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| 6/27/1994 12:00:00 AM

DOS OREJAS Y RABO

El registrador Luis Camilo Osorio fue el claro triunfador en las elecciones del domingo.

DOS OREJAS Y RABO DOS OREJAS Y RABO
MIENTRAS LOS CANDIDAtos presidenciales y sus miles de seguidores se devanaban los sesos tratando de interpretar las cifras electorales del domingo, y sus asesores se paseaban nerviosos por las sedes de campañas y las calles del país, un personaje disfrutó a sus anchas las mieles como el verdadero ganador de la jornada electoral de Colombia: el registrador Nacional del Estado Civil, Luis Camilo Osorio.

Si algo tuvo amplio reconocimiento en la jornada dominical por parte de los observadores internacionales, los periodistas extranjeros y las mismas campañas presidenciales, fue el eficiente desempeño del organismo encargado de dirigir y organizar las elecciones. Un triunfo harto difícil, pues el cargo de Registrador en Colombia puede resultar tan ingrato como el de un director técnico en un equipo de fútbol: cuando el equipo gana, qué bien por los jugadores; cuando pierde, qué mal por el planteamiento del técnico.

Con el mal ejemplo bien fresco de las elecciones en República Dominicana, en donde ocho días después de realizadas aún no se sabe con certeza el nombre del ganador, la final reñida por la Presidencia de Colombia fue muy afortunada, aunque haya tenido que acudirse al alargue para decidir al ganador definitivo. Y es que hace un poco más de cuatro años, exactamente el 11 de marzo de 1990, el país había vivido el más reciente fiasco de que se tenga noticia en materia electoral. Ocho días después de los comicios para elegir alcaldes y corporaciones públicas del país, aún no se conocían los resultados de Bogotá y Cundinamarca, mientras se exigían investigaciones de la Procuraduría porque cosas extrañas habían ocurrido en el interior de la organización electoral.

A finales de ese mismo año un editorial de El Tiempo calificó a la Registraduría como una "verdadera calamidad pública" por la forma en que se había organizado para enfrentar el proceso de selección de la Asamblea Nacional Constituyente, mientras por la misma época fue revocada la elección del registrador Rodolfo Martínez Tono, por no llenar los requisitos legales para desempeñar el cargo. Desde febrero de 1991 le correspondió bailar con la más fea a Luis Camilo Osorio abogado javeriano y ex viceministro de Educación.

Lo primero que le tocó vivir fue un conflicto laboral. Pocos días después de asumir el cargo tuvo que enfrentar la que considera la verdadera prueba de fuego. A pocas semanas de las elecciones del 27 de octubre de 1991 una operación tortuga puso en entredicho el certamen. "Tuve que botar al presidente del sindicato porque indiscutiblemente no se podía trabajar con él", aseguró a SEMANA. Con el paso del tiempo mantuvo la misma nómina que recibió en la entidad y sólo ha salido de "tres pillos que querían ponerse esto de ruana", recuerda.

Luego logró sortear con éxito las duras negociaciones con el Ministerio de Hacienda para conseguir que llegaran a tiempo los giros para pagar la nómina de 4.000 empleados de planta y unos 11.000 supernumerarios. Pero en el campo que más sustos enfrentó fue en el de Sistemas. "Con los computadores uno se juega la cara o el sello. Afortunadamente a última hora gané con cara", asegura Osorio.

Pero en las últimas semanas capeó el temporal que amenazó con empañar su labor al frente de la Registraduría. La sensibilidad de los candidatos a todo lo que hiciera o dejara de hacer su despacho fue uno de los problemas más complejos que enfrentó. En abril el Tribunal Nacional de Garantías Electorales lo absolvió de los cargos que por presunta parcialidad le elevó la campaña samperista -la que llegó a exigir registrador ad hoc-, mientras la semana pasada las toldas pastranistas llegaron incluso a anunciar posibilidades de fraude.

Lo cierto es que, rodeado o no de credibilidad, tapó la boca de sus detractores. El domingo, apenas 57 minutos después de cerrada la votación emitió el primer boletín nacional con el 8.25 por ciento de las mesas informadas, y apenas dos horas y media después ya había conseguido consolidar el 90.86 por ciento de los resultados. Antes del mediodía del lunes obtuvo el ciento por ciento y pudo darse inicio al escrutinio final. La fórmula le dio resultado. Ya en cuatro oportunidades ha demostrado que su sistema funciona y por eso asegura que, como no hay quinto malo, coronará sin problemas la segunda vuelta.

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