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| 9/12/2004 12:00:00 AM

El gallo tapado

Qué tiene Rodrigo Rivera para que muchos políticos lo vean como la mayor amenaza para una eventual campaña de Horacio Serpa a la Presidencia.

El gallo tapado, Sección Nación, edición 1167, Sep 12 2004 Rodrigo Rivera es reconocido en el mundo político por su capacidad de trabajo y su coherencia. Pocos olvidan cuando, en el proceso 8.000 y como presidente de la Cámara, votó en contra de la absolución de Samper a pesar de ser de su mismo partido.
Con la renuncia de Horacio Serpa a la embajada en la OEA, muchos apuestan a que el curtido político santandereano, de discurso social, vibrato gutural y apasionado agitador del trapo rojo, será el principal contendor del presidente Álvaro Uribe en las próximas elecciones presidenciales. Pero lo que no han visto los seguidores de este experimentado gallo de pelea así como la mayoría de los colombianos es que, en el seno del liberalismo, hay un pollo que se creció y que puede disputar su eventual tercera aspiración presidencial.

Es el senador liberal Rodrigo Rivera, que para la mayoría de los colombianos sería un excelente gobernador de su departamento del Risaralda, pero en los últimos meses viene realizando un intenso trabajo político en varias regiones del país, similar al que hizo Uribe hace tres años, cuando nadie daba un peso por su triunfo nacional.

Aunque para la opinión pública este nuevo contendor, formado a la sombra de Luis Carlos Galán y César Gaviria, sólo parece un coronel de la política que hace bien su tarea parlamentaria, en el Congreso de la República ya es un general de varios soles.

Ante las mayorías, Rodrigo Rivera es un senador serio y estudioso de los temas de importancia nacional. Y aunque tan sólo 1 por ciento de los colombianos considera que puede llegar a la Presidencia dentro de dos años, su imagen de trabajador y político coherente es uno de los aspectos que más puede favorecer sus aspiraciones en el mediano y largo plazo. En últimas, esas son las virtudes mínimas que debe tener cualquier candidato.

En el mundo político, las virtudes de Rivera tienen mucho más reconocimiento y proyección. Por eso, en el Congreso es percibido como una figura renovadora y con la fuerza política suficiente para convertírseles en una piedra en el zapato a eventuales candidatos liberales de quilates como Serpa.

Una de las cosas que más valoran los congresistas del joven senador es que sabe hacer política. No en vano no ha perdido ninguna elección desde que se lanzó al concejo de su ciudad natal cuando apenas tenía 20 años. De ahí saltó al Congreso, donde ya lleva 14. Primero, como representante a la Cámara y, luego, como senador de la República.

Rivera también es valorado entre los políticos por ser un hombre coherente y con agallas para distanciarse de su partido cuando ha sido necesario. Empezó a construir esta imagen cuando el 12 de junio de 1996, siendo presidente de la Cámara (con sólo 33 años), votó en contra de la absolución del ex presidente Ernesto Samper. "Once de 90 representantes liberales votamos contra la absolución del presidente. Con mi voto, perdí poder pero gané autoridad. Después apoyé al mandatario en los proyectos de extradición y extinción de dominio", señala Rivera.

Pero probablemente una de las virtudes que le ha permitido a Rivera ganar la admiración de sus colegas es el espíritu conciliador que dice haber aprendido de Galán y de Gaviria. Ejemplo de ello fue el manejo político que le dio al tema del referendo. Aun cuando hizo énfasis en que no compartía el recorte de salarios y pensiones, salió a la plaza e hizo campaña para que los colombianos votaran por los puntos anticorrupción incluidos en la consulta. Con ello se ganó el respeto de algunos activistas uribistas, así como el de sectores izquierda en desacuerdo con las implicaciones sociales del referendo.

Otra de las razones por las que muchos congresistas ven en Rivera a un buen candidato a la Presidencia es su consagración al trabajo legislativo. Muchos ven en él un senador estudioso de los temas estructurales de la realidad nacional. Así por ejemplo, Rivera logró sacar adelante proyectos de ley tan esenciales como la reforma política y se encuentra impulsando otros como la 'Ley Espejo', que busca darle un marco político al gobierno colombiano para realizar con un 'riesgo calculado' negociaciones internacionales como el Tratado de Libre Comercio, TLC.

El apoyo de distintos sectores políticos a Rivera no se ha quedado en la retórica. Y aunque el senador afirma que "cada año trae su afán" y que lanzar candidaturas en 2004 aumentaría la polarización política, lo cierto es que su candidatura presidencial ha comenzado a ser promovida por dirigentes de distintas regiones del país con los que viaja por Colombia para exponer su visión política. Congresistas de distintas vertientes están apoyando la construcción de su proyecto. Entre ellos, los senadores Guillermo Gaviria, Juan Carlos Restrepo, Jesús Bernal y Édgar Artunduaga, y los representantes Griselda Janeth Restrepo, Luis Fernando Duque y Carlos Piedrahíta. "Rodrigo Rivera está haciendo las cosas bien. Está trabajando calladito pero va a sorprender", asegura el senador Camilo Sánchez, ex director del partido Liberal.

A pesar de su exitosa trayectoria política, los retos del Rivera-candidato no son de poca monta. Si compite en una eventual consulta liberal, podría terminar enfrentándose a rivales de espuelas afiladas, como podrían serlo Germán Vargas, Enrique Peñalosa y sobre todo, Horacio Serpa. Es claro que a pesar de su discurso de centro, Rivera aún no tiene la estatura política, ni el poder de convocatoria, ni el reconocimiento que se requiere para aglutinar el partido Liberal, mucho menos cuando esta colectividad se encuentra dividida por la reelección y cuando en ella intervienen con tanta fuerza los ex presidentes.

Si, de otra parte, Rivera buscara liderar una gran coalición suprapartidista contra Uribe, sus competidores tampoco serían de poco peso. Ahí podrían encontrarse candidatos como Antanas Mockus, Antonio Navarro, Lucho Garzón y, de nuevo, Horacio Serpa. A diferencia de ellos, Rivera no tiene algo fundamental en política: gracia. Es acartonado y anacrónico en sus formas. Por otro lado, su convicción y la sensatez de sus ideas contrastan con su falta de sex appeal. No tiene las dotes histriónicas ni semióticas de un Mockus, ni la espontaneidad ni el humor de un Garzón. Y en tiempos en que la imagen vale tanto como las propuestas, esta podría ser una de sus mayores falencias.

Rivera también tendrá que decidir cómo venderá su identidad política. Mientras que hace 15 años no se podía llegar a la Presidencia sin ser de un partido, hoy ser representante del liberalismo o del conservatismo puede ser un lastre. Es evidente que a nivel nacional el partido Liberal está desgastado y que los votantes colombianos tienden a preferir candidatos disidentes e independientes.

Por último, si Rivera quiere ser un general de la política con tres soles en la opinión, tendrá que liderar proyectos más cercanos a los problemas cotidianos de la gente. Él ha demostrado capacidad de pensar el país en el largo plazo, y aunque el federalismo, la integración económica y la unidad nacional son ideas que corresponden a una visión de Estado, no bastan para conseguir votos. Para ser un buen competidor, necesitará aterrizar sus propuestas a problemas como la seguridad, la educación, el precio de la canasta familiar y hacer uno que otro discurso efectista. Sólo volviendo interesante lo importante podrá ganar el reconocimiento que sus eventuales contrincantes tienen entre los electores.

Pero para la contienda aún queda tiempo. Mientras tanto los gallos irán afilando sus espuelas. Aunque muchos todavía no lo consideren, Rivera pronto dejará de ser un gallo tapado. Él, sigiloso, ya se está metiendo a la gallera.

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