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| 5/6/1996 12:00:00 AM

JUEGO DE DAMAS

LAS LESBIANAS COLOMBIANAS QUIEREN SALIR DEL CLOSET. ESTA LA SOCIEDAD PREPARADA PARA RECIBIRLAS?

JUEGO DE DAMAS, Sección Nación, edición 727, May  6 1996 JUEGO DE DAMAS
Si la de los 80 fue la década del destape de los hombres homosexuales en Colombia, las lesbianas aspiran a que la de los 90 sea la suya. Así como hace unos años los hombres gay empezaron a dar la cara para abrirse un espacio y pelear por sus derechos, hoy hay en el país miles de mujeres que quieren hacer lo mismo. Cada vez es más frecuente encontrar mujeres que se reconocen a sí mismas co-mo gay y que lo confiesan dentro de su grupo más íntimo. Verlas en la calle o en los bares que ahora proliferan ha dejado de ser escandaloso y hablar sobre ellas es cada vez menos tabú.Aunque es difícil saber a ciencia cierta cuántas lesbianas hay en Colombia, estudios y sondeos sobre el tema calculan que son alrededor del 1,5 por ciento de la población. Es decir, más de medio millón de mujeres. Esta cifra, que a primera vista no parece tan impactante, equivaldría a algo así como si todos los habitantes de Cartagena fueran lesbianas. De ellas, según la última encuesta contratada por SEMANA, el 58 por ciento reconoce su condición. Es decir que hoy hay en Colombia cerca de 300.000 mujeres homosexuales en busca de espacio dentro de una sociedad tradicionalmente machista que todavía no tiene claro qué tanto está dispuesto a aceptarlas (ver encuesta).Usualmente salir del closet implica un largo y muchas veces doloroso proceso. Es por esto que todavía muchas mujeres prefieren mantenerse en la clandestinidad, viviendo una doble vida y una doble moral. Para quienes deciden intentar reconocerse como lesbianas y buscar una apertura hacia sus familias y la sociedad, el paso inicial y el más importante del proceso es el del reconocimiento propio. Las primeras preguntas que muchas de estas mujeres se han hecho al descubrirse a sí mismas como diferentes a las demás es ¿por qué soy así? ¿Seré anormal?
Aunque se han realizado numerosos estudios sobre el origen de la homosexualidad, la verdad es que aún la ciencia no tiene una respuesta. Investigaciones como la del neurocientífico inglés Simon Le Vay en 1991 sobre el mayor tamaño del 'lugar del sexo' en los cerebros de los homosexuales hicieron pensar a muchos que la razón era definitivamente genética. Así parecieron corroborarlo meses más tarde los hallazgos de otros dos científicos, Michael Bailey y Richard Pillard, quienes llegaron a la conclusión de que si uno de los miembros en una pareja de mellizos idénticos es gay el otro es tres veces más propenso a ser homosexual que si no fueran gemelos. Pero pronto aparecieron los críticos de la investigación de Pillard, quienes adujeron que la causa de que los mellizos tuvieran la misma tendencia podría originarse más bien en la similitud del ambiente social.
Según la sicóloga Marta Lucía Palacio, quien realizó uno de los pocos estudios que hay sobre lesbianas en Colombia, "aunque seguimos llenos de interrogantes sobre las causas de la homosexualidad, actualmente la tendencia más generalizada es a creer que existe una predisposición neuroendocrina, la cual puede o no desarrollarse dependiendo de si se dan las condiciones para ello".Una vez la persona entiende que, independientemente de las causas de su homosexualidad, el hecho es que ella es así, el debate científico pierde importancia. Es el momento en el cual la lesbiana deja de preguntarse por qué es así y comienza a aceptarse e incluso a enorgullecerse de su identidad. "La diferencia _dice Clemencia, una comunicadora social de 32 años_ es que un heterosexual no tiene que aprender a aceptarse. Un homosexual sí".Salir del closetUna vez superada esta primera etapa se preparan para el mayor reto: confesarle a la familia su opción de vida. Existe el gran temor de herirlos y arriesgar una ruptura familiar. Aunque muchos padres lo asumen con naturalidad y comprensión, la mayoría se culpan y se preguntan qué hicieron mal. ¿Fue un error de educación, falta de amor o falta de comunicación? ¿Qué hicieron ellos para que su hija se convirtiera en lesbiana? Otra reacción común es la negación. Asumen que es una etapa por la que su hija está atravesando y que pronto la superará. "Conmigo intentaron todo _dice Manuela, una paisa de 24 años_. Primero mi papá y mi mamá se echaron la culpa el uno al otro. Después se la echaron a mis amistades y optaron por sacarme del colegio. Luego vinieron el cura y el sicólogo, hasta que se dieron cuenta de que no se me pasaría y tuvieron que tolerarlo. A partir de ese momento nuestra relación cambió sustancialmente. Hoy me aceptan, aunque les cueste trabajo hacerlo de puertas para afuera".
Una vez los padres admiten que ser lesbiana no es una condición que se escoge ni un acto de rebeldía de su hija, o que nunca superaron esa etapa que ellos creían pasajera, no les queda más remedio que reconocer a sus hijas como lesbianas o rechazarlas del todo. Algunos padres les prohíben a sus hijas llevar el apellido, vivir bajo su mismo techo o dejan de darles una ayuda económica.
Después de la familia viene la sociedad. Los primeros en enterarse generalmente son los amigos más íntimos, frente a los cuales las lesbianas se abren poco a poco hasta que logran quitarse la máscara. El poderse comportar como son en su cotidianidad les quita un gran peso de encima. Es cuando muchas de ellas empiezan a frecuentar bares y a buscar a otras mujeres en sus mismas condiciones (ver recuadro).
Pasar de los amigos al trabajo es quizá la parte mas complicada y en la que la mayoría se queda. Abrirse ante una sociedad que todavía no está totalmente preparada para recibirlas es difícil. La sicóloga Marta Lucía Uribe afirma que "nuestra sociedad sería feliz si pudiera aislar la hormona responsable para inventarse una vacuna contra la homosexualidad". En este proceso la lesbiana encuentra elementos que dificultan su destape, como la discriminación y los estereotipos. Según la sicóloga Patricia Villegas, "los estereotipos que la sociedad construye obligan a las lesbianas a vivir con una doble moral. Si una mujer no es femenina, se asume de inmediato que es lesbiana. Esto conduce a la mujer lesbiana a aparentar ser femenina para no ser descubierta. No se puede forzar a las mujeres a aparentar algo que no son". Un gran número de lesbianas asumen el papel feminista y activo para formar grupos de presión y apoyo para luchar por la igualdad. Sea cual fuere su manera de afrontar a la sociedad, lo cierto es que la aceptación social depende en gran parte de la actitud que asuman frente a su situación.
Si bien es cierto que el destape de los homosexuales que inició el sociólogo Manuel Velandia a finales de los 70 con su 'Movimiento para la liberación gay' y su Ventana Gay empezó a allanar el camino tanto para hombres como para mujeres, la situación de las lesbianas es bien distinta. El hecho de que la sociedad sea más permisiva frente a las expresiones de afecto entre mujeres ha hecho que ellas sientan menos la necesidad de salir del closet, pues les es más fácil sostener una relación homosexual sin despertar sospechas de lo que es en general para los hombres. Pero a la hora de descubrirse enfrentan unas condiciones aún más adversas, ya que en una sociedad machista como la colombiana tienen que enfrentar la doble condición de ser mujeres y además lesbianas.
Para la profesora de la Universidad Nacional Florence Thomas, del grupo 'Mujer y Sociedad', en nuestro medio el lesbianismo es totalmente subversivo. "Para una sociedad tan profundamente machista y desde una lógica masculina la idea del lesbianismo es demasiado insoportable . Que una mujer pueda amar eróticamente a otra mujer, que pueda gozar sin penetración, afuera de los parámetros masculinos de la sexualidad no es ni siquiera pensable".
Paradójicamente, es ese mismo machismo que le cierra las puertas al lesbianismo uno de sus principales precursores. No son pocas las mujeres que terminan abriéndose a relaciones homosexuales cansadas de ser ignoradas, apabulladas y violentadas por los hombres (ver testimonios). "Desde que vi a mi papá pegarle a mi mamá _recuerda Kalinka, una caleña de 32 años_ me juré a mí misma que jamás iba a dejar que un hombre me tocara. Para mí los verdaderos maricas son los hombres que les pegan a las mujeres".
Mujer contra mujer
La lesbiana encuentra en su relación con la otra mujer muchas de las cosas que cree que el hombre le niega. La relación de pareja entre lesbianas se caracteriza por una ternura, sensualidad, amor y fidelidad de que muchas veces carecen las relaciones heterosexuales. Por tener rasgos físicos y emocionales similares existe una mayor comprensión entre dos mujeres y una compinchería que fortalece la relación, la solidifica y la vuelve más duradera. La sensibilidad de la mujer facilita la fidelidad y la comprensión. Todo se basa en la igualdad: comparten responsabilidades, pensamientos, amor y sensualidad.
Como todas las parejas, las lesbianas también tienen problemas. Existen los celos, la inseguridad y la confusión. Sin embargo la importancia que la mujer le da a la comunicación y a exponer sus sentimientos facilita la solución de sus conflictos. Cada pareja es única, pero convivir y amar a una persona del mismo sexo, con características sexuales, sicológicas y personales similares, fortalece a la pareja lesbiana y la convierte más fácilmente en una relación duradera y amorosa.Un buen número de parejas no descarta la posibilidad de adoptar o tener hijos. Según Kalinka, "me gustaría tener hijos pero todavía no he encontrado la mujer con la que quiero tenerlos. Y todavía quiero mantener mi independencia para poder llegar a donde quiero en mi trabajo. Para quedar embarazada hay muchas formas. No creo que la única figura masculina que pueda tener un hijo sea la del padre. Muchos padres han dañado a sus hijos. También he pensado en la posibilidad de adoptar. Cuando me imagino embarazada me siento bien, lo que me da miedo es el parto".
Las parejas de lesbianas que quieren tener hijos se encuentran, sin embargo, con dos grandes obstáculos: el rechazo de la sociedad y la ley. Si bien es cierto que la sociedad de hoy está más dispuesta a aceptar que cada persona viva como quiera en su intimidad, cuando esa decisión afecta a alguien que consideran inocente la permisividad se revierte (ver encuesta).
¿Letra muerta?
Así mismo, aunque a primera vista pareciera que en el campo legal los homosexuales en Colombia no tienen problemas, esto no es totalmente cierto. A diferencia de otros países latinoamericanos, como Perú, México y Brasil, que ya tienen legislación que ampara explícitamente a los homosexuales, en Colombia la ley se limita a no discriminarlos. A partir de la reforma del Código Penal de 1980 la conducta homosexual, que desde 1936 era considerada delito, se despenalizó. Con esta medida se acabaron las famosas batidas que hacía la Policía en los moteles de las grandes ciudades para encontrar parejas de homosexuales y arrestarlas.
Este fue el primer gran paso que dio Colombia para reconocer los derechos de los gays. Luego la Constitución de 1991, al darle a todos los individuos un instrumento rápido y efectivo como la tutela para la protección de sus derechos fundamentales, abrió el camino para la defensa de los derechos de los homosexuales.
En este sentido las consideraciones de la Corte Constitucional son claras. En la sentencia T-53994, que tuvo como ponente al magistrado Vladimiro Naranjo, se afirma que "los homosexuales tienen interés jurídicamente protegido, siempre y cuando en la exteriorización de su conducta no lesionen una conducta diferente_ En aras del principio de igualdad, consagrado en la Carta como derecho constitucional fundamental de toda persona humana, no hay título jurídico que permita discriminar a un homosexual". Por su parte el presidente de la Corte Constitucional, Carlos Gaviria, piensa que "el comportamiento recto o desviado de una persona nada tiene que ver con sus preferencias sexuales. Así como pueden existir homosexuales malos, también los hay heterosexuales".
Quizás en el único punto en que los homosexuales tendrán que seguir batallando es en el del matrimonio. En la primera semana de marzo pasado la Corte Constitucional dejó en claro que el matrimonio en Colombia sólo es válido entre dos personas de distinto sexo. Sin embargo la doctrina sentada por el alto tribunal abrió la posibilidad de que las parejas conformadas por personas del mismo sexo puedan celebrar convenios civiles en los que establezcan la comunidad de sus respectivos bienes. Es decir que en la práctica, aunque en Colombia los matrimonios entre homosexuales no existan ante la ley, los gays tienen la alternativa de constituir sociedades cerradas que tienen ciertos efectos legales asimilables en la legislación civil a los de una unión heterosexual. "Entonces, ¿qué puede hacer una persona que haya convivido con otra del mismo sexo y tengan problemas sobre sus bienes, ya sea directamente o con los derechos del fallecido? _pregunta el abogado Germán Humberto Rincón Perfetti_ Se puede ir ante un juez a solicitarle la existencia de una sociedad de hecho y posteriormente pedir la liquidación de la misma".
De todos modos los homosexuales están dando la pelea para que se les reconozca sociedad conyugal, argumentando que la Carta del 91 se contradice. En una parte habla del derecho al libre desarrollo de la personalidad y a la igualdad de todas las personas ante la ley y en otra limita el matrimonio a la unión exclusiva entre un hombre y una mujer.
El gueto
El paso más importante que han dado las lesbianas colombianas en los últimos años es que, más allá de reconocerse a sí mismas como homosexuales, muchas mujeres han empezado a formar grupos a través de los cuales buscan compartir experiencias e inquietudes y sobre todo ayudarse a enfrentar el mundo. "Lo que queremos es que no solamente nos dejen existir, sino que además nos den derecho a ser", dijo a SEMANA una de las líderes del Grupo de Mujeres Lesbianas, que desde hace un año se reúne cada semana.
El objetivo de este grupo es lograr aceptar ellas mismas su condición de lesbianas para así poder "construir un mundo donde la diferencia sea riqueza y no motivo de discriminación". Dentro de un enfoque usualmente feminista, los temas varían entre asuntos personales, problemas jurídicos, proyectos para integrarse a la comunidad internacional o simplemente servir de válvula de escape para las que necesiten botar corriente. Una de sus mayores preocupaciones es hallar un lugar dentro de la misma comunidad gay, donde creen que los hombres se han apoderado del discurso de la homosexualidad, y uno de sus propósitos a mediano plazo es avanzar en la consolidación de grupos de mujeres lesbianas a nivel nacional.
El pionero de todos, sin embargo, es Homega, un grupo de hombres y mujeres que, desde su perspectiva homosexual, ha emprendido la búsqueda de Dios y de su misión como cristianos. Acompañados por una religiosa y un sacerdote heterosexuales, que han sido sus asesores espirituales, los integrantes de Homega llevan más de tres años trabajando en el desarrollo de los campos espiritual, sicológico y social de los homosexuales. "Ya no nos preguntamos por qué somos así sino para qué estamos aquí, dentro del plan de Dios", explica uno de sus fundadores. A través de reuniones, fiestas, encuentros con otros grupos y una misa que celebran cada mes, exclusivamente para homosexuales, los homegas se han ido consolidando y convertido en un espacio seguro, donde cada uno de sus miembros tiene la oportunidad de expresar sus angustias y temores, encontrar respuestas y crecer tanto desde el punto de vista espiritual como desde el personal o el social. "Aunque las diferencias entre los hombres y las mujeres homosexuales son grandes y las relaciones suelen ser difíciles, hemos tratado de hacer énfasis en lo que nos une y no en lo que nos separa", dicen.
Recientemente también se ha ido abriendo paso otro grupo de hombres y mujeres homosexuales cuyo objetivo principal es "crear un espacio para plantear las inquietudes de los miembros respecto a su condición sexual, en relación con su vivencia espiritual y así crear una red de apoyo emocional para los miembros de la comunidad".
Lo que vieneAunque incipientes, comparados con las sólidas organizaciones que existen en otros países, estos grupos son la muestra más clara de que en Colombia los homosexuales, y particularmente las lesbianas, están tomando conciencia de sí mismos y tratando de abrirse un espacio en la sociedad. Esta tarea, sin embargo, no es fácil.
A juzgar por la encuesta contratada por SEMANA, hay muchos terrenos en los cuales los colombianos ya le han abierto campo a las lesbianas. En materia laboral la inmensa mayoría de los encuestados (94 por ciento) dice que aceptaría a una lesbiana como compañera de trabajo, aunque algunos (20 por ciento) la tratarían de manera distinta o la ignorarían. Así mismo, la mayoría (75 por ciento) considera que las lesbianas deben tener los mismos derechos de los demás.
Cuando se trata del núcleo familiar, las lesbianas también encuentran un gran apoyo que, sin embargo, no es incondicional. El 88 por ciento de los encuestados aceptaría tener una hija o una hermana homosexual, pero para el 42 por ciento de ellos la condición sería que no se hiciera público. Algo similar sucede cuando la gay es la madre. En este caso el 65 por ciento la aceptaría, pero un 36 por ciento intentaría también mantenerlo oculto.
A primera vista estos resultados darían la sensación de una sociedad abierta a las lesbianas. Sin embargo, cuando se trata del efecto que el lesbianismo pueda causar en sus hijos la tendencia es totalmente distinta. Un 43 por ciento de los padres no aceptaría que su hija tuviera una compañera lesbiana y el 59 por ciento rechazaría enfáticamente a una profesora que tuviera esa condición.
La realidad parece indicar que si bien los colombianos pueden estar dispuestos en el papel a aceptar sin reparos a las lesbianas dentro de la sociedad, a la hora de la verdad cuando les tocan su fibra íntima son mucho más conservadores. Esto es evidente en lo que dicen los encuestados sobre las compañeras y profesoras lesbianas de sus hijas.
Varios empresarios consultados por SEMANA a la pregunta de si contratarían a una mujer lesbiana, bajo la reserva de su identidad reconocieron que no lo harían, así oficialmente tuvieran que decir lo contrario. La mayoría de ellos coincide en que no se sentiría tranquila de depositar en un homosexual la imagen de su empresa. Uno de ellos manifestó inclusive que considera que un homosexual "es un factor perturbador dentro del negocio porque es una persona anormal".
Eso demuestra que, más allá de la letra, la discriminación contra los homosexuales sigue existiendo en Colombia. Todavía parte de la sociedad repudia el comportamiento homosexual. Lo que pasa es que es difícil de probar, pues cuando a alguna persona la despiden de su trabajo o no la aceptan para determinado oficio, las razones que dan las empresas nunca tienen que ver con su comportamiento sexual. De acuerdo con Manuel Velandia, "para muchos el homosexualismo sigue siendo un comportamiento anormal más por ser considerado una conducta disidente que por ser un comportamiento que afecta mentalmente a las personas en su individualidad o a la comunidad en su orden moral".
Las diferencias entre la receptividad hacia las lesbianas en las distintas regiones del país no es muy grande, aunque en Bogotá, por ser una ciudad más cosmopolita, la tendencia es más liberal. Es en la capital donde se han gestado los primeros grupos organizados de homosexuales y donde la gente es más indiferente al comportamiento de los demás. En otras ciudades, como Cali y Medellín, la sociedad es más conservadora, aunque individualmente las personas sean más abiertas. Curiosamente, de acuerdo con la encuesta, los barranquilleros son los más reacios a aceptar a las lesbianas y es muy común oírle a la gente la frase de "prefiero una puta en la familia que a una lesbiana".
Todo indica que si bien Colombia no es el país más avanzado en materia de reconocimiento y aceptación de las lesbianas, los primeros pasos están dados. El hecho de que más de la mitad de las mujeres homosexuales reconozca su condición; que la Corte Constitucional sea enfática en la defensa de sus derechos; que se estén gestando los primeros grupos organizados y que un gran número de colombianos esté empezando a tolerarlas en sus actividades cotidianas demuestra que las condiciones están dadas. Sin embargo a las damas todavía les quedan muchas partidas por jugar. Ese será su gran reto para el siglo XXI.


Micaela 33 años Escritora
Tenía 22 años y hasta ese momento mis relaciones habían sido sólo con hombres. Nunca se me había pasado por la cabeza tener algo con alguna mujer. Pero sucedió. Fue en Nueva York. La conocí a la salida de una de mis clases. Desde el primer instante me llamó la atención. No era una atracción física sino más bien intelectual. Nuestra amistad fue evolucionando con el tiempo y un día decidimos ir juntas a ver una película. Ese día mi vida cambió completamente cuando, en medio de la oscuridad, ella me tomó de la mano. Aún me acuerdo de esa noche. Cuando llegué a mi apartamento mi mente tenía imágenes de todas las etapas de mi vida. Lo que había sucedido minutos atrás me confundía lo que yo creía que era.
Mi relación con ella duró ocho años. Luego conocí a un hombre y también tuve una relación amorosa con él. Hoy digo que soy lesbiana porque estoy viviendo con una mujer y la amo profundamente. Pero quizás mañana pueda estar con un hombre. Eso no quiere decir que uno sea una cosa o la otra o, como dicen algunos, las dos al mismo tiempo. No hay que cerrar a dos posibilidades el comportamiento sentimental de una persona. En el campo del amor uno puede llegar a amar a cualquiera. Es decir, si a uno le queda pequeño un zapato no hay que cortarse el pie, simplemente hay que agrandar el zapato.
Para proteger el derecho a la intimidad SEMANAse abstuvo de revelar la identidad de las mujeres que contaron su historia.
Silvina 27años Administradora
Siempre fui la piernisuelta de mi salón. Desde los 13 años empecé a tener una contínua vida sexual. Sostuve más o menos siete relaciones serias con hombres. La última de ellas fue la que finalmente me envió al mundo del lesbianismo. Era un hombre mayor que no hacía otra cosa que tratarme mal. Mientras yo entregaba todo, él sólo lo hacía en la cama, y una vez terminábamos de hacer el amor le importaba un carajo qué pasaba con mi vida. Es decir, yo sólo le importaba porque tenía buen busto, piernas largas y cola parada. Aburrida de esa situación, encontré refugio en una amiga que conocí en la universidad y quien curiosamente tenía más o menos una vida paralela a la mia. En una de nuestras tantas sesiones de despecho decidimos ahogar la pena con aguardiente y fue tal la borrachera que terminamos acostadas en la cama de mis papás tocándonos todo y dándonos besos. Apenas amaneció no fuimos capaces ni de mirarnos.
Duramos cerca de tres meses sin hablar siquiera por teléfono. Yo me sentía achantada. Pero en realidad esa noche había sido quizás la más grande de mi vida. La verdad tenía que llegar y en un encuentro casual las dos nos destapamos: somos lesbianas y qué. Desde aquella tarde, hace más o menos cuatro años, no nos hemos separado. Todas las personas que conocemos saben realmente quiénes somos nosotras y creo que nos respetan. Eso no significa que me guste salir por la calle gritando que soy lesbiana y que odio a los hombres.
Samanta 24años Estudiante
Yo soy una de esa viejas que siempre ha pensado en que uno tiene que probar de todo, incluso en el campo sexual. Siempre me imaginaba haciendo el amor con otra mujer. Pero había un solo problema: no había con quién y me quedaba muy boleta insinuarle a una de mis amigas del colegio. Al año y medio de estar en la universidad conocí a una lesbiana. La vieja me interesó, pero la atracción no era tanto hacia ella sino más bien a su condición. Empecé a coquetearle muy delicadamente, pero parecía no pararme bolas. Así pasó todo un año, hasta que un día en una fiesta yo hice todo para que tuviera que quedarme a dormir en el apartamento de ella. Las cosas salieron a la perfección. Al comienzo, cuando todo eran insinuaciones, sentí cierto grado de nerviosismo, pero de ahí para allá todo fue espectacular. Nunca me imaginé que un hombre no me iba a ser falta en una cama y que con una mujer podía llegar mucho más allá.
Si alguno de mis papás se llega a enterar creo que se morirían de un infarto. Sin embargo creo que sospechan porque ando con ella para todos lados y es muy frecuente que pida permiso para dormir en su casa. Creo que estoy viviendo una de las peores etapas de mi vida porque no puedo expresarme libremente. Eso termina dañando todo. Algún día habrá que hacerlo. Por ahora no. Hasta el momento estoy feliz en mi relación y no me arrepiento de haber experimentado.

Helena 26 años Estudiante
Nunca me ha gustado hablar del tema. Siempre fui considerada la marimacho y fea de la clase. Yo estudiaba en un colegio mixto y era la única que jugaba fútbol y tenía la misma fuerza de los muchachos. Nunca desde que me acuerdo me ha llamado la atención un hombre. Incluso desde el colegio sentía que eran mis compañeras de salón las que me gustaban. Ese comportamiento me parecía anormal y por eso nunca lo tocaba en ninguna conversación con alguien. En el fondo de mi ser sabía que yo era una lesbiana pero no lo quería aceptar. Pero llegó el momento de enfrentarlo, por lo menos personalmente. Fue en la universidad en medio de mis clases de sicología, oyendo las cátedras. Por intermedio de una amiga tuve mi primera experiencia sexual. De ahí para adelante sé muy bien quién soy, pero no se lo cuento a nadie. La sociedad caleña es muy cerrada para esas cosas y me da miedo que puedan mirarme mal o tratarme distinto. Lo mismo me pasa con mis padres. Aunque ellos aparentan ser muy abiertos, estoy segura que nunca lo aceptarían. Cuando se les toca el tema del homosexualismo, ahí mismo sacan la Biblia y miles de argumentos religiosos. Sé que es imposible hablar de eso con ellos. Por el momento estoy tranquila, aunque en cierto sentido, y eso no significa que no los adore, estoy esperando a que mis papás mueran para hacer mi vida tranquila.

Alejandra 29 años Artista
Mi vida sexual comenzó a los 16 años. Tuve muchas relaciones con hombres. Pero, mirando retrospectivamente, reconozco que las mujeres siempre me han gustado. Por ejemplo, la profesora de inglés me producía tal admiración y mística que hacía que a ella sí le hiciera las tareas. Sin darme cuenta a los 19 años tuve mi primera relación con una mujer. Fue en un paseo a La Guajira. En pleno ambiente de mar y playa nos dimos besos por primera vez. Era evidente que nos encantábamos.
Pasaron cuatro años y en mi casa no sospechaban nada. Mi papá se enteró porque abusivamente leyó una carta que le había escrito a mi novia. Me dijo que esto me iba a traer problemas sociales y que debería corregir el rumbo de mi vida. Le dije que él me había enseñado a no reprimir mis deseos. El me respondió: "Sí, pero a mí me gustan son las mujeres" y yo le contesté: "Pues a mí también". Mi mamá se enteró cuando me escuchó una conversación con mi novia. Entró a mi cuarto y me gritó: "Usted se tiene que ir para donde un siquiatra". Yo le respondí: "Pues la que se tiene que ir para donde el siquiatra es usted porque yo ya lo admití". Nunca sentí un rechazo social porque tengo una actitud tranquila frente a mi situación y esto hace que la gente me respete. También me aburren los gueticos de lesbianas. Me parece que son lo más caricaturescos de la vida. Todas andan como prevenidas hacia los demás y se comportan como si estuvieran en una película.

Ana 32 años Gerente de banco
Odio el comportamiento machista tanto de las mujeres como de los hombres de la sociedad caleña. En esta ciudad la mayoría de las mujeres existe exclusivamente para servirle a los hombres. Eso en el campo social, porque en el aspecto amoroso mejor ni hablar. Las tres relaciones que sostuve con hombres fueron iguales. Uno entregaba todo y ellos, por lo menos en mi caso, nada. Siempre viven pendientes del sexo y del fútbol, en cambio en las relaciones entre mujeres lo importante es la compañía, la comprensión y la compinchería. Lo mismo es en la cama. Mientras con un hombre las cosas tienen que ser de una, con una mujer el proceso es mucho más lento y tierno.Todos los que me conocen saben realmente quién soy y en el banco en el que trabajo nadie pone problema por mi condición de lesbiana. Creo que vivo como cualquier otra persona, es lo mismo. No me gustan los guetos de gays. Me parecen absurdos, es abrir una puerta al mundo para cerrar la de la otra mitad. En este momento llevo seis años con mi pareja y creo que no nos vamos a separar nunca. Aunque hacen falta los hijos hemos pensado que es mejor no adoptar, por lo menos hasta que la sociedad se abra un poquito más, porque a mí no me importa que anden hablando de mí, pero si a mi hijo lo van a tratar mal porque tiene dos mamás, eso si no lo soporto. Tampoco me quiero casar. El amor casado no es lo mismo.Sólo para mujeresEl sueño de Rosario siempre fue abrir un bar para mujeres. La idea surgió porque Bogotá no tiene lugares exclusivos para ellas. Arrendó un local en la Avenida Caracas hace cuatro años y las primeras mesas y decoraciones las trajo de su casa. Los techos son bajitos. "Todo se hizo a mi medida _dice Rosario_, así a las muchachas altas les toca bailar bien abrazaditas para que no rayen el techo con sus cabezas".Valeria es una de las meseras. Lleva dos meses atendiendo a las clientas, ofrece bebidas y algunas veces sirve de paño de lágrimas. Terminó trabajando ahí porque es amiga de Rosario y el ambiente le encanta. La acogida entre las lesbianas es grande. Según ella, "aquí permitimos de todo. Las que quieran bailar, bailan; las que quieran conversar, conversan, y las que quieran hacer el amor, también tienen campo para eso". Valeria cuenta que no tienen problemas con la Policía. "A veces entran, piden la licencia y se van". Sin embargo no faltan los hombres que intentan entrar por pura curiosidad. "Si son groseros, apagamos la música y decimos que es una fiesta privada o que la rumba ya se acabó". Los bares de lesbianas no son iguales a los otros bares gays. Cuando las mujeres entran no tienen en mente la conquista inmediata que generalmente culminaría en la relación sexual. En un bar de mujeres, ellas esperan conocer a alguien. Esto significa, para su imaginación y su cuerpo, más que un encuentro sexual. El acercamiento entre ellas en un bar es más sutil. "Lo casual no lo buscan aquí _agrega Valeria_. Este ambiente no es el perfecto para comenzar una relación de amor pero es el mejor preámbulo que tenemos".
El goce sexual
El mito que hay cuando se habla de las relaciones sexuales entre lesbianas es que una hace el papel de mujer y otra el del hombre. Si esto fuera cierto se estaría mirando desde el ángulo heterosexual. La posición que adoptan las parejas no se basa en lo físico. No se puede afirmar que las mujeres robustas o marimachos asumen el papel de hombre en la relación sexual. El énfasis está en dominante y dominada más que en lo masculino y lo femenino.
Las mujeres que han tenido experiencias sexuales con hombres afirman que las relaciones entre ellas son más placenteras. Según Kalinka, una fotógrafa caleña de 32 años, "la relación lesbiana es completamente diferente. El hombre usa una parte de su cuerpo para darle placer a la mujer. La mujer, en cambio, involucra todo el cuerpo. La relación sexual con un hombre es totalmente predecible. La relación con una mujer es misteriosa, te desubica. Uno se pregunta cómo va a ser, cómo va a empezar, cómo va a terminar. Con un hombre uno puede estar un rato. Con una mujer puedo pasar dos días sin parar. Tener 10 orgasmos a

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