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| 4/7/2007 12:00:00 AM

El crimen perfecto

El asesinato del hombre clave de las caletas con 100 millones de dólares supera cualquier guión de Hollywood. Sobornos, envenenamiento y un increíble plan de fuga son tan sólo algunos de los ingredientes de esta impresionante historia.

El crimen perfecto, Sección Nación, edición 1301, Apr  7 2007 Cuando la Policía arrestó a Laureano Rentería estaba en una casa en donde había una caleta con 19 millones de dólares. Dijo que era un obrero y se identificó con otro nombre
Laureano Rentería sabía que lo iban a matar. Desde cuando llegó a su celda en el pabellón de máxima seguridad de la cárcel La Picota, el pasado 27 de febrero, evitaba hablar con los otros presos y se hacía llamar por los guardianes con un nombre falso: Álvaro José Cabal. Y nunca dio explicaciones de por qué estaba ahí. Su hermetismo y su prudencia eran los mejores aliados de un sentenciado a muerte. Mientras la justicia lo protegía para oírlo, su jefe planeaba cómo matarlo.

La maldición de Rentería es la de todo hombre que sabe demasiado en el mundo del narcotráfico. Y él sabía más que todos los demás. Su reclusión en la cárcel de Vistahermosa, en Cali, duró pocos días luego de que encontraron un plan para asesinarlo. La Policía tuvo que sacarlo en helicóptero hacia un pabellón de máxima seguridad en Bogotá. La DEA, que entendió rápidamente la importancia de este testigo, ayudó a acelerar los pedidos de extradición. Pero ni la Policía, ni los gringos, ni los pabellones de hierro reforzado fueron suficientes para detener la lucidez criminal de la mafia para evitar que Laureano Rentería hablara. Y él lo sabía.

Lo que no sabía es que su muerte iba a ocasionar uno de los más graves roces entre las autoridades estadounidenses y el gobierno colombiano de los últimos años. El profundo malestar y las protestas por parte de las autoridades judiciales y antinarcóticos de Estados Unidos no eran para menos. Para la justicia norteamericana, este hombre era uno de los testigos más importantes que hayan existido en los últimos años en casos por narcotráfico. Era la mano derecha de Juan Carlos Ramírez, alias 'Chupeta', uno de los capos más buscados del mundo. La información que tenía Rentería era tan clave y prioritaria que la solicitud de extradición se gestionó en pocos días, cuando es un procedimiento que normalmente tarda meses. A pesar de las recomendaciones y las advertencias de las autoridades gringas para que se protegiera la vida de Rentería, el hombre fue asesinado en la que se supone es una de las cárceles más seguras del país.

SEMANA obtuvo un informe realizado por la oficina de control único disciplinario del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) que permite reconstruir los últimos cuatro días de vida de Rentería y que revela la forma como lo mataron y quién ordenó su asesinato. El documento, elaborado el 12 de marzo y con el número de radicación 0063-07, no sólo despeja las dudas sobre el sofisticado plan para asesinarlo, sino que a raíz de la investigación que realizó el propio Inpec sobre ese caso, deja al descubierto graves irregularidades que vienen ocurriendo en uno de los principales penales del país (ver recuadro).

El expediente ordena abrir una investigación contra la directora de La Picota, Imelda López; tres funcionarios de la oficina jurídica de ese centro carcelario, y varios guardianes, debido a las irregularidades identificadas en el caso de Rentería.

El documento del Inpec contiene los testimonios de prisioneros y los guardianes, quienes relatan las últimas horas de vida del testigo más importante en un caso por narcotráfico de los últimos años. 

Crónica de una muerte anunciada

Cuando Laureano Rentería llegó al pabellón de máxima seguridad, muy pocos de los reclusos que allí se encontraban sabían que él era el hombre de las caletas de Cali. Mucho menos que era la mano derecha de 'Chupeta'.

Uno de sus mejores amigos en la prisión era un reo que estaba cerca de su celda y que se llama Jorge Alberto Posada. Este hombre se ganó la confianza de Rentería porque también era del Valle y tenía una finca en el municipio de Trujillo, en donde Rentería también tiene tierras. Según el relato de Posada en el expediente, desde cuando llegó a La Picota, Rentería presentía que podía ser envenenado. Por esa razón le ofreció a Posada pagarle un 'sueldo' para que probara sus alimentos. Una semana antes de morir, Rentería le contó a Posada que estaba negociando su traslado para la cárcel de Palmira en donde se sentía más seguro y, eventualmente, podía fugarse.

"Me comentó muy en privado que estaba negociando su traslado para Palmira y que si yo me quería ir, podía meterme en la negociación que estaba adelantando su abogado con la Fiscalía, dice uno de los apartes del relato de Posada en el expediente. Me dijo que siguiera con él lavándole la ropa y con lo de las comidas y que me ponía un sueldo.

"El viernes 23 estábamos en el pasillo hablando y don Álvaro (Rentería) me dijo que ya estaba listo lo del traslado a Palmira y que mi abogado llamara a su abogado, Héctor Neira. Estábamos conversando cuando entraron un hombre y una mujer al patio, llevados por el comandante de guardia para que hablaran con don Álvaro", les contó Posada a los investigadores del Inpec.

Según su relato, Rentería conversó con las dos personas durante 15 minutos y se fueron. "Él se me acercó y se veía muy preocupado. Le pregunté si eran sus abogados y me dijo que no". Rentería le hizo un fuerte reclamo al guardia que llevó a los dos personajes y les dijo que él no había autorizado el ingreso de esos supuestos abogados y que le preocupaba su seguridad. El guardia le dijo que la directora de la cárcel, Imelda López, era quien había autorizado el ingreso. "Don Álvaro (Rentería) me dijo que esos supuestos abogados se los había mandado un amigo del cual él sabía muchas cosas y su amigo pensaba que él iba a abrir la boca. Me dijo que le habían preguntado si había hablado de la ubicación de la esposa de 'Chupeta' y que si tenía el teléfono. Él les dijo que no, pero a mí me mostró el número", dice Posada.

Según el relato de Posada, después de esa visita, el temor de ser envenenado aumentó en Rentería. Tanto, que le pidió que le encargara comida a su propia familia para que se la entraran el domingo, día de visitas. "El 25 de febrero entró a visitarlo una mujer de nombre María que le trajo comida. Él me llamó a la celda en donde estaba con ella y me hizo llevarle de mi comida y me hizo probar un flan que ella le había llevado". A las 5 de la tarde de ese domingo los internos fueron encerrados en sus celdas.

Rentería ingresó a su celda, que compartía con Hernando Sánchez. "Recuerdo que el domino 25 de febrero una señora vino a visitar a don Álvaro Rentería y traía unos medicamentos homeopáticos que inicialmente no se los dejaron entrar. Pero que ese mismo día, como a las 6:30 de la tarde, el ordenanza Omairo le entregó por la reja a Rentería los dos frasquitos. De los dos frascos yo sólo le vi tomar uno, el martes", dijo Sánchez.

"El lunes 26, don Álvaro (Rentería) me preguntó si siempre me iba con él y me confirmó que su abogado tenía todo negociado. Que primero lo sacaban a él y luego a mí, cuenta Posada en el expediente. El martes 27 en la mañana estábamos hablando y yo le conté que una vez me habían extorsionado en el Valle y un amigo del Ejército me dijo que un duro de la zona, que se llama Alfredo Méndez, me solucionaba el problema. Cuando le dije eso a don Álvaro (Rentería), se sorprendió mucho. Me dijo: Posada, Alfredo Méndez es el amigo de la persona de la que sé muchas cosas. Él fue el que me mandó esos supuestos abogados el viernes".

En la tarde del martes 27 Rentería y Posada estaban en el patio conversando cuando un guardia llamó a Rentería. "Al cabo de un rato regresó y me dijo: Posada, me van a extraditar. Yo no le podía creer por la forma tan seca y calmada como me lo dijo". Unos minutos más tarde, los guardias volvieron a llamar a Rentería. "Cuando volvió estaba muy nervioso y me dijo: Posada, se cambiaron los planes. Me lo llevo hoy". Rentería había sido llamado para conversar con dos supuestos abogados que ingresaron hasta el pabellón de alta seguridad.

"Me dijo que el plan consistía en que esa noche a él le iba a dar un infarto, que se iba a tomar una droga que simulaba un infarto y que para poder salir con él, yo tenía que ir a dormir esa noche a su celda para tomarme la misma droga. Me dijo que los abogados ya habían cuadrado con la guardia para sacarlo a un hospital y que una vez estuviera en el hospital, la guardia lo entregaba a su gente. Me dijo que era la única forma de salvarse de la extradición y que los de afuera lo estaban ayudando para que él no fuera a decir nada", dice uno de los apartes del relato de Posada en el expediente.

Según Posada, él le dijo a Rentería que su plan de fuga era muy peligroso y que él no lo podía acompañar porque "el problema es que yo sí sufro del corazón y si me provoco un infarto, yo sí me muero". Como Posada era el único que sabía del plan de fuga de Rentería, éste le dijo que de todas formas lo acompañara. Rentería le dijo a Posada que esa noche se fuera a dormir a su celda y que él pagaba la plata que fuera para cambiar con su compañero de celda y conseguir que Posada estuviera con él en la noche de la fuga.

Según Posada, aunque se comprometió con Rentería en ir esa noche a su celda, se arrepintió y durante la tarde del martes se escondió de Rentería. "Busqué a la directora de la cárcel para contarle lo que iba a pasar. Le mandé razones y busqué a gente de la guardia, pero nadie me hizo caso. A las 5 nos encerraron y yo me quedé en mi celda. Si me hubieran atendido, nada habría pasado", dice Posada.

Rentería ingresó a su celda en donde estaba su compañero Hernando Sánchez Loaiza. Él vio a Rentería beber el contenido de uno de los dos frascos con supuestas gotas homeopáticas. "Antes de las 10 de la noche, don Álvaro (Rentería) se levantó, prendió la luz del baño de la celda y con la mano izquierda presionándose el estómago me pidió ayuda. Cayó al suelo y se llevó la mano derecha hacia su costado izquierdo. Con los otros compañeros de celda comenzamos a pedir ayuda y a llamar al guardia que estaba de turno en el pabellón, que era Castiblanco", dice Sánchez.

Según los testimonios de varios de los guardianes que acudieron a la celda de Rentería, se vieron obligados a sacar a otro recluso, que es médico de profesión, para que atendiera el caso, ya que el médico de La Picota no había llegado. "Como a las 9:30 fui despertado por un guardia que me dijo que fuera a atender a un interno de urgencias. El guardia me dijo que el interno estaba sufriendo un ataque. Al llegar a la celda lo encontré tendido bocabajo. En la celda estaban algunos guardianes y otros dos internos. Al examinarlo tenía contracciones en las manos y los pies. Encontré cianosis, es decir, morado el pecho. Tenía una respiración pausada y el ritmo cardíaco acelerado y además estaba inconsciente. Al comenzar maniobras de reanimación del cuerpo se puso morado",contó el médico-preso Iván Raúl González. Éste le solicitó a la guardia que trasladaran a Rentería hasta la enfermería y allí González continuó atendiéndolo. Cuando finalmente llegó el médico de La Picota, Rentería ya estaba muerto.

Al hacer la inspección en la celda de Rentería, se encontraron cuatro bolsas plásticas en las que estaban empacadas cobijas, una almohada, una pijama y unas zapatillas. En la cuarta bolsa había objetos de aseo personal y una libreta pequeña con 45 hojas sin utilizar. Había también una hoja desprendida con los números telefónicos de varias personas. También estaban otras cuatro hojas de papel escritas por Rentería, fechadas el 25 de febrero, que estaba titulado 'Mi querido amigo', "del cual se puede extraer que lo están despidiendo, ya que iría a gozar de una pronta libertad", dice uno de los apartes del informe del Inpec.

Algo huele mal

De acuerdo con el expediente del Inpec, lo que ocurrió entre el viernes 23 y el martes 27 de febrero en el pabellón de alta seguridad fue una cadena de graves irregularidades (ver recuadro).

Los funcionarios de la oficina jurídica de La Picota no lograron explicar cómo o por qué autorizaron el ingreso de los supuestos abogados a hablar con Rentería en el pabellón de alta seguridad. Los encargados de dar las autorizaciones se culpaban unos a otros. Lo cierto es que la investigación del Inpec determinó que el viernes 23 de febrero quienes visitaron a Rentería como supuestos abogados fueron John Jairo González y Luz Adriana Cabrera. La persona con la que habló Rentería el martes 27, el día que murió, y quien supuestamente es otro abogado, se identificó como Édgar Aguilar. La investigación no ha podido determinar si esas personas son o no abogados. Lo cierto es que entraron hasta el corazón de La Picota como Pedro por su casa, acompañados por guardianes y portaron identificaciones con credenciales con las firmas de los asesores jurídicos y la directora de La Picota.

No menos irregular fue la forma como le fueron entregados a Rentería dos frascos con supuestas medicinas homeopáticas que resultaron tener cianuro. "El domingo 25 de febrero el inspector Carlos Orjuela, quien estaba ejerciendo funciones de comandante del pabellón de alta seguridad, permitió presuntamente el ingreso de unos medicamentos que no estaban avalados, los que entregó al interno Omairo Botello para que se los llevara al interno Cabal (Rentería), como en efecto ocurrió", dice uno de los apartes del expediente de la investigación del Inpec.

Toda esta cadena de actos irregulares terminó con la muerte de uno de los testigos más importantes del narcotráfico. Pero ¿qué fue lo que pasó? Rentería tenía el presentimiento de que su ex jefe, 'Chupeta', lo podía mandar asesinar para no correr el riesgo de que hablara ante las autoridades. Rentería terminó cayendo en una sofisticada trampa orquestada por 'Chupeta'. Por un lado, el capo le envió emisarios y razones a Rentería dándole a entender que era hombre muerto. Aprovechando el desespero de Rentería, 'Chupeta' consiguió otro grupo de personas de confianza de Rentería quienes, sin decirle que habían sido enviados por el capo, le ofrecieron un plan de fuga de 'película', el cual consistía en simular un infarto. Rentería confió en esta opción, pero con lo que nunca contó es con que la supuesta droga que 'sus amigos' le habían dado para simular el infarto contenía una dosis letal de cianuro y no el medicamento que le iba a reducir el ritmo cardíaco y le permitiría hacerse el muerto. Lo cierto es que toda esta elaborada operación fue posible para 'Chupeta' por una simple razón: la corrupción en La Picota. 'Chupeta' consiguió lo que buscaba: eliminar al hombre que sabía demasiado y que era la pieza clave para terminar con su organización criminal.

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