especial

De 1 a 1.000 muertes por covid: los últimos días de Karamatake

Cristian Bolívar cuenta cómo se enfermó su padre, Antonio, protagonista de El abrazo de la serpiente. En Leticia tuvo que ir de un hospital a otro porque no había ni oxígeno.


SEMANA, El País y El Universal cuentan las historias de algunas familias que han visto morir a sus seres queridos. Testimonios que revelan una pequeña parte del dolor que ha traído la pandemia de la covid-19.

Antonio Bolívar

Testimonio: Cristian Bolívar, hijo

A papá le gustaba mucho hablar de su comunidad y de plantas medicinales. A veces lo llamaban sus amigos, venían a visitarlo, y le proponían que les diera alguna charla a los turistas, entonces iba y les contaba anécdotas de la película, El abrazo de la serpiente, y de su vida. No le pagaban, pero la gente le reconocía cinco y diez mil pesitos por una fotico.

Yo soy el menor de los hijos, siempre he estado en la casa con él, y cuando se enfermó ayudé a cuidarlo. Todo sucedió en menos de una semana, desde el viernes venía con fiebre y dolor en el cuerpo; el sábado le hicieron baños para bajarle la temperatura, pero no funcionó. El domingo me llamó mi compañera al trabajo y me dijo que mi papá estaba muy mal. Cuando llegué, mi señor padre estaba temblando, tenía 40 grados. Un amigo llamó una ambulancia que llegó tres horas después.

Ese día mi papá salió salió caminando de la casa, estaba respirando bien, se subió a la ambulancia y nos fuimos al Hospital San Rafael, de Leticia, en urgencias nos dijeron que necesitaba oxígeno pero que no tenían manómetro para conectarlo en una bala de oxígeno, que lo tenía que llevar a la Clínica Leticia, donde tampoco lo recibieron porque venía del hospital. Salió el doctor que estaba de urgencias y con palabras feas dijo que por qué hijuemadres tenían que mandarle a la gente. Llevaron a mi papá de nuevo al hospital.

Cuando por fin lo llevaron a una habitación le pusieron una bala de oxígeno grande, esa fue la última vez que lo vi. Todos los días fui tres veces a preguntar cómo seguía. El jueves, la compañera de mi papá me dijo que le habían pedido la cédula de él, que le iban a hacer unos exámenes, pero no nos explicaron más.

Todo pasó muy rápido, a las ocho de la noche una vecina me llamó asustada: “¿No sabe lo que pasó? Su papá se murió, lo están pasando por las redes sociales”. Me fui corriendo al hospital y todos me miraban diferente pero no me decían nada, solo que fuera a la parte trasera del hospital, a la morgue. El doctor me dio la noticia, había sufrido un paro cardiorespiratorio, lo tuvieron que entubar y aparentemente no resistió.

Yo vi cómo lo enterraban en el cementerio desde lejos, fue la cristiana sepultura, pero la ceremonia indígena no se ha podido hacer por la cuarentena. Mi señor padre era uno de los últimos mayores del pueblo ocaina.