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| 12/15/1986 12:00:00 AM

FUERA DE CAMARAS

Los parlamentarios conservadores han pasado de la oposición reflexiva a las pataletas irrespetuosas.

FUERA DE CAMARAS FUERA DE CAMARAS

Si el propósito de los conservadores con la oposición reflexiva era lograr en los liberales una posición irreflexiva, pueden empezar a darse por bien servidos. El pasado miércoles 12, el ministro de Gobierno Fernando Cepeda, en medio de un acalorado debate protagonizado por los conservadores, se dejó sacar de sus casillas y terminó sirviendo en bandeja de plata la justificación para que se organizara una zambra y la bancada del partido de oposición se retirara de las dos cámaras.

Como orientados por un buen director técnico que entiende que si se logra desesperar al jugador más peligroso del otro equipo es muy posible que se obtenga una tarjeta roja, los conservadores Fabio Valencia Cossio y Darío Alberto Ordóñez fueron los encargados de "tirarle a las espinillas" al ministro de Gobierno. Aprovechando un debate que estaba citado para analizar el caso Guerra Serna, los dos parlamentarios conservadores se fueron lanza en ristre contra Cepeda, gritándole toda suerte de epítetos de bajo tono y acusándolo de persecución política y sectarismo. "Farsante y mentiroso", "que renuncien los ministros farsantes" y "falta de tono moral", fueron algunas de las expresiones que se dejaron escuchar en las intervenciones de Valencia Cossio y Ordóñez, las cuales no dejaron de tener una que otra alusión sarcástica a los estudios del ministro y a los "trastornos sicológicos producto de la embriaguez", que al parecer imputaban a algunos miembros del gobierno.

Sentados en el uso de la palabra, los dos representantes conservadores hablaron de lo divino y lo humano sin permitir interpelaciones a los parlamentarios liberales. A cada uno de los citados le lanzaron fuertes ataques por su gestión particular. Al ministro de Gobierno, Fernando Cepeda Ulloa, lo acusaron de "andar averiguando la filiación política de los empleados de su ministerio"; al ministro de Comunicaciones, Edmundo López Gómez, lo criticaron por "oponerse a un proyecto para que se transmitieran las sesiones de las corporaciones municipales" y al procurador, Carlos Mauro Hoyos, lo cuestionaron agresivamente en relación con el manejo que le ha dado al caso Guerra Serna frente al periodista de El Colombiano, César Pérez Berrío.

Sin embargo, aunque el caso Guerra Serna era supuestamente el motivo del debate, los conservadores lo convirtieron en una especie de juicio al gobierno liberal.

Tan pronto como terminaron las intervenciones conservadoras tomó la palabra el ministro de Gobierno, quien a esas alturas del debate--como el resto de liberales que se encontraban en el recinto--ya estaba un poquito irritado. Con aire napoleónico y brazo cruzado entre la chaqueta, mirando con algún desdén y tratando de disimular su indignación soltó su contragolpe anunciando que como era injusto lo que habían hecho los representantes conservadores al no darles interpelaciones a los liberales, él sólo le daría el uso de la palabra a la bancada liberal.

Acto seguido y como si estuvieran esperando que el ministro cometiera foul, los conservadores levantaron las manos y se retiraron del campo de juego, no sin antes dejarse ir en frases de grueso calibre que debieron quedar por fuera de las cámaras de los noticieros. "Ministro vagabundo", "que renuncie el ministro Cantinflas", gritaban desafiantemente.

La bancada liberal reaccionó rodeando a su ministro y terminó la sesión. Aunque no fueron pocos los liberales que tomaron el micrófono para pedirle a los conservadores que no se retiraran, la mayoría se sintió fuerte y asumió una actitud de equipo triunfador, en espera de que se pitara un W.O. a su favor, ya que su contrario había abandonado el encuentro.

Inmediatamente, la noticia llegó al Senado en donde se hacía un debate sobre la crisis hospitalaria con el ministro de Salud. Y después de una enérgica intervención del senador Alvaro Leyva Durán, en la que calificó al ministro de Gobierno de "inepto, arrogante y soberbio", pidió a sus copartidarios que en solidaridad con sus compañeros de la Cámara, se retiraran también en el Senado.

Los liberales en el Senado no fueron tan solidarios con el ministro como en la Cámara. El propio presidente del Senado, Humberto Peláez calificó como "un error" la actitud de Cepeda. Otros afirmaron que éste estaba pasando por "un mal cuarto de hora" y reprobaron el hecho. Sin embargo, algunos representantes liberales consultados por SEMANA afirman que lo que pasó fue que los senadores condenaron al ministro después de escuchar únicamente al senador Leyva Durán, quien según ellos, "obviamente contó la versión que le interesaba para montar un show contra el gobierno". Otro representante dijo que eso "estaba preparado porque Leyva se asomaba de vez en cuando a ver cómo iba la cosa en la Cámara".

Show, como lo llamaron los liberales, o precedente, como lo calificó el senador vallecaucano Holguín Sardi, los conservadores crearon un hecho que parece tener un claro propósito: provocar una crisis en el gobierno que les permita ser llamados a colaborar en él. Ya que todo parece indicar que la oposición reflexiva que se inventaron los conservadores les ha resultado incómoda y no quieren seguir en ella. Y que el gobierno liberal que les cogió la caña, sí quiere mantener ese esquema. Pero otra cosa que ha quedado clara es que si los ministros liberales se dejan sacar de quicio, estarán dando la oportunidad para que la crisis se produzca. Por el momento quien ha demostrado no tener un buen técnico o por lo menos seguir sus consejos, es el ministro Cepeda, quien seguramente no ha visto cómo reacciona Pelé cuando le tiran a las canillas.--

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