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| 8/2/1993 12:00:00 AM

Historia de un triunfador

Pedro Gómez Barrero cumple 25 años en los negocios. Su vida es una de las grandes historias de éxito del último cuarto de siglo en Colombia.

Historia de un triunfador Historia de un triunfador
HACE EXACTAMENTE 25 AÑOS PEDRO GOmez Barrero estaba nervioso. Acababa de tomar la que habría de ser la decisión más importante de su vida. Dejaba una prometedora carrera como gerente en la empresa de Fernando Mazuera y se arriesgaba a transitar por el camino de la incertidumbre. Quería ser su propio jefe y tener su propia compañía urbanizadora. Para sus amigos era incomprensible que abandonara un excelente salario y una participación del tres por ciento en las utilidades de una empresa muy rentable. No sólo tenía que renunciar a todo esto, sino que además corria el riesgo de fracasar y quedar en la ruina.
"Era el momento de arriesgarme a hacer mis propias cosas -recuerda Gómez- y por eso no existía la más mínima posibilidad de que me arrepintiera.
Inclusive, Juan Uribe Holguín, el otro socio de la compañía, duro horas tratando de convencerme de que era un grave error".

En medio del proceso de su renuncia pasó una cosa curiosa. Lo llamó Jaime Michelsen -su antiguo compañero de universidad- y le pidió que le concediera una cita. 'EI ya era el presidente del Grupo Grancolombiano y le dije, 'cómo se te ocurre. . . yo voy a tu oficina',. Pero insistía: 'No, es que quiero ir a la tuya '. Sorprendido acepté y cuando llego me dijo:
'Quiero que tú y yo hagamos la compañía urbanizadora mas grande del país'". Teniendo en cuenta que Michelsen era el presidente del grupo financiero más importante de Colombia y Pedro Gómez tan sólo un ex gerente de una compañía urbanizadora, la oferta parecia extraordinaria. En ese momento una sociedad con Jaime Michelsen era garantía de éxito para cualquier persona.
"Mira, yo no tengo ni un centavo, le dije, pero el me respondió con desparpajo: 'Eso no importa, yo te presto la plata y vamos por mitades'. Pero ni aún así le acepte la propuesta. La razón era muy sencilla: quería jugarmela solo".

A los pocos días, en una notaría de Bogotá, nacía "Pedro Gómez y Compañía", una modesta empresa constructora. El camino era incierto, pero se iniciaba asi la historia de un hombre que, a juzgar por su origen, hubiera estado condenado a pasar toda su vida entre los surcos y las vacas de ordeño de una hacienda boyacense. "Mi familia es de Cucunubá.
Mi padre era agricultor y teníamos muchas dificultades económicas. A mí soló me importaba salir de allí y llegar a ser un gran abogado. Cuando soñaba en mí futuro me imaginaba sentado en un tribunal importante y acaso siendo un miembro de la Corte Suprema de Justicia". Culminados sus estudios de bachillerato, Gómez tenía sólo una obsesión: ser abogado, "pero era pobre y no tenía manera de conseguir el dinero para estudiar".
A través de una amiga familiar consiguió un 'palancazo" para que el entonces ministro de Agricultura, Pedro Castro (el de la custodia de Badillo) le diera una cita y, obviamente, un puesto que le permitiera estudiar y salir adelante. La reunión se cumple y Castro le dice al joven Gómez con toda la confianza del caso: "Te cuento que no sé qué tenga para tí, dejame a ver que encuentro,'. Mira unos papeles, indaga con otras dependencias y responde: "Sólo tengo un puesto para ti: celador" . Gómez aceptó pero aclara que el cargo de celador nocturno del ministerio era una gabela académica que le reportaría a la postre grandes beneficios. "Como celador con turno de seis horas no había
absolutamente nada que hacer diferente de estudiar. Mientras los otros companeñeros estudiaban sólo unas dos horas, yo tenía que estudiar seis ". Con el dinero que le pagaban pudo matricularse en la Universidad del Rosario, y con la constancia que le daban sus largas horas de lectura mientras vigilaba una fría oficina estatal, logró las mejores notas, lo cual lo hizo merecedor a una beca por 25 pesos. El resto fue una carrera de éxitos estudiantiles: lo nombraron prefecto de externos y secretario general de la universidad. Al poco tiempo se graduaba con una tesis sobre la buena fé en el derecho privado; era juez tercero civil municipal y se casaba.

UN SALTO AL ABISMO
Un puesto en la alcaldía mayor de Bogotá, sin embargo, marcó el destino definitivo de Gómez Barrero. En 1957, durante la gestión de Fernando Mazuera, fue nombrado personero delegado en lo administrativo. Y como tal, su primera misión consistió en asesorar a los alcaldes menores y vigilar muy de cerca el desarrollo de las urbanizaciones piratas. "En ese puesto empecé a relacionarme con el campo de la construcción, conocimiento que se profundizó luego en la experiencia como jefe del departamento de valorización ". Se desempeñó tan bien que Mazuera, su jefe como alcalde, le echó el ojo y lo pasó del sector público al sector privado como gerente de su empresa urbanizadora.
Diez años después Gómez era uno de los ejecutivos estrella en el sector de la construcción, y fue ahí cuando decidió renunciar y fundar su propia companía. "Lo primero que hice fue conseguir financiación para comprar unos lotes en el barrio Santa Matilde, al sur de Bogotá, y allí construí 13 casas. Vinieron después otras 200 casas en La Floresta y luego muchas más en Calatrava, Escocia y otros barrios del sur y norte de la ciudad'. Al poco tiempo su compañía ya era una modesta pero próspera empresa constructora. Tenía varias urbanizaciones en curso y una buena imagen en el sector.
En 1974, sin embargo, Gómez, decidió dar otro salto más al abismo; tal vez mas grande que el que había dado cuando quiso dejar de ser empleado. Decidió construir el primer gran centro comercial del país. Se había dado cuenta que en todas las capitales importantes del mundo los centros comerciales eran prácticamente ciudadelas integradas a la ciudad mientras que en Colombia lo que exitía eran o grandes almacenes o pequeños centros comerciales. La sola idea del proyecto era quijotesca. Con la excepción del pasaje Rivas -el primer comercio al estilo europeo fundado en 1901- Bogotá estaba retrasada cuando menos 20 años en el concepto de centros comerciales que ya funcionaban en Estados Unidos y Europa. De esa convicción nació la idea de Unicentro.
Aparte de conseguir el dinero, el problema más difícil que enfrentaba era conseguir un buen lote. "Un centro comercial que cambiara el concepto de ventas al público requería ser muy grande y estar muy bien situado".Después de una busqueda exhaustiva se encontró un terreno que parecía un milagro: 34 hectáreas entre la calle 100 y el Country Club de Bogotá. La propietaria era Gloria Gómez, heredera de Pepe Sierra, quien llegó a ser legendario por haber sido el dueño de todas las tierras que hoy constituyen el barrio El Chicó.
Más de medio siglo después de la muerte de Sierra, y a pesar del desarrollo urbano de Bogotá, sus herederos eran todavía dueños de los mejores lotes. A tal punto que en 1974 su nieta ordeñaba vacas y sembraba cebada en terrenos adyacentes a las más exclusivas zonas residenciales de la capital. Pedro Gómez le ofreció comprarle su 'finca" de la calle 100 . Ella, que pertenece a una familia que cedió importantes terrenos para beneficiar a la ciudad, se interesó por el proyecto y aceptó vender. Se requerían, sin embargo, cinco millones de pesos de la época (hoy equivalentes a unos 310 millones) para cerrar el negocio. Como no los tenía, Pedro Gómez acudió a Jaime Michelsen para que se los prestara. Su antiguo compañero de universidad no tuvo reparos y de ahí en adelante se convirtió en el principal financiador del proyecto.

LOS RIESGOS DE UNICENTRO
El Unicentro tropezó con muchas dificultades. Era de una dimen- sión 50 veces superior a cualquier cosa que Gómez hubiera manejado en el pasado. "Nadie entendía el proyecto y muchos pensaban que yo me iba a quebrar. Por primera vez se iban a construir en Bogotá 70 mil metros cuadrados exclusivamente para un centro comercial. Era como si un particular estuviera haciendo Brasilia'.
Unicentro no acabó siendo un gran negocio. El escepticismo inicial de los compradores sobre la dimensión del proyecto produjo retrasos en ventas cuyos costos financieros fueron enormes. Sin embargo, gracias al apoyo de Jaime Michelsen, logró salir adelante. Aunque no perdió, la ganancia tampoco fue proporcional al riesgo. Sin embargo, al Unicentro Gómez Barrero sólo le había dedicado 12 de las 34 hectáreas que compró. Las otras 22 fueron desarrolladas como complejos de vivienda bajo el nombre de Multicentro, una vez que el centro comercial había pegado. En este proyecto le fue tan bien que todas las anteriores angustias fueron compensadas con creces. A partir de ese momento, Gómez se convirtió en el pionero de los centros comerciales en Colombia. Construyó sendos Unicentros en Cali y Medellín, dos hoteles en Bogotá, bodegas y oficinas. Por estos días está a punto de terminar el centro comercial Andino que, como muchas de sus obras, va a cambiar los hábitos de compra de los bogotanos.
Todos estos antecedentes convierten a Pedro Gómez Barrero en un hombre particularmente exitoso en el mundo empresarial colombiano. El mes entrante su organización cumplirá 25 años. La celebración ha sido la oportunidad para que este empresario haga algunas reflexiones sobre su vida y sus proyectos.
"Cuando era estudiante mi sueño era ser magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Posteriormente mi sueño era ser independiente económicamente y ser mi propio jefe. Ahora que tengo éxito lo que más valoro es no ser esclavo de ese éxito ".
A diferencia de la mayoría de los hombres de negocios que triunfan, no se ha dejado picar por el bicho del poder económico. Es próspero, vive bien, pero su prioridad no es ser el más rico sino tener la posibilidad de dedicarle menos tiempo a sus negocios y más tiempo a las cosas que le interesan verdaderamente. Como es un hombre que arrancó sin gabelas de ninguna clase y se hizo a pulso, tiene un sentido auténtico de gratitud con la vida y con el país. Su tiempo en la actualidad lo dedica principalmente a actividades que nada tienen que ver con el mundo de la construcción.
"Desde muy joven me fij la meta de tener tiempo libre para mí. Si de algo me precio es que siempre lo he logrado. Y ahora, que la organización cumple 25 años, más que nunca soy consciente de que el tiempo para uno mismo es sagrado". Lo que el llama "tiempo para sí mismo " es el que le dedica a actividades que le producen mas satisfacción que dinero.

LAS GRANDES FRUSTRACIONES
No todas estas experiencias han sido totalmente gratas. Fue director de Resurgir, la entidad creada para canalizar la actividad del Estado después de la tragedia de Armero. "Debo decir, aclara Pedro Gómez. que esta tragedia me impactó muchísimo.
Me entregue a esa labor como nunca antes lo había hecho con ningún encargo. Fueron ocho meses en los que sólo saque dos días libres para visitar a una de mis hijas, que iba a ser mamá. Perdí 10 kilos y megane mil dolores de cabeza". Un hombre acostumbrado a que existe una correlacion entre los esfuerzos y los resultados descubrió que la cosa no es así cuando hay politiquería de por
medio. "Al lado de las frustraciones, sin embargo, hubo grandes satisfacciones como haber dejado listos los 300 proyectos que permitirían la rehabilitacion de la zona ".
Su otra experiencia en el sector público fue la embajada en Venezuela. Le correspondió sortear los incidentes generados por las matanzas de El Amparo y Perijá y, sobre todo, la crisis causada por el episodio de la corbeta Caldas. Las relaciones entre los dos países pasaron de su punto más bajo, en esos
momentos, a su punto más alto con motivo de la firma del acuerdo de Caracas en 1989. Desde entonces, Pedro Gómez se ha convertido en un abanderado en mejorar las relaciones colombo-venezolanas, causa que se ha constituido en su principal hobbie, en su calidad de presidente de la comision negociadora.
Al lado de Venezuela, sus otros dos pasatiempos son su finca en Ubaté y la Fundación Compartir. De la finca afirma: "La cabra tira al monte, y como mi padre era un trabajador del campo algo me quedó de eso". Sin embargo, está entregado a su trabajo en la comisión negociadora. Gómez esta Jugando allí un papel más importante que la simple labor protocolaria y diplomática que caracteriza a estas comisiones. En términos reales, está gerenciando un movimiento para llegar a un acuerdo. "No todo el mundo considera en que esta posibilidad sea viable, pues en materia de relaciones internacionales muchas veces el propósito es discutir pero no llegar a nada. Con todo, soy un convencido de que se están dando unas condiciones excepcionales que pueden lograr ese tratado ".
Su temperamento de hombre del sector privado ha permitido sacar la discusión del campo de la simple juridicidad al campo de las realidades y las conveniencias binacionales.
Su otra pasión es la Fundación Compartir, fundada en 1979 con motivo de las inundaciones de Patio Bonito, al sur de Bogotá. En 14 años se ha convertido en una entidad comparable por su dimensión a la organización de Pedro Gómez y Companía. Hoy por hoy, construye más metros cuadrados al año que la casa comercial.
La celebración de los 25 años incluirá la entrega de la casa número 15 mil.

UN EMPRESARIO DIFERENTE
Pedro Gómez combina todas estas actividades con una vena académica. Por un lado, es miembro del consejo directivo de la Universidad de los Andes. También es director del Instituto Ser de Investigación, un centro de estudios sociales. Recientemente fue nombrado presidente del capítulo colombiano del Club de Roma, lo cual lo convierte en el enlace entre el país y esa importante organización para la discusión de todos los aspectos sobre el medio ambiente.
Todo esto convierte a este hombre nacido hace 64 años en Cucunubá, Boyacá, en un empresario diferente del común de sus homólogos colombianos. Todas las metas que se ha impuesto en la vida las ha logrado. Tal vez la única excepción ha sido la alcaldía de Bogotá, que hubiera sido el escenario propicio para combinar sus conocimientos de urbanista y su vocación de servicio público. Una vez le llegaron a ofrecer la candidatura como una fórmula de unión liberal para enfrentar a Andrés Pastrana. Virgilio Barco no lo dejó pidiéndole que permaneciera como embajador en Venezuela. Ahora que la elección es por voto popular. es consciente de que el puesto es para políticos profesionales.Y eso, definitivamente, no es Pedro Gómez. Pero quizás esto es lo único que no es este empresario multifacético que cuando le preguntan a qué le atribuye su éxito en la vida, contesta sobriamente: "Es una formula sencila, solamente se necesita que coincidan la tenacidad con la suerte ".
Tres anécdotas
RUMORES DE QUIEBRA Durante la construcción de Unicentro se regó el chisme de que estaba quebrado y se alcanzo a decir que me había fugado del país. Como Jaime Michelsen era el principal financista del proyecto todo dependía de que él no cortara el chorro. Me reuní con el para explicarle que la situación no era crítica. Le sugerí que enviara un auditor para que verificara la realidad de la situación. Jaime me contestó: "Yo lo que quiero es ayudarte . Si mando un auditor y eso se filtra lo que van a creer es que estás quebrado y nos quebramos ambos. Más bien sigamos adelante".
UN ESTADISTA INESPERADO
En Armero tuve muchas dificultades. Algunos funcionarios del Tolima no obedecían las directrices del gobierno y demoraban la entrega de los recursos. Situación que impedía la rehabilitación de los damnificados. Una de las sorpresas que me lleve fue haber descubierto a un Alberto Santofimio que no sospechaba que existía. En su calidad de jefe máximo del liberalismo en ese departamento, hubiera podido ser el mayor intrigante en un proyecto como Resurgir. Resultó todo lo contrario: una persona ajena a cualquier consideración política, cuyo único interés era apoyarme. Nunca me pidió nada: sólo dio.
Cuando llegó la orden de Barco de retirar la corbeta, el gobierno colombiano aspiraba a que el gobierno venezolano tambien retirara sus barcos de guerra. Me dieron órdenes, como embajador, de transmitirle este mensaje a Consalvi, el canciller venezolano. Durante 24 horas lo busco por todas partes y no aparece. Decido, en un último esfuerzo, llamar a su casa y me contesta la muchacha. Después de que le digo que necesito con urgencia a su patrón, me contesta: "Mi embajador, no se preocupe, yo soy colombiana y le soluciono el problema". Dicho y hecho, en pocos minutos esta patriótica muchacha del servicio me consiguió a Consalvi. hable con el y se solucionó la crisis.

EDICIÓN 1879

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