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| 7/1/1996 12:00:00 AM

JUICIO AL JUICIO

MARIA ISABEL RUEDA ANALIZA EL MOGOLLONAZO Y PLANTEA INTERROGANTES SOBRE LO QUE VENDRA DESPUES DE LA ABSOLUCION DE SAMPER.

JUICIO AL JUICIO JUICIO AL JUICIO
Es una lástima que la defensa del presidente Ernesto Samper en lo que se ha denominado, no sin mucha razón, como el juicio del siglo, le haya correspondido a un hombre como Heine Mogollón. Pero no por su posición suicida en torno de la inocencia de Samper, que ya de por sí desacreditó mortalmente su papel de investigador del Presidente. Sino porque la oportunidad de haber sacado adelante la transparencia de la conducta de Samper le hubiera correspondido a un parlamentario tan ignorante en materia jurídica, tan pobre intelectualmente, con tanta dificultad de expresión y tan lamentable manejo del idioma. Y, sobre todo, tan extraordinariamente cínico como para ponerse de pie ante el país y sostener que aquí, después de un año de investigaciones por parte de la Fiscalía General de la Nación y de distintas instancias judiciales que condujeron a la acusación del Presidente por cuatro delitos penales ante el Congreso; que después de haberse mantenido un año a Colombia en jaque por los descubrimientos, gota a gota, de los ríos de narcodineros que bañaron al país durante las últimas elecciones; que después de la caída del Ministro de Defensa del presidente Samper y de su posterior detención; que después de la confesión y detención del tesorero de la campaña, Santiago Medina; que después de la detención de siete parlamentarios y el encausamiento de varios más; que después de que tres ministros del despacho están siendo procesados por encubrir lo que sucedió en la campaña; y que después de que se ha erosionado el poder político del presidente Samper hasta minar mortalmente su credibilidad como mandatario, aquí no pasó nada. El representante-investigador del Presidente nunca logró hacer bien su oficio. Desde el momento en que, a través de una entrevista radial, lo sorprendieron meciéndose en una hamaca en Lorica en agosto pasado para informarle que le había tocado la lotería de asumir el gran reto como presidente de la Comisión de Acusaciones, el país lo miró con recelo. Injusto, hasta ahí, porque la desconfianza surgía del absoluto desconocimiento que había por fuera de Chimá, su pueblo natal, y de Lorica, su actual residencia, de quién diablos era un tal Heine Sorge Mogollón en cuyas manos había quedado colocada, una buena mañana, el destino político del país. Pero no tardaría la opinión en confirmar su impresión inicial, con la primera versión libre que le tomó al Presidente de la República, en la que omitió las preguntas más obvias que habría hecho un aprendiz de investigador. En ella se conformó con escuchar la versión de Samper, pero pasó por alto sus contradicciones y vacíos, y sobre todo, se cuidó de meterlo en temas espinosos, que pudieran complicarle su evidente determinación de salvar al Presidente de la República con un caprichoso auto inhibitorio. Por este motivo lo investiga actualmente la Corte Suprema de Justicia, bajo el cargo de prevaricato. Algo mal debió sentirse el señor Mogollón cuando, por cuenta del empecinamiento de la Fiscalía, siguieron recopilándose indicios y pruebas que permitieron, finalmente, denunciar al Presidente de la República ante la Comisión de Acusaciones. Pero ahí la opinión volvió a confirmar sus temores: dentro de la farsa de volver a tomarle la declaración al Presidente, con la misma poca curiosidad de la primera vez, Mogollón no se tomó el trabajo de practicar pruebas distintas, y se concentró durante cuatro meses en una tarea con la que desvirtuó de plano su papel de representante-investigador, cuyo deber era indagar tanto las cosas que le fueran favorables como desfavorables al Presidente. A cambio, se transformó en su representante-defensor. Ese es el triste papel que los colombianos le vieron desempeñar la semana pasada ante las cámaras de la televisión. Yo no sé, pero en el fondo de su conciencia, al Presidente se le tiene que haber atravesado la reflexión de que el alegato de su inocencia habría podido tener un mejor nivel. Ha sido tan insistente en los argumentos sobre su inocencia, tan hábil en el manejo político de la crisis, tan avezado políticamente para reorganizar la aplanadora liberal, que francamente merecía que su defensa se hubiera hecho con una mayor dignidad, con un mejor conocimiento del derecho, con un mayor respeto por las leyes, por parte de alguien que por lo menos hubiera dejado pensando al país en que se hizo un esfuerzo por encontrar la verdad, y no por amañarla. Es una tragedia más en la cadena de acontecimientos que tienen a Samper en vilo: la de que le hubiera tocado en suerte precisamente ese investigador. Mogollón logró 'mogollonizar' la defensa del Presidente de la República. Y caramba.. culpable o inocente, cualquiera merece mejor suerte. La 'Mogollización' del enriquecimiento ilicito La primera embestida de Mogollón en el tema jurídico se hizo sobre el delito de enriquecimiento ilícito, con la siguiente frase: "En este tema, nosotros respetamos los criterios de la Fiscalía y de la Corte Suprema de Justicia, pero nos apartamos de ellos". Así, de un plumazo, Mogollón se atribuyó la licencia de desconocer los criterios y jurisprudencia del máximo organismo investigador en materia penal, la Fiscalía, y del supremo juez penal, la Corte Suprema de Justicia. Y lo justificó con otra frase en la que además del derecho atropelló _como en buena parte de su intervención_ el castellano: "A mí, a Heine Mogollón, quien no le debe nada en absoluto a los carteles de la droga, a las asociaciones delictivas, tiene (sic) toda la autoridad para conceptuar dentro de un criterio jurídico para plasmarlo en este informe o ponencia". Lo que Mogollón conceptuó y plasmó en su informe fue su libre interpretación sobre el delito de enriquecimiento ilícito, que va en contravía de la jurisprudencia en virtud de la cual están en la cárcel Santiago Medina, Fernando Botero, Manuel Francisco Becerra, Rodrigo Garavito, Alberto Santofimio, Gustavo Espinosa, Eduardo Mestre y Alberto Giraldo, entre otros. Mogollón, al igual que los abogados de los narcos, de los testaferros y de los políticos con rabo de paja, cree que el enriquecimiento ilícito solo se configura cuando las personas en quienes se origina el dinero han sido previamente sentenciadas por el delito de narcotráfico. Como quien dice, la plata de los Rodríguez no es ilícita, porque contra ellos no hay todavía una sentencia por narcotráfico. La Fiscalía y la Corte Suprema en los autos de detención que han dictado, han dejado en claro que este es un delito autónomo, que no requiere sentencia previa de narcotráfico. En cuanto a la Corte Constitucional, que en 1993 había dictado una sentencia que declaró exequible sin ningún condicionamiento el delito de enriquecimiento ilícito, (con alguna contradicción al respecto en su parte motiva), lo reiteró en una reciente providencia en la que zanjó el asunto y se puso del lado de la tesis que vienen aplicando la Fiscalía y la Corte. Eso significa que, con su interpretación libre del delito de enriquecimiento ilícito, Mogollón no solo se rebela contra los supremos tribunales jurídicos del país, sino que para defender al Presidente argumenta lo mismo que están argumentando los defensores de los narcotraficantes. Porque además, si la Cámara termina archivándole el proceso al presidente Samper por una tinterillada como ésta, el mensaje que le llegará al país y al mundo es que Samper resultó inocente porque los Rodríguez no han sido declarados oficialmente narcotraficantes. En seguida el jurista Mogollón afirma que Samper tampoco cometió enriquecimiento ilícito porque su patrimonio no aumentó. Pero para juristas de más vuelo que Heine Mogollón el delito de enriquecimiento ilícito es algo mucho más sofisticado que eso. Se requiere que, según el decreto 2266 de 1991, dicho incremento se dé "de manera indirecta o por interpuesta persona (...) para sí o para otro". En este caso, el patrimonio que aumentó injustificadamente fue el de la campaña presidencial, o el de la Asociación Colombia Moderna. Y si el hecho de que se trate de personas jurídicas y no naturales eliminara el enriquecimiento ilícito, todo el mundo utilizaría sociedades o fundaciones para esconder los dineros ilícitos. El presidente Samper puede no haber incrementado en un peso su patrimonio. Pero con el dinero de los Rodríguez, incrementó el patrimonio de la campaña que lo llevó al poder. La 'Mogollización'de los testigos "Ninguno de los testimonios que obra en la investigación se amerita tener como tales" (sic). Con esta olímpica sentencia, Mogollón arroja al cesto de la basura los más graves testimonios que se hayan producido contra un presidente de Colombia. Para lograr semejante proeza, Mogollón acude a un ilusionismo digno del mago David Copperfield: desaparecer del escenario las declaraciones de Botero y Medina.
Aunque todo el mundo ha reconocido que estos testimonios no son perfectos, ni plenamente coincidentes, el truco del mago de Chimá consiste en criticar los dos testimonios por un defecto que solo tiene el de Botero. Es cierto, como dice Mogollón, que la gran falla del testimonio de Botero es que nunca señala una conversación concreta con el entonces candidato sobre los narcodineros. Pero Medina sí. Y lo hace concretamente en relación con un episodio en el que el Presidente ha dado versiones contradictorias. Medina sostiene que en el Hotel Orquídea Real, en plena campaña, le consultó al candidato sobre un viaje a Cali para hablar con los Rodríguez de aportes a la campaña. Y según Medina, Samper le contestó que no hablara de eso con él, sino con Botero. Mientras Medina se ha sostenido en esta versión una y otra vez, el Presidente ha patinado. A Mogollón le dijo en su primera versión libre que esta conversación jamás había tenido lugar. Pero a través de un artículo publicado en el diario El Tiempo a mediados de febrero y presentado por la Casa de Nariño como la versión oficial de los hechos, la historia cambió. Samper pasó de no reconocer la conversación a reconocerla a medias, aceptando que Medina le consultó el viaje, pero que obtuvo del candidato un no rotundo. Un verdadero representante-investigador le habría hecho al Presidente de la República alguna de estas preguntas: ¿Cuál de las dos versiones es la de verdad? ¿Por qué el entonces candidato no le informó al fiscal ético de su campaña que su tesorero le había pedido permiso para recibir dineros del narcotráfico? ¿Por qué no lo destituyó de inmediato? Y si, en gracia de discusión, Samper lo consideró una falta menor o una propuesta indecorosa que había quedado cancelada, ¿cómo no se puso en alerta cuando escuchó los narcocasetes en los que se hablaba de que Medina había estado en Cali reunido con los Rodríguez? ¿No era demasiada coincidencia que Medina propusiera hacer una cosa que luego dos terceros confirmaban por teléfono que efectivamente había hecho? Sentencia el representante Mogollón: "¿En qué está de acuerdo esta pareja cuya simbiosis es indescartable? En que a la campaña Samper Presidente entraron dineros del narcotráfico. ¿En qué más? En que el dinero llegó a la tesorería. Están de acuerdo en que el dinero se repartió y se entregó en efectivo, tanto por Medina en la tesorería y en la casa de Medina. Están de acuerdo en lo que a ellos les conviene para sus propias defensas". Como si a Medina le hubiera convenido reconocer que recibió las cajas y que todo pasó en su casa... Y, aceptando como acepta estas coincidencias que corroboran los graves indicios de que el dinero entró a la campaña, Mogollón sale del lío con otra frase: "¿El indicio? Eso sí que es exigente. Hay que partir de un hecho indicador, que aquí se podría pensar que es el de que haya entrado plata del narcotráfico a la campaña del Presidente. Pues no, sencillamente que no. Porque este no es un delito que acepte la modalidad de culposo, y esa es una investigación que están llevando otras instancias judiciales". Hábilmente Mogollón deja claro que la comprobación de si entraron o no dineros a la campaña no le corresponde a él. A él le corresponde demostrar si el Presidente sabía. Pero es difícil que pueda demostrarle que sabía lo que a él no le corresponde demostrar que sucedió. Más adelante el investigador del Presidente comete otro de sus grandes desconocimientos del derecho penal. Deduce que el Presidente es inocente porque "tres testigos de esta naturaleza _incluye además a María Izquierdo_ y sobre todo cuando ninguno de ellos, óigase bien, prueba, porque a ellos les corresponde probar (!!!) de que (sic) el señor Presidente sí sabía, sí tenía conocimiento, sí ordenó que los dineros del narcotráfico ingresaran a la campaña porque él avaló esas conductas". Lo que sucede, señor Mogollón, es que Botero y Medina ofrecen sus testimonios bajo juramento. Corresponde a los investigadores como usted encontrar o no las pruebas. Pero no puede señalarle a los testigos una responsabilidad que no les corresponde. El testimonio de María Izquierdo, quien declaró ante la Corte que Samper la mandó a la casa de Santiago Medina a recoger su cajita de dinero, tampoco le mereció a Mogollón detenerse siquiera un instante en sus implicaciones. Por increíble que parezca, no la llamó a declarar antes de redactar su propuesta de precluir el proceso contra el Presidente por falta de pruebas. Claro. Las pruebas escasean cuando no se practican. Pero Mogollón declara sobre este asunto que, "yo no es que menosprecie la declaración de María Izquierdo. Solo es bien sabido que no merece mayor análisis". Capítulo aparte merece la evaluación probatoria de Guillermo Pallomari, el contador del cartel, por parte del investigador. Se refiere a él como "un tal Pallomari", y califica su grave testimonio como "simples deducciones que hace el contador de que unas cuentas que manejaba correspondían a políticos y para la campaña del señor Presidente". Y concluye que, más allá de esas deducciones, "Pallomari no le hace imputaciones al Presidente de la República". Eso que Mogollón llama tan alegremente las "deducciones de Pallomari" otros investigadores menos ligeros podrían catalogarlo como una confesión como Dios manda. Sólo él, por ser contador de los Rodríguez, podía contestar, como lo hizo, la pregunta de los investigadores sobre para qué era el rubro conocido como LTD4 especial: "Sí, es una cuenta corriente que el señor Miguel Rodríguez dio la orden de abrir para girar dineros para la campaña presidencial de Ernesto Samper". Mogollón también dice que el tal Pallomari cuenta que el dinero era empacado en cajas de cartón que salían en una avioneta que despegaba de una pista cerca de Jamundí, y que un tal Murcillo recibía en Bogotá. "Pero hasta ahí llega la historia de Pallomari: hasta Jamundí", asegura Mogollón. Una vez más el representante-investigador demuestra una gran pereza para atar cabos. Basta juntar este testimonio con lo que se le ha demostrado al tal señor Murcillo, preso actualmente en Bogotá y en antesala de su juicio, y con lo dicho por Santiago Medina y por la propia María Izquierdo, sobre las famosas cajas. Los testimonios de todos le podrían servir a Mogollón para saber qué pasaba con las cajas después de Jamundí. Para rematar su alegato de inocencia, Heine Mogollón sentencia: "No hay en esta investigación indicio grave, ni confesión, ni documentos, ni peritación para que se decrete una resolución de acusación". La 'Mogollización' de los indicios Según el Código Penal, para acusar basta que haya indicios graves. Esos son los que sobran en ese proceso, y por eso Mogollón se dedicó a desvirtuarlos. Para refrescarle la memoria, podríamos mencionar los siguientes:
· Los recibos de las tesorerías regionales
· Los narcocasetes que el propio Alberto Giraldo reconoció como ciertos
· La conversación con la Monita retrechera, que el propio Palacio de Nariño reconoció como cierta
· La participación de Giraldo, Mestre y Becerra en la campaña
· La adhesión de Maza Márquez en la casa de Alberto Giraldo
· La presencia de Víctor Patiño Fómeque en Casa Medina en la comida del 17 de junio
· El inusitado chorro de plata que le entró a la campaña en la segunda vuelta.

Lo anterior en cuanto al enriquecimiento ilícito. Y en cuanto al encubrimiento:
· El memo de Botero a Samper para tumbar al Fiscal, que Samper reconoció haber recibido pero por el cual nunca denunció a Botero
· El extraño, intempestivo y gratuito nombramiento del coronel Osorio en un cargo inexistente en la embajada de Colombia en Italia
· La relación 'humanitaria' de la Presidencia de la República con uno de los testigos chimbos del Procurador contra el Fiscal Mogollón se puso y se quitó sus anteojos varias veces durante sus siete horas de intervención ante la Cámara.
Y a juzgar por los resultados de su investigación, también se los quitó mucho durante la misma. Ya era extraño, como lo mencionó monseñor Pedro Rubiano, que Samper no hubiera visto el elefante. Lo que resulta increíble ahora es que tampoco Mogollón lo hubiera visto. Lo que viene Pero a estas alturas del partido para los colombianos lo más importante no es saber cómo fue el 'mogollonazo' sino qué va a pasar después de éste. Dos años lleva el país en el proceso 8.000 y para todos los efectos jurídicos termina con la absolución de la Cámara. Políticamente, sin embargo, los problemas apenas comienzan. El presidente Samper siempre había abierto un abanico de cinco posibilidades de lo que podía llegar a suceder después de su absolución. Estas eran el adelantamiento de las elecciones, la consulta popular, el gobierno de unidad nacional, el gobierno de unidad liberal y por último su renuncia. De estas cinco opciones dos están totalmente muertas y dos casi muertas. Las ya enterradas son las elecciones anticipadas y el gobierno de unidad nacional. Ni siquiera el Presidente, en su infinito optimismo, pretende que sean posibles. El gobierno de unidad nacional no puede existir desde el momento en que el Partido Conservador tomó la determinación de no entrar por ninguna circunstancia. Las dos propuestas que están al borde del entierro son el gobierno de unidad liberal y la consulta popular. Ninguno de los precandidatos liberales ha demostrado intención de entrar a formar parte del gobierno. En privado, el Presidente considera que una vez exonerado puede cambiar el ambiente político, y esto puede llevar a que lo acompañen personas como Humberto de la Calle, Juan Manuel Santos o Carlos Lleras. En privado, también, los tres niegan que esto pueda suceder. Por tanto, por el momento parece utópico cualquier gobierno de unidad liberal.

Lo único a lo que puede aspirar el presidente Samper en este momento es a conformar sencillamente un nuevo gabinete, pero de división liberal y lentejos conservadores. La consulta popular no está muerta pero está agonizando. A ésta se oponen los empresarios, los gremios, la mayoría de los ex presidentes y la mayoría de los medios de comunicación. En términos generales, casi toda la clase dirigente. La apoyan las mayorías liberales del Congreso y la mayoría de la opinión pública que en la última encuesta le dio un 60 por ciento de respaldo. En términos generales el Presidente, al contar con la mayoría del Congreso, podría llegar a tener una posibilidad de imponer su consulta. El problema es que sería contra toda la clase dirigente, incluyendo personajes como su ministro de Defensa, Juan Carlos Esguerra, quien ha manifestado su desacuerdo con esa improvisación constitucional. Y aunque el control jurisdiccional de la Corte sobre la consulta sería posterior, es muy discutible jurídicamente que a los colombianos pueda preguntárseles si quieren o no que el Presidente complete el término de su mandato constitucional. El anterior análisis demuestra que de las cinco opciones de su abanico al Presidente no le queda sino su renuncia. Esta no se ve venir en forma inmediata y Ernesto Samper confía en el fondo de su corazón que alguna utilidad deberá poseer su absolución para no tener que jugarse esta última carta. Sin embargo su permanencia en el poder no depende de él sino de tres factores: Estados Unidos, la economía y la guerrilla. _Estados Unidos: todo el que ha tenido algún contacto con el embajador Myles Frechette en las últimas semanas tiene en claro que el tío Sam no está cañando. Todas las torpezas que cometen en materia de comunicados y amenazas obedecen a una sola razón: su desprecio por la opinión pública en Colombia. El gobierno de Estados Unidos quiere mandarle un mensaje al mundo a través de Ernesto Samper Pizano: "No toleramos presidentes que hayan sido elegidos con dineros del narcotráfico". El propósito de este mensaje es ejemplarizar al mundo tomando como chivo expiatorio el caso colombiano. Y consideran que las ventajas que obtienen en otras latitudes tienen más peso en su política internacional que los puntos que pierdan en Colombia con la opinión pública. El interrogante, por lo tanto, no es si Estados Unidos se van a enfrentar con Ernesto Samper sino si Ernesto Samper se va a enfrentar con Estados Unidos. Seguramente va a tratar de neutralizarlo con un paquete de medidas drásticas contra el narcotráfico. Esto puede ayudar pero seguramente no será suficiente para que Washington respete el fallo del Congreso. _La economía: muchos afirman que la situación económica no está mal solo por cuenta de la crisis política. Lo que nadie discute, sin embargo, es que está empeorando. Y aunque factores como las altas tasas de interés son primordialmente responsables por el bajonazo, no se puede negar que la incertidumbre sobre la caída o no del gobierno tiene paralizadas las decisiones a nivel empresarial. Tan paralizadas que, aunque Ernesto Samper se cayera mañana, 1996 será un año malo. Ni un cambio de gobierno alcanza a enderezar rápidamente una tendencia económica hacia abajo. Las cifras no son catastróficas pero sí inusuales para el dinamismo de la economía colombiana. Se calcula que el crecimiento de este año será alrededor del 3 por ciento siempre y cuando no haya sanciones económicas por parte de Estados Unidos. Si las hay, las cifras empeoran. _La guerrilla: los colombianos están tan obsesionados con el proceso 8.000 que a veces se les olvida el problema de la subversión. Así como se decía que Antanas Mockus veía desde su balcón subir su prestigio mientras se derrumbaba el de la clase dirigente, algo parecido le está sucediendo a la guerrilla. Esta ve debilitarse a una clase dirigente totalmente polarizada que ha perdido mucho de su legitimidad durante el proceso 8.000. ¿Con qué autoridad puede el gobierno hablar de la narcoguerrilla cuando el mundo entero habla del narcogobierno de Colombia? Si algo había sucedido en el país en los últimos 10 años era la deslegitimación de la guerrilla. Con presidentes, ministros y congresistas acusados de narcofinanciación las fuerzas del monte se relegitimizan automáticamente (ver próximo artículo). La renuncia de Ernesto Samper no depende de Hernando Santos y Julio Mario Santo Domingo sino de Clinton, 'Tirofijo' y las amas de casa, que son quienes padecen las crisis económicas. Ninguno de estos tres factores tiende a mejorar con el 'mogollonazo'. Por el contrario, se pueden empeorar.

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