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| 5/22/1989 12:00:00 AM

EL QUE RIE DE ULTIMO...

Barco se crece al entrar a la recta final de su gobierno.

EL QUE RIE DE ULTIMO..., Sección Nación, edición 364, May 22 1989 EL QUE RIE DE ULTIMO...
El día que secuestraron a Alvaro Gómez, el presidente Barco se encontraba en Lisboa. Era la primera etapa de una gira por Europa y los Estados Unidos que aparentemente parecía inoportuna dada la situación interna de orden público que vivía el país en ese momento. Con el secuestro del dirigente conservador las críticas subieron al nivel de la indignación y los más duros llegaron incluso a decir que era mejor que no volviera. En fin, era común en esos días que se pusiera en tela de juicio que el Presidente arribara al final de su mandato.
Hoy, casi un año después, nadie duda de que Barco va a llegar hasta el 7 de agosto de 1990, los chistes sobre la incapacidad de Barco para gobernar han pasado de moda y la frase que se está volviendo común es: "A mí cada vez más me parece serio este gobierno".
En un país donde el desgaste de un gobierno es considerado inevitable al acercarse al tercer año, ¿qué demonios es lo que hace que en esta administración se este logrando invertir esa tendencia? Evidentemente, Barco está viviendo su cuarto de hora. A la gente le gustan los resultados y los resultados se han visto en los últimos días. A los guerrilleros se les desmantelan sus centros de inteligencia, a los paramilitares se les desmontan sus escuelas de sicarios y a los gringos se les ponen los puntos sobre las íes.
Ante el peor orador en la historia de Colombia, se han puesto de pie en los últimos días para aplaudirlo los editores de la prensa norteamericana ,los industriales antioqueños y la plana mayor del beligerante sindicato de maestros.
Así como durante dos años no se hizo otra cosa que hablar de la falta de gobierno, ahora puede que no todo el mundo esté de acuerdo en que hay un buen gobierno, pero todo el mundo reconoce que hay gobierno. Esto lo mide el ciudadano promedio con base en dos criterios: el bolsillo y la seguridad. Sobre la forma como el primero ha mejorado, se viene hablando hace meses (ver recuadro). Pero siempre se ha dicho, con referencia a la precariedad de lo segundo, que "la economía va bien, pero el país va mal". Y esta es la frase que en los últimos días ha comenzado a dejar de ser cierta. No propiamente porque al país le esté yendo bien en materia de orden público, sino porque el gobierno finalmente parece estar tomando este toro por los cuernos.

AL ATAQUE
El panorama de orden público parece estar cambiando. Si en los últimos meses del año pasado, la guerrilla se burlaba de la Iniciativa de Paz de septiembre a punta de asaltos y emboscadas, los paramilitares prácticamente no descansaban en su ola de masacres y asesinatos, y los narcotraficantes parecían estár más tranquilos que nunca, hoy las cosas son a otro precio. Las FARC han recibido duros golpes con la captura del cargamento de armas de Jamaica, el desmantelamiento de una fábrica de armas y de su central de inteligencia. El M-19 ha tenido que aceptar las condiciones del gobierno para sentarse a negociar su desmovilización. La estructura paramilitar ha sido develada con nombres, lugares y modus operandi, y muchos hombres a su servicio han sido detenidos. Los narcotraficantes, por su parte, no sólo han visto caer unos tras otros laboratorios y pistas clandestinas, sino parece que están pagando esconderos de a peso, como lo revela el caso del narcotraficante y patrocinador de grupos paramilitares, César Cura, que huyó del país y fue capturado por la DEA.
El gran cambio en todo esto se debió no sólo a que un gobierno que parecia no dar una,comenzó a dar varias, sino que por primera vez comenzó a darlas para lado y lado. Que a la guerrilla la golpearan duro no era realmente una novedad, pero que con la misma intensidad se arremetiera contra los paramilitares, si lo era. Si bien los últimos gobiernos de Colombia verbalmente siempre le han declarado la guerra por igual a la violencia de derecha y de izquierda, sólo la han librado en la práctica contra la izquierda. Al respecto, el director del Instituto de Estudios Liberales, Hernando Gómez Buendia, que en más de una ocasión ha criticado duramente la gestión gubernamental, le dijo a SEMANA: "Lo importante ahora es la contundencia con que el Estado deja claro que tiene dos enemigos y no uno".
Las medidas concretas que más impacto han causado fueron las tomadas la semana pasada contra los paramilitares. En tres decretos de estado de sitio, el gobierno creó una comisión de altos funcionarios para conformar, ejecutar y coordinar un plan integral antiterrorista. Creó también una fuerza especial de élite, que podrá estar compuesta hasta por mil hombres, entrenados especialmente para combatir el terrorismo. Y, finalmente, suspendió normas vigentes desde hace varios años, que daban piso jurídico a los grupos de autodefensa.
En un país tan polarizado como Colombia, arremeter por igual contra la izquierda y contra la derecha inevitablemente deja a algunos descontentos. Las acciones contra los grupos paramilitares han sido tan contundentes, que algunos sectores de ganaderos e industriales consideran que el gobierno, en su afán por demostrar equilibrio, puede estar dándole prioridad a combatir más la violencia de derecha que la de izquierda. Un ganadero de Córdoba, que por razones de seguridad pidió mantener su nombre en reserva, le dijo a SEMANA:"A mí lo que me preocupa de esta vaina es que da la impresión de que ahora los sicarios de izquierda le parecen al gobierno de mejor familia que los de derecha". Este sentimiento era inevitable entre sectores que se habían hecho a la idea de que los paramilitares, por combatir a la guerrilla, eran sus aliados y defensores. Lo que parece no tener en cuenta esta apreciación es que el único argumento de fondo que le queda a la guerrilla en Colombia para no desmovilizarse es la impotencia que había demostrado el Estado frente a las actividades de los paramilitares. Como lo señaló el ex ministro Abdón Espinosa en su columna de El Tiempo del sábado 22,"la acción del gobierno para desbaratar las bandas delictuosas de autodefensa y justicia privada desvanece cualquier pretexto en pro del mantenimiento de las guerrillas".
Pero evaluar los progresos en materia de orden público sólo a la luz de las medidas tomadas la semana pasada, puede resultar simplista. En actitudes menos impactantes, pero no por ello menos efectivas, el gobierno ha venido comprometido en una clara política de fortalecimiento de la justicia y la lucha contra la impunidad. Después de superar los problemas juridicos que la Corte le planteó a los decretos dictados bajo el estado de sitio desde los comienzos de la administración, el gobierno ha ido afilando las garras para evitar que sus buenos propósitos se vean frustrados por declaraciones de inconstitucionalidad.
Gracias a lo anterior, pudo finalmente crear una jurisdicción especial para el orden público con tribunales especiales, procedimientos más ágiles y fortalecimiento del sustento investigativo. Sesenta nuevos jueces han sido nombrados para este campo y se espera que a este grupo se unan treinta más. Pero como de nada sirve nombrar jueces sin darles instrumentos y recursos, el gobierno también ha aumentado considerablemente la participación del sector justicia en el presupuesto nacional. Si en 1982 ésta era de 2.9%, para 1989 será del 5.2%.
Estos dineros y numerosas normas de procedimiento han permitido una mejora sustancial en la calidad y cantidad de las investigaciones. Las reformas al DAS, Instrucción Criminal y Procuraduría están, en buena parte,detrás de los recientes logros de investigaciones sobre narcotráfico y paramilitares. Para ello también ha sido importante el establecimiento de un régimen para testigos y delatores, que incluye recompensas en dinero, reducción de penas e incluso cambio de identidad.
Una vez reconocidos los logros en materia investigativa, la gran incógnita se abre con respecto a la posibilidad de que quienes hoy son señalados como las cabezas de la delincuencia organizada, sean capturados y condenados. Hasta ahora, sólo están tras las rejas unos pocos, generalmente los autores materiales de los crimenes o los segundones de las organizaciones paramilitares. Siguen en libertad los grandes capos que son, a la vez, los autores intelectuales de la escalada paramilitar.

SI POR ACA LLUEVE...
Y aunque la gente se fija menos,la situación en lo que se refiere a la política internacional ha sido objeto de una evolución de tanto alcance como la nacional. Después de varias salidas en falso como el lamentable episodio de la corbeta Caldas y de la exclusión del Partido Conservador de la orientación de la política internacional,el gobierno comenzó a enderezar las cosas. Hoy las relaciones con Venezuela se han normalizado. Aunque algunos consideran que este romance es más de forma que de fondo, el hecho es que la creación de comisiones, el intercambio de visitas de cancilleres y todas las declaraciones de amor que esto ha suscitado, si bien no garantizan la solución del diferendo, si permiten anticipar soluciones para algunos problemas concretos de la frontera que habían quedado entre el tintero.
Otro acierto ha sido el de lograr que el Partido Conservador se incorpore a la elaboración de la política internacional, sin que esto implique renunciar al esquema gobierno-oposición. Inicialmente los dos partidos habían planteado las cosas en blanco y negro, cuando en realidad la política internacional debe ser objeto de un tratamiento diferente.
Por otra parte, aunque al comienzo del gobierno se pensaba que Barco -por razón de su formación y de su experiencia en el Banco Mundial y en la embajada en Washington- iba a resultar proyanqui, la verdad es que algunas de las actuaciones de Colombia en materia internacional no lo han demostrado así.
Basta citar los ejemplos del voto en contra de una condena de Cuba en materia de derechos humanos, promovida por Estados Unidos, y del lado de Libia para lamentar el derribo de dos aviones libios en aguas del Mediterráneo. Esto no quiere decir que Colombia se haya convertido en enemiga a priori del coloso del Norte. De hecho, aceptó la colocación de un radar en San Andrés con ayuda norteamericana, haciendo caso omiso de las protestas por supuesta entrega de la soberanía nacional. Lo que orienta todas estas actuaciones no es una política de alineamiento a uno u otro lado de los polos de poder internacional, sino una mucho más pragmática en la que la prioridad son los intereses colombianos y en la que las cargas se van arreglando sobre el camino.

NUEVOS VIENTOS
"En un esquema de gobierno-oposición,siempre los últimos años son mejores que los primeros", explicaba siempre que la situación se veía color de hormiga al principio del gobierno, el gran inspirador del famoso Sanedrín, Mario Latorre Rueda. Según él, dicen algunos de los funcionarios de hoy que lo conocieron bien, esto se produce por tres razones: primera, porque al tratarse de un gobiernoprograma, no se puede decir que cumplió, sino hasta cuando haya terminado el periodo. Segunda, porque el partido, que no está muy comprometido al comienzo, se va acercando poco a poco al no convenirle hacer una ruptura muy fuerte frente al gobierno de su propio partido. Y tercera, porque los gobiernos que hacen cambios estructurales no pueden ser populares en el corto plazo. Para demostrar su tesis citaba al gobierno de López Pumarejo que, según él, sólo se entendió en perspectiva, pues en su momento fue blanco de las más acerbas críticas.
Cierta o no la tesis de Latorre, la verdad es que los vientos nuevos de la administración Barco no sólo han refrescado las toldas de quienes siempre han estado de su lado y adquieren con esto nuevos argumentos,sino en las de los más duros opositores y en las de los incrédulos.
Barquista hasta la médula del hueso, no es extraño leerle al columnista de El Espectador, Antonio Panesso, frases como "un gobierno decente, como la administración Barco, realiza la hazaña de colocar al país en primera línea de progreso económico contra todos los obstáculos políticos...". Impresiona mucho más que el espaldarazo provenga de un personaje como Gabriel García Márquez, quien le dijo a Juan Gossain en una entrevista reciente, que "tengo del Presidente una imagen bastante diferente de la que se le da en el país...". Otro columnista liberal a quien, no se le puede tachar de barquista, es Enrique Santos Calderón. En su columna "Contraescape" de abril 16 dice:"Hay que abonarle al gobierno la forma como finalmente ha decidido enfrentar el problema paramilitar. Los últimos descubrimientos y desmantelamientos son resultados concretos. Reflejan una decidida voluntad política".
Pero nada de esto sería suficiente si no fuera por el reconocimiento que, aunque con cierta dificultad, hacen los más acérrimos opositores del gobierno. El Siglo, por ejemplo, en sus páginas editoriales calificó de "trascendental" la medida tomada por el gobierno de crear un cuerpo especial antiterrorista y respecto del reciente viaje del Presidente a los Estados Unidos dijo que "tuvo una factura impecable". Algunos han tenido que buscar fórmulas por la negativa, para aceptar que el gobierno atraviesa por un buen momento."Yo admito -le dijo el ex ministro conservador Rodrigo Marín a SEMANA- que el gobierno ha venido perdiendo desprestigio". Otro conservador de la derecha más cerrera es el columnista Juan Diego Jaramillo, quien aceptó que Barco se ha crecido y le dijo a SEMANA que "la actual subienda es cuestión de supervivencia nacional".
Lo que nadie discute es que la situación del gobierno ha cambiado. Aun criticos feroces de la talla de Alvaro Gómez, sin dejar a un lado sus goticas de sarcasmo, lo reconoce. "Estoy de acuerdo -le dijo a SEMANA el viernes pasado- en que ésta ha sido una semana de gloria para el señor Presidente. El puede hacerlo todo mal y todo le sale bien porque la gente no espera mucho. Ahora ha dado muestras de querer tomar la iniciativa. Y ha despertado muchas esperanzas. Eso es muy bueno y para él muy peligroso porque en adelante las cosas tendrán que hacerse bien".
Y es ahí donde surgen algunos interrogantes. ¿Qué va a pasar de ahora en adelante? Si la fuerza del embate actual decae, las críticas podrán ser más violentas que las del comienzo de su administración. Pero todo esto son especulaciones. El hecho indiscutible es que a estas alturas del gobierno, la mayoría de los gobernantes anteriores estaban atravesando por sus peores crisis. En el tercer año de gobierno, Lleras enfrentaba el debate de Fadul y Peñalosa; López, el paro cívico; Turbay, la rebelión de los gremios y la popularidad del M-19, y a Betancur se le bañaba en sangre su proceso de paz.Barco, de quien no se esperaba mucho, está resultando palo. Sin embargo, puede ser prematuro afirmar desde ahora que el Presidente va a llegar con una sonrisa al final de su gobierno. Pero en ningún caso en la historia reciente de Colombia, la recta final de una administración había sido saludada con tan buenos augurios.

PLATA EN MANO...
Evaluar los éxitos económicos de un gobierno no es siempre fácil, ya que se puede caer en la trampa de atribuirle logros que tienen que ver más con lo que su antecesor dejó hecho, o con coyunturas internacionales, que con la política aplicada por la administración del caso. En lo que respecta a Barco, muchos atribuyen los actuales logros a la política de ajuste del gobierno de Betancur y a un clima internacional relativamente favorable. Sin embargo, aunque eso sea cierto, es innegable que el éxito del gobierno ha consistido en saber administrar la situación, a pesar de uno que otro resbalón. Las cifras son elocuentes:
DESEMPLEO: Es uno de los mayores logros de la administración. En diciembre de 1986 alcanzó a llegar al 15% y al terminar el año pasado apenas superaba el 10%, en las cuatro ciudades más grandes del país. En esas mismas capitales el número total de personas empleadas pasó de 2.9 millones en junio de 1986 a 3.25 millones en junio del año pasado.

POBLACION BAJO LIMITES DE POBREZA: El porcentaje de personas con necesidades básicas insatisfechas, aunque grande, también ha disminuido. En las ocho ciudades más grandes pasó de 21.6% en 1986 a 17.9% en 1988. Ha habido casos dramáticos como el de Barranquilla en donde se pasó de 30.2% a 17.9%.

CRECIMIENTO ECONOMICO: El promedio de los años de Betancur fue de 3.1% de crecimiento anual. El de la administración Barco en sus primeros dos años fue del 4.6%.

RESERVAS INTERNACIONALES:Se han mantenido estables e incluso han aumentado ligeramente. Pasaron de 3.478 millones de dólares en diciembre de 1986 a 3.825 millones en diciembre de 1988.

INVERSION SOCIAL: Los recursos destinados a las zonas más marginadas -298 municipios contemplados en el Plan Nacional de Rehabilitacion- representaban, antes de la administración Barco, un 4% de la inversión pública total. Ahora la cifra se ubica en un rango cercano al 15%, favoreciendo así a 4.7 millones de habitantes.

EXPORTACIONES: En este punto (ver cuadro) más que el crecimiento global, hay que destacar el crecimiento de las exportaciones menores, que pasaron de 1.300 millones de dólares en el 86 (cerca del 27% del total de entonces) a 1.900 millones de dólares en el 88 (más del 39% del total).

EDICIÓN 1879

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