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| 8/8/1988 12:00:00 AM

ESCANDALO EN LA "HIGH"

La verdadera historia detrás del último escandalo financiero.

ESCANDALO EN LA "HIGH" ESCANDALO EN LA "HIGH"
Eran las cinco y media de la mañana del lunes 4 de julio. El joven financista bogotano Guillermo Uribe Holguin, después de haber pasado casi toda la noche en vela, estaba terminando de empacar su equipaje. Sólo tres de sus amigos de toda la vida lo acompañaban. En ese momento sonó el timbre. Venian a recogerlo en un Mazda 626, color gris metálico, Juan Ricardo Escobal y Julio Acosta Bonilla, sus socios en varios negocios financieros. Maleta en mano, Uribe, acompañado por sus tres amigos, bajó a encontrarse con los que vinieron a recogerlo. Frente al edificio ubicado al norte de Bogotá, llegó el momento de la despedida, con abrazos, ojos húmedos y nudo en la garganta. Los amigos se quedaron en el andén y los tres socios se subieron al carro, y partieron en esa fria y brumosa mañana. La primera etapa del viaje era el Ecuador, pasando la frontera por el puente de Rumichaca.
El resto del itinerario, ni ellos lo sabían. Lo único seguro era que su destino era incierto.

Cuarenta y ocho horas después cuando ya habían abandonado el Ecuador, en Colombia habia estallado el escándalo. Un escándalo financiero de esos de alta sociedad, que simultáneamente indignan y deleitan a sus miembros. "¿ Sabes cuánto perdiá Fulanito?", "Dizque tumbaron a tal y tal", "Sutanito quedó en la ruina", y frases de ese orden monopolizaron las conversaciones de los almuerzos en el Jockey, el Gun y el Country Club la semana pasada. El propio presidente Virgilio Barco metió baza en el asunto, tildándolo de "vil raponazo de cuello blanco". Y en medio de la chismografia social y de la vaciada presidencial, comenzaban a surgir interrogantes de peso: ¿qué era realmente lo que habia sucedido en el caso de Factores y General Financiera, las empresas de los tres corredores que huyeron del pais? ¿Qué implicaciones tiene el caso para el sistema financiero en general y para la Bolsa de Bogotá en particular? Y finalmente, ¿cómo pudieron tres hombres de negocios, hasta ese momento inmaculados, verse enredados en un escándalo de estas proporciones?

TODA LA HISTORIA
En realidad el escándalo protagonizado por Juan Ricardo Escobar, Guillermo Uribe Holguin y Julio Acosta Bonilla (ver recuadros) tuvo su origen en la crisis financiera que afectó al país entre 1982 y 1983.
Después de la bonanza cafetera de 1978 el sistema financiero del pais creció a tasas aceleradas y uno de los campos de mayor crecimiento fue precisamente el del mercado extrabancario, estrechamente relacionado en ese entonces con la Bolsa de Bogotá. En esa época, la firma Luis Carreño Mallarino, miembro de la Bolsa de Bogotá, fundada en 1956 y de gran reputación en el ambiente bursátil, se convirtió en uno de los epicentros fundamentales de ese mercado extrabancario. A través de la compra y venta de cartas de crédito, acciones, titulos valores y otros papeles financieros, esta firma y otras en el mercado subterráneo fueron convirtiéndose en los intermediarios de enormes sumas de dinero. Acudían al mercado negro ansiosos inversionistas en busca de un alivio tributario y una alta rentabilidad para sus ahorros, y recibian estos fondos empresas del sector manufacturero, de la agricultura y del comercio que necesitaban desesperadamente una fuente de financiación para sus operaciones comerciales.

En 1981 la economía colombiana entró en recesión. Las empresas del sector real de la economía empezaron a tener grandes dificultades para pagar sus obligaciones y muchas de ellas quebraron o entraron en concordato.
Como un cáncer en acelerado proceso de metástasis, la crisis de la economia real pronto se transmitió al sector financiero. Los inversionistas corrieron a hacer cola ante las oficinas del mercado extrabancario, reclamando dineros que se habian ido por el caño de la recesión económica, las quiebras y los concordatos. El castillo de naipes se vino al suelo en perjuicio de miles de ahorradores que de la noche a la mañana vieron esfumarse su capital.
Financiera Furatena, el Grupo Central, el Grupo Santa Fe e Inversiones Oro, son apenas algunos de los casos más sonados. La desconfianza generada por estas estruendosas quiebras afectó muy rápidamente a los peces grandes del sector financiero. Para finales de 1983 las llamas de la crisis habian consumido al Banco Nacio nal, el Banco del Estado y el Grupo Grancolombiano.

SOBREAGUANDO DESPUES DE LA CRISIS
Curiosamente, la firma Luis Carreño Mallarino--de propiedad de Juan Ricardo Escobar, Guillermo Uribe Holguin y Julio Acosta Bonilla--, logró sobrevivir el holocausto. Gracias a un manejo sereno y prudente de la situación, la liquidación oportuna de millonarias inversiones en el Banco Nacional, y las excelentes relaciones públicas de los socios, la firma comisionista de bolsa pudo mantener la confianza de los inversionistas y sus fondos.

Si bien para 1983 la situación económica de la firma era dificil pero manejable, otra situación bien diferente se planteaba en el campo juridico y penal. En efecto, el gobierno de Belisario Betancur había reaccionado frente a la crisis financiera con un estatuto draconiano--el decreto 2920 de 1982-que establecia sanciones penales--y cárcel--a quienes captaran recursos del público sin la autorización de la Superintendencia Bancaria. El mencionado decreto establecia una especie de tregua para que las financieras fantasmas del mercado extrabancario se amnistiaran, sometiéndose a la vigilancia gubernamental. Muchas empresas financieras solicitaron y obtuvieron permiso del gobierno para legalizar su situación.
Los socios de Luis Carreño Mallarino y de las recién creadas Compañía General Financiera y Factores S.A., solicitaron a la Superbancaria permiso para funcionar como empresas financieras. Este permiso fue negado en 1983 y se estableció en su remplazo un periodo terminante de dos años para desmontar las captaciones y regularizar la composición entre activos y pasivos financieros.

A partir de 1983 se inició un proceso de desmonte de captaciones caracterizado por toda suerte de tropiezos.
Buena parte de los recursos captados habían sido invertidos en contratos de leasing o de alquiler de maquinaria en la industria. Otros recursos permanecian congelados en apartamentos, lotes y oficinas. Lo demás estaba invertido en acciones de otras entidades financieras como el Banco AngloColombiano y Unión Financiera S.A.
Al estar la economía en una situación recesiva, la liquidación de estos activos y la devolución de los recursos al público resultó imposible. Como lo señaló a SEMANA un corredor de bolsa: "El mercado estaba muerto, no se movía una hoja, y vender cualquier activo era casi un imposible, a cualquier precio".

El plazo de los dos años pronto expiró y con él la posibilidad de legalizar la operación financiera dirigida por Juan Ricardo Escobar, Guillermo Uribe Holguin y Julio Acosta Bonilla. El grupo "Picas", como le decian algunos, habia entrado a la ilegalidad.

A partir de fines de 1985, comenzó a desarrollarse la enfermedad financiera del grupo "Picas" aceleradamente. Como era necesario financiar y refinanciar permanentemente el pasivo con el público inversionista, los socios se dedicaron a captar recursos del público en forma "masiva y habitual", términos contenidos en el 2920 para definir la captación ilegal.

EL ARTE DE LA CAPTACION DE DINERO
Al conocerse la noticia el pasado martes de la fuga de los tres mosqueteros bursátiles, se empezó a especular acerca del tamaño del hueco financiero que habían dejado en el país con estimaciones desde los 700 hasta los 4 mil millones de pesos. Inmediatamente empezaron a surgir los interrogantes. ¿Cómo hicieron tres personajes relativamente nuevos en el medio, para alcanzar una captación de recursos superior a la de muchas entidades financieras de larga trayectoria, prestigio y renombre?
Se puede decir sin exageración que más del 90% de los ahorradores perjudicados son socios de algunos de los clubes de la alta sociedad bogotana: el Jockey, el Country o el Gun. En efecto, Juan Ricardo Escobar, Guillermo Uribe Holguin y Julio Acosta Bonilla eran ejemplos tipicos del club man u hombre de clubes. En particular "Picas" Escobar con su simpatia personal (ver recuadro), resultaba ser un elemento extraordinariamente popular en el pesado ambiente de los clubes sociales de la capital. Entre whiskacho y whiskacho chico de billar y partida de golf, los socios fueron cautivando la confianza financiera de uno tras otro de sus compañeros de vida social. Y asi mismo fueron ingresando a sus cuentas financieras millones y millones de pesos destinados a alimentar una gigantesca máquina de inversiones y reinversiones especulativas.

En realidad la operación era más sencilla de lo que aparece a primera vista. La pieza fundamental del engranaje estaba representada por una extraordinaria capacidad de captación de recursos del público, que arrojaba los fondos necesarios para hacer múltiples inversiones. Y estas inversiones se realizaban en distintos campos de negocios: contratos de leasing, lotes urbanos, fincas, acciones, titulos-valores, moneda extranjera, apartamentos, casas y otros activos financieros, industriales y comerciales. En teoria el esquema funcionaba adecuadamente pero en realidad estaba afectado por un desequilibrio fundamental. No existía en realidad una coherencia entre las captaciones que se hacian en pagarés a 90 días y las inversiones que se proyectaban a dos, tres o más años. Como lo precisó un banquero para SEMANA: "Es el ejemplo clásico de la financiación a corto plazo para realizar inversiones a largo plazo, un esquema que se viene abajo con un pastorejo".

Aun con este desequilibrio estructural, una operación de este género puede permanecer indefinidamente, siempre y cuando se cumplan tres condiciones: que siempre se capten recursos frescos o nuevos, que las inversiones a largo plazo sean sanas y sólidas, y que el costo de la financiación a corto plazo sea inferior a la rentabilidad de las inversiones a largo plazo. En el caso del grupo "Picas", ninguna de las condiciones se cumplió.
En realidad, pocas inversiones que se realizaron entre 1983 y 1988 produjeron resultados satisfactorios para los socios. En varios negocios de finca raiz se produjeron cuantiosas pérdidas. En otros negocios de leasing los resultados fueron adversos ya que los socios tuvieron que recibir en dación de pago bienes industriales de dificil realización. En otros negocios, la suerte no los favoreció y los resultados negativos se fueron acumulando.
Pero además, los rumores de los malos negocios del grupo empezaron a difundirse, con lo cual la máquina de captación de recursos se fue trabando. Los recursos nuevos no llegaban y los pocos dineros a los cuales tenían acceso, tenían un costo financiero exorbitante.
El imperio de papel empezaba a tambalear. No llegaban recursos frescos. No existia un respaldo a los pasivos en inversiones sólidas de largo plazo. No existian utilidades sino pérdidas en el binomio costo de captación contra rentabilidad de colocación. Todos los indicadores apuntaban hacia el desastre.

EL ALFILER QUE PINCHO LA BOMBA
A pesar de los problemas estructurales, el grupo logró sobrevivir en condiciones normales de funcionames, el gobierno nacional empezó a cerrar las compuertas monetarias de la economia y pronto el país entró en una aguda crisis de liquidez. Los bancos se vieron forzados a restringir o cancelar los créditos y los particulares empezaron a exigir la devolución de sus dineros. Todo ello colocaba a Escobar, Uribe y Acosta, al borde del abismo.
El alfiler que pinchó la bomba financiera se presentó a finales de mayo de 1988, cuando se conoció que el corredor de bolsa Jorge Acosta Bonilla, hermano de Julio Acosta Bonilla, había sido acusado de protagonizar entre los comisionistas de bolsa una estafa de más de millón y medio de dólares. Aunque ninguno de los socios Escobar, Uribe y Acosta, tenía nada que ver con el incidente, en la Bolsa de Bogotá comenzó a circular el rumor de que éstos habian sida "clavados" con una importante suma. Los rumores se multiplicaron más rápidamente que la capacidad de los socios de frenarlos. En mayo y junio, el público, en cantidades alarmantes, se presentó a las oficinas para cobrar los pagarés que normalmente reinvertían. El desastre ya estaba consumado.
En los últimos días, la situación era completamente insostenible. El chorro de los recursos se convirtió en una gotera, y los sobregiros bancarios alcanzaron un nivel inaceptable. Los cheques girados a los inversionistas para cubrir devoluciones de fondos, rebotaban en los bancos. Ante esta situación, sólo había dos alternativas.
Afrontar desde la cárcel las implicaciones de violar el 2920 y la segura quiebra de las empresas del grupo, o fugarse del país e intentar capotear la tormenta desde afuera. El lunes 4 de julio en la mañana, los socios salieron del país, horas antes de que estallara el más estruendoso escándalo financiero de los últimos años.
SEMANA pudo precisar con distintas fuentes que el déficit real estaria entre los 1.100 y los 2.400 millones de pesos. Las distintas fuentes están de acuerdo con las cifras de los activos, cerca de 1.400 millones, discriminados asi:

-Curtiembres Teruel S.A.: $950 millones
-Frigorifico Vira Vira Ltda.: $ 350 millones
-Inversiones en finca raiz: $80 millones
-Participación en otras sociedades: $15 millones
SEMANA ha establecido que en este cálculo coinciden los investigadores y los investigados. En donde si existe una diferencia es en el cálculo de los pasivos. Mientras el cálculo interno de los tres socios es que sus deudas totales no pasan de 2.500 millones de pesos, cálculos iniciales basados en una primera revisión estiman el total de pasivos en 3 mil millones registrados y unos 600 más que estarían por fuera de la contabilidad. En esta última categoría estarían acreedores que no poseen pagarés y otros cuya inversión se encontraba en dólares. En otras palabras, personas cercanas a Escobar, Uribe y Acosta afirman que para ellos, restando los activos realizables de los pasivos, el déficit final después de pagar hasta el último centavo, no podría superar los 1.100 millones de pesos, que es la cifra que ellos reconocen. El déficit podría elevarse al doble si tienen veracidad los rumores de que parte sustancial de las deudas está por fuera de la contabilidad.
Todo esto indicaría que, en el caso de que todo saliera bien, los acreedores podrían recuperar alrededor de la tercera parte de lo invertido, siempre y cuando el manejo que se dé de ahora en adelante a las dos empresas industriales que están dando utilidades --Curtiembres Teruel y Frigorífico Vira-Vira-no las desvalorice. La primera está dando utilidades de 28 millones de pesos al mes y la segunda alrededor de 7 millones. Es decir, que las empresas industriales del grupo, bien manejadas, darían unos 35 millones al mes y bien vendidas unos 1.300 millones de pesos. Esto, obviamente, es hipotético, ya que se basa en el supuesto de que las cosas se liquidarán bien y rápido. En la práctica, estos episodios siempre se resuelven en muchos años y en malas condiciones, pues al dejar de tener la empresa dueño, comienza a desvalorizarse.

¿PRINCIPES O ESTAFADORES?
Pero independientemente del tamaño del hueco, para muchos, en lo que se refiere a los protagonistas Escobar, Uribe y Acosta, la gran incógnita radica no tanto en cuánto deben sino en lo que hicieron. Considerados hasta hace poco como "unos príncipes" del mundo financiero, hoy son tachados de "hampones, estafadores" y epitetos de esta naturaleza. Entre los desmanes de que se les acusa, está el de haber recibido, hasta la vispera de su salida del país, dineros que ellos sabían que ya no podrían devolver. Se menciona por ejemplo que, en la última semana, a personas allegadas a ellos las convencieron de cambiar garantías reales por sus depósitos, por garantías ficticias consistentes en títulos de compañías del grupo que horas después estarían quebradas. A los bancos les giraron cheques "chimbos" o les dejaron sobregiros por más de 80 millones de pesos, a sabiendas de que no podrían cubrirlos. A muchos de sus amigos, e inclusive familiares, los quebraron. El propio Fondo de Empleados, en el que estaban depositados 7 millones de pesos de las personas que habían colaborado con ellos, fue utilizado para operaciones.
A muchas personas les mintieron y a todas les ocultaron la verdad.
¿Cómo pueden "perfectos caballeros" haber incurrido en esta conducta? ¿Cuánto saqueo hubo, y con cuánta premeditación actuaron? Los detalles íntimos probablemente nunca se sabrán. Pero después de consultar múltiples fuentes, SEMANA pudo formar un mosaico de la forma como sucedieron las cosas en el desenlace.
Escobar, Uribe y Acosta, originalmente no tenían la intención de estafar a sus ahorradores y simplemente aspiraban a obtener ellos una utilidad con base en llevar a cabo inversiones de mayor rentabilidad de la que tenían que pagarle a sus ahorradores.
El problema es que estaban recibiendo recursos al 39% trimestre anticipado, lo que implica un 50.7% efectivo anual. En otras palabras, cuando alguien les daba 10 millones de pesos, un año después tenían que haberle pagado 5 millones 700 mil pesos. Como no son muchas las inversiones en este mundo que producen este tipo de rentabilidad, rápidamente los compromisos mensuales se volvieron superiores a los recursos de que disponian para pagar. Hacia el final, los intereses pactados ascendían a 70 millones de pesos mensuales. Pero, ¿cuáles eran los ingresos? La Curtiembre Teruel daba 28 millones al mes. El Frigorifico, 7 millones. La firma de bolsa, Compañía de Servicios Bursátiles, 6 millones. En total, un poco más de 40 millones de pesos frente a obligaciones de 70. El hueco crecía mensualmente en 30 millones. ¿Qué podían hacer? ¿Declararse en quiebra o en concordato? No, porque según pensaban no estaban quebrados, sino afrontando problemas de liquidez. Al fin y al cabo, creian que sus activos --que incluían bienes raices--se estaban valorizando y que esto compensaria el crecimiento del hueco. No era sino esperar una oportunidad propicia para unas buenas ventas de algunos de esos activos y el problema quedaría solucionado. Pero esa oportunidad no llegó y mientras tanto hubo que pagar los intereses para que no cundiera un pánico que podía hacer las cosas todavía más graves. La única fuente de recursos para cumplir con las obligaciones era el dinero de las nuevas captaciones, con lo cual recursos que teóricamente debían ser invertidos en actividades rentables, desaparecían para siempre el día de su llegada en pago de intereses a los anteriores ahorradores. Esos intereses no eran ya el producido del capital, sino el capital mismo.
Ante una situación de esta naturaleza, el colapso debía parecer inevitable. Pero el hecho de que siempre estuvieran entrando nuevas platas, creaba una ficción de que las cosas podían seguir funcionando y de que a la larga, tendrían arreglo. Este fue el proceso mental de Escobar, Uribe y Acosta, como había sido años atrás el raciocinio de los Camacho Roldán y otros casos parecidos. O al menos lo fue hasta pocas semanas antes de su salida del país, cuando las realidades aritméticas acabaron imponiéndose sobre las ilusiones. Lo que hicieron de ahí en adelante es lo más grave. Es el momento en que las consideraciones de supervivencia de la empresa, son desplazadas por las consideraciones de supervivencia personal. Si se deben 3 mil millones de pesos y se tienen 300, ¿cuál es la diferencia entre pagar lo que se pueda y quedar debiendo el 90% de las acreencias, y no pagar nada y quedar debiendo el 100%? Y si se decide pagar, a quién pagarle: ¿a la familia, a los amigos, a las viuditas? De ninguna forma va a alcanzar. Y si se decide pagar, ¿con qué se puede vivir de ahi en adelante, sobre todo si se tiene en cuenta que los actos ilegales cometidos en los últimos días los obligarán a abandonar el país? Todas estas consideraciones deben haber pasado por la mente de los tres corredores de bolsa, quienes en la etapa final de salvar del ahogado el sombrero, hicieron caso omiso de las consideraciones éticas con que habían regido sus vidas hasta hace pocos meses. En todo caso hoy, según un penalista consultado por SEMANA, "los tres corredores se encuentran en una situación legal más difícil que la de Jaime Michelsen, Félix Correa y Germán de la Roche sumados".

PERDEDORES Y GANADORES
Sin duda, el más grande de los damnificados es el público inversionista que perdió alrededor de tres mil millones de pesos que había invertido en las empresas de los socios. SEMANA pudo establecer que resultaron perjudicadas aproximadamente 180 personas con un promedio de 17 millones de pesos. Sin embargo, se conoció que hubo varios inversionistas "quemados" en más de 100 millones de pesos y, tal vez más grave, otros peces chicos, viudas y pensionados con pérdidas menores a los 500 mil pesos.

Otro gran perdedor es la Bolsa de Bogotá, toda vez que este escándalo sería el cuarto golpe que recibe en los últimos meses, con lo cual la entidad queda al borde del nocáut institucional (el enfrentamiento por los puestos del consejo directivo, el incidente Jorge Acosta Bonilla, y el lío de la Tesorería de Bogotá). La Bolsa enfrenta ahora una dificil coyuntura en la cual es posible prever una mayor intervención del Estado. De por sí, se han intensificado los controles sobre empresas para detectar las actividades que antes eran relativamente toleradas. Particularmente, en lo que se refiere a las captaciones en el mercado extrabancario y al mercado negro de dólares. SEMANA se ha enterado de que a raíz de las actividades descubiertas en los últimos meses, la Superintendencia de Control de Cambios ha ordenado visitas de inspección a cinco compañías comisionistas de bolsa. Se trata de Asdac Bursátil, de Pablo Salazar; Acobolsa, de Mario Seade; Afin S.A., de Leopoldo y Hernando Forero; Compañía General de Valores, de Juan Claudio Morales, y Octavio Gallo Zuluaga y Cía.

Lo riesgoso de todo este ambiente es que el inversionista desprevenido confunda una cosa con otra y los problemas del mercado extrabancario y del mercado de dólares, terminen por afectar la actividad bursátil legal.
Aunque, por ejemplo, una visita de la Superintendencia de Cambios a una firma comisionista nada tiene que ver con sus actividades de bolsa, cualquier titular de prensa crea confusión y afecta, no sólo la totalidad de las actividades de esa firma sino la credibilidad de todas las compañías de bolsa en general. En esto, justos están pagando por pecadores y es necesario tener en cuenta que las irregularidades que se han detectado en los últimos tiempos, no se han presentado directamente en las compañías de la Bolsa sino en firmas por fuera de ésta, que son propiedad de socios de algunas compañías bursátiles. Por ejemplo, en el caso específico del de nominado grupo "Picas", su empresa de bolsa, la Compañía de Servicios Bursátiles S.A. vigilada por la Superbancaria, la Supersociedades, la Comisión Nacional de Valores y la propia Bolsa de Bogotá, fue administrada casi hasta el final con los más sanos criterios. Pero, para captar dineros del público, sus socios crearon compañías de bolsillo, no relacionadas con la actividad bursátil, que era en donde se cometían las irregularidades.

Por último, el gobierno--que se enteró de la noticia por la prensa--es otro perdedor al comprobarse la incapacidad de las entidades públicas para controlar y vigilar adecuadamente las operaciones del sector financiero.

Los ganadores en este triste episodio son apenas los ahorradores que recibieron altas rentabilidades por sus inversiones--sin impuestos--y que lograron sacar su dinero a tiempo.

Como perdedores o ganadores aparecen los socios Juan Ricardo Escobar, Guillermo Uribe Holguín y Julio Acosta Bonilla, según la opinión que se tenga de sus motivaciones. ¿Se trata de estafadores profesionales que fría y deliberadamente se alzaron con los millones? Si ese es el caso, son ganadores por haberse escapado del país con los bolsillos llenos de oro.
Si por el contrario, fueron víctimas de un manejo irresponsable que superó sus capacidades, terminaron como perdedores, destruidos por un monstruo financiero que finalmente los devoró. En ese caso, su inmensa tragedia personal se sumaría a la de todas las demás personas involucradas en este penoso episodio.-

LOS PROTAGONISTAS
JUAN RICARDO ESCOBAR
Economista de la Universidad del Rosario, 40 años, Escobar inició su carrera como vendedor de seguros, campo en el cual a fines de la década pasada, alcanzó el primer premio en ventas de la Compañía Nacional de Seguros. Con fama de niño prodigio en el campo de las ventas, se vinculó en 1978 a la firma Luis Carreño Mallarino, miembro de la Bolsa de Bogotá. El ambiente de la Bolsa le permitió desarrollar sus capacidades para dominar las sofisticadas técnicas bursátiles. Pronto se perfiló como corredor estrella. En otro campo, "Picas" se desenvolvia con la misma facilidad: en el de los clubes sociales bogotanos. Miembro de las juntas directivas del Gun Club y del Country Club, cautivaba a todos con su simpatia personal, habilidad para contar chistes, animado jugador de póker y el hombre de la guitarra en las fiestas.

En realidad, éstas no eran actividades separadas. El cruce de sus relaciones públicas con los negocios bursátiles, lo convirtió en el amo y señor del mercado extrabancario, alcanzando un monto de captaciones de aproximadamente 5 mil millones de pesos.
De una juventud bohemia y sin recursos, pasó a ser a los 32 años un próspero hombre de negocios, con BMW, mansión en el norte y apartamento en Miami. Conocedores de su trayectoria afirman que alcanzó la cima del éxito la víspera de la quiebra de la Financiera Furatena, que desató la crisis financiera de 1982. Casado con Diana Schuster es padre de cuatro niños, uno de los cuales requiere atención especial.

GUILLERMO URIBE OLGUIN
Economista de la Universidad de Los Andes, 32 años, Uribe inició su carrera como ejecutivo de cuentas en el Banco Internacional de Colombia.
Al poco tiempo se vinculó a la firma Luis Carreño Mallarino, en donde trabajó hombro a hombro con "Picas" Escobar y Pedro Maria Carreño. Muy rápidamente, demostró tener un refinado talento para el manejo del mercado del certificado de cambio, que en la época era el papel más cotizado en el ambiente bursátil.
Si se podia decir que Escobar era el rey de las ventas y Acosta el rey del leasing, no resultaba exagerado afirmar que Uribe era el "chacho" del certificado de cambio. Con el pool de estos tres talentos fue que se integró la trilogía que acabó protagonizando el escándalo de la semana pasada.

Simpático y extrovertido es además un fanático del deporte. Fue campeón nacional de natación en su juventud y en la actualidad su principal afición es la pesca submarina. Su vida ha alternado entre Bogotá y San Andrés, lugar donde por varios años sus padres han tenido un segundo hogar.
Separado recientemente es el único de los tres ejecutivos que no tiene familia. A pesar de su experiencia en deportes acuáticos no pudo sobreaguar la gigantesca ola de pasivos financieros que le hizo naufragar.

JULIO ACOSTA BONILLA
Economista de la Universidad del Norte, 41 años, Acosta inició su carrera en el Grupo Grancolombiano.
Por encargo de Jaime Michelsen se fue a estudiar el negocio del leasing en los Estados Unidos y fundó en Colombia la primera empresa de arrendamiento financiero. Es reconocido como el mayor experto en leasing del país y en América Latina. Tenia fama de ser un hombre de extraordinaria habilidad para el diseño de sofisticadas operaciones financieras.

A diferencia de sus socios, era timido e introvertido; mientras ellos afrontaban los retos de planear la estrategia y conseguir la plata, él manejaba la carpinteria. Su posición y la de sus socios se vio seriamente afectada por el escándalo protagonizado hace apenas un mes por su hermano, Jorge Acosta Bonilla, quien en su calidad de director de la firma Provalores se vio involucrado en la venta de un millón y medio de dólares sin respaldo. Los "runrunes" originados con este episodio contribuyeron al colapso del grupo "Picas".

HABLA EL PRESIDENTE DE LA BOLDA
SEMANA.: ¿Qué tan afectada queda la Bolsa despues del escándalo de la semana pasada, teniendo en cuenta que no ha sido el único de los últimos meses?
CARLOS DEL CASTILLO: Sin duda se afecta puesto que la Bolsa es un mercado de confianza. Con todo, quienes analicen el problema pueden concluir que se trata en todos los casos de perjuicios cometidos en actividades ajenas a la Bolsa, en rigor de crédito extrabancario, donde el riesgo lo corren los prestamistas.

S.: Pero de todas maneras los involucrados en el escándalo tenían un puesto en la Bolsa y eso era, en buena medida, lo que los hacía confiables...
C.C.: Por ello acepto que la Bolsa se perjudica. No quiero tapar el sol con las manos.

S.: ¿Qué medidas se pueden tomar para evitar que, al amparo de la Bolsa, comisionistas capten dinero del público en forma ilegal?
C.C.: Por lo pronto, la Bolsa ha respondido con hechos, es decir, sancionando a quienes infringen sus reglamentos, lo cual es algo importante para rescatar nuestra credibilidad. No hemos querido actuar en forma epiléptica anunciando medidas.
No obstante, estarnos estudiando seriamente la situación a fin de darle un vuelco radical a nuestros sistemas de vigilancia. Oportunamente, y pienso que muy pronto, anunciaremos una serie de reglamentaciones para prevenir estas situaciones en el futuro.

S.: Se dice que en la Bolsa, donde todo se sabe, se sabía que esto iba a pasar. ¿Por qué la misma Bolsa, para protegerse, no dio la voz de alarma?
C.C.: Nosotros teníamos una auditoría permanente hace más de un mes en la Compañía de Servicios Bursátiles y no pudimos enterarnos del problema. En el fondo, y aun cuando parezca paradójico, la verdad es que desde el punto de vista bursátil, puedo decir que existe plena normalidad en cuanto depende de la vigilancia de la Bolsa. Como es obvio, no puedo responder por actividades que desbordan las funciones de un comisionista, aunque si ellas resultan en perjuicio para terceros es natural que afecten nuestra actividad.

EDICIÓN 1879

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