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| 12/22/1997 12:00:00 AM

CRISIS EN LA BRIGADA

SEMANA averiguó las razones que originaron el fuerte remezón en los servicios de Inteligencia del Ejército Nacional.

CRISIS EN LA BRIGADA CRISIS EN LA BRIGADA
Desde hacía varios años la Brigada 20 de Inteligencia del Ejército estaba en el ojo del huracán. Sobre los hombros de esta guarnición, que se encuentra enclavada en la parte de atrás de la Escuela Militar, al occidente de Bogotá, recae la responsabilidad de obtener la información secreta que posteriormente es entregada a las tropas para que actúen.
Un ejemplo de ello es la captura de los líderes guerrilleros Francisco Caraballo, Felipe Torres y de medio centenar de cabecillas de frentes subversivos, que se produjeron como consecuencia de informaciones obtenidas en esa guarnición.
Sin embargo, poco a poco esos resultados quedaron en el olvido porque la Brigada 20 empezó a ser atacada desde diversos flancos. De un lado, le llovieron severas críticas porque los servicios de inteligencia del Ejército se mostraban ineficientes ante el incontrolable avance del terrorismo guerrillero. Y de otro lado, la aparición de evidencias que demostrarían que algunos de sus miembros, o en su defecto informantes de la Brigada 20, estaban vinculados con hechos al margen de la ley. Al mismo tiempo, inteligencia militar se vio involucrada en el bochornoso caso de la filtración de un casete que contenía una supuesta conversación del congresista Heine Mogollón y un funcionario de un banco en Córdoba. Ese episodio le costó el puesto a un general y a un coronel en octubre de 1995.
Pese a los nubarrones que oscurecían el trabajo de la Brigada 20, hasta hace poco tiempo los altos mandos del Ejército y de las Fuerzas Militares manejaron con cautela el asunto. Pero las cosas cambiaron desde julio pasado cuando se produjo el último remezón en la línea de mando castrense y ascendieron los generales Manuel José Bonett y Mario Hugo Galán a los comandos de las Fuerzas Militares y del Ejército, respectivamente. En la Brigada de Inteligencia fue designado el coronel José Guillermo Rubio, un curtido oficial especializado en Estados Unidos.
Entonces la Brigada 20 pasó a un segundo plano e incluso se llegó a anunciar su traslado a unas viejas instalaciones militares en el norte de la ciudad. Además, los altos mandos empezaron a cuestionar el manejo que esa guarnición le daba a la información reservada que tenía en sus manos. SEMANA conoció que incluso los generales aprovechaban cualquier evento interno para lanzarle pullas a la inteligencia militar.
Adicionalmente, y pese a que la Brigada dio algunos resultados -como la detención en Bucaramanga de cinco funcionarios de una Organización No Gubernamental acusados de colaborar con el ELN- otro asunto muy espinoso continuó rondando sus pasillos: el caso Alvaro Gómez.
Aún cuando no se han producido decisiones de fondo por parte de la Fiscalía, lo cierto es que las investigaciones por la muerte del dirigente conservador también apuntaron hacia la Brigada 20. Así, el entonces comandante, coronel Bernardo Ruiz, fue llamado a declarar en varias ocasiones por el ente acusador. Otras cinco personas, que en algún momento laboraron en esa base castrense, fueron capturadas. En los últimos días cuatro de ellas quedaron en libertad pero aún siguen vinculadas al proceso.
Con este panorama faltaba el florero de Llorente para que algo pasara en la Brigada 20. Y ocurrió hace dos semanas cuando en su última entrevista antes de retirarse del cargo el embajador de Estados Unidos, Myles Frechette, acusó a esa guarnición militar de patrocinar escuadrones de la muerte. Al mismo tiempo trascendió que el próximo informe sobre derechos humanos en Colombia, elaborado por el Departamento de Estado norteamericano, será especialmente duro con la fuerza pública.
Así las cosas, es posible, como lo han señalado varios analistas, que la intempestiva salida de Rubio -quien estuvo en el cargo por cuatro meses- y de otros oficiales del servicio de inteligencia, haya tenido como fin aplacar los ánimos de Washington para que le baje el tono a sus apreciaciones sobre Colombia y las Fuerzas Militares. Al fin y al cabo los derechos humanos y el tráfico de drogas serán los caballitos de batalla de la administración Clinton durante 1998.

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