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| 10/16/2000 12:00:00 AM

Historia de una expropiación

Por primera vez el Estado colombiano inicia un proceso de extinción de dominio de bienes que fueron de guerrilleros del EPL, movimiento que se desmovilizó en 1991.

Historia de una expropiación Historia de una expropiación
Tres días se demoraron ocho fiscales para realizar el trámite de extinción de dominio de los bienes de Luis Felipe Simanca Negrete en el departamento de Córdoba. Entre el 14 y el 16 de agosto pasado los funcionarios, apoyados por 60 agentes del DAS y 353 militares de la XI Brigada, recorrieron a pie o a caballo las haciendas de un hombre que en cuestión de pocos años pasó de ser arriero de mulas a uno de los millonarios más reconocidos en las sabanas de los ríos San Juan y San Jorge. Simanca, según las autoridades, incrementó su patrimonio 28.558 veces. Era dueño de 22 inmuebles, valorados en por lo menos 30.000 millones de pesos.

Su historia sería una más de enriquecimiento ilícito si no fuera porque su fortuna está ligada al accionar delictivo de guerrilleros del Ejército Popular de Liberación (EPL) en esa región. Su caso constituye la primera extinción de dominio contra bienes de guerrilleros en el país. Con esta acción judicial puede cerrarse, por fin, uno de los capítulos más aterradores del pasado reciente de los cordobeses.



Ley del silencio

El EPL dejó las armas, se desmovilizó y se reintegró a la vida civil el primero de marzo de 1991. En Córdoba 325 guerrilleros de esa organización se acogieron al proceso de paz. Pese a los acuerdos, desde ese momento surgieron versiones sobre el posible enriquecimiento de comandantes guerrilleros de esa área. La cúpula nacional del EPL conocía estos rumores. Carlos Franco, vocero del grupo desmovilizado, sostiene que “dentro de la organización hubo discusiones y debates sobre la autonomía del estado mayor regional de la Costa y sobre situaciones no muy claras que se habían presentado al amparo de la clandestinidad”.

El cuento no pasó de ahí hasta hace poco, cuando guerrilleros reinsertados de esa organización rompieron su silencio ante las autoridades y contaron lo que sabían. La versión de uno de ellos fue que a Luis Felipe Simanca Negrete, en la época de la guerra,“el EPL le entregó una gran cantidad de dineros y ganados, el cual, cuando la desmovilización del EPL, no dio todos los tiempos ni pudieran existir las formas que el señor entregara las cuentas claras… se quedó con mucho dinero y ganado”.

Simanca Negrete era un humilde arriero de mulas en el municipio de Planeta Rica, Córdoba. De un momento a otro, según establecieron los investigadores del Comité interinstitucional de lucha contra las finanzas de la subversión, Simanca se convirtió en ‘don Luis Simanca’ por cuenta de la riqueza que comenzó a acumular. En un abrir y cerrar de ojos se hizo dueño de fincas, carros, haciendas y casas en las cabeceras municipales de la región. Quienes lo conocían se sorprendieron, como lo relataron a los fiscales, de su repentina fortuna. Por todas partes se regó el cuento de que él trabajaba para la guerrilla y que la plata con la que compraba a diestra y siniestra provenía del secuestro, la extorsión y el boleteo que hacía el EPL.



La conexión

Al parecer Simanca, en su época de arriero, comenzó a llevarle víveres de un lado a otro a la organización guerrillera. En algún momento, entre 1982 y 1984, compró la hacienda El Perro, ubicada a orillas del río San Jorge. Este lugar era muy estimado por el EPL porque el 17 de diciembre de 1967 habían realizado allí su primera incursión militar, al atacar un campamento del Servicio de Erradicación de la Malaria.

En El Perro, Simanca tuvo negocios con ‘El Viejo Rafa’, un comandante encargado de las finanzas del EPL en esa área (ver recuadro). Un guerrillero reinsertado le contó a la Fiscalía que en ese sitio le había entregado ganado a Simanca “que nosotros sacábamos de algunas fincas, incluso me tocó entregarle varios millones de pesos que no recuerdo la cantidad, pero era gran cantidad de dinero producto de pagos de vacunas y pagos de algunos secuestros”. Para las autoridades es claro que Simanca, además de lo ya mencionado, legalizaba y comercializaba ganado robado y compraba tierras de desplazados por la extorsión o el boleteo a bajo precio.

¿Qué pensaba hacer ‘El Viejo Rafa’ con las fincas y las cabezas de ganado que le había entregado a Simanca después de reinsertarse a la vida civil? Nadie lo sabe porque el comandante fue asesinado en Cartagena. Simanca, por su parte, se dedicó a usufructuar los bienes que había conseguido y se dice, incluso, que también mantuvo negocios de las mismas características con ‘Román’ y ‘El Ñeco’, dos comandantes del frente XVIII de las Farc. Simanca también fue asesinado por sicarios el 24 de febrero de 1997. Las propiedades que estaban en manos de sus hijos o en espera de sucesión quedan ahora en manos de la Dirección Nacional de Estupefacientes mientras el juzgado que conoce el caso dice si procede la extinción de dominio sobre estos bienes.

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