Tendencias
Botas de un guerrillero de las Farc. - Foto: Ernesto Borda M.

alerta roja

¿Cuál es el salario que gana un disidente de las FARC?

El monto que recibe el integrante más raso de estas bandas dedicadas al narcotráfico es el doble del que hoy están peleando las centrales obreras en Colombia en la negociación del salario mínimo.

En 2018, en medio de la operación encubierta en la que se dio de baja a alias Don David, uno de los cabecillas de las disidencias de las FARC, grupo conocido como las Guerrillas Unidas del Pacífico, uniformados de la Policía Nacional lograron identificar la tabla de salarios que reciben los miembros de la organización que durante años ha tenido injerencia en Cauca y Nariño.

Las Guerrillas Unidas del Pacífico estaban lideradas por David Segura, alias Don David, el enemigo número uno de Wálter Patricio Arizala, alias Guacho, los dos abatidos en 2018 por las autoridades colombianas. Según la información suministrada por los investigadores, alias Don David era más poderoso que el responsable del asesinato de los miembros del equipo de prensa ecuatoriano.

David tenía a su servicio al menos a 120 personas en cada municipio. Operaba en Tumaco, Guapi, Santinga, El Charco, La Tola, Llorente, Mosquera, Salahonda, por nombrar algunas regiones del Pacífico a donde él y sus hombres llegaron a ejercer control territorial en medio de la lucha por las rutas del narcotráfico.

Su nómina era alta. El guerrillero que menos ganaba, que era aquel que no tenía armas, recibía dos millones de pesos mensuales. Entre sus tareas estaba llevar información si veía algo sospechoso en la zona. No recibía capacitación de armamento y manejaba un bajo perfil.

A quien se le entregaba un arma podía ganar entre tres y cuatro millones de pesos según la destreza y el grado de confianza que se ganara con sus superiores. Ellos eran los encargados de hacer el trabajo rudo, en medio de operativos y enfrentamientos contra otros grupos armados ilegales y los mismos miembros de la fuerza pública.

Cuando ascendían llegaban a ocupar el cargo de cabecilla de escuadra, y recibían en el mes la suma de cinco millones de pesos, aproximadamente; si tenían éxito en operaciones de gran impacto para ellos, se ganaban una comisión adicional. Pero ese no era el cargo más alto dentro de la organización, existían quienes ganaban aún más.

Un cabecilla de comisión ganaba 10 millones, formaba parte del anillo se seguridad más cercano de Don David y se le encargaba la tarea de realizar inteligencia delictiva contra las tropas de la Armada, la Policía Nacional y otras autoridades. Sobre ellos recaía la responsabilidad de las acciones terroristas e intimidación a la población civil.

Pero ganar tanta plata no solucionaba los problemas de los que delinquían allí. Ese dinero se convertía en una especie de maldición, según narran algunos de los que formaron parte de esta organización. “Era como venderle el alma al diablo”, a la menor sospecha o desconfianza que sintiera Don David o su familia, mandaba a asesinar y desaparecer en la selva de Tumaco no solo a quienes trabajaron para él, sino a algunos del círculo más cercano a ellos: mamá, esposa, hijos, hermanos, etc.

Muchos de los que sobrevivieron al ajuste de cuentas de Don David están hoy detenidos o algunos han sido abatidos en medio de combates. Otros han pasado a formar parte de las filas de más disidencias que buscan espacio en el Pacífico. Lo cierto es que viven con la zozobra de que en cualquier momento pueden morir, como le pasó a su gran líder Don David.