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| 12/23/2002 12:00:00 AM

El fútbol perdido

Tras un año desperdiciado, lleno de escándalos y rapiñas, la salud del fútbol colombiano dependerá en buena medida de lo que haga la selección de mayores.

El fútbol perdido El fútbol perdido
Perdimos el año en futbol porque no fuimos protagonistas de ningún resultado importante y en cambio ofrecimos el triste espectáculo de la rapiña política por los puestos en la Dimayor y la Federación.

Perdimos el año en el aspecto del juego porque no alcanzamos a destacarnos en los torneos menores de la Confederación Suramericana, como fueron la Copa Suramericana, así Millonarios haya ganado en la Merconorte en diciembre de 2001, que igual a la Mercosur, escucha campanas de réquiem. En la Copa Libertadores quedamos nuevamente a mitad del camino y nuestros equipos sólo apelaron a los dólares pagados por jugar como único paliativo y seguramente solitario objetivo.

Perdimos el año cuando no estuvimos en el Mundial de Japón y Corea. Todos nos habíamos acostumbrado a ir a los mundiales. Al de Italia para degustar el sabor de la cita. Al de Estados Unidos, convencidos de llegar a las finales, y del que sólo quedó la desazón por la pobre campaña y, más triste aún, la pérdida de Andrés Escobar, valioso como persona y jugador. Al Mundial de Francia, con los pies más en tierra, no superamos el escándalo que significó el extraño robo de boletas, la reventa de las mismas y los actos de indisciplina. Pero al menos vivíamos la ilusión de figurar, de lucir con orgullo la camiseta en el concierto de naciones futboleras.

Perdimos el año porque pasamos más de ocho meses buscando los nuevos guías del fútbol y encontramos a los mismos. Las salidas de Jorge Correa y Alvaro Fina de sus cargos parecieron más un 'parto de mula' que la consecuencia lógica de una discusión sana y objetiva. Las demandas, la intervención de Coldeportes, la presencia del Estado creando una comisión para evaluar el estado postrado de nuestro fútbol, superaron la gestión de los jugadores mismos y sus goles.

En la Comisión, donde participé más por el fútbol y no por el gobernante de turno, se esculcaron y detectaron fallas y se alcanzó a elaborar un pronóstico que bien podía servir para dar los primeros pasos en la reestructuración del fútbol colombiano. Sin embargo, en el mismo Congreso el entonces senador Gabriel Camargo movió sus fichas para trancar con candado lo que bien valía la pena poner en práctica.

Perdimos el año cuando las selecciones juveniles no ofrecieron nada para aplaudir. A los Olímpicos fuimos hace 13 años por última vez. A los Mundiales Juveniles ni hablar. Sólo el Torneo de Toulon trae algún paliativo.

La Difutbol cobra exageradamente por la inscripción de equipos en la categoría C. La Dimayor sufre para poder sostener el 'cañazo' de la primera B y los equipos de la Primera División se debaten en crisis económicas, sin auxilios estatales ni comerciales. La televisión se demoró seis meses en regresar a los estadios, por conflicto de los canales privados y la Dimayor. Cada día los patrocinadores ofrecen menos y quieren más. Es tan grave el caso que el Deportivo Pasto debe ser el único equipo en el mundo que luce seis patrocinadores en su camiseta. Las grandes figuras del exterior no vienen, por costos. La exportación de talento se acabó, fue fugaz. Arley Dinas, Mayer, Jersson González y Jorge Horacio Serna están más para volver que para triunfar afuera.

Perdimos el año porque la dirigencia aún no entiende que para salvar los equipos es necesario convertirlos en sociedades deportivas anónimas y no en sociedades sin ánimo de lucro. El gran problema está en averiguar la respuesta a un interrogante de siempre: si el fútbol es tan mal negocio, ¿por qué los dirigentes no se van? En definitiva, 2002 se parece mucho a 1955, año de vacas flacas cuando se acabó El Dorado. Menos mal la afición joven, con violencia y todo, sigue el talento de los jugadores. Vive.



Mirar adelante

La Selección Colombia de mayores puede clasificar al Mundial porque son cuatro los cupos asignados a Suramérica y uno que se disputa por la vía del repechaje. Si son 10 las selecciones en competencia, son ciertas las probabilidades de llegar al Mundial.

Tengo confianza en la sapiencia que el tiempo y la experiencia le han dado a Francisco Maturana. Más allá de ese hecho quiero entender bien la frase que recientemente deslizó él, tan acostumbrado a la filosofía menottiana: "Soy el mismo, pero con visión diferente del fútbol".

Si eso es cierto -y hasta que no demuestre lo contrario habrá que creerle- Maturana intentará armar una selección con sólidos principios defensivos. Pero el talón de Aquiles volverá a ser cómo lograr efectividad y penetración ofensiva. Aquellos delanteros que se amamantaron de los pases precisos y preciosos de Carlos Valderrama ya no están. Es decir, se hará necesario diseñar una zona de generación de juego y un grupo de delanteros que tengan el arco rival entre ceja y ceja. Allí es donde realmente podremos apreciar si Maturana cambió su visión del juego. Los pases laterales, la retención y la tenencia del balón seguirán siendo válidos en determinadas circunstancias de juego mas no como única y exclusiva premisa para ganar partidos. Servirán para obtener un empate o congelar un 1 a 0 en campo contrario.

El llamado de Nelson Gallego, que fue puntero derecho en su época de jugador y viene especializándose, según cuentan, en despertar olfato goleador en los delanteros, es el primer paso de reconocimiento en el déficit de ideas para atacar de Maturana. Es un gesto de honestidad y una muestra de que sí quiere progresar en su idea de armar una selección competitiva.

Otro detalle que vale resaltar es sobre el tipo de concentraciones que tendrá la futura selección. Habrá un régimen disciplinario fuerte, exigente, sin contemplaciones ni prebendas hacia algunas estrellas, que en el pasado conspiraron contra la Selección. Las visitas, los recreos, los compromisos comerciales de algunos jugadores, deben ser controlados para no cometer los errores de antes ni crear celos internos como ocurrió dentro del mismo plantel.

Si el presidente Alvaro Uribe nos puso a trabajar, trabajar y trabajar, amén de pagar, pagar y pagar impuestos, justo es que Francisco Maturana se meta de lleno y de tiempo completo en este proyecto cuyo fin es la clasificación al Mundial. Grave sería no lograrla porque estaríamos aislando mucho más a nuestro fútbol y volveríamos a perder no solamente el año futbolístico sino que también castraríamos la ilusión de los jugadores y cercenaríamos la emotividad de los colombianos.

En la medida en que la selección progrese, quizá los dirigentes se vean obligados de una vez a deponer sus intereses políticos y mezquinos, y permita que el mismo Estado comprenda que alrededor de un grupo de jugadores se logra la identificación de una masa, ávida en este momento de distracciones y motivaciones para seguir en la lucha diaria.

Corresponderá a este gobierno ordenar el fútbol profesional, apretar los estatutos de los equipos pero también apoyarlos en cuestión de subsidios, para no decir eliminación de impuestos, un tema que tanto mortifica a la Dian.

La salud del fútbol colombiano dependerá de la Selección Colombia de mayores. Si ella clasifica al Mundial de Alemania 2006 todo será más amable y manejable. De no ser así, seguiremos la triste ruta de los perdedores y ya nadie, por lo menos en un quinquenio, nos podrá borrar la amargura. Francisco Maturana comprende que no se trata solamente de ganar puntos en una competencia. Detrás de ello hay mucho más.

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