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| 8/26/2005 12:00:00 AM

El campesino y el senador

El voto de un campesino en una recóndita vereda de Santander está a punto de cambiar una curul.

El campesino y el senador A la salida de la sede del Consejo de Estado en Bogotá, Esteban Flórez se encontró con Carlos Ardila Ballesteros. Del resultado de la tutela que interpuso el campesino, Ardila podría ocupar una curul en el Senado.
Esteban Flórez Sierra tiene 51 años, cinco hijos y él vive, con su familia, de un pequeño cultivo de papa en una vereda a tres horas en mula del municipio de Caucasí, localizado a seis horas de Bucaramanga. Aunque ha votado en todas las elecciones desde cuando tiene cédula, no le interesa la política y lo único que le importa en la vida es vender su cosecha en la plaza de mercado de Cúcuta. No sabe el nombre de ningún político. Su único contacto con ese mundo se limita a su vieja amistad con José Báez, un compadre suyo que fue concejal y dos veces alcalde de Caucasí. Sin embargo, Flórez, que escasamente estudió primaria, se ha convertido en la pieza clave para definir una curul en el Senado.

La historia comenzó en marzo pasado, cuando el Consejo de Estado anuló más de 5.000 mesas en todo el país. Según el alto tribunal, se había establecido un fraude parcial en la elección del Senado de 2002. Como consecuencia de la decisión, Piedad Córdoba, Gabriel Acosta y José Renán Trujillo perdieron sus curules. En su reemplazo llegaron al Senado algunos que habían quedado por fuera porque sus votos no les había alcanzado. El senador número 102 resultó siendo Miguel Ángel Pérez, el polémico gobernador de Casanare, investigado por haber recibido dinero de los paramilitares para financiar su campaña. Ya que Pérez está preso por ese caso, su curul es ocupada por su segundo renglón.

El coletazo de la decisión del Consejo de Estado llegó a Caucasí hace un mes, cuando sus habitantes se enteraron de que una de las más de 5.000 mesas que habían sido anuladas era la de la vereda El Rosal. "Nos enteramos de que todos los 224 votos de esa mesa habían sido anulados porque supuestamente había una suplantación y que el suplantador había sido don Esteban Flórez, dijo a SEMANA José Báez. Como es un pueblo pequeño y allá todos saben que don Esteban y yo somos amigos y que yo y mi familia siempre hemos estado metidos en la política del pueblo nos comenzaron a molestar y a decirnos 'chanchulleros, ya sabemos cómo ganan ustedes en el concejo y la alcaldía", recuerda Báez.

Efectivamente, el fallo del Consejo de Estado dice que "?La cédula # 5608241 se escribió el nombre de Flórez Sierra Esteban nombre que conforme al censo electoral no corresponde a ninguna de las preimpresas en el formulario E-11 de lo cual se concluye que el votante no estaba autorizado para sufragar en ella". En concepto del Consejo de Estado, esa irregularidad con una cédula era suficiente para anular la totalidad de los 224 votos de la mesa.

Indignado, con el orgullo herido y con "el santandereano alborotado", como él mismo dice, Báez se fue hasta la finca de Esteban Flórez y le contó lo que estaba pasando y lo que estaban diciendo en el pueblo. Al comienzo, Flórez, un campesino recio y de pocas palabras, no entendía qué era ser un suplantador. Cuando le explicaron, se indignó y con su cédula en mano bajó hasta la Registraduría del pueblo para que le informaran si la cédula que ha tenido toda la vida era falsa o si, como decía el Consejo de Estado, le pertenecía a alguien llamado Pablo Mesa quien era, según el registro de votantes que había enviado la Registraduría Nacional (formulario E-11), quien estaba autorizado para votar. A Flórez le dijeron que su cédula era verdadera y era un error de la Registraduría. Le explicaron que como su cédula "era buena", su voto evidentemente también era válido y que, como consecuencia, el Consejo de Estado se había equivocado al anular todos los votos de la mesa. A pesar de la explicación del registrador municipal, Báez y Flórez no se quedaron tranquilos porque "en el pueblo nos seguían diciendo chancuqueros", afirma Báez. Sin embargo, no sabían qué más hacer.

Un amigo de Báez le sugirió que llamara a Jesús María Carrillo, que también era de un pequeño municipio de Santander, y le contara lo que estaba pasando. Carrillo era ex presidente del Consejo de Estado con un doctorado en la Universidad de París y uno de los más reconocidos catedráticos de la Universidad Externado, especialista en tutela. "Yo soy santandereano y el caso me llamó la atención. Soy profesor universitario y el caso sirve de relieve para demostrar que el Estado de derecho no sólo es para proteger a los poderosos, sino que se deben respetar los derechos fundamentales de todas las personas", dijo Carrillo a SEMANA.

Tras analizar el caso, Carrillo llegó a la conclusión de que con la anulación de una mesa, a Flórez se le había desconocido su derecho fundamental a votar e implícitamente lo sindicaban de un delito que puede tener consecuencias penales como es la suplantación. Además, el caso tiene repercusiones políticas. "Como el voto de Flórez fue el que hizo que se eliminaran todos los de la mesa, se perdió una curul en el Senado", afirma Carrillo. De los 224 votos que había en la mesa eliminada, Carlos Ardila Ballesteros, quien en 2002 aspiraba al Senado por el movimiento Nuevo Liberalismo, había conseguido 164. Cuando se conocieron los resultados de las elecciones, Ardila quedó en el lugar 105: le faltaron 37 para convertirse en el senador número 102.

Flórez y Báez sólo quieren que sus nombres queden libres de cualquier sospecha. El ex magistrado Carrillo decidió actuar como abogado de Flórez, que fue a quien le anularon su voto, y por medio de una acción de tutela interpuesta ante el Consejo de Estado, espera que el alto tribunal determine como válido el voto del campesino.

A las 12:20 del jueves de la semana pasada, después de un viaje de 30 horas en bus, Flórez se encontró con el ex magistrado Carrillo en la entrada del Consejo de Estado. "Yo sólo he estado en Bogotá una vez, hace como 20 años, cuando trabajé en una finca en la sabana durante dos meses", dijo Flórez a SEMANA. Vestido con una ruana de chivo, sombrero y alpargatas, fue el centro de todas las miradas de los habituales visitantes de la sede del Consejo de Estado. Abogado y campesino radicaron la tutela del alto tribunal. Flórez abordó un bus de regreso a su pueblo la noche del jueves, confiado en que su problema, como él dice, ya quedó solucionado. Lo que no sabe es que gracias a él, Ardila, a quien conoció ese día, puede llegar al Senado. Si el Consejo de Estado falla favorablemente la tutela y reconoce el voto de Flórez, los 224 sufragios de la mesa que había sido eliminada tendrían que ser válidos, incluidos, obviamente, los 164 votos que consiguió Ardila. Y vencería al segundo renglón del ex gobernador de Casanare, quien tendría que dejar su curul. "Yo ya estaba resignado y había dejado las cosas de ese tamaño. Pero esta nueva situación cambia las cosas y me obliga a tomar acciones legales", dice Ardila, quien no puede creer que un humilde sembrador de papa de Caucasí se haya convertido en su tabla de salvación.

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