El Angelito'. El capitán Coral tuvo a su cargo la seguridad del comando de asalto que se tomó la casa adonde llegó en un taxi, horas después, Puerta Muñoz. Seis agentes lo estaban esperando en su refugio, mientras otros 50 tenían totalmente cubierta la zona.
Por esos días, el capitán Coral había dirigido el operativo que culminó con la captura de los terroristas que habían colocado las bombas de la carrera 15 con calle 93, y las del centro de la capital del país. También fue una de las piezas claves en el cerco que se le tendió a Escobar en el municipio de Aguas-Frìas, Antioquia. Durante 10 días se metió al monte en busca del jefe del cartel de Medellín, y sólo salió de allí cuando se dio la orden de bombardear el lugar desde un helicóptero.
Cuando el Bloque de Búsqueda dio con el paradero de Pablo Escobar y se montó el operativo que cuatro días después terminó con la vida del jefe del cartel de Medellín, el capitán Humberto Coral fue uno de los hombres seleccionados para dirigir este trabajo. Durante cuatro días permaneció atrincherado en un camión. Desde allí logró conocer los movimientos de las cuatro casas que eran vigiladas por los hombres del Bloque de Búsqueda. Cuando se logró determinar en cuál de las residencias se encontraba Escobar, el capitán Coral salió de su escondite para asumir el mando del grupo de seguridad que tenía a su cargo el control de dos manzanas a la redonda. Fue él uno de los cuatro comandantes que tomaron la decisión de ordenar el ingreso del grupo de asalto para que se tomara la vivienda. Cinco minutos más tarde se comunicó con su jefe en los cuarteles del Bloque para dar a conocer la noticia de que Escobar había sido abatido.

¿QUIEN LO MATO?
El capitán Humberto Coral estaba en la mira del narcotráfico. Al igual que los otros comandantes del Bloque de Búsqueda, él encabezaba una lista negra que se llenó de nombres después del operativo en que se dio de baja a Pablo Escobar. Las amenazas de muerte nunca pararon. En su oficina, en el cuartel del Bloque, las llamadas de intimidación eran ya una rutina. Pero él ya se había acostumbrado, y nunca le paró bolas al asunto.
Los oficiales que adelantan la investigación descartaron ya que el asesinato tenga que ver con el posible robo del carro en que se movilizaba el capitán Coral como se llegó a pensar inicialmente. "Por la forma como ocurrieron los hechos, los asesinos no iban detrás del carro ni de la compañera del capitán. Ellos sabían de quién se trataba y tenían muy en claro la orden de matarlo", agregó uno de los investigadores. También se descartó que el crimen haya tenido que ver con la delincuencia organizada, pues el Bloque de Búsqueda está totalmente concentrado en la desarticulación de los reductos que todavía le quedan al cartel. Por eso para los investigadores todo apunta hacia un solo frente: los restos del cartel.
Esas primeras investigaciones que se efectúan para aclarar el crimen, han llevado a las autoridades a creer que el responsable pudo haber sido un reducto del cartel de Medellín. Se trata de un pequeño grupo que sigue operando, cuyos integrantes han sido identificados, en su mayoría, por los organismos de seguridad, y quienes, una vez muerto Escobar, juraron venganza contra los oficiales que participaron en el operativo.
Pero ahí no para la lista de sospechosos. A ella se suman los lugartenientes de Escobar que se encuentran detenidos en las cárceles de La Picota, La Modelo e Itaguí. "No hay que olvidar que allí están los hombres de primera línea de la organización, a los cuales el Bloque les propinó duros golpes. Esa gente también había prometido venganza y sabemos que desde adentro todavía tienen sus redes del sicariato activadas", señaló a SEMANA un alto oficial del Bloque de Búsqueda.
El asesinato del capitán Coral llegó a crear la preocupación de que podría tratarse de una reactivación en forma de las organizaciones de sicarios que se habían desbandado después de la muerte de Escobar. Informantes de los organismos de seguridad aseguran de que no se trata de eso. Aparentemente, se trata de un coletazo final denominado 'Operación Venganza', que busca un ajuste de cuentas como homenaje póstumo a Escobar. Si bien esto no significa un regreso a la guerra, sí constituye una voz de alerta para algunos protagonistas de las acciones que desembocaron en el final de Pablo Escobar Gaviria. De hecho, varios de los oficiales que estuvieron al frente de la desarticulación del cartel de Medellín hoy se encuentran con sus familias en otros países.
Y mientras se hace justicia para que el asesinato del capitán Humberto Coral no quede en la impunidad, doña Julia continúa llorando a su hijo. "La confianza mata, y a mi hijo lo mató el sueño de que esta guerra ya había terminado".


BATALLAS Y MEDALLAS
La vida del capitán Coral estuvo llena de éxitos.

PERO NO sólo los logros alcanzados en el Bloque de Búsqueda convirtieron al capitán Humberto Coral en uno de los oficiales de primera línea de la Policía Nacional. De sus 31 años de vida, 15 estuvo en la milicia y nueve de ellos los vivió en zonas rojas. Siempre hizo parte de la Elite de la Policía. Fue uno de los más sobresalientes oficiales del Comando de Operaciones Especiales. En 1991 llegó al Cuerpo Especial Armado, del cual sólo hacen parte aquellos oficiales que en sus hojas de vida se registren condecoraciones y felicitaciones por operaciones riesgosas. Luego fue nombrado comandante de Policía en Barrancabermeja, donde se enfrentó a campo abierto con las Milicias Populares. De Barranca guardaba malos recuerdos. Las milicias colocaron una bomba en pleno centro de la ciudad y cuando Coral dirigía la operación para desactivarla, la bomba explotó. Uno de sus hombres perdió la pierna derecha y otros tres quedaron gravemente heridos. No soportó la presiòn sicológica que le causó el accidente de sus compañeros, y pidió su traslado. Fue así como paró en el Unase de Medellín. Era un grupo experimental para combatir el secuestro. Coral fue su subcomandante y durante los seis meses que estuvo allí los éxitos alcanzados fueron arrolladores.
Su hoja de vida estaba repleta de felicitaciones y condecoraciones. Había recibido la Cruz al Orden Público, concedida por el Ejército Nacional por su labor en el Bloque de Búsqueda. La DEA le reconoció su trabajo en la lucha contra el narcotràfico con un diploma. También obtuvo la Cruz al Mérito Policial, la Medalla Ayacucho y la Orden a Servicios Distinguidos. Todas ellas por su valentía y arrojo. A sus 31 años era un hombre soltero al que le gustaban el vallenato y el porro y que soñaba con un traslado al exterior.

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