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Aspecto de la Marcha contra la violencia, en Barranquilla, minutos antes de que se disolviera. - Foto: Leonardo Gómez / SEMANA

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Discreta asistencia a la marcha en Barranquilla no fue por indiferencia

La dinámica sui generis de la política en el Caribe y la coincidencia con los actos del Carnaval explicarían la poca participación en la protesta cívica por el atentado terrorista en Bogotá.

En la noche del sábado unas 10.000 personas se congregaron en la emblemática Plaza de la Paz de Barranquilla, para celebrar la tradicional Lectura del Bando que da inicio oficial a los eventos de previos a los cuatro días de Carnaval.

En contraste, unos 300 manifestantes arribaron al mismo sitio, a media mañana del domingo, tras dos horas y media de marcha con la que expresaron su condena a los actos terroristas que se dieron este jueves en el Escuela de Cadetes de Policía General Santander que dejó 21 muertos y 68 heridos.

Si bien es innegable la asimetría entre la festividad y la afluencia de personas a la manifestación, es una lectura que se quedaría apenas en la superficie.

En principio, si se recuerda lo ocurrido hace casi un año, cuando Barranquilla fue la víctima del terrorismo por una acción contra la Policía —similar en su concepción—, que dejó seis uniformados muertos y mas de 40 heridos, hubo una clara consternación en la ciudad. Se llegó a cuestionar si debían seguir adelante las actividades carnavaleras de esos días.

Difícil decisión

La respuesta fue mantener las festividades y, con ello, hacer un homenaje a los caídos, así como ocurrió este año frente a los atentados de Bogotá, con la convicción de que una decisión en sentido contrario significaría ceder a las intenciones de interiorizar el miedo en la comunidad, el fin último de estos actos repudiables.

“Hace un año, cuando ocurrió el atentado a la estación de la Policía de San José, horas después hubo festividad y lo tuvimos que hacer a pesar del dolor, de la tristeza, de que había gente muy dolida”, manifestó a SEMANA el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano.

Por su parte, destacaba a propósito del tema el diario El Heraldo en su editorial del viernes: “El Carnaval es algo mucho más que una simple fiesta: es una manifestación cultural de primera magnitud, profundamente arraigada en el alma de Barranquilla, en la que el protagonista principal es la vida”.

No obstante, hubo voces en contra de esta situación. El marchante José Tirado manifestó que la protesta “estuvo falta de gente, falta de sentimiento. Era para que estuviera a estallar, miles de personas. Nos gusta más la parranda, pero cuando nos tocan a nuestro país no lo demostramos. Es triste decirlo”.

Euclides Ardila, otro de los manifestantes, expresó que “hubo muy poca gente en la marcha, desafortunadamente. Hay que ser más solidarios contra el terrorismo en este país. A mi me duele y por ello participé”.

La convocatoria fue para las 8:30 a.m. en el monumento de a los Héroes Caídos. Salió de allí a las 9 a.m. rumbo a la estación de la Policía Metropolitana de Barranquilla, donde varios de los manifestantes se fundieron en un abrazo con los uniformados apostados al frente del edificio, un momento emotivo para los presentes que cantaron el himno nacional y el de Barranquilla. Finalizó en el CAI de la Plaza de la Paz hacia las 11 a.m., cuando la marcha se disolvió.

Siempre la política

Aparte de las festividades, la hipótesis del investigador Luis Fernando Trejos es que la manera de hacer política en la Costa Caribe tiene que ver con que en ninguna de las tres grandes ciudades de la región, Barranquilla, en Cartagena y en Santa Marta, las asistencias hayan superado el millar. Para este académico, director del centro de pensamiento UNCaribe de la Universidad del Norte, “uno no puede abstraer la movilización de hoy de esta tradición histórica que tenemos en el Caribe de participar en términos políticos a cambio de algún tipo de incentivo, en este caso el clientelismo”.

Esa misma fue la suerte, por ejemplo, de la consulta anticorrupción, que tuvo muy bajas votaciones en los siete departamentos de la región Caribe e, incluso el departamento (La Guajira, con 87% de abstención) y los dos municipios (Uribia y Manaure, con 95% de abstención) en donde menos acogida tuvo.

“La cultura política de la costa Caribe es sui generis con respecto de otras regiones de Colombia y esa seria una de las hipótesis de por qué hubo una menor participación en lss manifestaciones”, agregó.

Ello no quiere decir que haya indiferencia. “Es posible ver que sí hay reacciones en cuanto a redes sociales y de colectivos, pero ello no se traduce necesariamente en manifestaciones ciudadanas”, expone Trejos.

Ausencias

Otro aspecto es que los líderes políticos del departamento del Atlántico, si bien se solidarizaron con la Policía Nacional y con Bogotá por lo ocurrido, no se pusieron la camiseta para convocar la marcha y tampoco había réditos electorales.

Mientras el alcalde Alejandro Char fue el gran ausente de la jornada, el gobernador Eduardo Verano, se hizo presente cuando la manifestación se detuvo en la estación de la Policía Metropolitana de Barranquilla.

El senador Mauricio Gómez y el representante César Lordy, quienes fueron muy activos en redes antes de la protesta y fueron los únicos congresistas que asistieron, aparecieron en ocasiones muy puntuales. La figura que fue objeto de fotografías y reconocimiento por parte de los marchantes y transeúntes fue el Cole, el incansable seguidor de la selección Colombia a través de los estadios del mundo.

Adicionalmente, según Trejos, en el Atlántico se ha construido un discurso en el que han coincidido todos los actores políticos, cifras más allá, de que “aquí no pasó nada y que somos un departamento ajeno a la dinámica de la violencia nacional”.

Todos estos factores se conjugaron para que la movilización ciudadana no fuera mayor en una protesta que, pese a las reticencias de que fuera apoyada por el Gobierno Nacional, sí tuvo más eco en otras regiones del país.