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| 7/20/1992 12:00:00 AM

¿HACIA UN GOBIERNO DE COALICION?

El secreto en la crisis de gabinete que se avecina, no será tanto los nombres de quienes van a entrar al Gobierno sino qué tanto se tienen que comprometer con él.

¿HACIA UN GOBIERNO DE COALICION? ¿HACIA UN GOBIERNO DE COALICION?

SI LA GABINETOLOGLA ES UN DEPORTE NAcional,en estos días el país vive en plenas olimpíadas. Por doquier en las redacciones de los periódicos,las cadenas de radio y los noticieros de televisión, los reporteros políticos juegan al "Quién se queda y quién se va", encumbran nombres que indefectiblemente califican de "palos", y descabezan otros con detalladas justificaciones.

Pero por primera vez en la historia contemporánea de Colombia, lo interesante ante la inminencia de un reajuste en el gabinete del presidente César Gaviria, no parece tanto el especular sobre los nombres de ministros eventualmente salientes o entrantes, sino el hacerlo sobre los partidos y movimientos que se quedan o se van. Esta novedad hace sin duda parte de aquellos elementos de la política colombiana que tienden a demostrar que, a pesar de los escepticismos, al menos en materia política sí hay un nuevo país. Y eso se debe a que en el pasado, la única decisión en materia de participación de agrupaciones políticas en el Gobierno, era cuántos liberales y cuántos conservadores integraban el gabinete o, en el más audaz de los casos, el del presidente Virgilio Barco, si los godos entraban o no en el gabinete.
Ahora, cuando en el panorarna político del país han florecido nuevas especies tantas que en la actual administración están representadas cinco la inquietud sobre la participación en el Gobierno de las distintas fuerzas se hace más compleja, y por ello mismo más interesante. De ahí que, a pocos días de desatarse la varias veces anunciada crisis ministerial, SEMANA haya decidido abstenerse de hacer cábalas en cuanto a posibles nombres y prefiera presentar a sus lectores un estudio sobre los posibles escenarios de presencia de los distintos partidos y movimientos en el futuro gabinete.

HACIA UNA COALICION?
Cuando tomó posesión de su cargo el 7 de agosto de 1990, el presidente Gaviria fue explícito en definir la composición de su gabinete como el eje de un Gobierno de participación, cuya amplitud, extendida al M9, se explicaba por la necesidad de obtener un amplio respaldo político para sacar adelante el proceso de la Constituyente. El éxito de la fórmula justificó su prolongación, con ligeros ajustes en el campo de los conservadores, después de las elecciones del 27 de octubre y el cambio de gabinete a principios de noviembre del año pasado.

Por gobierno de participación, Gaviria entendía una solidaridad limitada, de tal manera que, aparte de un sólido respaldo al proceso constituyente, la responsabilidad política de las distintas fuerzas con ministros en el gabinete no se extendía en palabras del recién posesionado mandatario"más allá del desempeño de sus carteras". Así, Antonio Navarro en su calidad de ministro de Salud pudo expresar su desacuerdo con las extradiciones, pero al M-19 se le exigió respaldar la política sanitaria. Esta concepción de la participación de otras fuerzas fue la que comenzó a hacer crisis erl desarrollo de la presente legislatura, cuando Gaviria se fue desesperando ante la creciente oposición que se habia despertado en tomo a la reforma tributaria, y exigió, para ese proyecto, solidaridad de las fuerzas que se encontraban en el gabinete. Dicha Solidaridad se obtuvo a medias, pues según algunos, como el propio Navarro, la tributaría no era parte de los compromisos de la participación, en los términos en que ésta había sido acordada en 1990.

La conclusión fue muy sencilla. En palablas de un alto funcionario de la Casa de Nariño, "El Gobieno comprendió que ahora que las cosas se han puesto difíciles y que la luna de miel es asunto del pasado, ya no se puede ser tan laxo en materia de exigir respaldo de parte de las fuerzas políticas". Una fuente del gabinete fue aún más lejos: "Los tiempos de la participación con independencia pueden haber quedado atrás para dar paso a un gobierno de coalición".
Por gobierno de coalición se entiende uno en el que ya no están todos, pero la que están le deben a la administración un respaldo casi absoluto.
"Como quien dice, que el que quiera quedarse, se tiene que quedar para todo y no sólo para lo que concierna a las carteras en las que está representado", agregó la misma fuente.

Esa es pues la alternativa que parece estar estudiando con mayor interés el presidente Gaviria. Pero puede que para transitarla se encuentre con una dificultad de orden práctico: a pesar de todás las críticas que le hacen al Gobierno, ni siquiera el M19 y el Movimiento de Salvación Nacional, los que se hallan hoy más alejados del primer mandatario, parecen estar dispuestos a decirle adios de manera definitiva. En efecto, SEMANA pudo confirmar que tanto Navarro como el actual embajador en París, Alvaro Gómez, han hecho saber que preferirían que el esquema de la participación, en los términos definidos en agosto del 90, se mantuviera.

Y si por Gaviria fuera, es posible que la fólmula siguiera en pie, a pesar incluso de sus riesgos y problemas. Pero puede que el ya no esté en posición de decidir sólo en virtud de sus propios deseos, sino en los de la clase política que tanto necesitará ahora que el sol comienza a calentar las espaldas presidenciales. Resulta absolutamente comprensible que los parlamentos liberales que terminaron la legislatura salpicados
por la impopularidad de haber votado la reforma tributaria, quieran a toda costa que los que se dieron el lujo de oponérsele desde otras orillas, como fue el caso del M19 y de Salvación Nacional, recorran ahora el desierto de la oposición.

Pero además, Gaviria tiene que pensar que el gabinete que se dispone a integrar debe comenzar a interpretar el futuro político en materia de candidaturas presidenciales y, en rigor, de las propias precandidaturas en el seno de los distintos partidos. Se trata por un lado, de que nadie se sienta maltratado cuando los aspirantes se disponen a entrar en el partidor, y por otro, de que esta carrera habrá de jalonar la política de aquí a las elecciones del 94.

LOS INGREDIENTES DE LA RECETA
Pero incluso si el Gobierno decide avanzar hacia una coalición y logra para ello poner en claro cuáles serían los ingredientes de la receta, o mejor dicho, qué grupos se quedan y cuáles se van, no le será fácil cocinar con éxito el plato del nuevo gabinete.

Lo que dificulta tanto la cuestión no es sólo la proliferación de grupos y movimientos dentro y fuera del Partido Liberal sino el hecho de que en estos momentos hay muchas aves migratorias volando por las cámaras legislativas. Hay en curso un proceso de reacomodo en el que, para citar un par de ejemplos, algunos conservadores independientes después de haberse alejado del ex presidente Misael Pastrana, se están acercando a su hijo Andrés, y algunos liberales del llamado galano gavirismo y del viejo duranismo, están en plena travesía hacia el samperismo o alineándose con el ministro de Gobierno, Humberto de la Calle.
En todo caso, es posible identificar las distintas fuerzas con mayor o menor opción de integrar el próximo gabinete así: en el Partido Liberal, el gavirismo, el samperismo y los restos de lo que fuera el grupo del ex contralor Rodolfo González; en el campo conservador, los independientes, la Nueva Fuerza Democrática de Andrés Pastrana, y Salvación Nacional; y finalmente, el M-19.

Hoy en día el gavirismo tiene siete de los nueve ministerios liberales, uno tiene el samperismo con Carlos Holmes Trujillo y uno el viejo grupo de la Contraloría, con Juan Manuel Santos. El M19 tiene a Camilo González en Salud, la Nueva Fuerza a Jorge Ospina en Desarrollo y Salvación Nacional a Juan Camilo Restrepo en Minas. El caso de Francisco Posada en Trabajo es especial, pues se considera un ministro mixto, que representa mitad a los independientes y mitad al ex presidente Misael Pastrana.

De esa distribución hay que partir a la hora de analizar las posibilidades de reajuste. Para empezar, es obvio que el propio Presidente tendrá que sacrificar entre tres y cuatro de sus actuales cupos en la bancada liberal del gabinete, para aumentarle la participación tanto a Samper como a los amigos de Rodolfo González, quien si bien ha perdido opciones de ir al gabinete, mantiene vivas sus esperanzas de encontrar en la nueva nómina a varios de sus amigos (ver entrevista en esta edición). Si el primer mandatario no lo hace, corre el riesgo de dividir al liberalismo y de ganarse la oposición de buena parte de sus copartidarios en el Congreso.

En el campo conservador, lo que parece más claro es que el ex presidente Pastrana pierda su media cuota, pues ha hecho carrera la idea de que él ya no representa casi nada en la bancada parlamentaria conservadora. Lo demás es definir si Salvación Nacional se queda o se va. En el primer caso, tanto este grupo como Andrés Pastrana y los independientes, conservanan su participación actual, salvo porque estos últimos podrían cambiar el cupo que hoy comparten con el ex presidente Pastrana en la cartera de Trabajo, por uno exclusivo para ellos. En el segundo caso, tanto independientes como Andrés podrían ganar una mayor participación y entrar eventualmente a compartir un cupo nuevo, con lo cual la Nueva Fuerza pasaría a contar con un ministro y medio y los independientes con dos y medio.

Esto último se facilitaría si el M19 también se retira del Gobiemo, pues en ese caso la paticipación adicional de Andrés y de los independientes no tendría que ser en detrimento de la del liberalismos y el partido del Presidente podría aumentar su cuota 10 ministerios.

Salta a la vista la complejidad de lograr la ecuación correcta, pues ahora el Presidente no sólo tiene que saber dividir sino que debe ser ducho en el manejo de números fraccionados (ver cuadro).

Gaviria tendrá pues que poner de nuevo a prueba su capacidad de maniobra y de interpretación del momento político. El hecho es que parece no tener escapatoria en cuanto a la necesidad de sacar del Gobierno a una o dos de las fuerzas que hoy lo vienen acompañando más bien a medias. Esta, que por sí sola es una decisión complicada, lo es aún más si se tiene en cuenta que el Presidente tendrá que ásegurare que quien se quede, se quede de verdad.

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