Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 8/5/1991 12:00:00 AM

EL ABOGADO DEL DIABLO

Si está aburrido de oír cosas buenas sobre la nueva Constitución, léase este artículo.

EL ABOGADO DEL DIABLO, Sección Nación, edición 479, Aug  5 1991 EL ABOGADO DEL DIABLO
CUANDO EL JUEVES 4 DE julio, cada uno de los 74 constituyentes pasaba solemnemente a firmar la nueva Carta Magna de Colombia, la gran mayoría de los colombianos sintieron que estaban presenciando un momento histórico. Y no era para menos. Al fin y al cabo habían pasado 105 años desde un evento similar y cualquier evento que sólo tiene lugar una vez por siglo, inspira respeto.
Ya se especulaba sobre quiénes iban a se realmente el Miguel Antonio Caro y el Rafael Núñez para los estudiantes de historia en el siglo XXI.

Esa era una interpretación de lo sucedido y, seguramente, la que quedara consagrada en los libros de historia.
Pero como todos los grandes eventos, éste tiene también interpretaciones alternas: la que se podría llamar la del abogado del diablo.

En primer lugar, en Colombia era necesario cambiar practicamente todo, menos la Constitución. El texto de la de 1886, hoy a punto de ser olvidada, no contiene una sola disposición que atente contra el desarrollo y progreso del pueblo colombiano. Como casi todas las constituciones del mundo, todo lo que dice es perfecto. Y también como casi todas las constituciones del mundo, si algún problema tenía no era tanto en lo que decía, sino que lo que decía no se aplicaba, que es el mismo riesgo que corre la que se acaba de promulgar.

En realidad, Colombia, que es un país relativamente anónimo e insignificante en el concierto internacional, sólo tenía dos aspectos que lo diferenciaban de la mayoría de los miembros del Tercer Mundo: el manejo ortodoxo de su política económica y su tradición constitucional. Las constituciones, como el vino, se califican principalmente por su antiguedad. El número de año de su vigencia se asocia con la estabilidad de las instituciones. En este sentido, es más importante la duración que el texto, pues cualquier república bananera puede la semana entrante promulgar una Constitución perfecta que puede ser tumbada por la siguiente dictadura. En otras palabras no hay constituciones malas, lo que hay en constituciones nuevas, constituciones viejas. Y éstas últimas tienden; ser más respetadas por que les pasa lo mismo que al diablo: que sabe mas por viejo que por diablo. Y la Constitución de Colombia era una de las mas viejas del mundo.

En segundo lugar, todo este proceso que acaba de terminar, se produjo como Consecuencia de la violación de la Constitución, cosa que no es para nada un buen antecedente. Concretamente, el artículo 218 prohibía reformar la Constitución por una vía diferente de la de dos vueltas en el Congreso. Esto hacía que fuera particulamente difícil reformarla, como se pudo comprobar en los sucesivos intentos de las administraciones de López, Turbay y Barco que fracasaron. Esto llevó a muchas personas a la convicción de que era necesario diseñar un mecanismo extraconstitucional legal para brincarse la norma. El principal argumento sostenía que el Congreso era incapaz de autorreformarse. El segundo, que el mecanismo de la doble vuelta era demasiado complicado. De estos dos, el primero era valido y el segundo no. Uno de los elementos de las constituciones serias es precisamente que sea difícil reformarlas, para que el presidente de turno no caiga en la tentación de pasar a la historia como un reformador constitucional. Las constituciones son como los tesoros: la clave esta en que la llave sea difícil de encontrar.

El método escogido para violar la Constitución y poder reformarla fue ingenioso, pero abiertamente ilegal.
Básicamente consistió en sacar de la manga la figura del Constituyente Primario, que en derecho es un concepto abstracto, y volverlo tangible a través de adolescentes de 17 años gritando por las calles. Este, el origen de la famosa séptima papeleta que, por un acto de prestidigitación de los medios de comunicación, acabó en una cifra de tres millones, tan poco válida como los dos millones de cédulas falsas que invocaba Laureano Gómez cuando perdía las elecciones. La verdad es que nadie pudo contabilizar la séptima papeleta y la cifra no fue más que el producto de la imaginación de periodistas simpatizantes de la reforma.

Aunque la cifra hubiera sido real, el hecho es que todo el proceso carecía de legitimidad, pues el concepto del constituyente primario tal vez podía haberse invocado ante hechos cumplidos como una rebelión popular, pero nunca ante hechos inducidos desde el Ejecutivo.

El Presidente de la Republica, en actitud sin precedentes en la tradición de separacion de poderes en Colombia, presionó a la Corte Suprema de Justicia a través de llamados públicos en los que presentaba un fallo en contra como un enfrentamiento entre 27 magistrados y todo el pueblo colombiano. Hay quienes sostienen que la Corte Suprema de Justicia fue cobarde y prevaricadora al fallar en términos estrictamente políticos pasando por encima de normas jurídicas que había jurado cumplir.

Más que una reforma constitucional, lo que se necesitaba era una disculpa para solucionar problemas casi personales que poco o nada tenían que ver con asuntos constitucionales. En primer lugar, había que solucionarle a Pablo Escobar el problema de la extradición para hacer posible su entrega.
Pero también había que solucionárselo a César Gaviria, sin que él tuviera directamente nada que ver. Nada mejor que una constituyente

EDICIÓN 1894

PORTADA

Los secretos de la red de espionaje

SEMANA revela detalles y conversaciones desconocidas de la organización de chuzadas ilegales más grande descubierta en el país. Las víctimas eran empresas, funcionarios públicos, miembros de las Fuerzas Militares y particulares.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 1894

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.