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| 5/19/2007 12:00:00 AM

¿Este Congreso está al borde de volverse ilegítimo?

La senadora Nancy Patricia Gutiérrez le responde a María Isabel Rueda.

¿Este Congreso está al borde de volverse ilegítimo? Noto en el ambiente del Congreso angustia, temor y desgano. Incluso hasta paranoia
M.I.R.: ¿Quién es Nancy Patricia Gutiérrez? A usted la conocen muy bien en Cundinamarca, pero muy poco en Bogotá…
N.P.G.: Soy una mujer batalladora, de 40 años, que llegó a la vida pública recién graduada de derecho en la Universidad del Rosario. Mis pinitos políticos los hice como candidata a la alcaldía de Agua de Dios en contra de Marta Catalina Daniels, quien para ese entonces era la reina de Girardot y sus municipios aledaños, y le gané. Desde ahí me enamoré de la carrera pública.

M.I.R.: Después salió elegida representante a la Cámara. Fue la primera mujer presidente recién pasado el escándalo del 'Pomaricazo', uno de los momentos de mayor descrédito de la institución. ¿Cómo le fue?
N.P.G.: Bien importante el reto. Todavía era congresista primípara, pero tengo una especialización en derecho administrativo con la que me sentí muy respaldada para hacer el oficio. Antes de mí, ninguna mujer había tenido oportunidad de manejar alguna de las dos cámaras. Fue una época muy difícil: afrontar todas las investigaciones de Procuraduría, Fiscalía, Contraloría contra la administración del Presidente anterior. Pomárico estaba en la cárcel, el director administrativo de la Cámara también, fue bastante tortuoso y me quedó un amargo sabor de esa época.

M.I.R.: ¿O sea que se arrepiente?
N.P.G.: Nunca. Para ordenar ese desastre, llegaba todos los días a las 6 de la mañana y me iba a la media noche, a pesar de que tenía una bebé recién nacida. A diferencia del Senado, el presidente de la Cámara no sólo la representa políticamente, sino que es el ordenador del gasto y sobre mis hombros estaba recuperar la credibilidad de la institución.

M.I.R.: Lo que permite cometer una que otra porquería…
N.P.G.: Sí. Es un absurdo de la Ley quinta. En el Senado hay una dirección administrativa, que es la que ordena el gasto. Y suceden absurdos como éste: la mitad de la barrida del corredor del Capitolio la contrata la Cámara a un precio, y la otra mitad, el Senado a otro precio. Y obviamente, los precios en el Senado, por su manejo administrativo, son más baratos…

M.I.R.: Por eso ha habido tanto presidente de la Cámara envuelto en escándalos…
N.P.G.: Y no hacen bien la representación política, ni el ordenamiento del gasto.

M.I.R.: Por cuenta del desorden que recibió en la Cámara, usted perfectamente habría podido terminar en la cárcel…
N.P.G.: Imagínese el riesgo que asumí. Me dediqué a facilitar toda la investigación del 'Pomaricazo', pero al mismo tiempo tenía que lograr que la Cámara funcionara. En el escándalo de la contratación se perdieron 3.500 millones, y físicamente logré recuperar 2.700 millones. Los demás quedaron en procesos ante la jurisdicción administrativa. A pesar de todos mis esfuerzos para ponerle orden a eso, me abrieron cinco investigaciones en la Procuraduría por el tema de la contratación. Sólo una de ellas terminó en sanción con una multa, por un contrato que se había firmado dos años antes con el Fondo Rotatorio de la Policía. No alcancé a liquidarlo porque las entregas de los  chalecos,  las armas y los radios se hicieron de manera muy irregular y en el tiempo que tuve no alcancé a verificar las cantidades de las entregas.

M.I.R: Usted heredó ese problema, como muchísimos otros. ¿Cuánto le tocó pagar en abogados para que la defendieran?
N.P.G.: Cerca de 50 millones de pesos a tres abogados, además de la multa de la Procuraduría, que fue de 10 millones de pesos. Los pagué a plazos y por eso casi no me dejan posesionar en el Senado, porque todavía debía parte de la multa. Me tocó contratar otro abogado ante el Consejo de Estado.

M.I.R.: ¿Esa multa le genera alguna inhabilidad?
N.P.G.: Ninguna. Sólo amargura y tristeza. Después de varios años ese contrato terminó en una conciliación porque fue imposible ejecutarlo. No sé por qué la Procuraduría no escuchó mi argumento de que nadie está obligado a lo imposible.

M.I.R.: Y después de todo eso, ¿todavía le quedan ganas de medírsele a la presidencia del Senado?
N.P.G.: En este momento tan crítico, se justifica hacerles entender a los colombianos que la institución como tal vale la pena y que su conformación es el claro reflejo del país, con todos los defectos que tenga. Reconozco que la política es un sacrificio permanente: en lo personal, en lo familiar, en lo económico.

M.I.R.: Pero, si la política es tan sacrificada, ¿por qué le gusta tanto? ¿Será por el poder?
N.P.G.: Hace más de 50 años mi papá fue separado a la fuerza de su mamá y de su hermana, quienes vivían en el Tolima, por la Policía, porque a mi abuelo le diagnosticaron lepra, para llevarlo al leprocomio de Agua de Dios, y desintegraron su familia, por una equivocada decisión política. Hoy mi papá, que es uno de los hombres más brillantes que he conocido, padece de alzheimer y, como muchos otros colombianos con enfermedades llamadas catastróficas, está en riesgo su acceso a medicamentos genéricos, por equivocadas decisiones políticas. Esta anécdota se la cuento para que crea que en la política he encontrado la forma de corregir iniquidades como esa. La presidencia del Senado me permitiría demostrar que la institucionalidad vale. Si llego a ganar, mi interés sería el de poner la política pública a favor de las causas ambientales y de salud.

M.I.R.: ¿Por qué cree que la elegirían?
N.P.G.: Cambio Radical, partido al que pertenezco, tiene la posibilidad de tener esa presidencia, y tres de sus 15 senadores hemos manifestado interés. ¿Cuál de ellos será? Eso lo resolverá primero la bancada y luego la plenaria. Mi compromiso será demostrar que la política se puede hacer con dignidad.

M.I.R.: Pues no la envidio, pero le deseo muy buena suerte… ¿Está tan descorazonado el actual Congreso como se siente desde afuera?
N.P.G.: Tiene razón, noto en el ambiente angustia, temor y desgano. Incluso hasta paranoia. Sin embargo, después de esta crisis quedarán los nuevos liderazgos del país en cabeza de quienes no están con la para-política, ni la narcopolítica, ni la farcopolítica o cualquiera otra situación de vínculos ilegales. Y esta será la verdadera ganancia de este doloroso proceso. 

M.I.R.: ¿Por cuenta de todo lo que ha venido sucediendo con la para-política, este Congreso está a un paso de ser considerado ilegítimo?
N.P.G.: El Congreso está a un paso de ser declarado moralmente ilegítimo y a dos de serlo legalmente. De ser cierto que hay cerca de 50 congresistas a punto de ir a la cárcel, también podríamos pensar que hay otro tanto en la misma situación entre quienes van a reemplazarlos. Si esto es así, por efecto dominó, todas las instituciones, incluida la Presidencial, estarían en el mismo riesgo. Si el Congreso se descuaderna, se descuaderna el país. Esto incluye el riesgo de una balcanización en Colombia, o si no, mire el fenómeno que se está gestando por solidaridad regional en la Costa y que tuvo efecto para Antioquia.

M.I.R.: Pues para allá vamos… ¿Cómo impedirlo?
N.P.G.: Sugeriría una modificación de la Ley de Justicia y Paz para incluir en los beneficios, además de los miembros de grupos al margen de la ley, a sus simpatizantes o colaboradores no involucrados en delitos de lesa humanidad, quienes, después de decir la verdad, podrían quedar en libertad. Es que no podemos meter a la cárcel a medio país, pues ahora son los congresistas, luego siguen militares, empresarios, ganaderos, comerciantes, campesinos… Y conste que esto lo dice una congresista uribista que fue amenazada por los paramilitares para no hacer política en ciertas regiones de Cundinamarca, después de haberme negado a sus invitaciones de colaboración.

M.I.R.: ¿Cree que exista una mínima posibilidad de que el Presidente resuelva revocarlo?
N.P.G.: El Presidente por definición es un verdadero demócrata, y estoy convencida de que bajo ninguna circunstancia cerraría el Congreso. Además, recuerde que es preferible una democracia imperfecta que una buena dictadura.

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