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| 4/20/1987 12:00:00 AM

HABLA EL MONSEÑOR

LA CAJA VOCACIONAL

HABLA EL MONSEÑOR HABLA EL MONSEÑOR
Después de seis meses de silencio desde cuando estalló el escándalo de la Caja Vocacional, monseñor Abraham Gaitan Mahecha, quien ocupara durante tres décadas el cargo de director de esa entidad financiera de la Conferencia Episcopal, se decidió a hablar. En su residencia de dos pisos de la calle 124 con carrera 27, rodeada de altos rosales y sitiada las 24 horas del día por numerosos reporteros de prensa, radio y televisión, monseñor Gaitán recibió el miércoles 18 en la mañana, al jefe de redacción de SEMANA, Mauricio Vargas. Antes de iniciar la entrevista, dejó caer duras frases contra la prensa, de la que asegura que es irresponsable y que lo ha tratado injustamente. Se mostró severo en sus juicios sobre todas las personas que han cuestionado su labor al frente de la Caja y, por momentos, agitó sus manos agresivamente. Vestido de un negro riguroso apenas roto por el cuadrito blanco de su clergyman, monseñor demoró el arranque de la entrevista, con una larga introducción plagada de referencias históricas y linguísticas. Poco a poco fue bajando la guardia y, una vez puestas en marcha las grabadoras (la de SEMANA y la de monseñor), comenzó a responder el cuestionario.

.SEMANA: Monseñor Héctor Rueda Hernández, presidente de la Conferencia Episcopal, dijo el 5 de marzo que a la junta directiva y al director de la Caja Vocacional, era a quienes "hay que pedir cuenta del desempeño que tuvieron". Luego monseñor Pedro Rubiano, presidente de la junta directiva de la Caja, dejó en claro que esa junta cometió el error de creer todo lo que le decían tanto el director como el gerente. El 6 de marzo, la junta y la Conferencia expidieron un comunicado conjunto asegurando que "la Caja se apartó de sus fines". Y como si fuera poco, un sacerdote declaró hace algunos días a la televisión que "no fue que los ratones se comieran el queso, sino que un ratón se comió el queso". Cito todo lo anterior para mostrarle cómo diferentes estamentos de la Iglesia lo están señalando a usted con dedo acusador por lo sucedido en la Caja. ¿Es usted el responsable?
MONSEÑOR GAITAN MAHECHA: No se trata de acusar a nadie Simplemente de remitirnos a los hechos, a las actas y, sobre todo, a las personas que hemos estado al frente de la Caja Vocacional. Unas veces esas personas han estado en la Caja para desarrollarla, para impulsarla, para respaldarla, para exigirle, para orientarla. Entonces a ellas me remito también. Porque el elenco de las personas que han estado al frente de la Caja es tan respetable, son tan respetables sus nombres, su formación, su profesionalismo, que hay que enmarcar todo dentro de los estatutos dentro de una administración y dentro de un archivo abundante.
S.: ¿Esos estatutos indican acaso que la responsabilidad no es exclusivamente del director, sino también de otras personas? ¿De qué personas?
M.G.M.: Las responsabilidades se van demarcando a medida que respondan a las preguntas que se les vayan haciendo. Sus gerentes, por ejemplo. Usted sabe que, como lo dicen claramente los estatutos, yo no he sido, yo no fui nunca representante legal de la Caja, ni auditor. La junta nombra sus gerentes. En la parte de gerencia, que respondan los gerentes. En la parte de auditorías, que respondan los auditores. Y en la parte que es de la dirección, debo responder yo.
S.: ¿Cuál es la responsabilidad de la junta?
M.G.M.: Para establecer la responsabilidad de la junta, yo los remito a los estatutos, a las actas, a toda la documentación, porque el deber de todos, antes de enjuiciar a las entidades y a las personas, y mucho más grave, enjuiciar a la Conferencia Episcopal es el de leer los estatutos, informarse por las actas, hablar con los gerentes y después llamar bueno a lo bueno y malo a lo malo.
S.: En los últimos 3 ó 4 años, es indudable que en la Caja se fueron presentando problemas financieros. Cuando esto comenzó a suceder, ¿usted por qué no permitió la intervención de la Superintendencia Bancaria?
M.G.M.: Dos respuestas se pueden dar a su pregunta. Uno es el problema financiero nacional que se presentó. Y otra la razón para la no intervención de la Superintendencia. Es que la historia se divide con un decreto. La Caja, hasta 1982, está dentro del marco que legalmente se le determinaba. Cuando salió el decreto de controles, la Caja recurrió a la Superintendencia Bancaria y obtuvo una respuesta. Todo se mandó a la Superintendencia para normalizar una rama, un brazo de la Caja Vocacional que se llama el Fondo Pastoral, sin tocar la persona jurídica Caja Vocacional. Se trataba de darle un status a ese brazo, que entonces no parecía enmarcado en la nueva legislación.
S.: Pero luego la Superintendencia, ante la evidencia de captación masiva de dineros del público, intentó intervenir y, según el entonces superintendente bancario Germán Tabares, esa intervención fue trancada personalmente por usted.
M.G.M.: Es que a uno le pasa lo de los muros. El muro tranca, pero la gente no sabe quién está por detrás del muro.
S.: ¿Detrás de ese acto tenía usted respaldo?
M.G.M.: Eso está claro en los documentos, en las comunicaciones. Todo se basó en conceptos de excelentes juristas en lo canónico, civil constitucional y cambiario.
S.: ¿ Usted se apoyó en esos conceptos?
M.G.M.: Yo no me apoyé ni me apoyo. Los conceptos definían lo que tenía que hacer.
S.: ¿Entonces usted se ciñó a esos conceptos?
M.G.M.: Tampoco me ceñí. Sencillamente, mostré los conceptos juridicos.
S.: Antes de seguir, aclaremos muy bien esto. ¿Cuál era la dependencia que tenía la Caja de la Conferencia Episcopal? Esto para además definir la responsabilidad de la Conferencia.
M.G.M.: Vuelvo a remitirme a los estatutos, que son muy claros: "Por voluntad de los fundadores (Escritura de Cesión N° 2025 de mayo 768), con autorización de la Sala General (Acta N° 668 de abril 2268), y ulterior confirmación del ordinario de la Fundación, el gobierno, la administración de ésta, quedaron bajo la dependencia de la Conferencia Episcopal de Colombia". Yo me remito a los estatutos.
S.: Ante lo que usted acaba de leer, ¿la conclusión debe ser entonces de que la Conferencia Episcopal también es responsable de lo sucedido?
M.G.M.: La Conferencia está haciéndolo muy bien. Está haciendo lo que tiene que hacer. Es muy claro nadie puede enjuiciar a la Conferencia Episcopal, ni a ningún obispo. Me preguntarán entonces, ¿a quién deben enjuiciar? Que tengan la bondad de hablar con los gerentes, con los auditores, leer las actas, y hacer un juicio sobre la realidad de los hechos y no sobre la actuación de las personas, que me parece que es donde está incompleta y, por lo tanto, deformada la informacion.
S.: Los directivos y usted, como director de la Caja, ¿sabían que se estaban produciendo captaciones?
M.G.M.: Todos lo sabíamos. Pero teníamos un concepto en el cual nos apoyamos, que fue el concepto de la Superintendencia Bancaria según el cual la Caja no estaba bajo la vigilancia de esa Superintendencia. Y nosotros enmarcamos siempre nuestra responsabilidad en ese concepto, en esa respuesta de 1983 de la Superintendencia.
S.: Pero de todos modos, esas captaciones no eran los fines originales de la Caja.
M.G.M.: Es que anteriormente eso no se llamaba así. Vinieron nuevas leyes y decretos. Lo que pasa es que lo que ayer era lícito, hoy se volvió ilícito. Hay nuevas normas. Nosotros siempre creímos que lo que nos había contestado la Superintendencia Bancaria era lo correcto.
S.: En información que se ha recogido, un empleado de la Caja Nacional, de nombre Héctor Arias Brettón, aseguró que usted y el gerente Ernesto Cantini, captaron dólares a principios de 1985, lo cual está claramente prohibido en las leyes colombianas.
M.G.M.: El director no manejaba el Fondo Pastoral. El señor Arias era una persona de la cual no tuve un conocimiento muy pleno, pues él trabajó allí muy poco tiempo. El es un ex funcionario de la Superintendencia Bancaria, y por lo tanto no puede acusar Ignorancia.
S.: Vamos haciendo claridad. ¿La responsabilidad sobre si se captaron dineros del público o sobre si se captaron dólares, recaería sobre el gerente Ernesto Cantini?
M.G.M.: No, no. Es que ha habido gerentes, en plural, y hay que preguntarles a ellos sobre la parte de la representación legal y de lo que se hacía o no se hacía.
S.: Hay otro punto, violatorio de numerosas normas, relacionado con el endeudamiento de la Caja en dólares. Hubo particularmente un negocio con la compañía panameña llamada Harris Investment, que usted presidía. ¿Qué era esa companía? ¿Cuál fue el negocio con Harris Investment? Se lo pregunto porque en este negocio hay una participación muy directa suya.
M.G.M.: Eso es muy simple. Ninguna ley colombiana, ni tampoco las leyes de algunos Estados que conozco, prohiben que uno pueda representar una entidad extranjera legalmente.

S.: ¿Por qué representaba usted a Harris Investment?
M.G.M.: En el caso bien debatido de la operación de Panamá se trató de un simple servicio de crédito en dólares, efectuado con los bancos de Colombia y Bogotá a través de sus sucursales, en dicha capital. Pero la Caja no recibió por tal concepto dólares, razón ésta por la cual, consecuentemente, es imposible que fondos en dicha moneda hayan ingresado nunca a su patrimonio. Lo que recibió fue su producto en pesos habiendo corrido la conversión de una moneda a otra exclusivamente a cargo de los bancos prestamistas.
S.: ¿ Y a usted nunca le pareció que esto no era normal? Si se trataba de un préstamo en pesos, ¿por qué no se lo hacía el banco aquí en Colombia?
M.G.M.: Eso se lo pueden responder por ejemplo, los gerentes de los bancos que daban el crédito. Entonces, que ellos contesten esa parte. Yo creo que ahí no hay nada grave. La calificación de eso se la pueden dar todas las personas y entidades que hicieron lo mismo en esa época: los bancos, las entidades que todo el mundo conoce, y que callan.
S.: Este negocio era para un préstamo con el Banco de Colombia, Panamá, que, a la hora de ser pagado, se tradujo en un embargo por el no pago de una parte del capital y los intereses. El embargo se produjo sobre el terreno de la finca "Las Margaritas". Y una parte de ese terreno fue vendido por la Caja a la Fundación Eclessia, que usted representaba. ¿Cuál fue el objetivo de esa negociación de 6 hectáreas de la finca "Las Margaritas", vendida por la Caja a Eclessia?
M.G.M.: Eso también es muy simple y claro. Se tomaron unas medidas precautelativas. No para insolventar a la entidad, porque eso sería inmoral, sino para tener seguridad de una maquinaria y elementos que estaban en la finca; estos fueron dejados en la mínima parte que se podía, en un rincón, para que allí no tuvieran ningún problema. La finca, con 330 fanegadas y con 350 mil pinos, con un valor mínimo por fanegada de 2 millones de pesos, tenía un valor de más de 500 millones, que darían suficiente garantía a una persona que legalmente estaba reclamando 44 millones de pesos. Además, la Caja tenía otros bienes con qué responder. No se estaban haciendo maniobras para burlar a los acreedores. Parece entonces que esto no es violatorio de ninguna norma moral ni legal, pues se trató solamente de proteger una maquinaria y evitarle a la entidad grandísimos costos de transporte sin necesidad.
S.: A pesar de que la explicación es coherente, eso es una maniobra que, según los penalistas, se llama levantamiento de bienes. Y eso es un delito, independientemente de si era una pequeña porción, o el objetivo haya sido proteger una maquinaria.
M.G.M.: No se sabía en ese momento si realmente se iba a decretar el embargo o no. Por eso se pudo hacer, y con ello no se estaba insolventando a la Caja, pues existían muchos bienes con qué responder.
S.: ¿Todo esto se hizo con conocimiento de la junta directiva?
M.G.M.: Sí. Se hizo a tiempo, y se devolvió a tiempo y por el mismo valor.
S.: Hubo un segundo préstamo en dólares con el Banco de Bogotá, Panamá, de 3.5 millones de dólares. Según las personas que han estado en el manejo de la liquidación, ese crédito no fue registrado en los libros de la Caja. ¿Por qué no se registró ese préstamo?
M.G.M.: Eso está en los documentos, en las actas.
S.: ¿Usted nunca supo si se había registrado o no?
M.G.M.: Ese problema lo trataron en junta directiva ampliamente. Además, se dio una dación en pago de dos terrenos, aprobada por la junta directiva. Quienes manejaron eso, nombrados por la junta directiva, fueron los doctores Ramón Madriñán, ex superintendente bancario, así como el ex superintendente de Sociedades, Arturo Posada. Ellos saben más y pueden contestar esto en forma maestra. Eso está en las actas y autorizado.
S.: Según otras informaciones que se tienen, en ese Banco de Bogotá, Panamá, usted era titular de una cuenta en dólares, de la cual por lo menos en una ocasión, giró 42 mil dólares, creo que el 20 de octubre de 1982. Esta pregunta se la hago a monseñor como individuo. ¿Dónde queda entonces el estatuto cambiario?
M.G.M.: Esa era una cuenta de Harris Investment, para hacer ese servicio entre el Banco de Bogotá y el Banco de Colombia.
S.: ¿A usted nunca le dio miedo poner su nombre en esas operaciones?
M.G.M.: No, porque estaba aconsejado por las personas que estaban concediendo los préstamos.
S.: O sea, ¿esa cuenta se abrió con el mismo fin que justificaba la existencia de Harris Investment?
M.G.M.: Sí. Era lo que aconsejaban los bancos prestantes.
S.: Hay otra entidad vinculada a la Caja llamada Fons Vitae. ¿Qué era Fons Vitae?
M.G.M.: Esa es una cosa muy importante. El crecimiento de la Caja Vocacional hizo que crecieran unos departamentos muy grandes. Estaba el del seguro social, Presocle. Estaba el de educación, de los seminarios. Y el del Fondo Pastoral. Eso se ajustaba al fin de la Caja: fomento, cultivo y conservación de las vocaciones. Se trataba de hacer unos entes jurídicos, con patrimonio separado, según los estatutos. Fons Vitae se debe dedicar --ojalá se dedique--a lo que es la asistencia social del clero. Eclessia a los seminarios y la Caja Vocacional al fomento de los mismos.
S.: Pero nunca lo hizo.
M.G.M.: No, porque esas entidades son recientes, de un año, que empezaron a nacer cuando se presentó el problema, y no tuvieron el crecimiento necesario.
S.: Lo que sí tuvieron fue tiempo de hacer otras cosas, como captar dinero, negociar en finca raíz.
M.G.M.: No. Eso no es cierto. Eso es absolutamente falso.
S.: ¿Ni Fons Vitae ni las otras entidades?
M.G.M.: No.
S.: Pero en un momento dado, Eclessia sí le compra un terreno a la Caja.
M.G.M.: Ese es el único negocio que hubo de transacción de finca raíz. Nada más. Y no negocio, sino servicio que le prestó Eclessia a la Caja para asegurar esa maquinaria.
S.: Seamos sinceros, monseñor. Es que una operación así le crea a esos brazos de la Caja, la misma imagen que tienen las empresas de papel de los grupos financieros, que los usan para redondear negocios.
M.G.M.: Aquí no hubo nada redondo, ni cuadrado. Aquí hubo simplemente el deseo con unas personas sumamente importantes, para que esos brazos fueran entes jurídicos diferentes. La Iglesia no está haciendo trampa por ninguna parte. No necesita hacerla.
S.: Hay una información que tienen las autoridades, y eso está vinculado a ese punto de Fons Vitae, entidad cuya sede es Arauca. La información dice que usted y el obispo de Arauca sirvieron como intermediarios del ELN y la Mannesman, en los negocios de pago de vacuna de la Mannesman al ELN. ¿Eso es cierto?
M.G.M.: Eso es absolutamente equivocado y mendaz. No se puede hablar del obispo de Arauca, un misionero de más de 30 años de servicio, y de mi honor, diciendo un montón de cosas, cuando allá trabajamos fue en pastoral. Visitamos a muchas personas y les dimos el apoyo que necesitaban, pero jamás fuimos negociadores de nadie.
S.: Volvamos a la Caja. Los cálculos que se hacen es que las pérdidas, el faltante, el dinero que no está, es más de 800 millones de pesos. ¿Qué cree usted, como director, que se hizo ese dinero?
M.G.M.: Se lo pueden explicar los gerentes Ignacio Aguilar y Ernesto Cantini. Ahí no se ha perdido un solo centavo. Ha habido un incumplimiento de los entes legalmente establecidos para dar los créditos en Colombia, obligando a las entidades en desarrollo, como la Caja Vocacional, a no poder realizar sus programas de vivienda. Pero no se lo quiero explicar yo, sino el doctor Aguilar que es economista, era el gerente y sabe de eso.
S.: Entonces, ¿el dinero no se ha perdido?
M.G.M.: Nunca se ha perdido. Y está muy maltratada la Conferencia Episcopal, en un abuso del periodismo, cuando se dice que la Caja es una olla podrida. Miente el periodista que afirma eso. Es injusto el maltrato a que han sido sometidos los obispos, y es injusto conmigo ese trato.
S.: Si el dinero no se ha perdido, monseñor, ¿dónde está?
M.G.M.: Una cosa es que no esté y otra que se lo hayan robado. Que el resultado de lo que se hizo no haya sido el que se esperaba, eso es diferente. Pero no es que se lo hayan robado.
S.: Y, ¿por qué no dio el resultado esperado?
M.G.M.: Eso es lo que deben explicar los técnicos, los economistas, los ingenieros, etc. Ellos pueden contestar mejor esto. No es mi campo.


S.: Si de lo anterior, de todo esto que hemos hablado, se derivan responsabilidades directas del director de la Caja, ¿usted estaría dispuesto a someterse al tratamiento de la justicia ordinaria?
M.G.M.: Las responsabilidades las marcan los estatutos. Yo no soy la Caja, yo soy un promotor, con voz pero sin voto en una junta directiva. No soy tampoco gerente, ni representante legal, ni auditor. Esto es una responsabilidad compartida. De tal modo, que cada uno debe decir qué hizo y por qué.
S.: ¿ Usted cree que la Iglesia ha salido lesionada en su imagen a raíz de todo esto?
M.G.M.: Sobre este telón hay cosas de mucho más fondo. Cosas políticas. Está detrás de todo esto, la manipulación de una reforma concordataria, como ya lo anuncian los periódicos. Y en esto están poniendo, no digo yo como chivo expiatorio, sino más bien como cordero flameado a la Caja. Detrás de todo esto hay intereses personales. Está monseñor Pedro Rubiano de presidente de la junta, un hombre honesto, laborioso, inteligente y excelente pastor. Eso hay que decirlo. Se están sacando brasas con mano ajena, venganzas viejas.
S.: ¿Qué venganzas?
M.G.M.: Las que todo el mundo conoce. Yo no las voy a explicar. Todo el mundo sabe lo político que hay detrás de esto.
S.: Pero es que, monseñor, independientemente de los malos negocios, ¿usted no cree que el resultado de la Caja ha sido malo?
M.G.M.: El resultado ha sido excelente: más de 750 sacerdotes se han formado y se ha prestado servicio a más de 3 mil sacerdotes en seguridad social. Se ha prestado servicio a los seminaristas. Y se ha creado alrededor de la Caja un ambiente de discusión, que también es bueno. Yo creo que se ha obnubilado a la opinión pública, con la mala y tendenciosa información periodística. Se le quiere dar a la Iglesia una semblanza, que es la semblanza que tiene cada hombre en su propia alma. Entonces, se la ve ennegrecida, como el alma de quienes están escribiendo contra la Iglesia. La Iglesia es inmaculada, nadie la puede perjudicar. Creemos que la Iglesia es una entelequia, que es un grupo de sacerdotes y de obispos, y el Papa; pero no. La Iglesia es cada uno, y como ve cada uno la Iglesia, así es su alma.
S.: ¿Eso querría decir que todas las personas que han planteado críticas y cuestionamientos a la Caja, tienen el alma manchada?
M.G.M.: Es problema de cada uno. Uno se puede manchar con pensamientos, con deseos. Que cada uno examine su conciencia, porque de las cosas internas, no podemos juzgar.
S.: Existen muchos testimonios de ahorradores que salieron perjudicados en todo esto. Por ejemplo, doña Sofía de Rey, una maestra jubilada, dice: "Yo metí mis ahorros a la Caja Vocacional, porque como era una obra de la Iglesia que decía que apoyaba las vocaciones sacerdotales, me pareció que además de tener la platica asegurada, estaba cumpliendo con un mandato de la Santa Madre Iglesia. El millón 400 mil pesitos que puse allí, eran el producto de más de 20 años de trabajo y de privaciones. En octubre del año pasado fui a retirar algo porque necesitaba urgentemente efectivo, y me encontré con una gran cantidad de personas, entre ellas muchas monjitas que decían que por orden del obispo de Cali, no podían pagar y que la Caja estaba ilíquida. Yo no estoy en este momento contra la Iglesia sino contra sus representantes, y claro, no todos, porque creo que tiene que haber gente buena, pero lo que nos han hecho sí no tiene perdón de Dios ". Eso es lo que dice esta viuda que habló con una reportera de SEMANA. ¿ Usted cree que esto tiene perdón de Dios?
M.G.M.: Yo creo que ahí hay una exageración. Los ahorradores, creo, si tuvieran más tranquilidad, menos beligerancia, y ahora que se acudió al Estado, verían que todo saldrá bien.
S.: Fíjese usted que estamos hablando del Estado, del mismo Estado que por razones ya expuestas por usted, no pudo intervenir cuando la Superintendencia así lo quiso, pero ahora sí viene en auxilio de la Caja, a poner la plata, el dinero del Estado, o sea el de los contribuyentes. ¿No le parece contradictorio?
M.G.M.: En esto hubo tres estadios. Primero, cuando se dio el decreto de 1982, tras el cual se acudió y se recurrió a la Superintendencia y se le presentaron todos los papeles de la situación de la fundación. Y hubo una respuesta de la Superintendencia, que decía que la Caja no estaba sometida a las disposiciones legales de la Superintendencia. Después vino otro estadio: fue cuando aumentó la iliquidez de la Caja. Se insistió entonces a la Superintendencia para que le diera una normalización a la Fundación, en el brazo del Fondo Pastoral. La Superintendencia sólo actuó al final, cuando el superintendente fue hacer la visita. Y fue a la Caja, y no repasó los estudios del Fondo, para darle legalización y nombre a esta nueva persona jurídica. Esa nueva entidad, normalizada, podía ser vigilada por la Superintendencia Bancaria y acudir al Banco de la República y al Fondo de Garantías. Lo que pasa es que se empezó y no se siguió, por buena o mala voluntad, pues yo no culpo a nadie. A mí me parece un hecho político.
S.: ¿Usted cree que en todo este proceso se cometieron errores? ¿Cuáles fueron los más graves?
M.G.M.: Pregunto si una entidad de 30 años, manejada por seres humanos, puede cometer errores. Humanum est errare. Hubo errores. Pero no hubo el gran error o el gran vicio de que alguien se robara un sólo centavo. Yo creo que la falta de solidez en los programas, en la legislación, en los créditos solicitados, en los cambios de políticas, en la sociedad y el Estado, hacen que las entidades sufran en carne propia la deficiencia de previsión de muchas personas, que simplemente, al tratar de resolver con macrosoluciones, afectan gravemente las microsoluciones que deberían dar oportunamente.

EDICIÓN 1893

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