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| 8/7/1995 12:00:00 AM

EL CAZA-CAPOS

Cómo hizo el general Serrano para desvertebrar en apenas seis meses al cartel de Cali.

EL CAZA-CAPOS EL CAZA-CAPOS
PARA QUIENES LO TRATAN POR PRIMERA vez es difícil pensar que detrás de su mediana estatura, de su rostro bonachón, de su sonrisa fácil y de su copete canoso se oculta el policía antinarcóticos más efectivo del mundo en este momento. A sus 52 años al general Rosso José Serrano Cadena nada le ha cambiado su manera de ser: ni sus cursos en el exterior como niño consentido de las autoridades antidrogas internacionales, ni su amplia gama de condecoraciones, ni los aplausos unánimes que ha recibido en las últimas semanas por sus golpes al cartel de Cali, ni el haberse convertido en el partner de tenis favorito del propio Presidente de la República.
En la cancha de tenis, tanto cuando juega con el primer mandatario en las primeras horas de la mañana como cuando lo hace con su profesor particular, al general Serrano le gusta colocar la bola antes que golpearla con fuerza. "Es más o menos lo mismo que he hecho desde que llegué a la Dirección de la Policía", confiesa Serrano.
Y no le falta razón. El director de la Policía ha dado los mejores golpes de su carrera mucho más a base de inteligencia que de fuerza. "El está convencido de que una veintena de oficiales de inteligencia, bien preparados, son mucho más efectivos que 2.000 hombres excelentemente armados", afirma Carlos Perdomo, su asesor de prensa y confidente.
"Lo que más me impresiona de mi general es su serenidad", asegura el subdirector de la Policía y también general Luis Enrique Montenegro Rinco, el ex jefe de la Dijin que en estos meses de guerra contra el cartel de Cali se ha ganado merecidamente la fama de acelerado.
Esa serenidad le permitió sobrevivir a las difíciles semanas que pasó en Washington los primeros meses del gobierno de Ernesto Samper, cuando sus enemigos dentro y fuera de la Policía lo tuvieron al borde del retiro.
Serenidad que se convirtió en verdadera sangre fría a la hora de destituir a 300 oficiales y más de 2.500 suboficiales y agentes de la institución. Entre ellos algunos habían sido por muchos años sus compañeros de trabajo y con uno que otro había llegado a forjar verdaderas relaciones de amistad. Pero nada de esto fue óbice para que los pusiera de patitas en la calle convencido como estaba de que el primer golpe al cartel de Cali era justamente esa barrida. "Ellos se habían aliado con el diablo", ha explicado repetidamente Serrano para referirse a los estrechos lazos que se tendieron entre la Policía y las gentes de Cali en la lucha contra Pablo Escobar, y que él tuvo que cortar de un tajo apenas se hizo cargo de la institución.

EL KINDER DE SERRANO
Pero todos los anteriores conceptos resultan más bien teóricos cuando se les compara con el diseño que el director de la Policía, el subdirector y tres oficiales de inteligencia altamente experimentados y de la total confianza de Serrano, hicieron para comenzar a cazar a los capos del cartel de Cali. En las primeras semanas del año Serrano y estos cuatro colaboradores comprendieron que de nada serviría destituir semanalmente a docenas de policías corruptos si en un lapso relativamente corto no comenzaban a golpear a la cúpula del cartel. "Serrano no puede ser solamente el hombre que barre y limpia -le dijo en aquellos días a SEMANA un oficial de inteligencia de la Policía-. Hay que empezar a presentar resultados".
Serrano y sus cuatro colaboradores sabían que era necesario poner a andar un aparato de inteligencia que permitiera localizar y capturar a los principales cabecillas del cartel. Pero no era fácil encontrar gente con la cual trabajar. Al fin y al cabo, la Dijin -el servicio de inteligencia de la Policía- estaba tanto o más infiltrada que el resto de la institución. Fue entonces cuando se les ocurrió que si no había gente de confianza. Lo mejor era formar aceleradamente a un grupo de jóvenes.
En un documento secreto de la Policía, redactado en aquellos días y al que SEMANA tuvo acceso el viernes pasado, los oficiales de inteligencia le recomendaban a Serrano la creación de este kínder con base en tres argumentos centrales: el primero, que la falta de experiencia y tradición de estos jóvenes era más una ventaja que una desventaja, pues garantizaba que no hubieran estado mezclados en el matrimonio diabólico entre la Policía y el cartel de Cali en tiempos de la guerra contra Escobar; el segundo, que por tratarse de jóvenes oficiales carecerían de los temores de seguridad -por ellos y sus familias- que suelen asaltar a los oficiales de mediana edad; y el tercero, y uno de los más importantes, que como estos jóvenes no habían participado en el pasado en otras operaciones de inteligencia, sus identidades no estaban 'quemadas'.
De ahí en adelante y una vez formados por medio de un programa relámpago, la táctica consistió en dividir a los jóvenes oficiales en diversos núcleos de cuatro muchachos cada uno. Al principio los jóvenes no eran más que un puñado y hoy en día suman más de un centenar. Uno de los primeros grupos que se formó se encargó desde mediados de abril de rastrear a de Alberto Madrid, el mensajero y secretario de Gilberto Rodríguez, conocido como 'El Flaco', gracias a cuyo seguimiento se produjo la captura del capo. Pero la más apasionante historia de actuación de estos jóvenes fue la que condujo la semana pasada a la captura de José Santacruz Londoño.

LA PISTA
Después de la detención de Gilberto Rodríguez, la gente de Serrano no bajó los brazos y por el contrario continuó con su trabajo de inteligencia. Fue así como el 17 de junio agentes encubiertos del Bloque realizaron un allanamiento en Cali a una finca campestre localizada en las afueras de la ciudad. Allí encontraron una serie de documentos notariales de José Santacruz. Entre ellos llamaron la atención las escrituras de tres apartamentos localizados en la calle 102 con carrera 15, uno de los sectores más exclusivos de Bogotá. Dos días después esos apartamentos fueron allanados por oficiales del Bloque pero en la operación no se encontró nada revelador. Las viviendas estaban vacías y todo parecía indicar que allí hacía mucho tiempo nadie vivía.
Con esa información Serrano y su gente se reunió a puerta cerrada para analizar la situación y diseñar una estrategia que les permitiera encontrar una pista que los condujera hacia Santacruz. "El trabajo que hemos realizado también ha tenido su buena dosis de suerte. Cuando estábamos en este atolladero logramos una excelente pista que fue entregada por un informante", contó a SEMANA el general Serrano.
Ese informante le dijo a los agentes del Bloque que José Santacruz llevaba varios días viviendo en Bogotá en un apartamento en el norte de la ciudad y la localización que dio pertenecía a la zona donde los oficiales habían hecho los allanamientos a las propiedades de Santacruz. También les dijo que 'Chepe' se encontraba enfermo y que con frecuencia tenía que salir en busca de remedios y asistir a consultas médicas de rutina. Pero lo más importante que contó el informante era que Santacruz andaba solo y que le gustaba mucho la vida nocturna.

EL CERCO
Conocida esta información Serrano y sus oficiales concluyeron que Santacruz se movía en un pequeño sector de la ciudad, dentro del cual realizaba muy cortos desplazamientos. Fue así como la Policía resolvió custodiar el sector comprendido entre las calles 100 y 127, y la carrera séptima y la autopista norte. Esta zona residencial y comercial es una de las más selectas de la ciudad. Como lo dijo el propio general Serrano "allí se consigue desde un alfiler hasta una avioneta ".
Para vigilar el sector Serrano decidió que ese trabajo era para los jóvenes de inteligencia que habían preparado en el kínder. "Ya era hora de poner a prueba sus enseñanzas y capacidad de trabajo", dijo uno de los oficiales que tiene a su cargo uno de los núcleos. Estos jóvenes recibieron durante su entrenamiento una detallada información de los hombres del cartel: videos, fotos, registros civiles, cédulas, huellas dactilares y una hoja de vida sobre sus padres, hermanos y amigos cercanos. En los ejercicios de entrenamiento se les enseño a identificarlos a través de sus señales particulares en caso de que utilizaran algún disfraz o peluca. Fueron muchos días de trabajo y al final cada grupo se sabía de memoria la identidad de los Rodríguez, Santacruz, Herrera y demás cabecillas del cartel.
El siguiente paso que se dio fue realizar un censo de los sitios nocturnos, los restaurantes, las ventas de comida rápida, las droguerías y clínicas del sector. Una vez procesada esta información se establecieron 26 grupos de trabajo conformado cada uno de ellos por tres jóvenes de inteligencia. En el día realizaban dos tareas: una permanecer cerca de las droguerías y clínicas y la otra visitar las ventas de carros y almacenes de ropa.

En la noche el trabajo era mas intenso. Desde las siete de la noche a los 16 restaurantes de la zona llegaban los oficiales, en grupos de tres, y como cualquier comensal permanecían en ellos hasta el cierre. Para evitar que alguien los identificara las visitas se rotaban y sólo se repetían cada tercer día. Similar labor se hizo en los sitios nocturnos, las 12 discotecas y las siete tabernas del sector también fueron vigiladas y allí sólo salían los oficiales en la madrugada. "Fueron 17 días de trabajo. De mucha paciencia, de muchas trasnoshadas. Pero sabíamos que en cualquier momento ibamos a coronar", señaló uno de los jóvenes oficiales de inteligencia.
En esos días de trabajo en más de una ocasión pensaron que por fin habían dado en el blanco. Pero solo fueron falsas alarmas que se manejaron con discreción para evitar que la operación fracasara. Dos días antes de la captura de Santacruz, uno de los grupos pensó que había dado con su paradéro en una droguería. A las 10 de la mañana ubicaron a un hombre que permaneció más de media hora merodeando por el sector antes de ingresar al establecimiento.
"Estaba muy nervioso, muchas veces intentó entrar pero se arrepentía. Decidimos capturarlo, pero unos minutos después descubrimos que se trataba de un asaltante que junto con otros tres tipos estaban preparando el robo de la droguería", señaló uno de los oficiales.
En otra oportunidad en una de las discotecas, un oficial detectó a un hombre que llegó con dos mujeres, pidió un reservado y allí estuvo hasta las cuatro de la madrugada. Pero al final se decidió parar el operativo porque el supuesto José Santacruz era muy joven y muy conocido en el lugar. Para no despertar sospechas decidieron dejarlo marchar.
Hasta que al final la suerte llego. El martes, tres de los oficiales llegaron al restaurante Carbón de Palo a las siete y 20 de la noche. Uno de ellos había acompañado al general Serrano durante la operación de Gilberto Rodríguez y había sido uno de los alumnos más sobresalientes durante el curso de entrenamiento. Cuando detectó la presencia de Santacruz en el restaurante inmediatamente lo identificó. "Cuando me llamó por el celular para decirme que necesitaba un refuerzo porque lo había encontrado, no dudé un segundo de la veracidad de la información. El era quien más conocía sobre la vida de Santacruz. Me atrevo a decir que estaba en capacidad de identificarlo hasta en la oscuridad", afirmó el general Serrano.

LO QUE VIENE
Por haber estado detrás de las capturas de los hermanos Jorge Eliécer y Gilberto Rodríguez, de José Santacruz y de Julián Murcillo, y por haber acorralado con su persecución a Henry Loaiza y a Víctor Patiño al punto de obligarlos a entregarse, se podría pensar que Serrano ha pagado con creces la confianza que depositaron en él el presidente Ernesto Samper y el ministro Fernando Botero. No es una exageración decir hoy que el director de la Policía ha capturado más capos en seis meses de labores que cualquiera de sus colegas en el mundo a lo largo de sus respectivas carreras. Pero por absurdo que parezca la tarea del general Serrano aún está inconclusa, pues tiene por delante un tremendo desafío: capturar a Miguel Rodríguez Orejuela.
La dificultad de esta tarea radica en que en las operaciones que han conducido a las anteriores capturas son muchas las tácticas y trucos que se han desgastado y muchos los jóvenes oficiales cuyas identidades pueden haber quedado develadas. De ahí que la Policía no descarte la posibilidad de hacer un ejercicio adicional de imaginación para diseñar los mecanismos que permitan instalar una trampa para el capo. "Esto puede tomarnos algo de tiempo y en la medida en que nos demoremos Miguel Rodríguez va a tener capacidad para mejorar su protección y de afinar sus engaños", le explicó a SEMANA una alta fuente de la Policía. Es por todo esto que entre los hombres de Serrano hay absoluta conciencia de que a menos que se produzca su captura muy pronto, frente a Miguel Rodríguez las cosas van a ser a otro precio. Y van posiblemente a requerir no sólo de más inteligencia sino de mucha más fuerza, pues hay algunos oficiales de la Policía que creen que a diferencia de lo que ha pasado hasta ahora, en un eventual operativo contra Miguel Rodríguez las armas de fuego no van a permanecer calladas.

El hombre de las camistas
A PESAR DE NO FIGURAR en los afiches de miembros del cartel de Cali por el que las autoridades ofrecen millonarias recompensas, Julián Murcillo Posada era uno de los hombres más perseguidos por el Bloque de Búsqueda. Su persecución terminó el viernes pasado a las 8:20 de la noche en un apartamento del piso octavo del edificio Altos de Viscaya en el barrio Los Andes al norte de Bogotá. Allí se le encontró en compañía de dos hermosas mujeres, y según los organismos de seguridad, Murcillo explicó en el momento de la captura que se encontraba en la capital porque estaba gestionando su entrega a la justicia.
De acuerdo con informes de inteligencia obtenidos por SEMANA, Julián Murcillo es el representante legal de algunas de las empresas del cartel de Cali y es además asesor, especialmente en lo que se refiere al lavado de dinero producto del narcotráfico. Oficiales del Bloque de Búsqueda lo definen como uno de los colaboradores más importantes de los hermanos Rodríguez Orejuela. Murcillo, un economista caleño de 47 años, es socio mayoritario de la firma Exposal Ltda., y de la empresa Litofarallones y Cía, Ltda. Además, según el Bloque de Búsqueda, entre las otras empresas que representa está Celular City, Servitalleres del Valle y Lubricón del Pacífico. Dos de sus hermanos, Luis Fernando y Tulio Murcillo, también relacionados con el cartel de Cali, se encuentran en poder de las autoridades. En julio de 1992 fueron allanadas las bodegas Celeste de Colón en Panamá en las cuales las autoridades hallaron cinco toneladas de cocaína colombiana con destino a Estados Unidos. La droga había sido almacenada allí por Exposal Ltda., clasificada como sal en grano de exportación, amparada con un contrato para licitar en el exterior, suscrito entre Exposmal Ltda. y la concesión Salinas.
De acuerdo con la Fiscalia General, Murcillo es el hombre clave para tratar de descifrar el rompecabezas en que se ha convertido el llamado proceso 8.000. Como propietario de la empresa Litofarallones su nombre aparece en reiteradas ocasiones relacionado con el presunto suministro de camisetas a políticos liberales para las campañas electorales de 1994. De lo que hable ahora Murcillo y de lo que se le pueda comprobar, dependerá la suerte jurídica de los congresistas y políticos que aparecen vinculados con ese proceso.

La agenda de 'Chepe'
UNA PEQUEÑA AGENDA electrónica que portaba en el momento de su captura José Santacruz Londoño despertó el interés de la Policía y es analizada por los organismos de seguridad, ya que contiene un listado de personalidades y empresas con las cuales podría tener relaciones el cartel de Cali. Si bien el hecho de aparecer en una lista de este tipo no constituye en principio ninguna violación a la ley, sí puede servirle de indicio a las autoridades para investigar los movimientos y la estructura de los narcotraficantes del Valle del Cauca.
No obstante, por esta circunstancia, el presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, Juan José Bellini, se vio precisado a renunciar a su cargo, sin negar en ningún momento sus relaciones con algunos miembros del cartel. Al de Bellini se suman los nombres de más de 200 personas y entidades cuyos antecedentes son evaluados por los investigadores, quienes tendrán bajo su responsabilidad la difícil tarea de establecer plenamente las identidades de dichas personas, muchas de las cuales aparecen sin más datos que su nombre y su primer apellido, lo que se podría prestar para caer en inexactitudes.
Entre estos se encuentran los de Phanor Arizabaleta, Humberto Arias, Beatriz Borrero Uribe, Pedro Chang, Clínica Valle de Lili, Club Deportivo América, Martha Lucía Echeverry, Carlos Espinosa, Carlos Julio Cardona, Armando Holguín y Rodrigo Guerrero, entre otros. Todos estos nombres están siendo investigados para tratar de establecer qué vínculos había entre ellos y los miembros del cartel de Cali.

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