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| 6/20/2020 4:00:00 AM

¡Ya no más!

Las acusaciones y los insultos entre Uribe y Petro subieron de tono la semana pasada. Se acusaron mutuamente de tener nexos con el narcotráfico y el paramilitarismo. El país ya está cansado de esas peleas…

Colombia está cansada de las peleas de Uribe y Petro Álvaro Uribe Senador de la república. Gustavo Petro Senador de la república Foto: Fotomontaje SEMANA
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Desde hace ya varios años la dinámica política del país se ha desarrollado en medio de una profunda polarización. Esta condición es, de alguna manera, inherente al debate público. Pero en los últimos tiempos se ha desnaturalizado, pasó al terreno personal y le ha quitado altura y protagonismo a la discusión sobre los temas de fondo.

La semana pasada ese enfrentamiento ideológico diario entre uribistas y petristas se salió de su cauce habitual. Luego de que el país conoció las revelaciones sobre el proceso por narcotráfico en Estados Unidos que involucró hace más de 20 años al hermano de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, el líder de la Colombia Humana fue una de los primeros en reaccionar. Gustavo Petro salió rápidamente a pedir la renuncia de la alta funcionaria, y ahí fue Troya. A renglón seguido los defensores de Ramírez le sacaron a relucir su pasado guerrillero en el M-19, el que, según ellos, los delitos que la sociedad le amnistió a Petro fueron mucho más graves que haber tenido una oveja negra en la familia.

El propio Álvaro Uribe entró al ruedo y puso el pecho para comenzar un nuevo capítulo de una pelea que parece no tener fin. Pronto la cosa pasó de confrontación entre uribistas y petristas a enfrentamiento personal entre Uribe y Petro. El debate se centró en los supuestos vínculos de cada uno de ellos con el narcotráfico y el paramilitarismo. Petro, para defenderse de los ataques que lo asociaban con la financiación de Pablo Escobar a la toma del Palacio de Justicia, trinó lo siguiente: “Para quienes hablan de alguna relación mía con Pablo Escobar, les digo, Pablo Escobar tuvo relación con el padre de Álvaro Uribe Vélez, no con el mío, y fue primo de José Obdulio, no mío. Qué pena, pero los políticos del cartel de Escobar están en el poder”.

Uribe tiene la piel curtida para los ataques. Pero quienes lo conocen saben que cuando alguien se mete con su familia se sale de casillas. Eso, en efecto, ocurrió. No tardó en llamar a Petro “cobarde, difamador y enredador de la ciudadanía”. La cosa no paró ahí. Luego Petro profirió un ataque que colmó la paciencia del expresidente: dijo que el padre de Uribe, Alberto Uribe Sierra, había llorado el día que mataron al capo del cartel de Medellín. Esa afirmación suena falsa, y de ser verdad, solo la sabrían los familiares de Uribe.

Al día siguiente, ya no en Twitter sino en plena sesión del Congreso, el jefe del Centro Democrático tenía preparado un memorial de agravios para acusar a Gustavo Petro de lo divino y de lo humano. Dijo que su contradictor se había reunido con Carlos Castaño y con Don Berna para pedir protección y perfilar a miembros de la izquierda. Afirmó también que Petro usó su cercanía con el Gobierno chavista para gestionar un asilo a Salvatore Mancuso en Venezuela; y que el hoy senador habría recibido un millón de dólares de Miguel Rodríguez Orejuela y dos millones de Pablo Escobar para asesinar a los magistrados del Palacio de Justicia.

Así como la llorada del papá de Uribe por la muerte de Escobar desafiaba la credibilidad, pasó lo mismo con algunas de las acusaciones de Uribe a Petro. Este último reconoció la reunión con Castaño, pero aclaró que tuvo lugar porque le habían dicho que el jefe de las AUC pensaba matarlo y decidió confrontarlo. Según su versión, Angelino Garzón le recomendó hablar cara a cara con Castaño para salvar su vida y esa estrategia le resultó. Vale la pena recordar que cuando Jaime Garzón se sintió amenazado por Castaño hizo algo parecido al llamar por teléfono al jefe paramilitar a preguntarle que por qué lo quería asesinar. Este le contestó que la orden ya estaba dada y que no había nada que hacer.

En este mar de acusaciones recíprocas hay muchas cosas que, verdad o mentira, nunca se podrán probar. Por ejemplo, en cuanto a que Petro supuestamente recibió dos millones de dólares de Escobar para financiar la toma del Palacio de Justicia, puede haber una mezcla de verdad y desinformación. Es un hecho que el cartel de Medellín puso plata en ese acto terrorista para destruir los archivos que contenían los procesos de extradición de la cúpula de esa organización. Pero suena poco probable que le hayan dado ese dinero a Petro, ya que en ese momento, con apenas 25 años, no solamente no figuraba en la línea de mando, sino que estaba preso en La Picota.

Sin entrar en el fondo de las acusaciones, en este episodio no hay un debate político ni jurídico, sino una cadena interminable de agravios personales. En momentos de crisis, como los que hoy atraviesa Colombia, bueno sería que los dos grandes exponentes de la política se concentren más en solucionar los problemas del país que en adelantar confrontaciones personales sin sentido que tienen a la gente cansada.

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