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Baldado de agua fría de la Fiscalía a Zuluaga

El Consejo Nacional Electoral exoneró a Óscar Iván Zuluaga, pero el fiscal lo “condenó”. ¿Cuál de las dos posiciones tendrá en cuenta Álvaro Uribe?


El martes pasado comenzó como uno de los días más felices para Óscar Iván Zuluaga. En la tarde, el Consejo Nacional Electoral (CNE) anunció el archivo de su caso “por no haber encontrado pruebas contundentes”. Esa decisión abriría la puerta para que Zuluaga pudiera ser el candidato presidencial del Centro Democrático. Barre en todas las encuestas que lo miden con los cinco precandidatos uribistas. Ninguno de esos aspirantes ha logrado despegar y si hicieran el mecanismo de selección por encuesta, él resultaría elegido. A eso se suma que en 2014 ganó en la primera vuelta con 7 millones de votos, que las bases de ese partido lo quieren, y que de los cinco precandidatos tres o cuatro se retirarían si se lanza.

La felicidad, sin embargo, duró poco. El CNE no había terminado de hacer su anuncio cuando el fiscal Néstor Humberto Martínez fijó su posición. “Hay evidencia de que Odebrecht habría asumido costos de la campaña del doctor Óscar Iván Zuluaga, esa es la única posición de la Fiscalía”, dijo. Y como si fuera poco, la Procuraduría tenía listo un concepto según el cual Odebrecht hizo pagos a favor del publicista brasileño Duda Mendonça por honorarios de asesoría a la campaña del Centro Democrático.

Con esos dos baldados de agua fría, su candidatura volvió a quedar en remojo, o de pronto muerta. El expresidente Álvaro Uribe siempre ha manifestado, tanto en público como en privado, que nadie podrá ser candidato de su partido mientras tenga definiciones pendientes con la justicia. Las posiciones contradictorias entre el Consejo Nacional Electoral y la Fiscalía complican las cosas.

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Zuluaga, entre frustrado e indignado, arremetió contra Martínez con el argumento de que su juez natural era el CNE y que, en consecuencia, su proceso era cosa juzgada. Aunque no anunció oficialmente su candidatura, sus declaraciones dejaron en claro que está disponible y que tiene muchas ganas.

La posición del fiscal sorprendió. Aunque su afirmación de que la plata de Odebrecht había entrado a la campaña de Zuluaga tenía sustento, se creía que había el consenso político tácito de la conveniencia de archivar las investigaciones sobre la financiación irregular de las dos campañas presidenciales. Tanto la de Zuluaga como la de Santos tienen enredos, y la teoría era que si había simetría en el tratamiento, ninguno de los dos protestaría por la exoneración del otro. Por otra parte, como esas investigaciones tenían una fecha de caducidad cercana en estos días, se podía invocar esa justificación para doblar la página.

Los enredos de las dos campañas son diferentes. En lo que se refiere a la de Zuluaga, el pago al asesor brasileño Duda Mendonça está demostrado. Este mismo lo reconoció, según la revista Veja de Brasil. El presidente de Odebrecht en Colombia, Eleuberto Martorelli, también confesó y dijo que él mismo había coordinado ese pago. Y la Fiscalía logró rastrear el trayecto de la plata y pudo establecer que el pago llegó en tres giros a Suiza, destinados a una sociedad en Panamá cuyo beneficiario real era Duda Mendonça.

No solo la Fiscalía, sino el mundo político y la opinión informada sabían del ingreso de ese dinero a la campaña de Zuluaga. En teoría, violaba dos prohibiciones: la de superar los topes electorales y la de recibir aportes de empresas extranjeras. Sin embargo, en Colombia las violaciones a las normas electorales no constituyen delitos, sino infracciones y tal vez por eso han sido una práctica común. Como en esa época Odebrecht era una multinacional respetada, no todo el mundo se rasgaba las vestiduras para destruir a Zuluaga.

El problema es que Odebrecht confesó. Y giró tanta plata, entre aportes indirectos a las campañas y sobornos, que muchos quedaron salpicados. En el caso de Santos, Roberto Prieto, quien ha sido gerente de sus campañas, reconoció los 400.000 dólares de los afiches en 2010, lo cual ya caducó. Sin embargo, sobre la campaña de 2014 hay serias denuncias, testimonios e investigaciones. El propio fiscal Martínez ya declaró que había pruebas de que a las dos campañas ingresaron dineros de Odebrecht. La mayoría de los involucrados en el escándalo de esa multinacional han mencionado a Prieto y queda por establecerse cuántos de los miles de millones que intermedió fueron para contratos de infraestructura, cuántos para proselitismo electoral y cuántos para comisiones de éxito para él.

A pesar de las posiciones de la Fiscalía, la mayoría de los miembros del Consejo Nacional Electoral decidieron que era mejor pasar de agache. Aunque las fechas de la caducidad estaban cerca y habrían ayudado, consideraron más presentable ante la opinión pública archivar el caso que dejarlo expirar. Para eso dictaminaron en una votación de seis contra dos que no había prueba reina para vincular a la campaña de Zuluaga con dineros de Odebrecht. Argumentaron, principalmente, que en seis meses no pudieron contactar al asesor brasileño Duda Mendonça y que sin ese testimonio no podía haber confirmación. Eso suena bastante raro teniendo en cuenta que la firma de Mendonça es la más importante de Brasil en consultoría política y que además existe el celular.

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En todo caso, como el CNE es el juez de las infracciones electorales, lo más cómodo para el fiscal habría sido quedarse callado o simplemente aceptar la decisión de ese organismo. Insistir en que Odebrecht asumió costos de la campaña de Zuluaga era una posición coherente con las pruebas, pero no necesariamente una movida estratégica. En primer lugar, expone al fiscal a que algunos crean que es una maniobra para eliminarle un contendor de peso a Germán Vargas. Y además deja abierta la posibilidad de que la historia se repita cuando el Consejo Nacional Electoral decida algo sobre la campaña de Santos.

Todo lo anterior deja a Óscar Iván Zuluaga con una exoneración jurídica, pero no política. El episodio de Odebrecht y Duda Mendonça no habría pasado de ser una simple infracción electoral de no ser por la dimensión del escándalo de la multinacional brasileña y la hipersensibilidad de la gente frente a los temas de corrupción. Zuluaga, definitivamente, no es corrupto, pero la supervivencia de su candidatura todavía depende de dos personas: Néstor Humberto Martínez y Álvaro Uribe.

No se sabe aún si la insistencia de la Fiscalía en la responsabilidad de la campaña corresponde simplemente a fijar una posición sin consecuencias jurídicas, o si por el contrario hay algo más hacia adelante. Y en cuanto a Álvaro Uribe, queda por verse con cuál criterio aplicará el requisito de transparencia en sus candidatos. La única declaración que había hecho al cierre de esta edición, al portal OnAir, no resultó muy alentadora para Óscar Iván Zuluaga. Refiriéndose a él dijo: “Es una persona muy seria, pero lo de la Fiscalía preocupa”.