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| 9/5/2004 12:00:00 AM

El hombre que tumbó a las Farc

'Olivo Saldaña' consiguió con secuestros y extorsiones más de 50.000 millones de pesos para las Farc, pero desertó con cuatro millones de dólares. Esta es su historia.

El hombre que tumbó a las Farc Raúl Agudelo ingresó a la guerrilla a los 15 años de edad. En las Farc era conocido como 'Olivo Saldaña'.
Raúl Agudelo sabía que lo buscaban para matarlo. Durante ocho meses no dejó de pensar que su fin estaba a la vuelta de la esquina. Sospechaba de todo y de todos y las noches eran un infierno de pesadillas en las que terminaba lleno de balas.

El jueves 26 de agosto, poco después del mediodía, creyó que había llegado su hora. Mientras caminaba por la calle 17 entre carrera sexta y séptima, en el centro de Pereira, seis hombres se le acercaron. "Usted es Olivo Saldaña", le dijo uno de ellos. Estaba convencido de que sus perseguidores habían dado con él y que era hombre muerto. Pero la siguiente frase que oyó le devolvió el alma al cuerpo: "Acompáñenos por favor. Somos de la Dirección de Inteligencia de la Policía Nacional".

Los hombres que lo acababan de detener no eran los asesinos de los que se había escondido durante meses: sus antiguos compañeros de las Farc. Agudelo huía de la organización a la que perteneció durante 18 años bajo el nombre de combate 'Olivo Saldaña'. Y tenía por qué temer la muerte. A finales del año pasado desertó con cerca de 10.000 millones de pesos. Dentro de esa organización muchas faltas se pagan con la vida y escapar con dinero está a la cabeza de la lista. Por eso Agudelo era el hombre más perseguido por las Farc en Colombia.

Por un puñado de dólares

La historia de Raúl Agudelo no es la de cualquier guerrillero desertor. Aunque es común que todos los días uno de ellos abandone ese grupo, no es usual encontrar a un hombre que lo haya hecho con el equivalente a cuatro millones de dólares entre el morral.

Aunque en la historia varios guerrilleros de las Farc, comandantes en su mayoría, han escapado con botines millonarios, las cifras pocas veces superaban los 1.000 millones de pesos. El único que logró establecer un récord fue 'Julián Cabir', comandante de la columna 'Teófilo Forero', quien en septiembre de 2000, en tiempos de la zona de distensión, escapó de San Vicente del Caguán con 7.600 millones de pesos. Tres millones de dólares de la época (ver recuadro).

Pero más allá de la cifra que les robó a las guerrilla, la trascendencia de la captura de Agudelo está en la importancia que llegó a tener en la organización subversiva, lo que hace que su captura sea un duro golpe para las Farc.

La historia de un Olivo

Raúl nació en Ibagué el 10 de enero de 1971; era el cuarto de siete hermanos de un matrimonio de campesinos de Dolores, Tolima. Vivió su infancia en ese pueblo cercado por las limitaciones económicas de su familia. Al igual que sus hermanos se acostumbró a convivir desde muy pequeño con una guerrilla que tenía fuerte presencia en la región. Poco antes de cumplir los 10 años vio cómo dos de sus hermanos mayores, Álvaro y Martha, entraron a las Farc.

Aunque su destino parecía ser seguir el camino de sus dos hermanos, Raúl no abandonó sus estudios en la escuela y alternaba sus tareas con un trabajo ocasional para ayudar a su familia: lavar los carros de la estación de Policía de Dolores. Cuando terminaba de limpiar los vehículos y de conversar con los agentes, Raúl acudía a las reuniones clandestinas de juventudes comunistas que los milicianos organizaban en el pueblo. El 20 de julio de 1985, a los 15 años de edad, Raúl decidió enrolarse en el frente 21 de las Farc. A partir de ese día se convirtió en 'Olivo Saldaña'.

El hombre 'cash'

Como recién ingresado a la guerrilla, 'Olivo' recibió el curso básico de capacitación en las armas. Desde un comienzo quedó en evidencia que no tenía grandes habilidades. Sus comandantes decidieron entonces aprovechar su fervor revolucionario y su evidente capacidad intelectual. Lo destinaron a desempeñar labores administrativas y financieras de un frente que estaba al borde de la extinción debido a graves problemas económicos.

Con 18 años 'Olivo' diseñó una especie de reingeniería del frente 21. Efectuó 'inteligencia' para saber quiénes en la región podían pagar por extorsiones y secuestros. Su plan dio resultado y las arcas del frente 21 comenzaron a llenarse. Fue nombrado jefe de finanzas y entró a formar parte del estado mayor del frente. De allí en adelante su vida fue un meteórico ascenso.

El 21 es uno de los cinco frentes guerrilleros y las seis compañías móviles que hacen parte de una estructura denominada Comando Conjunto Central -CCC-. Su zona de influencia abarca Tolima, Quindío, el norte del Huila y parte del Valle del Cauca (ver mapa). El responsable de esa máquina de guerra es 'Jerónimo Galeano', pero todas las acciones políticas, militares y económicas están bajo la supervisión directa de 'Alfonso Cano', uno de los miembros del Secretariado de las Farc.

El éxito de 'Olivo' en conseguir fondos le valió que le asignaran una nueva responsabilidad: la reestructuración financiera del CCC. La misión de 'Olivo', con el respaldo del propio Cano, era ordenar a quién se debía secuestrar y extorsionar, así como cuánto se debía cobrar en cada caso. Cuando se hacía un secuestro los guerrilleros debían comunicarse con él para que fijara el precio y las condiciones de la negociación. 'Olivo' tenía carta blanca también para distribuir las 'ganancias'. Una parte iba para el mantenimiento del frente y otra, al Secretariado.

Para buscar sus víctimas, 'Olivo' se infiltró en la Universidad del Tolima en Ibagué y en la Esap de Cali. Entre 1996 y 2003 consiguió que los frentes y las columnas móviles recaudaran más de 50.000 millones de pesos por extorsiones y secuestros en Tolima, Quindío y el norte del Huila, principalmente. Su nombre adquirió notoriedad y los organismos de inteligencia y seguridad del Estado lo empezaron a buscar para romper la columna vertebral de las finanzas del CCC. Pero resultó escurridizo y en varias ocasiones logró evadir el cerco de los representantes de la ley.

La fuga

A pesar de sus aportes y de contar con el respaldo de uno de los principales miembros del Secretariado, 'Olivo' empezó hace tres años a tener diferencias con varios comandantes del CCC, entre ellos 'Jerónimo' y 'Eric', jefe de la compañía Manuelita Sáenz. Ellos, como otros comandantes, querían manejar directamente los fondos obtenidos. Al no lograrlo, comenzaron a secuestrar y a extorsionar por su cuenta y para su propio beneficio, y a disfrutar personalmente de sus enormes ganancias

'Olivo' no tardó en darse cuenta de que los ideales guerrilleros, en los que él creía y con los cuales justificaba el secuestro como una forma de financiar la lucha, eran una excusa de muchos comandantes para hacerse ricos. Cuando se dio cuenta de que no podía cambiar esa realidad decidió seguir el ejemplo de sus camaradas.

Aprovechando su autonomía para recibir y distribuir el dinero de secuestros y extorsiones, desde hace casi dos años comenzó a quedarse con un porcentaje, casi siempre el 10 por ciento. Como las cifras seguían siendo muy altas sus jefes no sospechaban nada. Lentamente comenzó a invertir el dinero en finca raíz, vehículos de servicio público y diversas cuentas bancarias a nombre de terceros.

A mediados del año pasado el enfrentamiento con los otros comandantes se hizo insostenible y 'Olivo' decidió desertar. Durante cuatro meses planeó su fuga y en diciembre de 2003, cuando acababa de cobrar un secuestro cerca de Chaparral, decidió que era el momento justo. Se evadió fácilmente del único guerrillero que lo acompañaba, alquiló un campero por 800.000 pesos y en pocas horas estaba en Bogotá. La noticia no tardó en conocerse en el CCC.

A los pocos días de su escape un informante le contó a la Dirección de Inteligencia de la Policía -Dipol- la fuga de 'Olivo' y comenzó su cacería. Un equipo de 20 hombres fue organizado con el objetivo exclusivo de capturarlo. Otro informante les dijo a los miembros de la Dipol que 'Olivo' tenía una hija en el municipio de Dolores. Los agentes se apostaron durante varias semanas en el pueblo confiados en que el guerrillero iría o se comunicaría con la madre de su hija. Pasaron dos meses hasta cuando 'Olivo' llamó para preguntar por su hija. La llamada les permitió a los hombres de inteligencia saber que éste estaba en Bogotá.

El guerrillero era muy cuidadoso pues sabía que sus antiguos compañeros lo perseguían. Nunca pasaba más de dos días en el mismo lugar, generalmente dormía en hoteles muy discretos. Había optado también por movilizarse constantemente entre la capital y diversos lugares del norte del Valle del Cauca y el Eje Cafetero. Los detectives comenzaron a vigilar esos sitios para cerrar el cerco sobre su objetivo.

A mediados de abril los hombres de la Dipol, apoyados por el Gaula de la Policía, confirmaron una información que resultó vital. Supieron que 'Olivo' tenía en Pereira una segunda mujer con quien tuvo tres hijas y que les había comprado una casa. Lo siguiente era vigilar la vivienda, en espera de que el hombre apareciera a ver a su familia.

A comienzos de junio pasado el guerrillero comenzó a llamar a su compañera. No hablaba más de un par de minutos, en los que preguntaba por la familia y le daba instrucciones para que hiciera transacciones bancarias.

Como las llamadas eran tan cortas, los investigadores de la Dipol sólo pudieron deducir la zona donde estaba, que generalmente era la misma, pero no el número del celular desde donde marcaba. Determinaron que el sitio era el parque Bolívar de Pereira y los alrededores del centro de esa ciudad. Los 20 agentes de la Dipol y del Gaula rodearon el sector y se ubicaron en sitios estratégicos a la espera de una nueva llamada.

A las 10 de mañana del 26 de agosto 'Olivo' se comunicó nuevamente con su esposa. La llamada prendió las alarmas de los agentes encubiertos que trataban de localizar al hombre en medio de la multitud que a esa hora está en el centro de Pereira. De pronto uno de los investigadores le informó al oficial que lideraba el operativo que una persona con las características de 'Olivo' acababa de entrar a un banco.

Esperaron a que el hombre saliera y lo siguieron tratando de estar seguros de que se trataba del guerrillero. Cuando ya no hubo duda, seis agentes lo interceptaron en la calle 17 entre carrera sexta y séptima. El guerrillero que durante años fue el zar del secuestro y la extorsión en el centro del país y, de paso, el hombre que vivió para contar cómo tumbó a las Farc acababa de caer en manos de las autoridades.

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