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“Tenemos unos programas sociales y un gasto de gobierno demasiado ambiciosos”

Por: Luis Carlos Vélez

Marcela Eslava, decana de Economía de la Universidad de los Andes, asegura que el Estado no tiene los suficientes ingresos para sostener los programas que mantiene. Dice que la pandemia ha evidenciado más la necesidad de hacer una reforma fiscal.

Luis Carlos Vélez: ¿Cómo ve el manejo económico que le ha dado el Gobierno a la pandemia?

Marcela Eslava: Creo que ha sido acertado para tomar decisiones que buscan mitigar las caídas de ingreso de las personas, en el apoyo a las empresas y en tratar de limitar la destrucción del tejido laboral. Es necesario plantear el futuro de esa estrategia. Uno que genere las condiciones del sistema de salud que permitan un desconfinamiento sostenible para que sean consistentes con la reactivación, más allá de las estrategias de mitigación. Si el confinamiento se levanta, las decisiones tendrán que ser más acordes con impulsar una verdadera recuperación de las empresas. Si se mantiene, habrá necesidad de más bien continuar el apoyo de ingresos a las personas con daño mayor a la empleabilidad. 

L.C.V.: ¿Cómo ve el balance entre la necesidad de mantener vivos proyectos de asistencia social derivados de la pandemia y su financiación?

M.E.: Por el momento bien, porque las decisiones que se han tomado implican unos gastos mayores, pero no en una cuantía exorbitante. Hacia el futuro, sin embargo, se requiere un plan consistente. Si se planea un desconfinamiento progresivo y lento, las ayudas para las personas que siguen confinadas van a seguirse requiriendo, y eso pondrá mayor presión fiscal. Igual que si necesitamos seguir subsidiando empresas que no pueden operar para que no tengan que cerrar y despedir a sus empleados. Será más probable que esas necesidades se estrellen contra la restricción de recursos fiscales.

L.C.V.: ¿Esa planeación requiere una reforma tributaria? 

M.E.: Desde que se tramitó la Ley de Financiamiento era claro que había que reformar los ingresos del Gobierno a partir de 2021, 2022. Eso no solo no se ha solucionado, sino que la necesidad de hacer ese mayor recaudo seguramente se profundiza en un panorama en el que el Gobierno va a necesitar tener una mayor participación en la reestructuración de la economía. Sí creo que hay que replantear la recolección de tributos, pero no solo por la emergencia. Era necesario antes. 

L.C.V.: ¿Cuál es la mejor vía para reformar esa recolección de tributos teniendo en cuenta la devastación económica que deja el coronavirus?

M.E.: Hay que establecer una estructura de impuestos que tenga un componente redistributivo mucho más claro (más progresividad); que tenga menos huecos, menos exenciones, por ejemplo, para empresas y sectores específicos. El otro elemento es el de recomponer las carga del recaudo para que recaiga menos en las empresas y más en las personas. Cuando usted le pone impuestos a las empresas, al final sigue siendo el caso de que los pagan las personas afiliadas a esas empresas, pero se está atando esa recolección a la actividad empresarial. La actividad que genera el tributo es la de contratar empleados y generar ingresos. Eso desestimula la generación de estos, que son en últimas los ingresos con los que todos vivimos. 

L.C.V.: ¿Más impuestos a las personas? La clase media formal del país es a la que siempre le cobran más impuestos…

M.E.: Eso es cierto, y lo es en buena parte porque los tributos a las personas recaen primordialmente sobre los ingresos salariales. Es indispensable pensar una tributación de los ingresos de las personas que sea mucho más efectiva en términos de recaudar impuestos que recaen sobre las rentas de capital de la gente; los dividendos, por ejemplo. 

"Desde que se tramitó la Ley de Financiamiento era claro que había que reformar los ingresos del Gobierno a partir de 2021, 2022".

L.C.V.: ¿Qué hacemos para que los que todavía no están en la formalidad ingresen a ella y paguen impuestos? 

M.E.: Ingresar a la formalidad no significa directamente pagar impuestos. Si usted ingresa a la formalidad pero recibe un nivel bajo de ingresos, un régimen tributario que redistribuye de manera adecuada haría que personas con ingresos muy bajos no estén tributando, aun si están en la formalidad. Sobre cómo reducir la informalidad: hay tres posibles razones para estar en la informalidad. Una, que las reglas sean excesivamente exigentes para el contexto. Dos, que no haya capacidad de hacer cumplir las reglas, aunque sean razonables. O tres, que siendo las reglas aparentemente razonables, su situación personal está tan lejos de lo que permiten esas reglas que le toca incumplirlas de todas maneras. En Colombia tenemos un poquito de esas tres. Lo que significa que estar en la formalidad es extremadamente oneroso. Nosotros tenemos una extraña combinación de unas reglas muy exigentes con una muy baja capacidad de hacerlas cumplir. Eso hace que se genere una segmentación: unos formales, que tienen que ser buenísimos para poder sobrevivir con esas reglas, y un resto del mundo que vive en la informalidad. Necesitamos tanto reglas más realistas como mayor capacidad de hacerlas cumplir y que más personas y empresas sean altamente productivas, para aminorar ese desfase. 

L.C.V.: Le entiendo que usted está de acuerdo con un impuesto al capital...

M.E.: A los dividendos, por ejemplo, sí. Ya hay una tributación a los dividendos, pero creo que debería ser más fuerte. 

L.C.V.: ¿Se debe mantener la regla fiscal? 

M.E.: La regla fiscal ha sido muy útil para enviar las señales adecuadas sobre la estabilidad fiscal colombiana. Creo que es una institución que se debe proteger en lo estructural. 

L.C.V.: ¿Y en la coyuntura, teniendo en cuenta la pandemia?

M.E.: La regla tiene unos espacios para hacer un incremento de gastos y el Gobierno tiene que evaluar en un momento como este cuáles de esas opciones debe emplear. Esto depende de las decisiones de gasto que quiera hacer el Gobierno y de hasta dónde la caída futura de ingresos del PIB genere caída de ingresos tributarios.

"Si la gestión de la pandemia sigue teniendo como herramienta casi única el confinamiento y la cuarentena, veo mal la recuperación"

L.C.V. ¿Cómo ve la recuperación del país luego de la pandemia?

M.E.: Depende. Si la gestión de la pandemia sigue teniendo como herramienta casi única el confinamiento y la cuarentena, veo mal la recuperación. Por un lado porque el confinamiento y la cuarentena impiden actividades que son necesarias para mantener los ingresos y los empleos. Y por otro lado, porque esas medidas se están desgastando muy rápidamente, pero de manera desigual. Hay incumplimiento de la cuarentena creciente para los más informales, porque son personas que necesitan generar recursos inmediatos. Y es más fuerte el cumplimiento del confinamiento para las empresas más grandes y más formales porque son más fáciles de monitorear. Si mantenemos ese confinamiento, sobre todo hacia los más formales y los más productivos, estamos afectando justamente la parte de la economía que tendría mayor potencial de generación de empleos de alta calidad hacia el futuro. Creo que la vía más expedita y efectiva es robustecer el sistema de salud y el de transporte para que puedan lidiar con la epidemia sin confinamiento y, en consonancia con ese plan, levantar las restricciones a la movilidad. 

L.C.V.: Eso significa que debemos dar más pasos al desconfinamiento…

M.E.: Desde el punto de vista de la recuperación económica eso es fundamental. Pero a todas las personas nos preocupa no solamente mantener nuestros empleos, sino mantener nuestra salud. Por eso es importante dar pasos hacia el desconfinamiento sin que esos pasos sean devastadores en el control de la epidemia. Entre otras cosas porque, si hay desconfinamiento, pero la epidemia está descontrolada, habrá mucho daño económico también por el miedo de las personas a llevar sus actividades como antes. 

L.C.V.: Si Colombia fuera un alumno y usted es la decana y le está haciendo un examen, ¿qué nota le daría? 

M.E.: Yo creo que al alumno no le enseña mucho darle la nota en este momento, que no es útil dársela. Como ha pasado en las universidades, más bien en este semestre no vamos a hacer evaluaciones tradicionales sino a dar retroalimentación hacia el futuro sobre qué sentimos que es útil implementar. 

L.C.V.: ¿Qué tan importante es mantener algunos de los programas que el Gobierno ha adelantado en la pandemia hacia el futuro? 

M.E.: Lo que va a ser muy importante es mantener las capacidades extendidas del Estado que se han adquirido. Sistemas de información sobre ingresos de las personas en la informalidad, las capacidades de llegar a esas personas con giros, las capacidades extendidas del sistema de salud, etcétera. Si se piensan reformas para la transición, pero que son buenas en lo estructural, como un sistema tributario más redistributivo, tal vez la posibilidad de un ingreso mínimo garantizado, eso se debería mantener. En términos de los programas de subsidios a las nóminas, de reducción o postergación de pagos como los servicios públicos, que se diseñaron para la epidemia, esos programas no deberían permanecer. Son medidas extraordinarias en tiempos extraordinarios para unos objetivos específicos. Mantenerlos hacia el futuro sería muy dañino y muy peligroso.

L.C.V.: ¿Se le exige mucho al Estado colombiano para proveer y asegurar ciertos programas sociales cuando la realidad fiscal es insuficiente? 

M.E.: Dados los ingresos tributarios que existen, tenemos unos programas sociales y en general un gasto de gobierno demasiado ambicioso. Pero si como sociedad decidimos que queremos ese Estado mucho más grande y robusto, eso es legítimo. Lo que sí pasa es que si queremos un Estado mucho más robusto, tenemos que proveerle los ingresos. Más que decir que se le exige mucho en los gastos, sí creo que es cierto que se le exige algo en los gastos que no es consistente en los ingresos y hay que ajustar el uno, el otro o ambos.