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DEMOCRATIZAR LA JUSTICIA

Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad (Dejusticia)


Decir Dejusticia es decir cosa seria. Desde hace más de diez años esta organización ha consolidado no solo una extraña voz, sino un actuar singular en las discusiones del país. La rareza que vino a aportar el Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad, más conocido como Dejusticia, es la de imprimir a los debates públicos una descarga de profundidad, rigor e ingenio. Algo rarísimo en Colombia, donde el día a día se refleja en choques tan efímeros como apasionados, sin ancla y sin mayor consistencia.

La idea de formar Dejusticia le surgió, a comienzos del 2003, a ocho juristas inquietos: Catalina Botero Marino, Helena Alvíar García, Juan Fernando Jaramillo, Mauricio García Villegas, Rodrigo Uprimny, Diego E. López, Danilo Rojas Betancourth y, su actual director, César Rodríguez Garavito. El grupo, por supuesto, estaba inconforme con el divorcio entre el mundo de la academia, el litigio y la realidad de la gente de a pie. Todos pensaban que era urgente crear un espacio que aunara esos planetas, y bajo ese prisma crearon Dejusticia.

No sabían cómo hacerlo ni a dónde acudir, mucho menos cuánto les costaría o los líos que implicaría. Cada interrogante se fue respondiendo sobre la marcha, siempre con otro rasgo que hubo desde el momento cero hasta hoy: todo ha sido un empeño colectivo. Hoy son un sello de excelencia conformado por 60 personas que trabajan tiempo completo en tres niveles estratégicos (regional, nacional e internacional). Sus principales líneas de incidencia son la defensa de los derechos humanos con énfasis en los derechos económicos y sociales, la lucha contra las formas de discriminación, la justicia ambiental, el análisis y la difusión del funcionamiento del sistema judicial, y la puesta en marcha de la justicia transicional.

Gracias a un estudio riguroso del problema y sus soluciones, Dejusticia se ha convertido en referente del derecho colombiano tanto en la esfera académica como con la gente del común, y en un ejemplo de liderazgo colectivo que está dispuesto a ayudar a las personas más vulnerables a quienes se les han violado sus derechos.

Dejusticia siempre está presente en los debates más importantes del país, en las columnas de prensa, en los foros, en las juntas veredales, en las asesorías a entidades, en las publicaciones de análisis, en los litigios y en cuanta asamblea o audiencia pública hay sobre estos asuntos. Recientemente, por citar dos ejemplos, Dejusticia ha liderado la explicación sobre la arquitectura de la Jurisdicción Especial para la Paz, y ha acompañado a las comunidades que quieren fijar posición –desde los instrumentos que ofrece la Constitución– frente a los proyectos de explotación minera en zonas marginadas del país. Para ellos estas luchas que defienden son la manera colectiva de construir una mejor sociedad en el país.