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| 11/4/2006 12:00:00 AM

“Cuando desperté, no podía ver”

Olinda Girón fue víctima de una mina antipersona el 2 de junio de 2003 en Cauca. Perdió su mano derecha, parte de la izquierda y quedó ciega.

“Cuando desperté, no podía ver” “Mi cara estaba destruida. Todavía me toco y siento pepitas en mi piel, creo que aún tengo esquirlas por ahí”
"Tenía 17 años cuando me sucedió el accidente. Vivía con mi mamá y con mis seis hermanos, pues mi papá está muerto. Somos de familia muy humilde. Yo trabajaba en la finca con mi mamá. Cuidábamos las vacas de un amigo de mi mamá y él nos pagaba. "Eran como las 10 de la mañana de un lunes festivo, el 2 de junio de 2003. Estaba ordeñando las vacas con mi mamá y faltaban tres para terminar. Me fui corriendo a buscarlas al monte, así como cuando uno tiene mucho afán, y dicen que del afán sólo queda el cansancio. Me deslicé y caí boca abajo. Al caer, con la mano derecha medio tropecé con una mina. Y mire (Olinda se sube la manga y muestra lo que queda de su mano derecha, un muñón y una cicatriz.) Mi mamá fue a buscar ayuda y me llevaron a Popayán.

"En el momento de la explosión, me desmayé de inmediato. La explosión me sacó el ojo derecho. El que tengo no es mío, es una prótesis. El izquierdo ahí lo tengo, pero me sirve para tres cosas: pa' nada, pa' nada, pa' nada. No tengo córnea, la retina está desprendida y las esquirlas de la mina me cortaron el cristal muy profundamente. .

"De la mano izquierda, perdí dos dedos, este, el pulgar, y el índice, que quedó a medias. Los médicos trasplantaron lo que quedó del índice a donde estaba mi pulgar. El dedo chiquito izquierdo sólo lo puedo doblar a medias por una cicatriz.

"Mi cara estaba destruida. Tenía el tabique totalmente abierto y un hueco en el mentón. Duré cinco días en coma. Para los médicos era un milagro que sobreviviera. Y al despertar me tuvieron que hacer exámenes en la cabeza porque temían que tal vez las esquirlas pudieran haber afectado mi cerebro. Todavía me toco la cara y siento pepitas en mi piel, creo que aún tengo esquirlas por ahí.

"Gracias a Dios desperté, aunque cuando desperté no podía ver. Los médicos no querían decirme nada. No podía hablar, sólo escuchar. Me contaron que me habían amputado la mano derecha. Pero para mí lo más importante era poder volver a ver. .

"Como a los dos días me remitieron a Cali. Duré dos meses interna ahí. Los doctores aún me decían que mi ceguera era por un tiempo. Obviamente había perdido un ojo, pero pensaba que iba a poder ver algo con el otro. Yo le decía a mi familia que era horrible no poder ver.

"A los seis meses de salir de la clínica me hicieron una cirugía en el ojo izquierdo. Los médicos me decían que poco a poco volvería a ver. Pero nada. Finalmente, un médico me dijo: "Olinda, necesito hablar contigo." Me dio agua y unas gotas. "Olinda, yo sé que eres una niña muy valiente," decía. Pero yo pensaba: "Que no, que no, que no." ¡No me podía decir que no iba a volver a ver!? "Me dijo: "Para mí es muy duro, pero te tengo una mala noticia". "Cuando me dijo que no podría volver a ver, le pregunté por qué no me había contado antes, sabiendo que yo guardaba tanta esperanza. Me explicó que, después de una cirugía, los exámenes no daban buenos resultados. Ese día fue muy duro para mí. No quería hablar con nadie. Me dolía la cabeza de tanto llorar. "Decidí irme a Bogotá porque a través de un contacto con la Fundación Colombianitos me ofrecieron ayuda para conseguir una prótesis para mi mano. Me daba mucha pena no tener mano. Pensaba que las personas me iban a rechazar. "En Bogotá fui a terapias que me ayudaron con mi dedito izquierdo. Yo diría que mejoró como un 68 por ciento. Hoy día, mi mano es mis ojos.

"Antes usaba mucho mi prótesis porque no quería que nadie mirara mi muñoncito. Pero estuve ocho meses interna en el centro de rehabilitación San Felipe Neri y me ayudaron a aceptarme, a vestirme, a bañarme, a leer braille. "Pensaba que mi realidad era una pesadilla. Pero ahí aprendí a sentir que puedo hacer cosas. Que la gente diga lo que quiera. Me di cuenta de que no soy la única discapacitada. Tal vez mis limitaciones son más grandes que las de otros, pero ahora siento que también puedo. Lo que necesito es mucha berraquera. Ahí ya dije: "Voy a mostrar mi muñón." Y ya lo muestro. Ya me puedo sacar la prótesis de mi ojo, mostrar mis cicatrices, ya no me da pena. "Hoy día puedo ir sola en taxi al hospital".

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