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| 8/24/2019 7:30:00 AM

Problemas de agenda en el Congreso

La gobernabilidad de Iván Duque también se ha afectado por la debilidad de la coalición de gobierno. Esta no tiene agenda propia, y fuera del senador Álvaro Uribe no hay otras figuras con un fuerte liderazgo en el Congreso.

Gobierno de Iván Duque afectado por una coalición debilitada en el Congreso Congreso Foto: Guillermo Torres - Semana
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*El audio de este artículo está hecho con inteligencia artificial.

políticos y analistas critican con frecuencia al gobierno de Iván Duque, después de su primer año, por la ausencia de una agenda política. Dicen que el presidente aún no tiene claras sus prioridades, o al menos sus banderas. Y que muchas de ellas, como el emprendimiento o la equidad social, resultan incomprendidas o poco creíbles.

Sin embargo, en los problemas de gobernabilidad derivados de esa percepción también juega un papel importante el Congreso. Es casi imposible pensar que en un sistema democrático como el colombiano, el Ejecutivo pueda funcionar de manera autónoma del Legislativo. Ciertamente es poco habitual que el Congreso, por sí mismo, presente leyes o normas que cambien estructuralmente la sociedad. Pero también lo es que en la historia política colombiana ningún presidente ha podido sacar adelante sus iniciativas sin el apoyo de los congresistas.

Para eso necesita contar con una coalición de gobierno sólida, capaz de impulsar y ‘patinar’ las grandes iniciativas que le interesan al mandatario. Y lo peor: a pesar de que el presidente Duque ganó con la votación más alta de la historia, no logró organizar su propia coalición. Hay varias razones.

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La primera de ellas, que su propio partido, el Centro Democrático, internamente tiene matices que le impiden actuar siempre en bancada y de acuerdo con el Ejecutivo. La representante Margarita Restrepo protagonizó la semana pasada el caso más reciente de división interna. A pesar de ser uribista purasangre, se abstuvo de presentar ponencia en el proyecto de cadena perpetua para violadores de menores, prioritario para el presidente. A diferencia del resto de su campaña, Restrepo no está de acuerdo con la cadena perpetua. Asegura que es inconstitucional, viola derechos fundamentales y tiene un costo muy alto para el sistema fiscal. Antes de darle continuidad al debate pidió un concepto de la Procuraduría y del Consejo de Política Criminal.

Armar una coalición de gobierno no es fácil. Menos aún sin considerar la posibilidad de que otros partidos, distintos al Centro Democrático, tengan representación en el gabinete.

Otra diferencia, aún más profunda, tuvo lugar cuando el senador Álvaro Uribe decidió impulsar el proyecto de ley para darle una prima adicional a los trabajadores. Uribe quiere que los empleados oficiales y del sector privado que devenguen hasta tres salarios mínimos legales mensuales vigentes reciban una suma adicional con el fin de compensar el aumento en impuestos. Sin embargo, a los empresarios no les gustó esa propuesta por los costos que les representa e insinuaron que hacía parte del llamado ‘populismo legislativo’. Con ellos se sintonizó el presidente Duque en la reciente asamblea de la Andi. Aseguró que no apoya las iniciativas que apuntan a generar popularidad sin medir los costos económicos. Aunque no se refirió directamente a un tema en particular, los empresarios entendieron que se refería al proyecto de la prima. 

Por cuenta de esas tensiones, y de trayectorias políticas tan diferentes entre el mandatario y Álvaro Uribe, para los parlamentarios del Centro Democrático a veces es difícil reconocer cuál es su jefe. Si deben obedecer al presidente o al fundador del partido.

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Esa situación complica al Gobierno si se considera que prácticamente solo tiene en el Congreso, con voz y representatividad nacional, a Álvaro Uribe. En el Centro Democrático no se mueve una hoja sin que le pregunten y ninguno de los otros senadores le da a los talones en proyección o legitimidad. Ni puede poner a caminar a la bancada.

Eso tiene que ver con la estrategia que el propio Uribe ha puesto en marcha para elegir a sus copartidarios. El expresidente suele apoyar a personas que han hecho parte de su equipo para que lleguen al Congreso. Es el caso, por ejemplo, de Ruby Chagüi y Ernesto Macías, quienes originalmente trabajaron en su equipo de comunicaciones. Con esas decisiones, aseguran varios congresistas, es difícil que no se vea como el jefe de la bancada y que otros aspiren a competir con su liderazgo.

Además, Álvaro Uribe no pasa por un buen momento político, lo que afecta también al Gobierno. A pesar de que trabaja 20 horas al día y no abandona el trabajo legislativo, por estos días le ha dedicado horas a justificar en Twitter y en los medios por qué, según él, es injusto que lo llamen a indagatoria. Seguramente la defensa de sus posiciones le tomará buena parte del tiempo de ahora al 8 de octubre, cuando tendrá lugar esa diligencia judicial.

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De la coalición de gobierno también hacen parte los conservadores y los movimientos evangélicos. Sin embargo, desde hace mucho tiempo, en las toldas azules no ha surgido un liderazgo con proyección nacional y con presencia en el Congreso. El hecho de que este partido suela ubicarse del lado del gobernante de turno ha invisibilizado a muchos de sus parlamentarios.

Por el lado de los evangélicos, en el caso del Mira sus parlamentarios tienen bajo perfil. Una de sus figuras más destacadas, el exsenador Carlos Baena, es hoy viceministro de Trabajo. Y Colombia Justa Libres, también un grupo religioso, aún está en formación, sin liderazgos del todo definidos.

En teoría, La U hace parte de la coalición de gobierno. No obstante, su presencia allí se limita a los aspectos formales. En temas cruciales, como las objeciones presidenciales a la JEP, sus directivas y congresistas se apartaron radicalmente del Gobierno y defendieron a capa y espada el acuerdo de paz. En todo caso, aún si su pertenencia a la coalición fuera efectiva, hoy nadie en este partido tiene el liderazgo suficiente para arrastrar otros parlamentarios. Armando Benedetti y Roy Barreras, dos de sus figuras reconocidas, están prácticamente en la oposición.

Sin los votos de La U garantizados, la coalición de gobierno es minoritaria. En Senado, Centro Democrático, Colombia Justa Libres, los conservadores y el Mira suman un poco más de 40 senadores. El resto no tienen posiciones fijas y predecibles, o están en la oposición.

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A la cifra se suma la ausencia de liderazgos visibles que, por cuenta de las razones anteriores, se concentran en la oposición. Aparte de Álvaro Uribe no hay en el gobiernismo alguien con un poder político equiparable al que tienen hoy Jorge Robledo (Polo), Antanas Mockus y Angélica Lozano (Alianza Verde) , por ejemplo. En otros partidos, como el Liberal y Cambio Radical, también hay liderazgos desdibujados. Sin embargo, hoy en día ellos suman más votos a la oposición que al Gobierno.

Finalmente, otros dos factores han dificultado que la administración Duque construya una coalición parlamentaria propia y efectiva al apoyar una agenda. Se trata, por un lado, de la falta de ascendencia de los ministros del gabinete sobre los parlamentarios. Su juventud y su tecnicismo, en la mayoría de los casos, no ayudan a convocar su propia coalición.

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Finalmente, estrenar el Estatuto de la Oposición pone al Gobierno en una encrucijada inédita. Los partidos que no están hoy en la ‘independencia’ temen sumarse a la coalición de gobierno pues, por ley, no podrían cambiar de posición nuevamente si se arrepienten. A pesar de recientes conversaciones entre el Gobierno y Germán Vargas, por ejemplo, todo indicaría que Cambio Radical se queda en la independencia.

Armar una coalición de gobierno no es fácil. Menos aún sin considerar la posibilidad de que otros partidos, distintos al Centro Democrático, tengan representación en el gabinete. Tampoco se trata de dar mermelada. Pero sí de encontrar un plan B que le permita a Iván Duque sacar adelante sus iniciativas.. No lo puede hacer solo.

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