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| 7/31/1995 12:00:00 AM

DEBATE: EL JEFE DE LA OPOSICION

DEBATE: EL JEFE DE LA OPOSICION DEBATE: EL JEFE DE LA OPOSICION
A FAVOR: FERNANDO CEPEDA U.
LA OPOSICION REVITALIZA LA DEMOCRACIA: le devuelve sentido, representatividad y prestigio al Congreso y a los congresistas. Durante los últimos 50 años el único que se ha atrevido a jugar el papel de jefe de la oposición ha sido Alfonso López Michelsen. Y lo hizo con elegancia, inteligencia y dureza. Su elección como presidente reflejó el entusiasmo popular por lo que encarnaba como rebeldía y alternativa de poder. La oposición, hoy más que nunca, requiere visibilidad. O sea, exige una figura que la represente y medios de comunicación que la hagan visible ante la opinión pública. Sólo estas circunstancias le darían credibilidad y le permitirían a su líder encabezar una alternativa creíble y viable de gobierno.
Entre nosotros el conservatismo -que infortunadamente se ha resignado a ser una minoría permanente y un miembro minoritario de la coalición de gobierno- juega el doble papel de miembro del gobierno y de minoría. Así goza de ambos privilegios. Y las demás minorías se quedan sin el pan y sin el queso. Entre tanto el liberalismo hace de partido de gobierno (así sea con indisciplina) y de oposición y en vísperas de la campaña presidencial toma distancia del gobierno (su gobierno) y se ofrece como una nueva alternativa.
Todo parece indicar que a la oposición hay que darle incentivos para ver si alguien se atreve. Algunos dicen que hay que hacerla más atractiva inclusive que entrar a formar parte del gobierno. Otros creen que nada puede ser más atractivo que formar parte del gobierno así sea precariamente. Para ellos, fuera del gobierno no hay salvación Aparte de las garantías que ofrecen la Constitución y las leyes (que ya son de sobra muy superiores a las que existían en la época de López Michelsen como jefe de la oposición) hay que ofrecer no sólo garantías a la vida de los que se atrevan sino incentivos que faciliten el trabajo de la oposición en el Congreso y ante la opinión pública. Oposición sin televisión hoy es un contrasentido. La política en nuestro tiempo se hace en la televisión o con la televisión pero no sin televisión. Por ello, para darle visibilidad a la oposición es indispensable garantizarle en algunos momentos espacios triple A. Cada vez que el Presidente de la República haga uso oficial y formal de la televisión el jefe de la oposición o el líder de la bancada de oposición (si es que hay alguna) debería tener el derecho de replicar por los mismos canales, por el mismo tiempo e inmediatamente. Así se está haciendo en varios países, incluido Estados Unidos.
Los grupos y movimientos están pulverizados en Colombia. Y los partidos tradicionales avanzan rápidamente en e l mismo sentido. Esto ayuda poco a la gobernabilidad. Aquí, como en otras partes del mundo, hay que racionalizar la política. Así se puede asegurar alguna gobernabilidad. Así se va a recuperar la representatividad de los elegidos y de las corporaciones públicas. Así se lograría asegurar responsabilidad política por parte de los elegidos, de los partidos, de la oposición, de los movimientos. Todos ellos están en crisis. Si acaso se salvan los movimientos políticos de Mockus y de Hoyos.
La financiación de la política, el sistema electoral y el calendario electoral son tres instrumentos claves para darle a la política transparencia y eficacia y así crear condiciones de gobernabilidad. constituir mayoría con capacidad de gobernar y minorías con capacidad de constituirse en alternativas.
En Colombia muy pronto pasamos de la convivencia política a la connivencia y, con ello, a la complicidad, al silencio, al desgreño administrativo, a la ausencia de control político a la ausencia de fiscalización, a la repartición equitativa o inequitativa de puestos, prebendas, contratos, licencias, etc. A eso quedó reducida la política. Ahí se esfumó cualquier posibilidad de oposición. ¿Cómo rescatar la política? ¡ Cómo resucitar la oposición? ¿Cómo darle otra vez sentido y respetabilidad a las corporaciones públicas? Ahí está el problema. El solo rescate de la oposición como un oficio político noble, interesante, inteligente (más allá de las calumnias y otros métodos despreciables) puede hacer mucho por nuestra democracia y por la Constitución de 1991.
Las fuerzas de oposición en Europa y otras partes buscan obtener una reglamentación que corrija las inequidades en el juego político o sea. en el Congreso, en el manejo de los medios de comunicación y en la financiación de la política. Es una paradoja, y así lo anotan los expertos. En Colombia se ha venido avanzando en esta materia y todavía se debería hacer más. ¿Pero sí habrá alguien que esté interesado en hacer oposición?

EN CONTRA:ALBERTO CASAS
EL PRESIDENTE DE LA REAL ACADEMIA ESPAñola visitó a Colombia hace algunos años. Al bajar del avión que lo trajo de Madrid, algo así como a las 7:00 a.m., un funcionario de protocolo de la cancillería de San Carlos, muy a la bogotana le dijo: "¿le provoca un tinto?". El ilustre visitante le comentó en voz baja a su acompañante: "Solo le entendí: LE". Ahora que al inteligente profesor Fernando Cepeda le ha dado por proponer la figura constitucional del 'jefe de la oposición', yo he dicho, en el seno de la Comisión de Estudio que el gobierno nacional ha creado para la Reforma de los Partidos Políticos y del Congreso, y de la cual hacemós parte los dos, que solo estoy de acuerda con Cepeda en 'LA'.
Dicha figura resulta extravagante en un régimen como el colombiano, típicamente presidencial, aunque con algunos brotes de parlamentarismo, a saber: la moción de censura y la permanente citación de ministros y altos funcionarios del Estado a las plenarias del Congreso. Estos brotes no alcanzan a afectar la naturaleza de nuestro régimen presidencial.
Además, también sería contraproducente, si de lo que se trata es de favorecer a la oposición como parecería ser el propósito de sus proponentes, quienes para justificarla señalan la conveniencia de dar estímulos a la oposición: derecho de réplica en los medios de comunicación, siempre e inmediatamente después de que el Presidente de la República haga uso de ellos; designar representantes suyos en algunos organismos del Estado como la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, el Consejo Nacional de Televisión, el Servicio Civil y algunos organismos de fiscalización.
En Colombia son muy escasos los presidentes que han alcanzado el poder desde la oposición. Lo que tiene éxito entre nosotros es criticar al gobierno sin hacer oposición. Es preciso tener un brazo en el gobierno mientras con el otro se critica al régimen. De ahí que frecuentemente los copartidarios del presidente resulten más papistas que el Papa, convirtiéndose en sus más severos censores. Entre más se critique, más posibilidad de puestos, y sin puestos nadie ha ganado. Quien se coloque total y definitivamente en la Oposición, así, con mayúsculas, está condenado a la oposición perpetua, eso sí, con muchos aplausos y solidaridades aparentes.
Existen, desde luego, algunos casos en los cuales quienes han alcanzado la gloria transitaron previamente por el desierto, pero antes de morir de sed pactaron con las fuerzas oficialistas y 'por supuesto' coronaron su aspiración.
Otro aspecto perturbador que se deriva de la propuesta de Cepeda constituve el mecanismo de escogimiento del jefe de la oposición, proveniente del sector mayoritario en curules o en votos con representación en el Congreso, obligando a las minorías a coaligarse con la minoría más grande o en caso contrario a aprovechar la provocativa posibilidad de acostarse con el gobierno.
Ahora bien: desde un punto de vista práctico los inconvenientes que se pueden presentar aparecen de bulto si, como es lo deseable, un candidato que agrupe distintas minorías pero sin representación mayoritaria en el Congreso alcance la jefatura del Estado. Quién sería más fuerte: ¿el jefe del gobierno o el jefe de la oposición?
Recordaba el profesor Cepeda sus angustias de gobernante en el sentido de reconocer los vacíos que toda administración registra y que servirían de plato principal a una oposición inteligente y ordenada. Tales preocupaciones me trajeron a la memoria al borracho que se preciaba de no haber sufrido nunca el tormentoso rigor de un guayabo, hasta que alguien le advirtió: "Deje de beber un día y verá. . . ". El día en que el profesor Cepeda deje de ser gobierno, situación que no le deseo, entenderá mejor porqué la figura del jefe de la oposición puede provocarle una jaqueca a nuestra organización democrática.
Lo que tal vez sí necesitan nuestros partidos y movimientos políticos es un régimen de participación equitativa en los medios de comunicación, y por sobre todo un servicio civil que garantice una carrera administrativa transparente que le quite a la burocracia el carácter de botín que hoy tiene. Para entonces brotará, espontánea y libremente, la oposición fuerte con posibilidades de triunfo.

EDICIÓN 1879

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