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| 11/10/1986 12:00:00 AM

DE VIRGILIO A DEMOSTENES

Se le soltó la lengua al presidente Barco

DE VIRGILIO A DEMOSTENES DE VIRGILIO A DEMOSTENES
Cuando le preguntaban al ex presidente Turbay Ayala, quien defendía a Virgilio Barco en los días de las catástrofes oratorias que caracterizaron su campaña electoral, si creía posible que Colombia fuera gobernada por un hombre incapaz de hablar, Turbay se limitaba a contestar socarronamente: "Si aprendió Pastrana... ".
La profecía resultó cierta: Barco está aprendiendo rápidamente. Esa es al menos la impresión que han tenido los periodistas que en los últimos días han tenido contacto con él. Y han sido muchos. Pues no es sólo que el Presidente se haya echo de un golpe tres discursos durante su viaje a los Estados Unidos: es que, se ha soltado a hablar con los perodistas, formal o informalmente, a la menor oportunidad. "Parece Belisario", comentan sin salir de su asombro los veteranos de muchas administraciones.
Durante su viaje, en efecto, Barco no se limitó a dar una larga rueda de prensa oficial en el Hotel Intercontinental de Nueva York, sino que se mantuvo permanentemente accequible a la curiosidad de la prensa, hablando ante cámaras y grabadoras en todos los pasillos . Había sucedido algo que hace unos meses solo el ojo avizor y experimentado del ex presidente Turbay supo prever: el Presidente Barco está aprendiendo a hablar. Un fenómeno semejante no se veía desde aquel Pentecostés famoso en que los apostoles recibieron del Espiritu Santo el don de lenguas bajo la forma de las lenguas de fuego.

Durante todo el viaje presidencial los acompañantes del Presidente fueron de sorpresa en sorpresa. La impresión sufrida por algunos fue tremenda, como en el caso del editor de El Tiempo Enrique Santos Castillo, que se fajó al respecto lo que posiblemente era la primera corresponsalía de su vida bajo el título "Un Barco diferente", en el que hablaba de "un Barco tranquilo, seguro, locuaz".
Otros no salían de su pasmo al escuchar al Presidente terminar su rueda de prensa diciendo: "Terminemos para que ustedes tengan tiempo de ir a comprarles regalos a sus novias y sus esposas", o al ver su rapidez de réplica, de la cual dio varios ejemplos. Interrogado sobre la participación norteamericana en la lucha antidroga en Colombia la rechazó con un despectivo "Colombia no es Bolivia". Al periodista de El Siglo Darío Hoyos, que le reprochaba estar haciendo un gobierno hegemónicamente liberal, lo cortó en seco: "¿ Quiere que le cite de memoria a veinte altos funcionarios conservadores?". Y no pudieron interrumpirle el chorro sino cuando ya iba por la media docena.
Al mismo Hoyos le había espetado un "¿usted qué hace aquí?", a lo que el periodista se había presentado muy digno como "jefe de prensa del gabinete en la sombra". Y entonces Barco, con brusco buen humor: "Usted lo que es es un sapo en la sombra". Y luego, preguntado por el problema de las alcaldías conservadoras, se limitó a señalar al director de T.V. Hoy, Andrés Pastrana, diciendo: "Pregúntenle a ellos".

El destape presidencial fue tan inesperado que algún periodista no pudo menos que hacérselo observar al propio interesado: "Pero Presidente, ¿a usted quién le aconseja qué no hable, si hablando le va muy bien?". Fernando Rey, su secretario privado, y Fernando Sánchez, su asesor de relaciones públicas, se pusieron colorados y se mordieron la lengua. Y el Presidente tomó tan en serio el elogio, o estaba tan asombrado él mismo con el súbito descubrimiento de su capacidad verbal, que era imposible pararlo: a tal punto que los periodistas, tradicionalmente antibarquistas, comenzaron a reconciliarse con su Presidente, con el resultado de que en Colombia el viaje fue todo un éxito principalmente por ese aspecto.

No fue una cosa pasajera. De regreso a Colombia el Presidente ha seguido hablando hasta por los codos. El martes pasado, al finalizar la cumbre de gobernadores, salió a charlar durante cerca de media hora con los periodistas presentes. Habló de todo: de las finanzas públicas, de los acuerdos con las FARC, de la elección de designado, de las alzas de tarifas, del mal estado de los puentes.
Interrogado sobre la denuncia hecha por un periodista de Medellín contra el gobernador Guerra Serna, fue veloz en la réplica: "Yo no soy de los que creen que se debe fusilar primero y averiguar después".

Todavía no es un Churchill, famoso por sus respuestas rápidas y mordaces. Pero no cabe duda de que Turbay tenía razón. Cómo será cuando sea ex Presidente. --

EDICIÓN 1879

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