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| 9/4/1989 12:00:00 AM

Germán de los mil días

Al cumplirse el tercer año de Barco existe la impresión de que mientras él reina Montoya gobierna.

Germán de los  mil días Germán de los mil días
Esta semana el gobierno del presidente Virgilio Barco prendió su tercera velita. El 7 de agosto, después de mil días de gobierno, el más indescifrable Presidente que ha tenido Colombia en los últimos tiempos, sigue tan desintonizado con la opinión pública como lo estaba cuando inició su mandato.
Sin embargo, lo que resulta curioso es que si el Presidente está desintonizado, no sucede lo mismo con su gobierno. Al cumplirse el tercer año de la administración, momento en el que tradicionalmente los mandatarios tienden a despertar una combinación de sentimientos que va del desprecio a la lástima, el gobierno de Barco parece sobrevivir en medio de algo que muchos consideran un naufragio nacional. A estas alturas de sus respectivos mandatos, a Carlos Lleras casi lo tumba el senador Nacho Vives, a Alfonso López Michelsen lo pinchaba el tábano de doña Bertha de Ospina, a Julio César Turbay lo desvelaban los gremios y a Belisario Betancur le faltaban tres meses para que se quemaran en el Palacio de Justicia sus sueños de paz.
En el caso de Barco, aunque el país se está debatiendo entre el auge de los carro-bombas y la caída de los precios del café, la imagen del Presidente no parece hoy haber cambiado mucho en relación con la que tenía cuando asumió el poder. Y tal vez la razón por la cual esa imagen no ha cambiado mucho sea que Virgilio Barco reina más de lo que gobierna. Porque para muchos conocedores de los tejemanejes de la actual administración, el que en realidad gobierna es el secretario general de la Presidencia, Germán Montoya.
Esto es algo que se sabía desde hace tiempos. La novedad consiste en que, con el transcurso de los días, este hecho ha dejado de ser considerado como malo, para convertirse en bueno. Dada la personalidad distante, aislada y difícil de Barco, el secretario general, más que un usurpador, ha resultado un complemento indispensable para el primer mandatario.
La verdad es que por andar, hasta hace poco, todo el mundo preocupado por las acusaciones sobre los negocios de los hijos de Montoya, pocos habían reparado en el hecho de que la secretaría general de la Presidencia puede ser, hoy por hoy, el más eficiente despacho de la administración. "Allá todo se resuelve en 30 segundos. Puede que él diga que sí o que diga que no, pero uno sale de su oficina con una respuesta, con una solución", afirma Jorge Lara, prestigioso abogado que ha tenido que tratar con muchos gobiernos.
Lo cierto es que quienes han tenido la oportunidad de verlo trabajar están de acuerdo en que su capacidad de trabajo es un ejemplo para todo el mundo. Atiende a cerca de medio centenar de personas en largas jornadas que comienzan antes de las 8 de la mañana y se prolongan hasta las 9 ó 10 de la noche. Generalmente permanece de pie, moviéndose de un lado a otro de la oficina o de una oficina a otra del Palacio, en el que ocupa una posición privilegiada a sólo cuatro metros del despacho presidencial. Consuelo y Silvia, sus secretarias, apenas tienen tiempo de respirar por el ritmo con que despacha este hombre expedito y pragmático que ha impuesto en su oficina la eficiencia del sector privado.
Pero, además de sus dotes administrativas, que se le conocían desde los tiempos en que se destacó en las empresas del sector automotor, están sus dotes políticas que le han permitido ser el único sobreviviente de lo que alguna vez fuera el Sanedrín. Atrás han quedado los Cepedas, Vascos y Gavirias, y no sería exagerado afirmar que el famoso sol a las espaldas, que acompaña a los mandatarios en la recta final de sus gobiernos, no sólo alumbrará a Virgilio Barco, sino también y de seguro a su secretario general-

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