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| 7/23/2001 12:00:00 AM

Con la draga al cuello

La captura en Miami de Reginaldo Bray, el protagonista del escándalo de Dragacol, podría desatar una tormenta política en el país.

Con la draga al cuello, Sección Nación, edición 999, Jul 23 2001 Con la draga al cuello
El miercoles de la semana pasada Reginaldo Bray no tenía motivos para pensar que sus días de prófugo de la justicia en Miami terminarían a las 11 de la mañana de un día caluroso. Desde hacía 22 meses era un fugitivo de la justicia colombiana y nadie había podido encontrarlo, aunque figuraba en la lista de los más buscados por la Interpol. Bray era requerido por la Fiscalía colombiana, que lo acusa de ser el artífice de uno de los mayores escándalos de corrupción en la historia reciente del país: Dragacol. Una conciliación de un contrato fallido que le costó al Estado más de 17.000 millones de pesos y que, según las autoridades, apesta a fraude y a componenda.

Pero el martes de la semana pasada, 24 horas antes de su captura, la buena estrella de Bray comenzó a apagarse. Los agentes del FBI en Colombia obtuvieron información precisa sobre su paradero y una llamada suya fue suficiente para alertar a sus colegas del Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) en Miami.

Bray fue capturado a la salida de una corte de inmigración, en donde según Michelle Perdomo, su abogada en ese país, estaba buscando un asilo político. Perdomo les dijo a varios medios de comunicación que la solicitud se basaba en las supuestas amenazas que habría recibido su cliente por parte de la guerrilla como resultado del escándalo de Dragacol. Las mismas que lo habían obligado a salir del país y a permanecer ilegalmente en Estados Unidos. Funcionarios de la Fiscalía y la Contraloría que conocen el caso aseguran que dicha versión no tiene asidero en la realidad. El viernes de la semana pasada un juez de inmigración le negó la libertad bajo fianza a Bray y se daba por descontado que será deportado a Colombia en un corto plazo. En el país su detención no pasó inadvertida y despertó grandes expectativas. Y no es para menos. Este cartagenero, de 42 años, es el hombre clave para resolver muchos de los interrogantes sobre quiénes y cómo se pagaron los millones del caso Dragacol.



Reclamos y mas reclamos

La historia que convirtió a Bray en uno de los símbolos de la corrupción nacional comenzó en 1994. Ese año se creó la empresa Dragacol con un capital de 10 millones de pesos. Ocho meses después de constituida la sociedad el Ministerio de Transporte le adjudicó un contrato por más de 7.000 millones de pesos con el objeto de dragar varios trayectos del río Magdalena. Según Reginaldo Bray, el Ministerio le incumplió en los pagos y su compañía se quedó ilíquida. Dragacol tasó inicialmente sus reclamaciones contra el Estado en 4.000 millones de pesos y en menos de dos años elevó esta cifra a 140.000 millones de pesos. A mediados de 1998 Bray, por intermedio de su abogado y suegro, el ex ministro conservador Hugo Escobar Sierra, le reclamó a la Nación la suma de 58.000 millones de pesos por daños y perjuicios en los siete contratos que había firmado con el Ministerio de Transporte.

Después de esto, cinco ministros de Transporte conocieron el caso y ninguno de ellos arregló las diferencias con Dragacol. Sólo con la llegada de Mauricio Cárdenas a dicha cartera se tomó al toro por los cuernos. Cárdenas intentó solucionar de una vez por todas el incómodo problema e inició un proceso conciliatorio con Bray. En una conciliación extrajudicial, que se concretó el 6 de noviembre de 1998, las dos partes conciliaron por 26.000 millones de pesos. Pero en el proceso, según las denuncias del senador Javier Cáceres el 23 de marzo de 1999, se cometieron graves irregularidades que perjudicaron las finanzas del Estado. Las investigaciones adelantadas por la Fiscalía y la Contraloría confirmaron muchas de las denuncias del senador. Se descubrió, entre otras cosas, que la firma Dragacol no cumplió con los contratos para la ejecución de dragados en el canal de acceso al puerto de Barranquilla, en el río Magdalena y en el canal de accesos al puerto de Buenaventura. La firma argumentó a su favor que la parálisis de la draga Josefina, encargada de efectuar los trabajos, se debió a daños en la embarcación, los cuales no pudieron ser reparados porque éstos debían ser cubiertos por el Ministerio. La verdad que se vino a conocer después fue que la parálisis de la embarcación no se produjo, sino que la firma realizó contratos con las gobernaciones del Valle del Cauca y Atlántico, efectuó otros trabajos y le cobró al Ministerio daños y perjuicios por la supuesta parálisis de la draga. De los 26.000 millones de pesos que pedía Dragacol, el Ministerio de Transporte alcanzó a desembolsarle un poco más de 17.000 millones.

Las autoridades aseguraron que Bray había engañado al ministro Cárdenas pero vincularon penal y disciplinariamente a sus subalternos inmediatos, incluidos el viceministro y los secretarios general y jurídico de la entidad. Junto a ellos otras ocho personas fueron llamadas a juicio por el escándalo.



Las dudas

La captura de Reginaldo Bray es importante porque le permitirá a las autoridades despejar varias dudas que surgieron durante la investigación. La primera tiene que ver con el verdadero papel que jugó Fabio Valencia Cossio en el proceso conciliatorio. El político antioqueño, uno de los más cercanos al gobierno, resultó salpicado en el escándalo de Dragacol por gestionar ante el ministro de Transporte de entonces, Mauricio Cárdenas, una cita para comenzar la millonaria conciliación. Por este hecho los fiscales creen que Valencia pudo haber incurrido en tráfico de influencias.

El cruce de tres llamadas telefónicas el día de la conciliación entre el ex senador Valencia y el ex ministro Cárdenas, llevaron a los fiscales delegados ante la Corte a pedirle al Fiscal General de la Nación que solicitara ante el Consejo de Estado la pérdida de investidura del entonces senador antioqueño. La Fiscalía registró en su investigaciones además que existen de la misma época otras 20 llamadas telefónicas entre los celulares de Fabio Valencia y los demás implicados en el caso, entre ellos Reginaldo Bray. El defensor de Bray ha dicho, sin embargo, que esas llamadas nada tenían que ver con Dragacol.

Pero sin duda alguna uno de los más grandes interrogantes que los fiscales esperan resolver con Reginaldo Bray tiene que ver con el tema de los aportes que habría efectuado Dragacol a la campaña de Andrés Pastrana y que habrían sido manejados por fuera de la contabilidad oficial de la misma. Según varias denuncias hechas durante la campaña, Bray giró cheques por 150 millones de pesos, que fueron consignados en el Banco del Pacífico en una cuenta del ex gobernador de Bolívar Miguel Navas, quien en ese entonces era uno de los coordinadores del pastranismo en la Costa. Desde esa cuenta se coordinaron actos proselitistas de la campaña por fuera de los registros oficiales. El Presidente y quienes manejaron su campaña siempre han negado la existencia de estos aportes. Ahora Bray podría decir si fue o no cierto. Nadie sabe hasta dónde prenderá el ventilador.

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