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| 8/14/1989 12:00:00 AM

HABLA EL COMANDANTE

Galaor Carbonell habla a SEMANA sobre los de la Guardia

HABLA EL COMANDANTE HABLA EL COMANDANTE
Con la ejecución de los cuatro acusados principales y la condena a penas de 10, 20 y 30 años de los subalternos de aquellos, terminó el juicio más sonado en los 30 años de la revolución cubana. El presidente Fidel Castro se reservó su intervención para última hora, con el propósito de no influir en el curso del proceso, y el martes de la semana pasada se dirigió al consejo de Estado y al país, durante más de cuatro horas, para hacer un balance de la gravedad de las faltas de los acusados, la más importante de ellas, haber involucrado al país en el negocio internacional del narcotráfico. Esa intervención ha recibido un cubrimiento fragmentario en Colombia y SEMANA presenta a continuación sus apartes más importantes, dentro de lo que es posible en un discurso de más de cuatro horas de duración.

Compañeras y compañeros del Consejo de Estado: estamos en presencia de una situación excepcional y por ello el Consejo de Estado se ha visto en la necesidad de tomar una decision muy importante. ( · · ·)
Necesariamente tendré que extenderme para referirme a ciertos antecedentes, hacer un recuento de lo que ha ocurrido, expresar mis puntos de vista, como los han expresado ustedes, y también tal vez aportar algunos elementos sobre este caso, que puedan ayudar a tomar la decisión final.( · ·)
Hay algunas cuestiones aquí de suma importancia, que tienen que ver con la historia de la revolución, la lucha de la revolución, el espíritu y las misiones internacionalistas de la revolución, que no se han mencionado porque, logicamente, los compañeros quisieron ser breves, y era necesario ser breves, puesto que el tiempo disponible no sobraba. (...)
Si queremos tener una idea de que son 50.000 hombres para un pequeño país como Cuba y multiplicamos por 24, que es el número de veces en que la población de Estados unidos supera a la nuestra, es como si Estados Unidos hubiese enviado 1.200.000 hombres a un teatro de operaciones, o como si la URSS hubiese enviado 1.400.000 hombres --la URSS tiene 28 veces más población que Cuba. Y este pequeño país, que tenía una misión militar en Etiopía, que tiene otra misión militar en el Congo, aunque más pequeña, que tiene que defenderse contra un enemigo poderoso, fue capaz de enviar 50.000 hombres a un territorio que está más distante de nosotros que de Moscú. Y no hay que guiarse por el mapa, hay que guiarse por las horas de vuelo que hay entre Cuba y Angola.(...)
Es precisamente cuando se está realizando esa gran proeza, la más grande proeza internacionalista que ha realizado Cuba, cuando tienen lugar estos hechos bochornosos y detestables.( . . .)
A Ochoa se le designa jefe de la misión en Angola, en los primeros días del mes de noviembre de 1987. Todo el mundo conoce que el compañero Polo--yo lo llamo así familiarmente-- había estado muchos años en Angola. Cuando se empieza a complicar la situación, a los compañeros del alto mando les pareció una desconsideración, un abuso, enviar a Polo otra vez para Angola y toman la decisión de enviar a Ochoa. No estaba la situación tan crítica, la situación se agravaba, pero no era todavía tan crítica. (...)
Cuando sobre Cuito Cuanavales caían decenas de miles de proyectiles--porque el asedio a Cuito Cuanavales se mantuvo durante muchos meses--, cuando los hombres preparaban acciones decisivas, cuando aproximadamente 40.000 soldados cubanos se movían en el sur y se preparaban para esas tallas decisivas, Martínez estaba reunido aquí con unos narcotraficantes colombianos, y en otra reunión con unos narcotraficantes mexicanos, y con la gente del grupo La Guardia, organizando operaciones de narcotráfico en abril, y en mayo estaba reuniéndose con Escobar en Colombia, y en junio--a lo que se refieren estos cables, y cuando los de Calueque--estaban esperando un barco con dos toneladas de droga que tenían que llegar dos meses después de la entrevista. (...)
Digo que hasta la revolución se estaba jugando en esa batalla, y aquí no se podía atender ni las cosas del gobierno: por lo menos yo no las atendía. Estaba el grupo central trabajando y yo el 80 por ciento del tiempo se lo dedicaba a esta batalla: cosas fundamentales las dejábamos a un lado ante la gravedad de la situación que se había creado. (...)
Y cuando se está escribiendo por un lado la página más gloriosa, por otro se está escribiendo la más bochornosa, y la está escribiendo, en parte importante, quien está de jefe de la misión militar cubana en aquel país.

Aquí hay un elemento que debe analizarse ahora, y es toda la historia de un comercio en mercado negro, se dice que para ayudar a las tropas. Caballeros, ¿ustedes creen que se ayuda a un ejército de 50.000 hombres y ustedes creen que se construye un aeropuerto en seis o siete semanas recogiendo kwanzas en una candonga? ¿A quién le pueden hacer esa historia? Eso es lo más ridículo que se puede escuchar nunca.(...)
Lo que hizo Ochoa, sutilmente, fue a partir de ese principio autorizado en las zonas de operaciones y con pretexto parecido de resolver problemas de necesidades, hacer en Luanda trueques o cambios que no eran necesarios. (...)
Les han robado a los nicaragüenses y han guardado el dinero allí, es el origen de la cuenta. Les han robado a los angolanos, porque han dado un dinero para comprar medios de comunicación: los medios de comunicación se consiguen a menor precio y lo que sobra se quedan con ello--aparte de lo gastado en otras cosas--y lo ponen en la cuenta. Les han robado a Angola en la bolsa negra y a Cuba, porque si cambiaban cemento por cualquier cosa allí, el cemento era de Cuba. Además, cemento en una guerra. En una guerra no se puede vender un saco de cemento, porque usted no sabe en qué momento necesita ese cemento, para las fortificaciones, para puentes, para lo que sea. El cemento es un material estratégico, no se vende. ( )
Había otra cosa. No sabíamos por qué Ochoa había mandado un armamento desde Angola hasta Nicaragua. Decíamos: ¡Que cosa rara! ¡Qué sentido tiene eso!: que mandó unos fusiles, mandó unas cuantas cosas para Nicaragua. Nosotros decíamos: ¿Qué sentido tiene eso? No nos explicábamos. (...)
Sin embargo, en estos días hemos recibido un informe del Ejército Popular Sandinista, que explica por qué mandó esas armas. Y ustedes lo van a comprender perfectamente. (...)
Está claro el origen, estaban robándole a todo el mundo para hacer una cuenta. Todavía no era dinero de la droga.

No es necesario repetir aquí lo que todo el mundo conoce de las reuniones de Martínez, de su viaje a Colombia, de la reunión con Escobar. Pero no hay duda de que uno de los hechos más graves, yo diría que más grave todavía que la historia de la cuenta de Panamá y de los orígenes de esa cuenta es haber enviado a un oficial de nuestras Fuerzas Armadas a Colombia, con pasaporte falso, a ponerlo en manos del enemigo, cuando en Angola estamos a punto de batallas decisivas, donde se está jugando todo, se está jugando la revolución --es un hecho de gravedad extrema.

¿Qué otro hecho reviste extraordinaria gravedad? No es precisamente hablar, organizar planes de transportar a través de Cuba, primero por medio de un barco mercante y después en avión, importantes cantidades de droga. Conspiró para hacer eso, pero no logra realizar ninguna de esas operaciones. Lo grave es que, sabiendo que aquí se había creado una mafia en el Ministerio del Interior, en el departamento MC, que está realizando operaciones de drogas, se asocia a esa mafia, le pide cooperación para todo: para que Martínez viaje a Colombia, para que Martínez pase por encima de las regulaciones del Minfar, para que Martínez salga y entre cada vez que le de la gana y nadie lo sepa, y, además, le pide cooperación para hacer operaciones en grande de drogas. Se asocia al grupo, de la última operación de narcotráfico --pidió 100.000, le dieron 50.000.

¡Que un héroe de la republica, que un miembro del Comité Central, que un general de división, que un jefe de la misión más importante que está llevando a cabo el país en el exterior se tope a esa mafia, ese grupo de gangsters y no venga inmediatamente a informarlo, y que lejos de ello se asocie a ese grupo, es muy grave! (...)
Es indiscutible que cuando esta gente ve regresar a Ochoa de Angola, a Ochoa que va para jefe del Ejército Occidental, a Ochoa que está reclamando como una necesidad de la defensa que también se le subordinen la Daafar y la Marina en Occidente --como ésta, por ejemplo, en Oriente--, esos tipos deben haberse sentido la gente más impune del mundo.

Discute muchísimo con Tony la Guardia, porque Tony la Guardia, que está en actitud cautelosa haciendo sus operaciones espaciadamente hasta el año 1988, le dice que no es posible hacer esas operaciones grandes con esos lancheros, que no son gente muy seria, que van y vienen, que cuando reunen una cantidad de dinero se dedican a disfrutar de ese dinero, que es imposible trasladar 10 toneladas de cocaína. Ochoa discute muchísimo con Tony la Guardia sobre todos estos problemas, insiste mucho. Se trataba de una idea que, si la vamos a ver, era totalmente loca.( · · ·)
Lo más grave de todo, la implicación en la droga, se lo dice a un sólo oficial, al cual había corrompido, lo había ganado para esa mala causa, y sus planes se apoyaban en el grupo de Tony la Guardia, a pesar de que en cierto momento dijo que este grupo no era capaz, que eran unos bobos, que él iba a operar por su cuenta, etc.--pero, hasta que prácticamente el grupo este se desintegra, él está insistiendo en hacer las grandes operaciones con droga, de manera que fue persistente en eso, desde 1986 hasta casi mediados del año 1989--, esa es la realidad que nosotros hemos podido apreciar.

El grupo de Tony la Guardia--como alguien dijo aquí--es un caso diferente, porque Tony la Guardia ni es héroe, ni es miembro del Comité Central, ni es general de división, ni tenía las responsabilidades que tenía Ochoa. El caso de Tony la Guardia es gravísimo, ¡pero gravísimo!, no quiero decir que no sea tan grave como el de Ochoa, lo que digo es que es diferente del de Ochoa--y tiene connotaciones también en verdad muy graves, muy traicioneras, muy peligrosas, porque si Ochoa no pudo, no tuvo tiempo, no fue exitoso y no logró llevar a cabo ninguna de sus operaciones de droga, esta gente ya había hecho unas cuantas operaciones.

Cuando Martínez visita a Escobar, ya Tony la Guardia y su grupo venían, hacía año y medio, realizando operaciones de droga. (...)
Tony la Guardia creó una pandilla repugnante dentro del Ministerio del Interior, algo verdaderamente increíble, inconcebible, incluso algo difícil de explicar como ha sido posible. Ellos fueron bastante herméticos, desde luego. Ellos sabían que lo que estaban haciendo era muy grave--pero lo que estaban haciendo también era muy pérfido, la forma en que lo hacían. (...)
Había campañas contra Cuba -- como recordó el compañero Chomy--, venían haciéndose campañas. Naturalmente que la primera reacción de nosotros, acostumbrados a escuchar todo tipo de mentiras, de infamias, de calumnias, a lo largo de 30 años, es que se trataba, simplemente, de un invento más y nuevas calumnias por parte de Estados Unidos, no se les prestaba especial atención.

Chomy recordó el momento de febrero del año 1988, de una gran campaña, de una serie de afirmaciones, de imputaciones, incluso, mencionaban a Raúl, le hacían imputaciones. Nosotros estábamos realmente indignados.

Ya se estaba en las negociaciones de Angola en los contactos, ya Cuba estaba participando en las negociaciones para la paz en el suroeste de Africa, y algunos compañeros tenían contactos con los norteamericanos por este motivo. Y recuerdo que yo le di instrucciones al compañero Alarcon, viceministro de Relaciones Exteriores, de protestar con toda energía, en uno de esos contactos con los funcionarios norteamericanos, por ese tipo de campaña que se estaba haciendo contra Cuba. Por ahí tengo el informe, pero, si ustedes quieren, les leo nada más que un pedacito, lo que él dijo en la conversación con ese alto funcionario, protestando de las imputaciones a Cuba, del intento de mezclar a Raúl en esta porquería. Realmente aquí voy a leer un párrafo nada más y voy a pronunciar una palabra fuerte, no me queda más remedio que pronunciarla, no la pronuncié yo, pero fue lo que le dije que dijera.

El informe de Alarcón en ese párrafo dice: "Cumpliendo las instrucciones que había dado el comandante en jefe le manifesté a este funcionario--no voy a decir el nombre--que quienes promovían y llevaban a cabo estas acusaciones contra nosotros eran unos hijos de puta". Esa fue la palabra diplomática que se empleó en la conversación entre Alarcón y el funcionario norteamericano, lo cual reflejaba nuestra indignación por estas campañas, que a nosotros nos parecían absolutamente calumniosas, y lo eran, lo eran, en parte, cuando empiezan a involucrar nombres de personas y de dirigentes del gobierno. En este caso, como estábamos en las conversaciones, decíamos: "Este es un acto de mala fe". (...)
Hoy sabemos que estos señores venían haciendo las operaciones desde principios del año 1987, que llevaban más de un año, aunque todo parece indicar que el primer cargamento en avión llegó en el mes de abril de 1987, desde enero hicieron los viajes previos para coordinar estas operaciones.(...)
Yo pensaba que la presencia de un oficial era la causa de esas imputaciones, después, cuando estábamos analizando el juicio y más adelante analizando los papeles, me doy cuenta de que antes de que Martínez fuera a Colombia ya estaban haciéndose ese tipo de imputaciones, y es Perfectamente lógico, es claro. ¿Por qué? Si esta gente de Tony la Guardia recibe el avión con el tal Ruíz--pariente de este Miguel Ruíz Poo--, si lo reciben en Santa Clara, que es una base militar, si, además, el primer cargamento de cocaína lo desembarcan en el aeropuerto de Varadero y van para la pequeña área militar de aquel aeropuerto, si el aterrizaje de un avión allí tiene que ser autorizado por la defensa antiaérea, estas cosas que son perfectamente posibles, porque si llegan y dicen que van a recibir a un personaje, a lo mejor a un gran comerciante, o que viene alguien muy importante para sus actividades en el Ministerio del Interior y le solicitan a las FAR esta colaboración, es lógico que de inmediato las FAR la brinde, lo mismo podía haber aterrizado en Holguín que en Guantánamo, que en cualquier parte.

Los permisos de vuelo son de oficio, sobre el país vuelan no se sabe cuántos aviones: hay que avisar, y hay que correr determinados trámites. Cuando esa gente decía que tenían que recibir a alguien, a un gran comerciante o un importante agente, lo mismo, que iban a aterrizar, de oficio le daban el permiso, porque quién va a pensar que esos bandidos lo que están es pidiendo permiso para un avión para comerciar con droga. Pero si no vienen por Boyeros, si vienen por Santa Clara en el primer viaje, vienen en el segundo viaje y se parquean en el área militar, es lógico que los yankis empezarán a pensar que las Fuerzas Armadas tenían que saber algo de esa operación, y empezarán --de mala fe, desde luego--a involucrar el nombre de Raúl en este problema. Es decir, que ya desde antes, por las actividades, precisamente, de este grupo de Tony la Guardia, comenzarán las imputaciones.

Sobre esto es necesario hacer también una reflexión antes de proseguir, cual fue la actitud de los norteamericanos.

Hoy sabemos ya que los norteamericanos tenían, por lo menos, dos nombres, según ellos mismos han admitido: uno, Tony la Guardia, dos Miguel Ruíz Poo. Ellos mismos han dicho que tenían grabaciones de las conversaciones de Panamá, entre una gente de ellos y este señor Ruíz Poo.

Es muy posible, es casi seguro que tuvieran más nombres de oficiales que estaban en esa actividad. Bueno, si ellos veían guardacostas, si ellos veían toda una serie de movimientos tal vez pensaron que esto estaba autorizado por el gobierno. (...)
No fue correcto lo que ellos hicieron, porque ellos podían haberlo comunicado de alguna forma y avisar: mira, aquí tienen dos nombres de gente que está en negocio de drogas lo hemos comprobado. Si se trata de la denuncia pública de alguien en un tribunal no se le presta demasiada atención, porque son tipos delincuentes, tipos que van a ser condenados, que les ofrecen cualquier cosa, que pueden hacer cualquier declaración para recibir algún beneficio, eso no es serio. (...)
No es que nosotros pretendamos echarle la culpa ahora a Estados Unidos, no es ese nuestro ánimo. Pero puedo citar un ejemplo que ocurrió no hace mucho tiempo. Llegaron a Cuba, a través de la inteligencia, noticias de que un grupo de elementos reaccionarios de un estado norteamericano--ahora mismo no me acuerdo de los datos exactos--, estaban hablando de hacerle un atentado a Reagan, "Estaban hablando de hacerle un atentado a Reagan". Los datos que nosotros teníamos no eran muy precisos, porque para precisarlos más teníamos nosotros mismos que ponernos a hacer una investigación en Estados Unidos. Sin embargo, no pasaron ni 48 horas, yo creo que no pasaron ni 24 horas, sin que yo le diera instrucciones al Ministerio del Interior de informarles confidencialmente a las autoridades norteamericanas que había unos señores, unos elementos de un estado en el sur de Estados Unidos, hablando de hacerle un atentado a Reagan en una próxima visita por ese estado. Inmediatamente se lo informamos. No perdimos un minuto en hacer investigaciones, a comprobar o esperar que mataran a Reagan. No nos acordamos de que Reagan era un enemigo jurado de la revolución, y de que tenía una política muy agresiva contra Cuba, consideramos un deber elemental informar si había una cosa de esa naturaleza.(...)
Entonces, por un lado veíamos las campañas de Estados Unidos, por otro lado veíamos los rumores que llegaban de lo que decían jefes de narcotraficantes --y que por diversas vías no llegaron--, sin mencionar nombres por supuesto. A esto se añade un cable del 6 de marzo de este año. ¿Qué decía ese cable? Era bastante detallado. Decía: "Dos narcotraficantes se declararon culpables de transportar más de una tonelada de cocaína a través de Cuba, con la supuesta ayuda de militares y funcionarios de ese país, informó hoy la oficina de Miami de la Fiscalía Federal".

"Reinaldo y Rubén Ruíz admitieron su culpabilidad en los 27 cargos presentados contra ellos y podrían ser condenados a prision perpetua", dijo un portavoz de la Fiscalía. (...)
Yo les confieso que estaba lejos de imaginarme que podía haber toda una pandilla dentro del Ministerio haciendo esto, pero yo dije: "Aquí hay alguien en esto, aquí hay alguien que está haciendo alguna cosa, hay alguien que, incluso, a lo mejor está estafando a estos narcotraficantes. Y llegó a la conclusión de que había que investigar, que no se podía desechar esto como simple infundio, como simple calumnia y que había que investigar". (...)
Le dan la primera tarea a radio contrainteligencia, para chequear todas las comunicaciones posibles desde Miami, desde Colombia, aviones, barcos, etc. ¿Y qué descubre la contrainteligencia? Aquí está en este informe. (...)
La conclusión de la radio contrainteligencia en este informe dice:

"Por las informaciones obtenidas en los contactos radiales y las ubicaciones radiogoniométricas, es evidente que las actividades del 'gordo' y restantes indicativos se corresponden con el narcotráfico, y, además, los abastecimientos se realizan en el territorio o en aguas jurisdiccionales cubanas". (...)

El 27 de abril se produce una reunión en el alto mando del Ministerio del Interior, ya con estos elementos en la mano, para investigar lo que está pasando, es decir, proceder a capturar algunas de estas lanchas. Pero ¿qué ocurre? Que en la reunión del 27 está Tony la Guardia, él y su grupo han visto movimiento de radiointeligencia por Varadero, más una reunión del día 27, con el propósito de dar instrucciones a distintas direcciones sobre esto, pero en la reunión está Tony la Guardia, al que le hacen algunas preguntas sobre las comunicaciones de MC, qué tipos de comunicaciones realizan, algunas otras preguntas que por supuesto responde astutamente para alejar cualquier sospecha. (...)
Venimos a descubrir el problema de las actividades de Tony la Guardia, precisamente, investigando las actividades de Ochoa, y muy lejos de imaginar que estas dos actividades podían estar vinculadas. (...)
Sabíamos que el problema no era fácil, sabemos lo que ocurre cuando a una personalidad de esta naturaleza hay que arrestarla y juzgarla, sabíamos la campaña que se iba a desatar, pero, no obstante, decidimos afrontar esa campaña. Lo que no podíamos era imaginarnos, realmente, lo que descubrimos después, eso sorprendió a todo el mundo y empieza por una carta, que no hablaba concretamente de eso, pero se deducía que Martínez podía tener alguna relación con el narcotráfico, un libro sobre la mafia, una tarjetica chiquitica, algo relacionado con un hotel en Colombia, en Medellín, y por ahí es que se empiezan las investigaciones sobre las drogas. (...)
El día 12 es el arresto, el día 13 por la noche ya estamos nosotros sobre las principales pistas de la cuestión de la droga. (...)
¿Tuvo Ochoa oportunidad de salvarse--y hablo de Ochoa, es la figura más sobresaliente de este caso--, tuvo oportunidad de salvarse? Sí, realmente Ochoa tuvo oportunidad de salvarse --he meditado mucho sobre esto--, se le dieron reales oportunidades, por lo menos varias oportunidades, Ochoa pudo salvarse en la primera conversación que tuvo con Raúl, si es franco, si se sincera, si asume sus responsabilidades, si dice la verdad.

Creo que aquí se han expuesto una serie de argumentos serios, sólidos, para explicar por qué no tenemos alternativa en este caso.
¿Quién podría volver a creer en la revolución?, ¿quién podría creer en la seriedad de la revolución si realmente no se aplican, para faltas tan graves, las penas más severas que establecen las leyes del país?
En realidad, como se ha dicho, todos estos hechos constituyen los elementos de una gran traición. Porque, ¿qué es la traición? La traición es vender al país y vendieron al país: la traición es arriesgar al país y arriesgaron seriamente al país: la traición es socavar la moral y el prestígio de la revolución, y han estado haciendo cosas que socavan la moral y el prestigio de la revolución, la debilitan en todos los sentidos. (... )
Si no aplicamos la pena más severa a los demás, a Martínez por lo que hizo de manera consciente, no estaremos enseñando que hay actos que no pueden ser amparados con el pretexto de que se está cumpliendo una orden, si no castigamos a los dos principales responsables del Ministerio del Interior, ¿cómo podremos reconstruir el Ministerio del Interior? ¿Cómo podemos volver a conquistar el prestigio de esa institución, seriamente lesionado por estos hechos? ¿Cómo podemos esperar a tener disciplina algun día, en una institución tan fundamental para el país, para un país en revolución, para un país a 90 millas de Estados Unidos? ¿Cómo podríamos hablar de rectificación? ¿Quién volvería a hablar de rectificación?, si la burla más increíble a los principios del proceso de rectificación se ha cometido --como alguien expresó--, cuando se estaba precisamente en medio de esa lucha, entonces se hacen las cosas más atroces. ¡Se rieron, se burlaron! (...)
Muchos en el mundo se asombran, algunos dicen si les hemos dado demasiada importancia. Es que en muchas partes del mundo esto no tiene ninguna importancia, la malversación, el robo, la indisciplina, la impunidad, los negocios turbios, no tienen ninguna importancia, son cosas de todos los días. Pero para nosotros sí tienen mucha importancia y les hemos dado la importancia que hay que darles. Y, desde luego--como se ha dicho--, convertiremos este revés en victoria.(...)
¿Iban a "ayudar" al país, como decían recaudando si acaso dos millones en un año que, además, se embolsillaban y malbarataban, y lo usaban para corromper a todo el mundo, para corromper a mucha gente? ¿Recaudar dos millones con esa genial forma de "ayudar" a las revolución, algo que ni ellos mismos creyeron un solo minuto? Y el país se gasta no menos de 1.000 millones en la defensa, cada año, sólo en las Fuerzas Armadas revolucionarias. ¡ Más de mil millones!(...)
Habrá que ver un día a cuánto asciende el daño ocasionado a esas actividades honestas de tipo comercial y moralmente inobjetables, y cuánto habrán perjudicado nuestras empresas en el extranjero.

Y al Ministerio del Interior le han hecho un daño enorme. Casi pudieramos decir que han destruido moralmente al Ministerio del Interior. Hay que reconstruirlo, hay que hacerlo nuevo.

Digamos que la única responsabilidad no la tienen estos acusados, esa es la verdad. Digamos que la dirección del Ministerio del Interior tiene responsabilidad, y hay que decirlo en este momento, por su insensibilidad frente a la conducta de algunos de estos señores que todo el mundo sabía que eran unos potentados, que gastaban, que ostentaban, que vivían diferente a los demás.(...)
Recuerdo un precedente que ocurrió en la Sierra Maestra. Teníamos todavía apenas dos columnas, habíamos hecho un enorme recorrido hacia el este y, estando muy lejos de la zona de la plata, llegan noticias de que ha surgido un brote de bandidismo entre gente del movimiento 26 de julio por esa zona, entre algunos combatientes que estaban aislados, habían asaltado una tienda, habían cometido varios delitos, y aquello nos preocupó extraordinariamente. Dijimos: "No es posible, si esto se tolera, si esto se permite, si esto se extiende, puede ser el descredito y la muerte de la revolución".

¡Recuerdo aquello y todavía me duele! Aquellos humildes compañeros nuestros, algunos tenían varios hermanos en la tropa, y estos siguieron con nosotros en la columna. ¡Vean si era difícil o no! (...)
¿Qué son las cosas que hicieron aquellos combatientes, comparadas con las cosas que han hecho estos señores, con las cosas que han hecho Ochoa, La Guardia y su grupo? ¿Que son? ¿Qué gravedad tenían aquellas comparadas con estas?,y hoy nos sitúan exactamente en la misma disyuntiva: son cosas tan graves, y de tal manera cosas de ese tipo pueden amenazar el futuro de la revolución, que no hay otra alternativa que el castigo drástico, el castigo ejemplar.

A nosotros se han dirigido distintas personalidades del mundo, expresando su preocupación, solicitando, exhortando que no se aplique la pena capital a los acusados.

También, por supuesto, han llegado mensajes de los familiares, y eso puede ser lo más duro de todo --Raúl, con mucho sentimiento, habló de esto--, cuando los hijos, los hermanos, los padres, se dirigen a nosotros para pedir que no se les aplique la máxima pena, que el Consejo de Estado conmute la sentencia. Y es duro, muy duro.

Pienso en los que cayeron para construir un país decente. Y no sólo los que cayeron en estos tiempos, sino también en los que cayeron desde hace más de 120 años, para crear una república donde imperaran la justicia y la ley, una república donde no hubiera corrupción, donde no hubiera impunidad, donde no hubiera deshonestidad, una república donde no hubiera corrupción, malversación, traición. En los que cayeron por un país digno y respetable, los que cayeron en dos guerras de independencia, y han caído a lo largo de este siglo, en tantos y tantos valiosos compañeros que murieron, ¡en ellos pienso! (...)
Por tanto, compañeros, creo que habiendo expresado con suficiente amplitud mis puntos de vista, me sumo al criterio que todos ustedes han expresado en la tarde de hoy.

De todas formas, aunque hemos escuchado ese criterio, pido que formalmente votemos.

Los que estén de acuerdo con la ratificación de la pena establecida por el tribunal militar, que levanten la mano.

Los que se opongan.

Por unanimidad el Consejo de Estado ratifica la sentencia del tribunal militar especial.

Ha concluido la sesión.--

En las últimas tres semanas, el mundo entero se ha familiarizado con los cuatro desgraciados oficiales cubanos que fueron fusilados la semana pasada en el mayor escándalo político de los 30 años de la revolución cubana. Aunque la figura central, por edad, dignidad y gobierno, era el general Arnaldo Ochoa, los más interesantes, sin duda alguna, eran los gemelos Antonio y Patricio de la Guardia, el primero de los cuales fue al paredón y el segundo empieza a cumplir una larga condena de 30 años de prisión.
Los de La Guardia, según el periódico El Nuevo Herald, eran "típicos James Bond tropicales. Usaban finas camisas de algodón, blue jeans, mocasines, Rolex y espejuelos de aviador Ray Ban". Lo que pocos saben es que un cubano, residente en Colombia desde hace muchos años, el pintor y crítico Galaor Carbonell, era uno de los mejores amigos de las gemelos hace 30 años, cuando estudiaban juntos en el Florida Southern College. En 1958, las familias Carbonell y de La Guardia sacaron a sus hijos de Cuba, ante la amenaza que representaba la policía de Batista para cualquier estudiante rebelde, aunque perteneciera a la burguesía. "Los gemelos de La Cuardia eran en ese momento los nniños bonitosn de la sociedad cubana. Bien plantados, atléticos, ricos y amigos de la buena vida, tenían todo lo que se puede tener en el mundo capitalista y nada hacía esperar que fueran a asumir más tarde la causa de la revolución", dice Galaor Carbonell. Sin embargo, desde que tenían 18 años, para ayudar a derrocar a Batista compraban armas en la Florida y se las enviaban a las fuerzas revolucionarias en la Sierra Maestra.
Cuando Castro llego al poder, los de La Guardia se presentaron y ofrecieron sus servicios al nuevo gobierno, que en ese momento contaba con el apoyo de la burguesía, pues no se sabía el rumbo ideológico que iba a tomar. "Fue amor a primera vista --afirma Carbonell. Fidel se impresiono enormemente con el entusiasmo de los dos muchachos y ellos, a su turno, como todo el que tenía contacto con el comandante en jefe, quedaron hipnotizados". El vínculo fue tan grande que, cuando Castro se volvió comunista, y toda la clase alta, incluyendo a los Carbonell, salió despavorida los de La Guardia se quedaron y se alinearon al lado de la revolución.
Esto les subió aun más el rating ante Fidel, que los incorporó a su estrecho círculo de confianza. De ahí en adelante no hubo sino ascensos, promociones y la confianza del jefe. Tony llegó a general de brigada. Patricio a coronel.
Pero más importante que los rangos eran las delicadisimas misiones que Castro les encargaba. Para comenzar, eran sus espías de confianza y ser espía en Cuba no sólo es de mucho peso, sino que significa no ser espiado. Al mismo tiempo, se les permitía viajar en desarrollo de sus misiones, lo cual les daba una categoría como de diplomáticos sin serlo. Cuando se presentó el problema de los "marielitos", Fidel delegó en Tony la responsabilidad del manejo del problema. Cuando el general Ochoa se encontraba cercado en la guerra de Angola, Castro envió a Tony con tropas a rescatarlo. "Adoraban a Castro y nadie puede imaginar la verguenza que representa para ellos haber dañado la imagen de su jefe por haberse metido en el narcotráfico", afirma una fuente en El Nuevo Herald. Galaor Carbonell, quien la ú

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