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| 7/4/1994 12:00:00 AM

EL BUS DEL TERROR

La historia desconocida sobre este horripilante episodio.

EL BUS DEL TERROR EL BUS DEL TERROR
APULO ES UN TRANQUILO Y sofocante pueblo de Cundinamarca, ubicado a dos horas de Bogotá. La mayoría de sus 3.000 habitantes son pensionados de la fábrica de Cementos Diamante. Sus pintorescas calles permanecen desoladas entre semana, pero los sábados y los domingos se ven atiborradas de turistas que llegan de la capital para disfrutar del balneario del municipio, donde se organizan verbenas populares. No obstante, ni siquiera esta romería logra alterar la paz en que vive la gente. El último caso judicial fue resuelto hace cuatro meses por los ocho agentes de la Policía que tienen a su cargo la seguridad del pueblo.

Por eso lo ocurrido el domingo 29 de mayo, día de elecciones, por poco termina en un levantamiento popular. Según los primeros rumores que circularon, la guerrilla se había tomado el pueblo. También se alcanzó a decir que se trataba de una banda de cuatreros que había sitiado la población. Todo se debía a que 120 hombres armados hasta los dientes se habían distribuido por las calles y allanaban casas, hoteles y heladerías ante el asombro de la gente y de las propias autoridades de Apulo, que no sabían lo que estaba pasando. La realidad era que se trataba de oficiales encubiertos de la Policía Nacional que andaban tras los pasos de la banda de atracadores y violadores que cuatro días antes habían secuestrado en Bogotá un bus ejecutivo de servicio urbano, violado a dos de las pasajeras y sembrado el terror en todos los ocupantes durante cuatro largas horas en uno de los hechos delincuenciales que más ha conmocionado a la capital en los últimos años.

Mientras ocurría toda esta ventolera en la plaza principal de Apulo, a unas cuadras de allí, en el barrio San Jorge, María Gladys Wilches disfrutaba de la tranquilidad del mediodía. Esta humilde campesina que se dedica a la fabricación artesanal de canastos y que también se rebusca unos pesos alquilando a los turistas una de las habitaciones de su casa, escuchaba por la radio las informaciones acerca del desarrollo de los comicios electorales. No se hallaba sola. Desde eljueves 26, tres jóvenes que llegaron al pueblo a pasar unos días de descanso le habían arrendado por 10.000 pesos una de las alcobas. A esa hora dos de ellos se duchaban. El otro se encontraba en la terminal de transporte esperando la llegada de una amiga de Bogotá. Esa mañana los tres le habían dicho que tenían la intención de prolongar su descanso hasta el viernes 3 de junio y que de la capital iban a llegar seis personas más.

LAS PISTAS CLAVES
A las 10 de la mañana de ese domingo una mujer menuda, de camiseta blanca, yines y zapatos tenis abordó un taxi en las afueras de Fontibón. Tomó la vía hacia el municipio de Mosquera y luego se enrumbó por la carretera que conduce a La Mesa y Girardot. Detrás de él partieron tres camperos con miembros de la Policía Nacional, que desde el jueves anterior le seguían la pista a esta mujer, pues se habían convencido de que ella era el eslabón que los llevaría al sitio donde se escondían los atracadores. Al fin y al cabo las pistas dadas por alguien que hizo una de las 10.000 llamadas de la ciudadanía a la línea caliente de la Policía, para colaborar en la búsqueda de los delincuentes, eran confiables. Un hombre, que pidió reserva de su nombre, le contó a la Policía la siguiente historia: "Yo vi los retratos hablados en la prensa y conozco a uno de esos bandidos que violó a las mujeres en el bus ejecutivo. Ese tipo de llama Luis Felipe García. El me 'tumbó ' una plata en un atraco que hicimos a un bus en Engativá. En esa oportunidad García violó y mató a una de las pasajeras. Ese h.p. salió hace poco de Bogotá. Se fue para Apulo con otros dos de sus compinches y están esperando que el domingo los visite una vieja amiga de ellos. Yo les puedo decir dónde la pueden encontrar". La conversación telefónica continuó y el hombre suministró los demás datos que condujeron a la Policía a localizar a la misteriosa mujer. Y a seguirla.

Ese mismo jueves la Policía tuvo otro golpe de suerte. Una nueva llamada les dio pistas sobre el paradero de uno de los integrantes de la banda. En esta ocasión fue una informante que, presa de los celos, decidió contar, para vengarse, lo que ella conocía: "Yo no acepto que mi hombre esté con otra vieja. Yo vi uno de los retratos hablados y sé que él fue uno de los que intimó en el bus con una de las pasajeras, y esa vaina yo no me la aguanto. Les voy a decir dónde lo pueden encontrar".

Toda esta información fue verificada por el bloque de búsqueda que integró el general Luis Enrique Montenegro Rinco, director de la Policía Metropolitana de Bogotá, quien seleccionó para el caso a los ocho oficiales más experimentados en combatir el crimen organizado. A ellos les encomendó la misión de capturar en el menor tiempo posible a los atracadores y violadores del bus ejecutivo. Este equipo de investigadores confirmó las pistas entregadas en las dos llamadas telefónicas y, con base en la información, decidió montar dos operativos: uno en el sector de Fontibón y otro en el barrio Las Ferias, que, de acuerdo con la verificación hecha por el grupo de inteligencia, eran los dos sitios frecuentados por los delincuentes.

EL PRIMER GOLPE
Mientras el bloque de búsqueda de la Policía se centraba en el seguimiento de la mujer, la Dijin ponía la mira en el barrio Las Ferias. Era una operación de agentes encubiertos. Hubo detectives disfrazados de pordioseros y otros de vendedores ambulantes. Varias mujeres asumieron el rol de cantineras y comenzaron a trabajar en bares de mala muerte de este sector de la capital.

Los resultados no tardaron. El viernes en la mañana los detectives de la Dijin dieron con el paradero de un hombre cuya fisonomía coincidía con la de uno de los retratos hablados que la Policía había elaborado con la colaboración de las víctimas del asalto al bus. Los agentes lo detuvieron y lo trasladaron a las instalaciones de la Dijin. Uno de los oficiales se comunicó con una de las mujeres ultrajadas con el fin de que realizara su reconocimiento. Dos horas más tarde el violador estaba plenamente identificado. Su nombre es Yamil Walteros, alias 'Botija', quien, de acuerdo con las denuncias hechas por los ocupantes del bus, no sólo manejó el vehículo durante gran parte del asalto, sino que minutos antes de abandonarlo violó a dos de las pasajeras. Según los testimonios, era el más violento y vulgar de los atracadores.
Una de las víctimas del atraco dijo a SEMANA: "El atraco comenzó a las 10 y 30 de la noche en la calle 134 con carrera séptima. 'Botija' encañonó al conductor, lo quitó de la silla y empezó a manejar. Al principio condujo despacio. Apagó las luces interiores y comenzó a gritar que teníamos que agacharnos y que nadie podía mirar por la ventana. Tiempo después se puso a correr. No respetaba los semáforos y varias veces se metió en contravía. Cerca de nosotros pasó una patrulla de la Policía y él nos gritó que si alguno de nosotros hacía una señal nos mataban. Manejó casi todas las cuatro horas durante las cuales estuvimos secuestrados. Cuando dejamos Fontibón paró el bus y entonces Luis Felipe García comenzó a manejar. 'Botija' se fue para la parte de atrás, llamó a una de las mujeres y le puso una pistola en la cabeza. Ella gritaba mientras le ordenaba que se quitara la ropa. Después de violarla volvió a la parte delantera del bus y media hora después cogió a otra de las mujeres y la llevó de nuevo atrás, donde también la violó". Pero esta no parece ser la única acción delincuencial ni la única violación de Walteros. Conforme a las autoridades, él está sindicado de la violación de una niña de siete años el 20 de mayo de 1990. El caso fue conocido por el Juzgado Cuarto de Menores y radicado con la denuncia 548. Sin embargo, lo que no entiende la Policía es por qué ese despacho dejó en libertad a Walteros si Medicina Legal y los hospitales Lorencita Villegas y Central de Fontibón aportaron las pruebas que demostraban la culpabilidad de este delincuente.

CAPTURAS EN APULO
Terminada la labor del grupo de la Dijin los oficiales de la Policía Metropolitana de Bogotá continuaron el seguimiento al taxi en el que se desplazaba la misteriosa mujer, que al mediodía del domingo 29 de mayo finalizó su viaje en la terminal de buses de Apulo, donde la esperaba Manuel Alfonso Hurtado. Seguida muy de cerca por los agentes encubiertos, la pareja dio vueltas durante dos horas por las calles del pueblo antes de dirigirse al barrio San Jorge y, más concretamente, a la casa de María Gladys Wilches, quien no tenía ni idea de la clase de inquilinos que habían hospedado en su casa.

Un minuto después de que Hurtado y la mujer entraron en la casa de Wilches el operativo inició su marcha. Los agentes entraron y capturaron a Luis Felipe García, Germán Walteros y al propio Hurtado. Además, esculcaron la habitación y hallaron relojes, tenis y chaquetas, varios de los cuales trataron de vender en el pueblo. Los tres hombres fueron conducidos a la plaza de Apulo y cuando la gente se enteró de que se trataba de la banda de los violadores trataron de lincharlos. Atemorizados por esta reacción los delincuentes decidieron colaborar con las autoridades. Manuel Alfonso Hurtado confesó que él había sido uno dé los encargados de despojar de sus pertenencias a los pasajeros. Walteros dijo lo mismo y agregó que había ayudado a maniatar a los hombres que iban en el bus y que fueron tendidos bocabajo en el piso. Las declaraciones posteriores de las víctimas coincidieron en que Walteros había manoseado a la mayoría de las mujeres. García, por su parte, confesó su participación en el atraco y su liderazgo sobre la banda cuando su jefe descendió en Fontibón.

Pero hacía falta saber cosas peores de este hombre. Los pasajeros del bus confirmaron que había sido otro de los violadores. "A una de las mujeres le puso un revólver en la boca. La cogió del pelo y la llevó para la parte de atrás. Comenzó a manosearla y ella empezó a gritar que estaba embarazada y que no le fuera a hacer daño. El la agarró del cuello y la lanzó brutalmente contra una de las sillas. Luego tomó a otra de las mujeres, le puso el revólver en la cabeza y le comenzó a gritar que se subiera la falda y se quitara la ropa interior. Ella se puso a llorar y él la insultó con palabras vulgares. Luego la violó", dijo un testigo. Aparte de eso, García está sindicado del asesinato del joven universitario Diego Echeverry Gutiérrez frente a la Universidad de la Sabana, a pocos metros del Puente del Común. El asesinato ocurrió el sábado 21 de mayo, en jurisdicción del municipio de Chía, cuando Echeverry trató de impedir que su novia fuera violada por seis hombres que los habían asaltado.

CAPTURAS EN BOGOTA
García resultó ser también útil para los investigadores. Su confesión, hecha entre Apulo y Bogotá, terminó en la localización de Hugo Baquero en la discoteca Rimox, de Engativa. Y eso que en un principio las autoridades dudaron del testimonio porque, como había ley seca, no pensaron que el sitio estuviera abierto ni que Baquero se encontrara allí. Pero García tenía razón.

Según el recuento de las víctimas, Baquero fue uno de los delincuentes más violentos durante el asalto. Golpeó a varias de las mujeres y amordazó al chofer. Cada vez que se acercaba al puesto de un pasajero sacaba un enorme cuchillo, lo enterraba en la cojinería y le decía: "Si usted no me entrega las joyas y la plata lo voy a atravesar con este puñal". Cuando se abusó sexualmente de las mujeres, Baquero obligó a una de ellas, al ponerle una pistola en la cabeza, a tener sexo oral con él.

Con Baquero siguió la cadena de confesiones. Entregó a las autoridades datos sobre el lugar donde se encontraban Eduardo Hurtado y Miriam Bayona, estudiante de segundo semestre de derecho y la única mujer que participó en el crimen. Así fue como los agentes de la Policía capturaron, en un inquilinato del barrio Egipto, al jefe de la banda y a su compañera. En el operativo también cayó Julio Hurtado. En la alcoba que habitaban las autoridades encontraron prendas, relojes, zapatos tenis y chaquetas de cuero que pertenecían a los pasajeros atracados.

Aunque Eduardo Hurtado y Miriam Bayona negaron haber participado en la violación de las mujeres, las declaraciones de los pasajeros dicen lo contrario. Uno de ellos afirma que Hurtado fue el primero de todos los violadores: "Cuando el bus se dirigía por los lados del aeropuerto Eldorado, ese tipo cogió a una de las muchachas y la violó. Desde atrás le gritó a la Mona que esa mujer estaba muy buena. Ella, Miriam Bayona, soltó la risa y movió la cabeza en señal afirmativa".

Y es que Bayona, lejos de compadecer a las víctimas, actuó de manera que el atraco se produjera sin tropiezos. De acuerdo con los testigos, vigiló a los pasajeros para que no escondieran la plata y las joyas, y cada vez que veía algún movimiento extraño gritaba a sus compinches para que estuvieran alerta. Ayudó a amarrar a varios ocupantes y, según algunos, presenció de cerca la violación de una de las mujeres.

Pero el golpe propinado por las autoridades a la banda que cometió semejante delito no habría sido completo sin la detención del cerebro del asalto: Franklin Lombana. Sin embargo, una vez capturados los autores materiales del crimen, las confesiones desembocaron en la caída de quien ideó la acción y quien pretendía vender las prendas y los objetos de valor de los pasajeros.

SOLIDARIDAD
Para nadie es un secreto que el asalto al bus ejecutivo hizo que la seguridad de Bogotá tocara fondo. Las cifras así lo demuestran. En lo que va corrido de este año se han presentado cerca de 2.000 atracos a buses de servicio urbano. Pero en este caso las cosas fueron más allá: se pasó del robo simple al abuso sexual, agravado con el secuestro. Cuarenta pasajeros de un bus estuvieron retenidos por sus asaltantes durante más de cuatro horas, quienes, al final, sólo obtuvieron un exiguo botín de 80.000 pesos.

Este espeluznante crimen sirvió también para que por primera vez la ciudadanía tomara cartas en el asunto y, quizás como nunca antes, colaborara en la captura de estos delincuentes-violadores. Las llamadas que se recibieron en la línea caliente de la Policía así lo demuestran. También debe reconocerse la forma como actuó la Policía Metropolitana, encabezada por su comandante, general Luis Enrique Montenegro. La creación de un bloque de búsqueda y el pago de recompensas de 10 millones de pesos por cada uno de los delincuentes fue un acierto y podría vislumbrar una solución a la inseguridad. Pero, a pesar de todo, tanto los bogotanos como las autoridades tendrán que hacer mucho más si quieren no sólo que estos delitos se sancionen, sino que se puedan evitara tiempo.-

Así fue el asalto
1. Yamil Walteros, alias "Botija", fue el conductor del bus durante el asalto.
2. Las mujeres permanecieron en sus puestos y se les ordenó agacharse y no mirar por las ventanas.
3. Los hombres fueron maniatados y tendios bocabajo en el piso del bus.
4. En la banda de asaltantes había una mujer, la cual es estudiante de derecho.
5. Varias de las armas utilizada para el asalto eran de juguete.
6. Las cuatro últimas filas del ejecutivo las utilizaron para violar a las mujeres.


IMPUNIDAD
DE CADA CINCO VIOLACIOnes que se presentan en Bogotá solo una es conocida por parte de las autoridades judiciales y de Medicina Legal. Los casos por abuso sexual reportados oficialmente el año pasado alcanzaron la escandalosa cifra de 2.914, es decir ocho diarias. En la capital del país es violada una persona cada 20 minutos.

En enero de este año las autoridades conocieron 186 violaciones cometidas contra mayores de 18 años. El número se disparó en menores de edad y alcanzó la impresionante cifra de 281 niños y niñas ultrajados sexualmente.

Aunque no existen estadísticas oficiales sobre el número de personas condenadas por este delito, las autoridades de Policía consideran que son muy pocos los delincuentes que están tras las rejas pagando condena por abuso sexual. La misma ley es laxa. De acuerdo con el Código Penal, el abuso sexual es excarcelable. Con el pago de una fianza, en promedio de dos millones de pesos, los culpables quedan en libertad.

La Unidad de Delito contra la Vida e Integridad Personal, que dirige la teniente de la Policía Adriana Hernández, ha realizado este año una serie de operativos para combatir a las bandas de violadores y a las organizaciones dedicadas a la trata de blancas.

En los cinco primeros meses de 1994 han sido capturados 14 delincuentes a quienes Medicina Legal les comprobó la violación de 22 menores de edad. La Unidad de Delitos entregó una completa documentación a los juzgados para que estas personas fueran condenadas, pero 10 días después todos se encontraban en libertad. Cada uno de ellos pagó una fianza de 2.5 millones de pesos y después de quedar libres amenazaron de muerte a la directora de la Unidad y a las familias de las víctimas en caso de que insistieran en sus denuncias.-

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