narcotráfico

El ‘capitán’ del narcosumergible

La increíble travesía de un pescador y sus tres compañeros, para llevar seis toneladas de coca de Buenaventura a Estados Unidos, en un mini 'submarino' de 1,20 por 1,80 metros.


En el hogar de Rodrigo Olaya Cuero, un curtido pescador de Buenaventura, nunca les sorprendió que se perdiera durante semanas enteras en las aguas del Pacífico colombiano. Por el contrario, esa era la rutina obligada para garantizar el sustento de su esposa y sus 10 hijos.

Por esa razón, el pasado miércoles 16 de julio no lo extrañaban en su casa del barrio Las Palmas de la ciudad portuaria en el Valle del Cauca, pues apenas cumplía nueve días de jornada pesquera. Sin embargo, la tranquilidad de su familia se rompió cuando esa misma noche vieron a Rodrigo en las noticias. "No lo podíamos creer. En principio pensamos que era otra persona, pero cuando lo mostraron bien y dijeron su nombre, todos quedamos perplejos", recordó el mayor de los hijos, que trabaja como obrero de construcción. Su padre, de 59 años, fue capturado junto con otros tres colombianos por la guardia costera mexicana navegando una especie de pequeño semi sumergible en el que transportaban seis toneladas de cocaína.

El joven asegura que su 'viejo' escasamente cursó la primaria y lo único que sabe hacer en la vida es pescar. Por esa razón no se explica cómo resultó embarcado en esa odisea. Lo que su padre ha dicho es que varios hombres armados lo contactaron a él y a sus otros compañeros en altamar y los llevaron a un sitio costero. "En Colombia nos amenazaron. Nos dijeron que si no traíamos ese aparato, igual iban a matar a nuestras familias", dijo uno de los compañeros de viaje de Rodrigo, Rafael Jiménez Biojó, de 27 años. Irónicamente, hoy los hermanos Olaya están recibiendo amenazas.

Si bien este no es el primer caso de un semi sumergible incautado por las autoridades en las aguas del Pacífico, llama la atención que sí es el primero de esos aparatos que es interceptado luego de llegar tan lejos de las costas colombianas. Los navegantes recorrieron durante ocho días un total de 4.800 kilómetros y lo más sorprendente es que aún les quedaba combustible para dos jornadas más. "Lo que nos dijeron, y por la comida y la gasolina que teníamos, era que íbamos a hacer un viaje de 10 días", les contó uno de los cuatro tripulantes a los oficiales mexicanos.

No es fácil imaginar cómo pudieron soportar tanto tiempo en un aparato con un espacio interior tan asfixiante: apenas 120 centímetros de ancho por 180 de largo. "Nos tocaba dormir en tablas de 60 centímetros. Y lo hacíamos por turnos de seis horas. Mientras tres estaban trabajando, uno dormía", sigue el relato. Las tres tareas que se turnaban eran vigilar el timón, controlar la ruta de navegación con un aparato GPS de los que se encuentran en el mercado y estar pendiente del consumo de combustible.

Como estos pequeños 'submarinos' no tienen autonomía de oxígeno y la capacidad de sumergirse y flotar, propia de los submarinos, sino que navegan a una profundidad no mayor a los tres metros, durante todo el recorrido debían estar atentos para equilibrar las cargas. Para eso llevaban piedras en bultos y en la medida en que se consumía el combustible de un sector de la embarcación, movían las piedras para un lado o para el otro para compensar el peso.

En el día avanzaban a media marcha para evitar que las olas que produce el semi sumergible los delataran. Y en la noche aumentaban la velocidad hasta 25 kilómetros por hora. Comían frutas, verduras, atún, carne enlatada. Bebían agua embotellada ygaseosa. Hacían sus necesidades fisiológicas las en la cubierta del artefacto, sólo en las noches, para no ser detectados. Debían guardar la basura.

Todo ello describe una nueva odisea en la que se mezcla la ingeniería desarrollada por la desmedida ambición de los narcotraficantes, la malicia indígena de los tripulantes y la inmensa paciencia de un pescador.

Más de 40 incautados

Los datos del Departamento de Defensa de Estados Unidos dicen que en 2006 capturaron tres semi sumergibles colombianos, y en 2007 la cifra se disparó a 40. La Armada Nacional incautó 22 de esos artefactos el año pasado: nueve cayeron en manos de la Fuerza Naval del Pacífico y otros 13 fueron hundidos. En ellos, según los cálculos, transportaban en total al menos 105 toneladas de coca. En 2008 ya van cuatro artefactos incautados.

El tema es tan preocupante, que hace parte del reciente informe que el Grupo de Fuerza de Tarea Conjunta del Sur (Jiatfs, por su sigla en inglés) le entregó en marzo pasado al Departamento de Estado de Estados Unidos. "Las estimaciones indican que hasta el 40 por ciento de la cocaína en Colombia se mueve por la compleja red fluvial hasta el sur de la costa occidental".

Recientemente Joseph Nimmich, almirante guardacostas de Estados Unidos y director de la Fuerza de Tarea Interagencial del Sur, dijo en una entrevista en Internet que hoy la mafia está usando un promedio de 80 pequeños 'submarinos' para transportar la droga. Según el almirante, ya se detectan tres generaciones de semi sumergibles: los primeros eran de fibra y un motor y los nuevos son de acero y con dos motores diesel.

Tanto en Estados Unidos como en Colombia la pregunta sin respuesta es el origen de la tecnología naval con la que construyen esos artefactos. Muchos se inclinan a pensar que la misma puede estar en la propia Armada, pues son ellos quienes tienen el conocimiento para hacerlo. Pero hay voces que dicen que sencillamente fue tecnología importada, tal como se evidenció con un sumergible hallado en septiembre de 2000, en las goteras de Bogotá, cuya tecnología aplicada motivó la presencia de autoridades rusas.

Lo que sí es claro para la Armada es dónde los hacen. Departamentos como Nariño, Cauca, Valle y Chocó cuentan con al menos 15 ríos navegables que son utilizados para transportar la droga y en muchos casos para montar astilleros clandestinos. José Gómez, comandante de la Regional Tres de la Policía en el suroccidente colombiano, explicó que tras esa estructura naviera están los 'Rastrojos', al mando de Luis Enrique Calle Serna, sucesor del capo Wílber Varela, y el Frente 30 de las Farc. Bajo sus órdenes reclutan pescadores a quienes les ofrecen entre 30 millones y 60 millones de pesos, dependiendo de su función durante el viaje.

Si bien las autoridades avanzan en cerrarles el cerco a los narcotraficantes, éstos no se quedan atrás y evolucionan, así sea con tecnologías rústicas como esta. Parece repetirse la historia de los últimos 25 años, cuando Colombia ha visto cómo el narcotráfico sigue siendo tan buen negocio, que no se agota la inventiva de los delincuentes para ingeniarse maneras de enviar la droga a Estados Unidos. Desde la maleta de doble fondo, la pionera de las trampas, se ha pasado, entre múltiples sistemas, a los postes de cemento, a los estómagos de seres humanos y a las populares lanchas Go Fast, hasta llegar a la última moda, la de los semi sumergibles.