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| 3/5/1990 12:00:00 AM

CUANDO EL EJERCITO ATACA

Un año después de su peor crisis, las Fuerzas Armadas han recuperado la iniciativa en la guerra contra la guerrilla. ¿ Cómo y porqué sucedió esto?

CUANDO EL EJERCITO ATACA CUANDO EL EJERCITO ATACA
Lugar: Centro de Operaciones Conjuntas del Ministerio de Defensa. Hora: 4:30 p.m. Fecha: jueves 1. de febrero. En un recinto lleno de terminales de computador, media docena de oficiales de las Fuerzas Militares reciben informes de las distintas brigadas del país, intercambian datos y, como en las películas, anotan en inmensos tableros los movimientos de las tropas en puntos dispersos de la geografía nacional. Mapas con aviones, buques, soldados y puntos y círculos de distintos colores cubren un amplio muro del salón. Allí, se tiene el más completo panorama de la situación de orden público en Colombia. Desde hace ya varios años la rutina en este lugar es intensa, pero sólo desde hace algunos meses ha experimentado un ambiente de real optimismo. Aparte de los publicitados éxitos de la lucha contra el narcotráfico, el alto mando está convencido de estar ganando la otra guerra, la que se libra contra las guerrillas.
Algunos de los altos oficiales todavía recuerdan con desagrado,que hace poco más de un año las Fuerzas Armadas estaban pasando por un mal momento. Desde 1953, cuando el Ejército sufrió varias derrotas serias en áreas de guerrillas, no había habido un año tan malo,militarmente hablando,como 1988.Entre el 82 y el 88, mientras las muertes de guerrilleros en acciones armadas crecieron en un 138%, las de soldados y policías aumentaron en un 643%. Era el resultado de graves derrotas inflingidas al Ejército por parte de los grupos guerrilleros. Las derrotas se produjeron por varios factores. No sólo por cambios tácticos de los grupos guerrilleros que les permitieron aglutinar grandes contingentes y causar numerosas bajas en las filas del Ejército y la Policía, sino porque las tropas resultaron vulnerables por falta de equipo y dotación y por fallas tácticas, de planeamiento e inteligencia. Estos factores no fueron ajenos al presidente Barco, quien en varias ocasiones habló de errores militares ante los ataques guerrilleros.

EL AÑO DEL CAMBIO
A lo largo de 1989, y en buena parte gracias al interés que le pusó al asunto el general Nelson Mejía Henao, primero como comandante del Ejército y luego de las Fuerzas Militares,en el seno de los cuerpos armados del país se experimentó una verdadera revolución. Fue en el segundo semestre del año pasado cuando se empezaron a ver los resultados. En octubre, el EPL recibió quizás el más duro golpe de toda su existencia: en Puerto Libertadores, en el área de Mutata (Córdoba) media docena de helicópteros, entre ellos tres del tipo Blackhawk cayeron sobre el centro de operaciones de ese movimiento guerrillero en un claro de la selva a orillas del río San Jorge. En una operación que duro 72 horas murieron 18 guerrilleros, decenas quedaron heridos y el resto huyó en desbandada. Las autoridades pudieron descubrir así el mayor centro de entrenamiento del EPL en la región, donde solían permanecer más de 120 guerrilleros que recibían allí la instrucción necesaria para la guerra de guerrillas ."Volver a montar ese campamento requiere varios meses y hasta un año ", le dijo a SEMANA una fuente de Inteligencia Militar. Y a juzgar por la información de que dispone el Ejército, el EPL no ha podido hacerlo debido a que, después del golpe de Puerto Libertadores, han venido otros de menor envergadura, pero no de menor importancia que han impedido que la agrupación pueda reorganizarse.
Tal vez por el hecho de que en esos días el país andaba casi que exclusivamente preocupado por el narcoterrorismo, el golpe a este grupo guerrillero paso casi inadvertido. Esto no sucedió con otras acciones posteriores emprendidas contra las FARC y el ELN.,adelantadas en lo que va corrido de este año. El 4 de enero, mientras millones de colombianos disfrutaban sus vacaciones, el Ejército atacó el centro de operaciones de XXIV frente de las FARC en la quebrada Concha La Vieja, al sur de Bolívar. Se trataba de un campamento de 150 hombres, que fue atacado con helicópteros y aviones de la Fuerza Aérea que bombardearon el sitio, después de que Inteligencia Militar certificó que no había población civil en la zona. Pero esta solo fue la primera de una serie de acciones emprendidas contra el mayor y más viejo grupo guerrillero colombiano. En los días siguientes, el Ejército lanzo una contraofensiva para responder a las acciones que tres frentes de las FARC, en el Magdalena Medio, venían desarrollando para recuperar el control que hasta hace poco tenían sobre la región Gonzalo Rodríguez Gacha y sus hombres. Como si esto fuera poco, la semana pasada se conocieron los primeros resultados de las incursiones que el Ejército hizo en la zona de La Uribe, tradicional santuario de las FARC durante los últimos 15 años. Tropas de la VII Brigada se tomaron un campamento del cual huyeron de 200 guerrilleros. El corredor que intercomunicaba el jefe de campamentos de las FARC, La Uribe-Mesetas-Jardín, fue bombardeado durante tres días por aviones de la Fuerza Aérea y helicópteros artillados del Ejército."El objetivo es desmantelar el centro de operaciones que resguardaba al Estado Mayor del bloque oriental de las FARC, que aglutina a los frentes I, VII, XVI,XX VI, XXXVIII y XI", le dijo a SEMANA un general del alto mando.
Más complejo que todo lo anterior es lo que sucede en el área crítica del oleoducto en Arauca y Norte de Santander. Son más de 300 kilómetros que, desde hace algunos meses, parecen estar recibiendo una mejor protección. Sobrevuelos de helicópteros, patrullajes terrestres y, sobre todo una labor de inteligencia para detectar los movimientos de los hombres del ELN han sido la clave para que en dos oportunidades en los últimos 15 días se hayan podido evitar dos atentados contra el oleoducto. "Hemos censado habitante por habitante de la región en la franja clave del oleoducto, para evitar que a la región llegue gente extraña. Ahora sabemos más y lo sabemos más pronto", dijo a SEMANA el general. La enumeración podría hacerse interminable, pues docenas de acciones ni siquiera se registran en la prensa nacional, como una reciente en la que se descubrió en el municipio de El Carmen, en Santander, un campo minado por las FARC, para proteger un campamento de una eventual incursión militar. Eran 30 minas camufladas en un área reducida y, según las fuentes militares, de no haberse descubierto hubiera podido suceder una verdadera masacre de soldados.

LA CLAVE
Cuando se interroga a los militares sobre las razones de todo este cambio, no vacilan en mencionar dos elementos. Uno obvio, el presupuesto y otro más complejo y no perceptible por la gente común y corriente: el reentrenamiento. La palabra no es nueva en el lenguaje militar, pero para el Ejército colombiano, paradójicamente, se había vuelto casi extraña. Define un concepto según el cual en una guerra no todos los hombres preparados para el combate deben estar permanentemente en la zona de guerra. Un porcentaje superior al 20% debe mantenerse siempre al margen de la línea de fuego por períodos de cerca de seis semanas en una base de entrenamiento. Allí, los soldados y sus comandantes refrescan sus conceptos tácticos, descansan y se preparan moral y físicamente aprendiendo, además, las últimás innovaciones en materia de contrainsurgencia.
El ideal es que de las cuatro compañías que componen cada batallón, una debe estar siempre en el programa de reentrenamiento. "No es que antes no se hiciera esto, sino que no se hacía dentro de un plan sistemático y racional", afirmó un oficial del Ejército. Lo cierto es que en el pasado, el alto mando se tenía que preguntar de donde sacar la tropa si casi todas las brigadas estaban en estado de alerta. Además, cuando un gobernador se enteraba de que le iban a disminuir el pie de fuerza de su zona para satisfacer las necesidades de reentrenamiento, acudia al trafico de influencias en el alto gobierno para que la tropa no fuera retirada. Todo esto ha ido cambiando y la programación del reentrenamiento se hace ahora por computador. Las Fuerzas Militares están convencidas de que es mejor tener menos hombres mejor entrenados, que muchos rutinizados y desmoralizados.

PLATA ES PLATA
Pero hay otro factor determinante para que el Ejército haya pasado de la defensiva a la ofensiva, y es el de los recursos. Durante la decada del 70 y principios de los 80, la participación del gasto de defensa en el presupuesto nacional no hizo más que decrecer hasta a niveles cercanos al 10%. Cuando se inició el gobierno de Barco, en los inventarios del Ejército no se contaba con más de una y media carga básica de munición por arma, cuando el ideal militar es tener cinco de ellas. En la labor de contra guerrilla sólo se contaba con seis helicópteros, cuando, por ejemplo, en El Salvador, un país que apenas supera el área del departamento de Cundinamarca, el Ejército contaba con media centenar de ellos.
Las cosas son ahora a otro precio. Para seguir con estos ejemplos, el Ejército cuenta ahora con tres cargas básicas de munición por arma en su inventario, y los helicópteros ya suman más de 35 que pueden estar operando permanentemente, mientras otro tanto permanece en tierra recibiendo mantenimiento.
En cifras globales, es posible ver claramente esta mejoría. En 1985, la participación de la inversión en defensa nacional en el total de inversión pública era inferior al 7.5%, mientras que en el 89 fue de cerca del 15%. Los recursos destinados a defensa han crecido, a pesos constantes, más de un 30%, y en cuanto al personal, este pasó de poco más de 150 mil hombres a cerca de 210 mil incluyendo oficiales, suboficiales y personal civil (ver cuadros).
Pero quizás tan importante como el aumento de recursos, es la eficiencia en el empleo de los mismos. Teniendo en cuenta que la prioridad es la guerra interna, y no tanto una imaginaria guerra contra Venezuela, en el Ministerio de Defensa se habla hoy mucho más de botas, equipo de campaña, munición y helicópteros, que de corbetas,K-fires o de aviones ejecutivos para uso del ministro.

UN DINOSAURIO
Pero aparte de los elementos puramente militares que han permitido el "remozamiento" del Ejército, hay algunos de tipo político no menos importantes. Como dijera alguna vez un ministro de Defensa, la guerra se gana tanto en el campo de batalla como en los titulares de los periódicos. Y si bien es cierto que en el terreno se han logrado victorias, también lo es que en la prensa, la guerrilla ha perdido el caché que adquirió en los primeros años de la década pasada. A fines del gobierno de Turbay, los guerrilleros eran vistos por algunos sectores como idealistas que luchaban por un país mejor, víctimas de una feroz represión con torturas y desapariciones.
Durante la administración Betancur, la guerrilla paso a desempeñar un papel protagónico como un sector sin cuya participación no era posible sacar adelante al país. Hoy en día, y en buena parte debido a los errores y puestas de conejo de los grupos guerrilleros a lo largo de sucesivas treguas y "destreguas", la guerrilla parece haber perdido gran parte del terreno político y del apoyo popular que había ganado en alguna época. Esto en cuanto a lo interno y para no menciónar que el ideal por el cual supuestamente luchan estos movimientos guerrilleros parece haberse hecho trizas con el efecto dominó que Mijail Gorbachov puso en marcha y que terminó derribando la cortina de hierro.
Para decirlo en muy pocas palabras, en Colombia ya casi nadie cree en la guerrilla. Las prácticas continuadas de la extorsión, el boleteo y el secuestro, que contradicen las intenciones de paz de dientes para afuera, han llevado a que amplios sectores de opinión empiecen a ver a los grupos guerrilleros más que como factores de desestabilización política como bandas de delincuentes comunes. "La cosa es tan seria que, por ejemplo, el diálogo con las FARC está empantanado y ya casi nadie presiona para que se siga intentando", le dijo a SEMANA Ricardo Santamaría, asesor de la Consejería de Paz.
En resumen, la guerrilla colombiana parece hoy un dinosaurio. Pero nadie puede anticipar que su extinción este cercana. Son aún muchos los hombres en pie de guerra (ver cuadro) y son muchas todavía las áreas donde su influencia es fuerte. Además, aunque evidentemente en las Fuerzas Armadas hay claros síntomas de mejoría, todavía es demásiada pronto para cantar victoria. Sin embargo, lo cierto es que la experiencia con el M-19 indica que no es impensable que una combinación de derrotas militares con pérdida de terreno político, obligue a la guerrilla a buscar una salida en la cual el diálogo pueda recobrar algún día su legitimidad.

¿ CUANTOS GUERRILLEROS HAY?
Estas cifras siempre son discutibles, pues no es fácil definir las diferencias entre guerrilleros entrenados y armados, y colaboradores. Sin embargo, SEMANA presenta los últimos cálculos que hacen las autoridades sobre los efectivos de cada grupo guerrillero:
FARC: 4.900 hombres, en 40 frentes que conforman 6 bloques regionales.
ELN: 2.200 hombres en 5 frentes.
EPL: 1.500 hombres.
M-19: 580 hombres en tregua unilateral y concentrados casi todos en el área de Santo Domingo, Cauca.

LAS CIFRAS DEL CAMBIO
Estos son algunos ejemplos que ilustran cómo han cambiado las cosas en el 89 en cuanto a la situación militar:
.En 1988, por cada 10 soldados muertos hubo 18 guerrilleros que perdieron la vida. En 1989, esta relación pasó de 10 soldados por cada 29 guerrilleros.
·En 1986, las apropiaciónes de crédito externo para el sector defensa fueron de 92.6 millones de dólares. El año pasado esa cifra llegó a ser de 220.6 millones de dólares.
·En 1985, se destinaron para compra de armamento con destino a la Policía y las Fuerzas Militares, 8 millones de dólares de crédito externo. El año pasado esa cifra fue de 63.2 millones de dólares.
·En los últimos tres años se han adquirido 55.000 fusiles Galil, por un valor cercano a los 40 millones de dólares, para reemplazar los viejos G3 adquiridos en 1969 y que se veían insignificantes ante el moderno armamento de grupos como las FARC y el ELN.

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