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| 8/11/2018 6:15:00 PM

¿Qué costos y beneficios trae para Colombia el reconocimiento de Palestina como Estado?

¿Cuáles beneficios y cuáles costos trae para Colombia el reconocimiento de Palestina como Estado libre, soberano e independiente?

Costos y beneficios de que Colombia reconozca a Palestina como Estado libre La entonces canciller María Ángela Holguín comunicó oficialmente el 3 de agosto la decisión de Colombia de reconocer el Estado palestino. El gobierno Santos informó su decisión al nuevo canciller, Carlos Holmes Trujillo García. Este anunció que llevará el caso a la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores.

En uno de los últimos actos de gobierno del presidente Juan Manuel Santos, Colombia reconoció a Palestina como un Estado libre, independiente y soberano. Lo hizo mediante comunicaciones enviadas por su canciller de ocho años, María Ángela Holguín –fechadas el 3 de agosto–, al ministro de Relaciones Exteriores palestino, Riad Malki, y al secretario general de la ONU, António Guterres. Habían consultado la decisión con el gobierno entrante. Santos se la comunicó a su sucesor, Iván Duque, y Holguín al suyo, Carlos Holmes Trujillo García.

El nuevo gobierno manifestó su acuerdo. Sin embargo, el nuevo canciller –en un video colgado en twitter– dijo que evaluará la medida y la someterá al análisis de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, que convocará pronto. Esta instancia, de rango constitucional, había perdido protagonismo. En ella tienen asiento los expresidentes de la república además de otros miembros escogidos por el presidente y por el Congreso. Y el deterioro en las relaciones entre Juan Manuel Santos, Álvaro Uribe y Andrés Pastrana había llevado a que los ex jefes de Estado no se volvieran a encontrar allí. En su última entrevista con SEMANA antes de dejar el cargo, Santos manifestó que tampoco tiene intenciones de acudir a estas citas.

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Pero más allá de las formalidades y de las consultas políticas, el reconocimiento de Palestina es una decisión diplomática de dimensiones históricas. Como era de esperarse, los dos lados del conflicto reaccionaron de inmediato, con posiciones enfrentadas. El embajador de Israel, Marco Sermoneta, sostuvo una reunión urgente con la nueva vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, para expresarle –como también lo dijo un comunicado de su gobierno– la extrañeza por la decisión de último minuto de Santos y para pedirle a la nueva administración revocar la medida. En la otra orilla, el representante diplomático palestino, Raoulf Al Malki, expresó su beneplácito en varias declaraciones públicas.


La entonces canciller María Ángela Holguín comunicó oficialmente el 3 de agosto la decisión de Colombia de reconocer el Estado palestino. 

La medida se veía venir. Colombia ha respaldado la existencia de dos Estados –Israel y Palestina– desde la llamada ‘partición’ hecha por la ONU en 1947. En las votaciones en la máxima instancia de ese organismo, el país tradicionalmente ha apoyado el derecho de los palestinos a tener su Estado. En el gobierno de Ernesto Samper, en vísperas de la Cumbre de Países No Alineados en Cartagena –en la cual las naciones árabes juegan un papel protagonista–, el país ya había aceptado recibir una delegación diplomática palestina. Y en la administración de Juan Manuel Santos, esta había escalado a un nivel superior.

En el mismo periodo, la mayor parte de las naciones en vías de desarrollo decidieron reconocer a Palestina. Hasta hoy lo han hecho 136 de los 193 miembros de las Naciones Unidas. En Suramérica solo la Guyana Francesa –y hasta el pasado 3 de agosto, Colombia– no habían dado ese paso. En América Central lo han hecho todos menos Panamá. En África, la totalidad con excepción de Camerún. Y en Asia, todos menos Birmania, Corea del Sur y Japón. La mayoría de los Estados han hecho lo propio en Oceanía, con las excepciones de Australia y Nueva Zelanda.

Colombia se sumó a la posición mayoritaria no solo en la región, sino en el mundo. era el único país de Suramérica que no había dado el paso

Los países que no han reconocido a Palestina como Estado soberano pertenecen, en su gran mayoría, al primer mundo: Canadá, Estados Unidos y México, y Europa Occidental menos Suecia. La tendencia clara en favor del reconocimiento ha crecido en forma paralela a un incremento en el estatus de la representación de Palestina en la ONU. En 1974, el máximo foro mundial aceptó a la Organización para la Liberación Palestina (OLP) como vocera de ese pueblo, y en 2012 la elevó a la categoría de Estado no miembro observador. La posición palestina progresó en Naciones Unidas gracias a que desde los años setenta cesaron las acciones terroristas de algunos de los grupos que respaldaban la causa, y a los intentos de negociación directa o con intervención de terceros, que en la actualidad están suspendidos.

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La decisión de último minuto del gobierno Santos tiene, en principio, el apoyo de Iván Duque. Durante la campaña, el nuevo jefe del Estado hizo declaraciones contradictorias sobre el tema. En alguna ocasión manifestó que estaría dispuesto a trasladar la embajada de Colombia de Tel Aviv a Jerusalén. De ese modo haría un gesto diplomático en favor de Israel que seguiría el que hace poco hizo Donald Trump, presidente del principal aliado de ese país. Pero la mayoría de las naciones del mundo se han negado a esa medida e incluso aprobaron en 1980 en Naciones Unidas –donde los aliados árabes de Palestina han hecho valer siempre sus mayorías frente a Israel– una resolución para prohibir que se instalaran sedes diplomáticas en esta ciudad, uno de los puntos de conflicto. El propio Duque había abandonado discretamente su propuesta. Posteriormente, todavía en la campaña, el nuevo mandatario también se manifestó a favor de la tesis de la coexistencia pacífica entre Israel y Palestina.

Este último fue el principal argumento incluido en el comunicado de la ahora excanciller Holguín. Allí resaltó que, preocupada por el sufrimiento del pueblo palestino, Colombia defiende la negociación directa para buscar la paz en la región. Un discurso que forma parte de las posiciones tradicionales de la diplomacia del país que, de paso, tenía pleno sentido en el gobierno de un presiente que había recibido el Premio Nobel de Paz.

El gobierno Santos informó su decisión al nuevo canciller, Carlos Holmes Trujillo García. Este anunció que llevará el caso a la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores.

¿Cuáles beneficios y costos implica esta decisión para Colombia? En el lado de los logros, el país se suma a la posición mayoritaria tanto en la región como en el mundo. Más aún cuando el reconocimiento de Palestina constituye una tendencia creciente de la cual el país, de hecho, se había rezagado. Y lo segundo es que sus fundamentos cumplen principios que Colombia ha defendido, como la solución pacífica de las controversias y el diálogo diplomático como instrumento para encontrar soluciones. El comunicado de la Cancillería ratifica el apoyo de Colombia a los contactos bilaterales para solucionar ese antiguo conflicto.

El mayor costo tiene que ver con las relaciones con Israel, un viejo amigo de Colombia. Lo mismo ocurre con su principal aliado, Estados Unidos. Pero no es un hecho automático que el reconocimiento de Palestina tenga efectos negativos e inmediatos en los vínculos con esos dos países. La prueba es que muchas otras naciones ya dieron este paso en América Latina sin haber sufrido un deterioro en sus vínculos con Tel Aviv ni con Washington.

Pero es cierto que si el nuevo gobierno mantiene la medida de Santos –y prácticamente no tiene otro camino porque ya es un hecho cumplido– deberá explicarles a dos aliados tan cercanos las razones y manifestarles que en ningún caso quiere producir efectos negativos en las relaciones bilaterales con Washington y Tel Aviv. Para eso es la diplomacia.

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