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| 7/18/1994 12:00:00 AM

EL PAPEL DEL VICE

Se inicia el debate sobre lo que debe y lo que no debe hacer De la Calle, el primer vicepresidente de la Colombia moderna.

EL PAPEL DEL VICE EL PAPEL DEL VICE
EL DESTINO NUNCA QUISO que Humberto de la Calle pudiera dedicarle las tardes a lo que más le gusta: jugar golf. Cada vez que quiso vivir la vida tranquila de los abogados de bufete algo se le atravesó. La primera vez fue cuando, después de ser juez penal, estaba por fin haciendo carrera como abogado y progresaba rápidamente en el medio. Un buen domingo de 1983 su amigo Oscar Salazar Chávez -miembro entonces de la Corte Electoral- le ofreció el cargo de Registrador Nacional.

Se mudó con su familia a Bogotá y empezó una carrera pública que lo llevó a ser Magistrado de la Corte, asesor del presidente Virgilio Barco y ministro de Gobierno de César Gaviria, luego de fracasar repetidamente en nuevos intentos por volver a su bufete y al green. Lo demás es historia conocida: su papel en la Constituyente, su designatura, su precandidatura y su aceptación de la nominación a la Vicepresidencia, cargo que había jurado nunca aceptar en un episodio en el que para unos cometió traición y para otros un sacrificio.

A la semana siguiente de su nominación en el tiquete de Samper, cuando las encuestas le daban a la fórmula liberal 10 puntos de ventaja, De la Calle estaba en la cumbre. Pero él tampoco se salvó de los altibajos de esta dura campaña: en la noche del virtual empate de la primera vuelta muchos lo incluyeron en la lista de culpables, en especial por la derrota liberal en su departamento, Caldas, y la verdad es que hasta el domingo pasado su prestigio estaba un poco en el aire. Ahora que se ha convertido en el primer vicepresidente de la historia moderna de Colombia, muchos creen que aunque aplazó sus aspiraciones se aseguró un puesto en la nómina de presidenciables.

Todo esto depende, entre otras cosas, de cómo le vaya al vicepresidente en este cargo a cuya creación se opuso en la Constituyente. ¿Qué debe hacer? Algunos creen que ante la condición más bien etérea del nuevo cargo, De la Calle debe aceptar un ministerio. La Cancillería ha sido mencionada repetidamente. Pero esto que suena tan obvio puede en realidad ser un error. Primero que todo, para él, pues es lógico que, una vez en el gabinete, el vicepresidente se convertiría automáticamente en el ministro más citado al Congreso, pues cada vez que un parlamentario quiera lucirse descartará a los otros 14 ministros para llevar al vice a un debate. Y esto no sólo es peligroso para él, sino para el esquema mismo. Un vicepresidente debe, entre otras cosas, tratar de evitar el desgaste, ya que de lo contrario no garantiza ser la reserva de recambio que se requiere en caso de que algo le pase al titular.-

EDICIÓN 1879

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