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| 8/27/2001 12:00:00 AM

En blanco y negro

Una reina negra no prueba que en el país no exista racismo. El verdadero triunfo se observará a lo largo de su mandato si se comprueba que el negro sí vende.

En blanco y negro, Sección Nación, edición 1004, Aug 27 2001 En blanco y negro
Antes de ser elegida Señorita Colombia nadie daba un peso porque Vanessa Alexandra Mendoza Bustos tuviera la oportunidad de ser coronada como la primera reina negra del país. No había dudas sobre su belleza física y sus calidades humanas. Lo que se ponía en entredicho era la voluntad de los organizadores del popular concurso para elegir a una mujer de color como soberana de los colombianos. Mucho se especuló sobre los motivos para no hacerlo: que este es un país racista, que hay intereses comerciales de por medio porque a la industria del maquillaje y la belleza no le conviene que la reina sea negra. Como si no importara que el 45 por ciento de la población tiene origen o ascendencia africana. Todas las habladurías se desvirtuaron el pasado 11 de noviembre cuando Vanessa obtuvo el cetro y la corona que la identifican como la mujer más bella. Raimundo Angulo, presidente del Concurso Nacional de la Belleza, le dijo a SEMANA al respecto: “El sólo hecho de decir que el reinado es racista es insultante. Considero que es una falta de respeto con el concurso y, por eso, no contesto esa pregunta. Además el jurado calificador es autónomo de elegir y todas las que participan en el concurso tienen la misma oportunidad de ganar”.

Estas palabras sirvieron de colofón al debate del reinado de este año. Lo cierto es que la historia de las reinas negras tiene demasiadas arandelas que han hecho que el país se divida entre quienes aseguran que en el certamen existe mucho racismo y quienes sostienen que, como en cualquier concurso de belleza, simplemente gana la mejor. O en este caso, la más bonita. Lo curioso es que en los 67 años de vida del reinado muy pocas morenas son las que han sido llamadas y mucho menos las que han sido escogidas.

En 1971 Elvira Newball fue la primera morena en llegar a una final en Cartagena. En las décadas siguientes las representantes de San Andrés y de Chocó consiguieron otros cuartos y quintos lugares. Nada más. En 1986 Jazmine Oliveros acarició el sueño de ser coronada como la primera reina negra. Su ilusión no pasó del virreinato. Claudia Aros, quien ahora es modelo en Nueva York, logró llegar hasta el quinto lugar en 1990 y en 1993 Aura Serna, hoy presentadora de televisión, alcanzó el título de primera princesa. Tres años después Chocó estuvo más cerca que nunca de obtener la esquiva corona con Zolima Bechara. Aunque era la favorita del pueblo al final tuvo que conformarse con el título de virreina y observar el triunfo de la antioqueña Claudia Elena Vásquez. El segundo lugar fue otra frustración para un departamento y para una raza que sentía que ganarse la corona del reinado era el inicio de una reparación simbólica de las injusticias y el olvido al que han sido sometidos por siglos. A la postre la virreina fue destituida cuando se supo que había visitado en la cárcel a ‘un amiguito’ de dudosa reputación.

Cuento de hadas

Este año no había ninguna duda de que la reina tenía que ser Vanessa Alexandra Mendoza. Los puntajes que obtuvo en cada uno de los desfiles fueron los mejores argumentos para elegirla. No hubo necesidad de pensar mucho y tampoco fue esencial oír la respuesta que dio a la pregunta del jurado, porque cuando salió luciendo el vestido rosado de gala del diseñador Jaime Arango la chocoana prácticamente ya ceñía la corona. No sólo porque nunca antes una mujer había recibido puntajes casi perfectos en cada salida, sino porque este año no había con quién competir. La señorita Valle, que obtuvo el virreinato, estuvo siempre lejos de la morena y ni hablar de la señorita Atlántico, que no le llegó ni a las rodillas.

¿Pero qué tiene Vanessa que cautiva tanto a quienes la conocen? Aparte de una belleza mestiza, al fin de cuentas su mamá es blanca y su fallecido padre era negro, tiene una forma de ser y una inteligencia descrestantes. El propio Raimundo Angulo asegura “que es increíble el alma que tiene Vanessa y estoy seguro de que va a hacer cosas grandes en la vida”. Ya le llevó la corona a Unguía, su pueblo natal, y a su departamento. Ahora va en pos del título de Miss Universo, un certamen que en toda su historia sólo ha coronado a cuatro mujeres negras. Por eso es que lo hecho por Vanessa este año es un cuento de Cenicienta, de esos que le encantan a este país, porque le hace justicia a los esfuerzos de quien ha hecho todo por sus propios méritos para alzarse por encima de las limitaciones propias de su condición social.

Es la reivindicación personal, de un pueblo y de una raza por medio del triunfo en un concurso que es un símbolo nacional. Un resultado que, a la vez, se convierte en un golpe de opinión, en un generar de ruido, que saca al certamen del sopor en el que había caído en los últimos años y lo absuelve de todas las dudas que generó la descalificación de algunas candidatas este año. Cuando los directivos del concurso retiraron de la competencia a algunas representantes blancas por haber posado en ropa interior se comentó que los reglamentos del mismo estaban mandados a recoger y que algunos de sus puntos eran obsoletos. Sin embargo, cuando por los mismos motivos se le negó la participación a Adriana Riascos, Señorita Valle, los comentaristas de belleza dijeron que la razón de fondo para no aceptarla era su color. A la larga el reinado ganó las tres tutelas que le instauraron sobre este caso porque los reglamentos son muy claros sobre este tema y se demostró que no hubo ningún interés oscuro en el asunto.

Todo este preámbulo puso una vez más en el tapete el tema que cada año, por esta época, sale a bailar sobre hasta dónde llega la influencia de los patrocinadores en la elección de la reina de Colombia. Aunque el jurado es autónomo es evidente que hay intereses comerciales de por medio que no pueden ser ignorados. Es un hecho que a través de la soberana de Colombia se venden maquillajes, trajes de baño, artículos de moda y productos especiales para el pelo. Así que ahora se verá a una mujer de color anunciando champúes, jabones y maquillaje. Esto hace que algunas empresas se vean en la obligación de cambiar algunas de las diferentes colecciones que ya tenían preparadas. La propia María de Chaves, dueña de Jolie de Vogue, declaró en un noticiero de televisión que, aunque estaban muy felices con la elección, ahora iban a tener que reeditar una colección de maquillaje que hicieron hace algunos años que es especial para mujeres negras. Este es el momento para saber si el país es racista o no. Y eso sólo se verá cuando dentro de un año se analicen los índices de ventas de todo este tipo de productos.

Por lo pronto el departamento negro tiene cifradas en ella todas sus esperanzas. Y Vanessa no piensa decepcionar a su pueblo. Entre los planes que tiene el concurso está el de construir, con ayuda de la Corporación Minuto de Dios, un barrio de reinas en Unguía. La soberana quiere sembrar alguna de las obras sociales en esta región. Y tal vez fue para ver eso, para ver la felicidad en las caras lindas de su gente negra, que el sueño de esta mujer de ébano se hizo realidad. Este año tenía razón quien escribió en un grafito: “Dios es negra”.

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