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| 2/2/2004 12:00:00 AM

Juan y todos los Santos

Juan Gossaín calienta la guerra fría que existía entre 'El Tiempo' y 'RCN'. ¿Cómo se pactó la paz?

Juan y todos los Santos Juan y todos los Santos
Los radioescuchas que sintonizaron a Juan Gossaín el lunes pasado se quedaron aterrados. Con tono iracundo y una evidente indignación, el popular periodista radial arremetió contra el periódico El Tiempo en términos más propios del semanario Voz del Partido Comunista de los años 60, que de un colega periodista que ha compartido un cuarto de siglo de vida profesional con la familia Santos. Entre las cosas que afirmó con vibrato tembloroso había frases como: "Es calumniando como se le ha ido la vida a 'El Tiempo'. Así es como juegan irresponsablemente con la honra ajena y la ética del periodismo. 'El Tiempo' piensa que los pobres no tenemos derecho a progresar porque no hemos heredado una estirpe rancia, ni linajes o blasones como ellos. Para ellos todo lo del pobre es robado. A mí al que me calumnie lo haré comparecer ante la justicia. Con mi honor no se juega. No soy chantajeable. No tengo rabo de paja".

Entre los grandes poderes de la clase dirigente colombiana existen inevitables rivalidades. Pero estas siempre se han manejado con una cierta diplomacia. El propietario de la cadena donde trabaja Juan Gossaín es Carlos Ardila Lülle, tal vez el empresario con menos enemigos que tiene el país. Por su parte, a la familia Santos, por controlar el único diario nacional, nunca le han faltado críticos. Sin embargo, aunque se han dado duro y parejo con muchos nunca se han quitado los guantes cuando pelean.

Por eso la ferocidad de la arremetida de Juan Gossaín desconcertó. Fue el más reciente capítulo de una guerra fría que había existido entre RCN y el periódico desde hacía mucho tiempo, y que Juan Gossaín había calentado en los últimos días.

La declaratoria de guerra en firme tuvo lugar cuando, con motivo del debut del ex superministro Fernando Londoño Hoyos como columnista, Gossaín hizo un comentario editorial en su programa radial en el cual señalaba: "De manera pues, que cuando todavía no se ha secado la tinta de los fallos judiciales 'El Tiempo' cree que Fernando Londoño Hoyos, condenado por la justicia, es la persona indicada para orientar nuestras vidas y para aconsejarnos como orientador del país. Yo no sabía que 'El Tiempo' tenía un concepto tan elástico de la moral pública. Lo único que le interesa al periódico es usufructuar los dividendos económicos cabalgando sobre el lomo de un escándalo. 'El Tiempo' le está debiendo una explicación al país".

A esta pedida de cuentas Gossaín agregó que el periódico se había comprometido a que los directivos que se retiraran para dedicarse a la política no podrían regresar, pues El Tiempo no sería una "puerta giratoria". Según él, el regreso de Juan Manuel Santos como columnista demostraba que "todas esas declaraciones rimbombantes no eran más que palabras, palabras vanas que se las lleva el viento". El editorial de Gossaín terminaba así: "El Tiempo' promete pero no cumple".

Pero eso no fue lo único. En un espacio de ocho días Gossaín le había metido una estocada prácticamente todos los días al periódico. Cuando en un editorial El Tiempo sugirió la posibilidad de cambiar el orden de algunas estrofas del Himno Nacional para ajustarlas a las realidades contemporáneas, Gossaín ridiculizó la iniciativa en términos no muy amables. En otra ocasión criticó al periódico por la forma como había rectificado un chisme falso en el sentido de que el embajador colombiano en Brasil Jorge Enrique Garavito se había desnudado en una reunión social.

Otro incidente que llamó la atención fue cuando El Tiempo cuestionó al vicepresidente Francisco Santos por el regaño que le dio al comisionado de la Unión Europea, Chris Patten, quien había expresado sus reservas frente a algunas iniciativas del gobierno. Para Gossaín, el Vicepresidente tenía toda la razón en llamarle la atención a Patten, pues esto constituía una reacción justificada ante la falta de educación de un invitado que había insultado a sus anfitriones.

Cuatro o cinco cachetadas a El Tiempo en una semana no fueron registradas por la familia Santos como una coincidencia. Como si esto fuera poco en esos mismos días Gossaín le dio una entrevista a la revista Cambio titulada 'La falta de criterio en El Tiempo es asombrosa'. En esta no sólo reiteraba todas las acusaciones anteriores sino que afirmaba que el periódico tenía más espíritu mercantilista que responsabilidad periodística y terminaba comparando el peligro de que haya sólo un periódico nacional con el unanimismo de la Alemania de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial.

Los Santos, quienes se habían mantenido agachados hasta ese entonces, decidieron que había llegado el momento de ponerle un tate-quieto. Publicaron una carta de un lector, el cual, con la disculpa de defender el derecho de Fernando Londoño a ser columnista del periódico, concluía: "Me pregunto cuál es la autoridad moral o intelectual del señor Gossaín para descalificar de esa manera al doctor Londoño. ¿No fue él un afortunado beneficiario de emisoras radiales que le adjudicó el cuestionado gobierno de Samper? Antes de subirse al púlpito, don Juan Gossaín debería sacudirse la sotana y echarle una miradita a su rabo de paja". La carta llevaba la firma de un señor Jaime Gutiérrez C.

¡Quién dijo miedo! Fue esa carta la que dio lugar a la explosión de un Gossaín cargado de tigre y descompuesto, que tanto desconcertó a los radioescuchas de RCN el lunes de la semana pasada. Gossaín comenzó poniendo en tela de juicio la autenticidad de la carta con el argumento de que no tenía documento de identificación. Procedió entonces a defenderse de todas la insinuaciones de la carta y registró que El Tiempo había participado y perdido la misma licitación de radio en que él se había ganado su emisora.

Después de eso les endilgó a los Santos la concesión que ellos tenían del canal de televisión CityTv y unos contratos de avisos de la Dian con el periódico siendo Pacho Santos vicepresidente. Aclaró que no dudaba de la honestidad de este último, pero que tampoco podían dudar de la de él y retó públicamente a El Tiempo "a que diga si yo le pedí a alguien que me adjudicara una emisora o que me ayudara en ese propósito.Yo no aspiro a que mis hijos se sientan orgullosos de mí, sólo aspiro a que no se sientan avergonzados. Espero que los directores de 'El Tiempo' puedan decir lo mismo".

Planteada la pelea en esos términos la única alternativa parecía ser una escalada hacia la tercera guerra mundial. Sin embargo, de tiempo atrás se había acordado una reunión entre El Tiempo y RCN para limar asperezas corporativas. Y la fecha terminó coincidiendo con el incidente de Gossaín. Así, a mediados de la semana pasada se llevó a cabo una reunión en el Gun Club en la cual por parte de El Tiempo asistieron Enrique Santos, Rafael Santos, Roberto Pombo y Mauricio Rodríguez. En representación de RCN fueron el hijo del propietario, Carlos Julio Ardila, Gabriel Reyes, presidente del canal de televisión y la directora de programación Carolina Angarita.

El tema de Juan Gossaín se despachó rápidamente. Los representantes del periódico pidieron explicaciones sobre la declaración de guerra del periodista en los últimos días, para establecer si era de iniciativa propia o interpretaba a la empresa. Ardila manifestó que en su opinión lo que había en el trasfondo de todos esos episodios era un malestar que tenía Juan Gossaín por lo que consideraba un sesgo en el cubrimiento del periódico en favor de Julio Sánchez Cristo. Esto se le estaba convirtiendo en una obsesión y le había creado una animadversión con el diario. El empresario dejó la impresión de que si bien no compartía la reacción de Gossaín, consideraba válidos algunos de sus argumentos. Puntualizó que en algunos casos se contabilizaban selectivamente los datos regionales parciales y no los totales nacionales en los cuales ganaba RCN. Sin embargo aprovechó para aclarar que su verdadera inconformidad no era tanto con radio como con televisión, pues sentía que El Tiempo no era del todo justo con el cubrimiento del canal RCN.

Los directivos de El Tiempo aclararon que en términos generales ellos simplemente reproducían las encuestas de sintonía reconocidas oficialmente. Ese era el caso del Estudio General de Medios en lo referente a radio y de Nielsen en lo referente a televisión, y que ellos no podían responsabilizarse por los resultados. También aclararon que los columnistas de la sección de televisión eran independientes y que un comentario en uno u otro sentido sobre una telenovela no se le podía adjudicar al periódico. Ardila señaló varios ejemplos de cubrimiento que él consideraba sesgados y agregó que en algunas ocasiones ellos tenían encuestas que les daban resultados favorables pero que El Tiempo nunca les daba a estas el despliegue merecido.

En todo caso la reunión fue constructiva. Los dos bandos se desahogaron y acordaron no mirar hacia atrás, y más bien tratar de evitar cualquier malentendido en el futuro. Coincidieron en que cualquier duda debería aclararse inmediatamente a través de una línea directa para que no se produjera un desmadre. Al fin y al cabo El Tiempo y RCN son dos grupos que son socios en negocios importantes como TV Cable, Sky TV y la recién creada TV Colombia para comercializar cable internacionalmente. En lo que ellos y todos los colombianos estaban de acuerdo es en que el país tiene problemas muy grandes como para agregarle conflictos innecesarios entre protagonistas que deberían estar del mismo lado.

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