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| 1/19/2004 12:00:00 AM

Crónica de un secuestro

El testimonio a la Fiscalía de Ido Yosef Guy, uno de los israelíes secuestrados por el ELN en la Sierra Nevada, demuestra el horror que vivieron durante su cautiverio.

Dos semanas despues de haber sido secuestrados por un grupo de guerrilleros del ELN, los israelíes Erez Eltawil, Benny Daniel, Orpaz Ohayon e Ido Yosef Guy intentaron un desesperado plan de fuga. Tan desesperado como la situación en la que se encontraban. Por aquellas ironías de la vida, lo que había comenzado varios meses atrás como unas merecidas vacaciones por Suramérica se había convertido en una horrible pesadilla de la que no sabían si iban a despertar. El sol y las playas de la Sierra Nevada de Santa Marta eran tan sólo un recuerdo y su única obsesión ese 27 de septiembre era terminar de cavar con un cuchillo un túnel que les permitiera escapar hacia la libertad. Si tenían suerte podrían repetir la hazaña de Mathew Scott, su compañero inglés de 19 años, que logró escabullírseles a sus captores el 13 de septiembre, un día después de la retención. Cuando el agujero estuvo listo arreglaron las camas para engañar a los guerrilleros y a las 9:15 de la noche se volaron. La libertad, por desgracia, les duró tan sólo una hora. Los hombres del ELN no tardaron en descubrir la trampa y se dieron a la caza de los cuatro fugitivos, para quienes el entrenamiento recibido durante el servicio militar en Israel no fue suficiente para defenderse en la espesura de la Sierra Nevada. Asustados por los disparos y confundidos por no saber en dónde estaban, los jóvenes israelíes fueron presa fácil de los guerrilleros que los llevaron de vuelta al campamento. Ido Yosef Guy asegura que ese fue el peor día de los 100 que estuvieron en poder del grupo armado. "Nos alcanzaron y nos golpearon. Alcanzamos a escapar como una hora u hora y media, pero siguieron nuestra ruta. Nos dispararon en cuatro oportunidades y golpearon a Benny con un machete. Cuando regresamos nos golpearon y nos amarraron las manos atrás con cordones, y al día siguiente Rafael (guerrillero) tiró a Benny al piso y cargó el fusil como para matarlo. Luego a él y a Erez los amarraron en la cabaña sin ningún motivo". Según el testimonio que dio este programador de IBM de 26 años a la Fiscalía, esa no fue la única vez que los maltrataron. "Nos golpeaban mientras estábamos caminando si no alcanzábamos una meta o cierta velocidad. Entonces cargaban el fusil y nos amenazaban. Una vez alguien se paró a descansar y le dispararon al piso para asustarlo. Si uno obedecía todo como un perrito no había problema, pero si uno hacía algo que no habían ordenado, inmediatamente nos trataban a la fuerza". La situación empeoró cuando los guerrilleros se percataron de que los cuatro israelíes habían servido en el ejército de su país. "En una ocasión, Vladimir (guerrillero) le dio una granada a Benny para que la revisara porque se enteraron por la prensa que habíamos prestado el servicio militar, aunque nosotros les habíamos dicho que no. Le tiró la granada, sin el mecanismo que la activa, para ver qué reacción tenía". El dia a dia Durante más de tres meses, los extranjeros caminaron cerca de 400 kilómetros de un escondite a otro, y muchas veces lo hicieron con la ropa empapada. Comodidades como el papel higiénico y una cama eran tan solo un recuerdo, y su alimentación se reducía a raciones de papa, arracacha, yuca y tragos de café. De vez en cuando podían bañarse en un río y en dos ocasiones tuvieron oportunidad de oír mensajes de sus familiares a través de la radio. Para confundir al Ejército que intentaba su rescate, los guerrilleros los obligaron a vestir prendas de uso militar e incluso portaron fusiles sin munición. El clima malsano de la selva menguó su salud. "En el primer campamento, Orpaz tuvo fiebre y dolores en los pies que le impedían caminar. Tuvo dolores de espalda hasta el punto de no poder respirar porque dormíamos sobre el piso húmedo. Erez tuvo asma e infecciones en los pies y la espalda. En general tuvimos sangre en la orina, picaduras de insectos y problemas con la deposición. Durante el secuestro no llevaron ningún doctor y las chicas (guerrilleras) eran las mismas enfermeras pero no sabían casi nada". Durante la agonía del secuestro, los muchachos aprendieron a convivir con sus captores y hasta cierto punto llegaron a conocerlos. "Eduver es de estatura pequeña, de cabeza grande, moreno, nació en el 79, tenía barba incipiente y una mancha de nacimiento roja en la frente. Vladimir tiene ojos de tailandés, es blanco, con bigote pequeño, cara ovalada, alto, voz gangosa. Tiene como 25 años y un tatuaje en la mano derecha. Humberto Pérez es un chico moreno de unos 24 años. Le falta el dedo anular de la mano derecha y tiene una cicatriz grande en la mano. A Carlos lo vimos sólo tres veces, lo llamaban 'el Coronel'. Estaba encargado de temas de inteligencia; de unos 30 años, piel clara y barba poblada corta. Con él hablamos y al principio dijeron que querían dinero para liberarnos, nos preguntaba sobre nuestras propiedades, cuentas de banco, qué hacían nuestros padres, si hicimos el servicio militar. A los ventidós días de nuestro secuestro nos dijeron que ya no era por dinero sino para que liberaran a sus jefes que estaban en la cárcel. Luego, cuando lo volvimos a ver llevaba a Asier Huegun, el español (liberado el 24 de noviembre junto a la alemana Reinhilt Weigel). Siempre que veíamos a Carlos algo pasaba". Para Ido Yosef Guy, sus tres compatriotas y el británico Mark Henderson, el viaje al infierno terminó antes de Navidad, cuando la comisión humanitaria encabezada por la Iglesia Católica logró la liberación de los plagiados en un acto que podría sentar las bases para un futuro acercamiento entre el Gobierno y el Eln. Tras ser liberado y antes de reunirse con la comisión humanitaria, Ido recibió de parte del jefe guerrillero un papelito que lo dejó sorprendido. "Cuando nos liberaron el sábado, el jefe me dio una nota con un número celular para contactarlo y darle plata en el futuro", contó Ido, que ya se encuentra tranquilo en su patria.

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