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| 10/25/1982 12:00:00 AM

CUIDANDO LOS FLANCOS

Hábil malabarismo político tendrá que desplegar BB para impedir que se esfume la posibilidad de la amnistía

CUIDANDO LOS FLANCOS CUIDANDO LOS FLANCOS
La semana pasada había terminado en el país con el sentimiento colectivo de que tal vez por primera vez se había iniciado un proceso que podía llevar a un acuerdo político sobre el problema de la paz.
El prestigio del presidente llegaba al tope de su popularidad en esos días claves en que Ramiro Lucio entraba al Ministerio de Gobierno, Germán Bula Hoyos se entrevistaba con Bateman en Panamá, y prácticamente todos los sectores políticos y algunos representantes de estamentos militares y eclesiásticos parecían estar compartiendo el espíritu emanado de la Cumbre en Palacio de abrir un nuevo diálogo haciendo borrón y cuenta nueva con el pasado.
Todo esto parecería confluir en la posibilidad de aceptación general de un proyecto de amnistía más amplio que el que había propuesto la Comisión de Paz de Carlos Lleras.
El presidente, posiblemente tratando de aprovechar este ambiente propicio, hizo interrumpir la programación de televisión para anunciar la creación de una nueva comisión de paz, y envió una carta al Congreso de la República solicitando tratamiento prioritario para este asunto.
Paradójicamente, las iniciativas del presidente más que representar un avance, pusieron de relieve la magnitud de los obstáculos por superar que habían pasado inadvertidos en la euforia de la semana anterior.
Para comenzar, la creación de la Comisión de Paz lo hizo blanco de críticas. Aunque su intención al incluir en ésta 36 miembros fue la de buscar una máxima representatividad, y aunque la presencia de Carlos Lleras le dio un piso de cohesión y credibilidad, algunos la vieron con escepticismo por considerarla estrictamente formal o inoperante.
La excesiva heterogeneidad de los nombrados aseguraba por adelantado la negativa de algunos a participar, como efectivamente sucedió con personajes tan contrapuestos como doña Nydia de Turbay y el excandidato a la presidencia por el MOIR, Marcelo Torres. La exprimera dama, eludiendo el espinoso tema de las relaciones de su marido y el presidente, alegó que su campo eran las obras sociales y no la acción política. El historiador Eduardo Lemaitre invocó razones de salud para no aceptar, y Marcelo Torres, por su lado, declinó comparando la irrealidad de las funciones de la Comisión, a las de la gobernación de la "insula Barataria".
Esta última posición coincide en cierta forma con la crítica generalizada entre la opinión pública. Si el meollo del problema radica en la amnistía, la gente se pregunta qué objeto puede tener una comisión cuyas funciones no incluyen el estudio de esta. Siendo así los grandes propósitos con que se había justificado su creación (ver recuadro) quedaban reducidos a uno: pretender mostrar un amplísimo consenso en torno a la política del gobierno.
EL TALON DE AQUILES
El complejo andamiaje pareció sacudirse esta semana cuando a la posición del presidente le cayeron críticas tanto del lado del "sistema" como del lado de la guerrilla. El talón de Aquiles fue la recomendación que Betancur envió al Congreso, en la cual anunciaba que los delitos atroces no deberían quedar incluidos en la amnistía. Sin embargo, en la filigrana jurídica en que se encuentra la discusión a estas alturas, esta afirmación, aparentemente concreta, no aclaraba el quid del asunto. Este radica en el alcance del concepto de "delitos conexos" -que quedarían contemplados en la amnistía- y el punto en que estos limitan con los "delitos atroces"- que quedarían definitivamente por fuera. (ver recuadro).
Un hecho ajeno al caso, el asesinato de los tres niños secuestrado, puso dramáticamente de presente las implicaciones que tiene el problema cuando no se trata de teorías sino de hechos.
Cuando los diarios informaron que los responsables del crímen parecían pertenecer a un grupo guerrillero ultraradical la indignada opinión pública fue unánime en que un acto semejante no podía, bajo ningún pretexto, ser indultado.
La ambiguedad de la posición del presidente sobre cuales eran los "delitos atroces", hizo que lo acusaran de falta de seriedad tanto los parlamentarios liberales, que le enviaron una carta donde le pedían definirse, como Bateman, quien resolvió, ante lo que consideró un cambio de actitud del gobierno, retirar a Ramiro Lucio de las negociaciones.
POR LA RAZON O LA FUERZA
No es la primera vez que el M-19 exhibe una conducta errática. Con la Comisión de Paz pasada Bateman interrumpió abruptamente el diálogo a pesar de que otros dirigentes de sus propias filas consideraban que se estaban dando pasos positivos (Ver SEMANA No. 6). Hay quienes opinan que en esta ocasión, tanto el retiro de Lucio como la reivindicación del atentado a la Embajada Israelí, no significaba una renuncia definitiva al diálogo sino un intento de presionar la negociación creando situaciones de hecho.
En el mar de contradicciones en que briega por sobreaguar el diálogo por la paz, se dio el caso curioso de que mientras el M-19 parecía retroceder drásticamente, otros grupos guerrilleros, antes reticentes o silenciosos, empezaban a dar pasos de acercamiento. El EPL, más receloso, aceptó tan solo hablar con la Comisión, mientras que las FARC ablandaron tanto su lenguaje que llegaron a referirse al presidente en términos de "dueño de una formidable personalidad e indiscutible jefe político nacional".
Todo el talento político de Belisario Betancur está en juego en este proceso que él ha desencadenado, y que lo ha colocado entre dos fuegos. La ambiguedad y flexibilidad que le han criticado, parece indicar que el presidente a lo que apunta es a jugar el papel de árbitro supremo. La Comisión de Paz y el Congreso de la República son las instancias en la cuales él aspira a que se definan los acontecimientos, sin comprometerse él personalmente. Esta lavada de manos ha demostrado tener sus dificultades. Su carta sobre los "delitos atroces" demuestra que es necesario bajar del Olimpo cuando las fuerzas desatadas amenazan con desbordar ciertos parámetros. Y por el otro lado, como le hizo ver el M-19, el más leve intento de compromiso por parte del presidente conlleva grandes riesgos.
Delegar, sin perder el control, es la clave de la estrategia de Belisario Betancur. No es una estrategia fácil.
UN NO ROTUNDO
Marcelo Torres, dirigente del MOIR, dialogó con SEMANA y expuso sus puntos de vista sobre las razones que el movimiento que él representa tiene para no participar en la Comisión de Paz.
SEMANA: ¿Por qué no Participara el MOIR de la Comisión de Psz?
MARCELO TORRES: Primero, porque el MOIR no ha declarado la guerra. No creemos que haya en el país un estado de guerra civil. No es una guerra entre el pueblo y el Estado, sino entre determinadas organizaciones y el gobierno. Las negociaciones sobre la paz competen por ello a esas fuerzas y al gobierno. A nosotros no nos competen. Por otra parte, hay un proceso para embaucar al pueblo, una comedia orquestada por el presidente y el gobierno, contando como acólitos a la mayor parte de las fuerzas de la izquierda.
Se trata de integrar una Comisión que parte del supuesto de que el gobierno puede solucionar los grandes problemas del país y del pueblo. No somo participes de las ilusiones del PC, que es el que principalmente viene auspiciando la tesis de la concertación entre el gobierno y la izquierda. Sólo la revolución social puede realizar las transformacines fundamentales que necesita el país. A la Comisión de Paz le entregraron una "Insula Barataria" para que legisle. Se le dio el premio de Sancho Panza.
S: Con su rechazo a la Comisión de Paz actual y la no participación del MOIR en los pasados foros por los Derechos Humanos se podría interpretar que su organización está muy aislada de los procesos reales del país...
M.T: No, porque el MOIR ha venido participando en las luchas del pueblo del movimiento obrero y estudiantil, en las luchas cívicas contra el proceso de fascistización, allanamiento, torturas, desaparición de personas, procesos militares contra el estado de sitio, etc.
La lucha por las reformas democráticas no puede realizarse sobre la base de fomentar la ilusión de poder lograrlas en base al entendimiento con las fuerzas oligárquicas que representa el gobierno. No se trata, repito, de una guerra entre el pueblo y el régimen, en cuyo caso estaríamos involucrados en la guerra por la paz. Se trata de que hay un desencadenamiento de aventuras armadas con posiciones derechistas de conciliación con el régimen.
S: ¿No habría entonces en su opinión una solución política a la situación guerrillera actual sino unicamente una solución militar?
M.T: Yo vuelvo al punto de partida. Hay unas agrupaciones políticas que le declararon la guerra al régimen y que han desarrollado una táctica que no consulta las necesidades del pueblo. El MOIR no la comparte y se pronuncia en contra de los secuestros y la aventura guerrillera. El problema del pueblo colombiano, pero al pueblo le ha tocado llevar el bulto, en eso ha sido participe.
S: Ustedes plantean la "excarcelación incondicional" de los presos políticos pero no quieren intervenir en la lucha por la amnistía. Eso no se entiende.
M.T: Muy simple. Porque estamos contra el proceso de fascistización que vive el país. La amnistía está montada sobre un supuesto falso: que el gobierno es democrático y que está de parte del pueblo colombiano. La única fuerza que no se ha dejado arrastrar al belisarismo es el MOIR.

S: La posición de las FARC ¿como la interpreta?
M.T: Las FARC han venido sosteniendo la necesidad de conciliar con el gobierno. En todas partes, en la cumbre política, en el parlamento, a través del PC, en su periódico "Voz Proletaria" han mostrado esperanzas de concertación. Hay un espíritu de colaboración indudable.
S: ¿Que funciones le quedarían a la Comisión de Paz una vez retirado el problema de la amnistía?
M:T: Esa es una reunión de unos personeros del régimen con 20 lagartos de la izquierda.
S: ¿Entonces su organización que propone concretamente para lograr la pacificación del país?
M:T: Reitero que estamos por la libertad incondicional de los presos políticos y en contra de la fascistización. Señalamos que a la vuelta de poco tiempo las ilusiones desatadas por BB se van a estrellar con la realidad. En mi campaña electoral se planteó que el país no puede resolver sus problemas en el marco de las instituciones actuales, sino en el marco de la revolución social. ¿Cuándo ocurrirá? Eso lo decide el pueblo colombiano. Mientras eso sucede el partido tiene que advertirle al país contra los vendedores de ilusiones como BB. Tiene que acumular fuerzas y aguardar.
LAS FUNCIONES DE LA COMISION DE PAZ
a. Opciones de incorporación de áreas y estamentos a la vida política, económica y social del país, dentro del marco del Estado de derecho, el sistema político y la dinámica económica y social, que es necesario crear, para dar cabida, expresión y respuestas suficientes a las nuevas realidades, fuerzas y demandas generadas en los avances de la nación; y para proveer a las instituciones democráticas vigentes, de la conducción que exige el desarrollo de la comunidad.
b. Opciones de recuperación y desarrollo de las regiones, subregiones y secciones del territorio que a juicio del Gobierno, o en concepto de la Comisión requieren estrategias y programas espécificos de acción del Estado y de los distintos sectores de la comunidad, para asegurar el desenvolvimiento ordenado de la economía y la sociedad colombiana.
c. Opciones de mejoramiento sustancial de la justicia y la seguridad de los ciudadanos, tanto en las ciudades como en el campo, así como de la vigilancia de la Administración Pública, y la tutela de los derechos de la comunidad.
d. Opciones de promoción de la eficiencia de la acción y del gasto público; y de la actividad del sector privado; en la atención de las necesidades básicas de nutrición, salud, educación, vivienda, empleo, seguridad social, participación ciudadana y recreación de los segmentos más pobres, vulnerables y desprotegidos de la población.

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