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| 2/12/2006 12:00:00 AM

Dos izquierdas

El fantasma de la división vuelve a rondar al Polo. La izquierda colombiana, igual que la de América Latina, está entre el dilema entre 'Chávez o Lula'.

Dos izquierdas El esfuerzo de unidad en la izquierda por momentos parece transformarse en una batalla campal. Las tensiones entre los protagonistas son por influír posiciones programáticas y decisiones estratégicas.
El proyecto de unificar la izquierda termina el año mal. Hace pocos meses se miraba con optimismo la posibilidad de que las dos grandes fuerzas, el Polo Democrático y Alternativa Democrática, se unificaran en una gran coalición para mantener el impulso generado por las victorias de Lucho Garzón en Bogotá y de Argelino Garzón en el Valle del Cauca. Harían una gran lista única para el Senado y llevarían un solo candidato presidencial. El Polo es el partido que surgió de la candidatura presidencial de Lucho hace cuatro años. Hoy tiene a Antonio Navarro como candidato presidencial y a Samuel Moreno como presidente. Alternativa es una coalición de fuerzas distintas, cercanas a la izquierda tradicional, de la cual forman parte el Partido Comunista y el Moir. Su aspirante presidencial es el senador Carlos Gaviria. La idea es que Navarro y Gaviria, en una consulta que se llevará a cabo el 12 de marzo -en los comicios parlamentarios- unifiquen su aspiración y logren una alternativa sólida para la competencia presidencial. Los dos grupos avanzaron rápidamente en la construcción de acuerdos preliminares sobre la estrategia electoral y sobre aspectos programáticos. Doce compromisarios están todavía negociando pactos muy concretos. Sin embargo, en las últimas semanas han surgido problemas que debilitan el optimismo que imperaba hace algún tiempo. Unos tienen que ver con mecánica política: rivalidades, conflictos por las aspiraciones personales, y rencillas. Pero también hay un asunto de fondo que tiene que ver con la definición de lo que hoy debe ser la izquierda. La versión colombiana de un fenómeno que, según el ex ministro y periodista venezolano Teodoro Petkoff, se está produciendo en América Latina: una disputa entre dos izquierdas. Una radical, cercana a Hugo Chávez y ultraenemiga de George W. Bush, y otra pragmática, moderada y ortodoxa en lo económico. Chávez versus Lula. La izquierda colombiana está escribiendo su propio capítulo de la misma novela. En el equipo de los radicales figuran Gustavo Petro -amigo personal de Chávez-, sus compañeros en una tendencia dentro del Polo (entre otros, Carlos Vicente de Roux, Bruno Díaz y Miguel Navas Talero), y organizaciones tradicionales como el Partido Comunista y el Moir. Aunque en términos generales el Polo está más cerca de la línea moderada y los partidos que conforman Alternativa son más afines a la izquierda radical, los bloques tienen matices. Petro, por ejemplo, aunque milita en el Polo, tiene coincidencias con estos últimos. Estas discrepancias se han reflejado en la manera como se evalúa la gestión de Lucho Garzón en Bogotá. La Alcaldía ha sido rigurosa en lo fiscal. Tiene profundas diferencias con el manejo económico del gobierno Uribe: destina el 70 por ciento del presupuesto a inversión (contra 20 del gobierno nacional), sólo gasta 15 por ciento en funcionamiento (el gobierno nacional gasta 70) y tiene una deuda de 31 por ciento (que se compara con 31 en el nivel nacional). Pero hay sectores del Polo para quienes estas políticas son demasiado centristas. También critican que las directivas del partido y su candidato presidencial, Navarro, no le han hecho una oposición dura a Uribe. El apoyo a la ley de garantías electorales, aprobada con el apoyo de la bancada uribista, se menciona con frecuencia como un acto de entreguismo. El problema no es sólo ideológico. El fantasma de la división también ronda por los vericuetos de la mecánica electoral. El senador Javier Cáceres se retiró del Polo después de que algunos compañeros de partido lo demandaron por injuria y calumnia. Se trataba de una represalia por un debate que hizo en agosto para denunciar que el 80 por ciento de los 300.000 millones de pesos destinados a los reinsertados, en los últimos 15 años, fue a parar a los bolsillos de unos pocos voceros de los grupos que firmaron la paz. Cáceres no ha sido la única baja: Iván Moreno, ex alcalde de Bucaramanga que tomará las banderas de su hermano Samuel, decidió presentarse a las elecciones a nombre de la Anapo y no del Polo. Con estas dos deserciones, la lista del Senado indudablemente se debilitó. Hay más problemas. La bancada del Polo en el Concejo de Bogotá se dividió frente al proyecto, crucial para el alcalde del Polo Luis Eduardo Garzón, de impuestos por valorización. La mayoría de los concejales del partido del Alcalde estuvo en contra. El Polo ha sido todo menos un apoyo disciplinado para el Alcalde de Bogotá. Y aunque Garzón estrictamente está en la banca, porque está ocupado en su gestión y no puede participar en elecciones, es el miembro del Polo que mejor registra en las encuestas. Al candidato presidencial Antonio Navarro le han llovido críticas que van desde el libro póstumo de Alberto Giraldo -que dice que recibió dinero de los Rodríguez Orejuela en los años 90- hasta voceros preocupados de las bases que consideran que la candidatura no pega, y que no les gustan sus actitudes pragmáticas. Esta última tesis no es fácil de defender: en las encuestas no se registra desgaste evidente y, por el contrario, indican que Navarro le ganaría en forma holgada a Gaviria si la consulta, prevista para el 12 de marzo, se llevara a cabo hoy. Además, los 12 compromisarios de las dos grandes fuerzas de izquierda, el Polo Democrático y Alternativa Democrática, se han seguido reuniendo y tienen borradores y preacuerdos en varias materias que van desde la mecánica electoral hasta puntos programáticos. La otra pelea surge de las distintas visiones sobre la manera como se debe actuar estratégicamente en las próximas elecciones. Los radicales consideran que se debe construir una opción alternativa claramente distinta al proyecto que encarna Uribe. Ese planteamiento invita a la radicalización de la oposición. Creen que el fortalecimiento reciente de Chávez brinda una oportunidad de apoyo internacional y que las concesiones programáticas, en cambio, favorecen a Uribe y su proyecto reeleccionista. Los de la 'izquierda posible', o moderada, consideran que en el panorama no solamente está Uribe, sino el desafío que imponen la guerrilla y los paramilitares a la democracia. Y que, en consecuencia, se debe buscar un centro amplio que incluya a todos los que están dispuestos a competir contra Uribe: Mockus, Peñalosa, María Emma Mejía, sectores del Partido Liberal, hasta conservadores como Juan Camilo Restrepo, independientes como Parmenio Cuéllar... Un esquema que obliga a una posición de centro para que quepan todos. La brecha entre las dos corrientes es grande. El esfuerzo de unidad por momentos parece que se transforma en una batalla campal: una tomatera generalizada, que hasta podría conducir a un replanteamiento de las candidaturas presidenciales, para destapar algún gallo nuevo, y de la manera como se están construyendo las listas. O producir una escisión que trunque el esfuerzo de unificar al Polo y a Alternativa. Por el momento, sin embargo, no hay nadie en la izquierda que en forma abierta crea que la unidad no es necesaria. Lo que hay es un pulso por influir sobre las posiciones programáticas y las decisiones estratégicas. La pregunta es si la voluntad de buscar una unidad en abstracto basta para evitar el rompimiento al que conducen las diferencias sobre la estrategia a seguir. Una apuesta, por ahora, impredecible.

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