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| 2/19/2002 12:00:00 AM

Julito tiene la palabra

Julio Sánchez Cristo se ha convertido en la voz de la clase dirigente colombiana., 49390

Julito tiene la palabra, 49390 Julito tiene la palabra
El domingo 10 de febrero la columna de Roberto Posada en El Tiempo tenía el título ‘Segunda vuelta o Julito’. La tesis de D’Artagnan era que Julio Sánchez Cristo, en su afán de elegir a Alvaro Uribe presidente en la primera vuelta, se había convertido en un factor de desestabilidad institucional. El lunes Horacio Serpa, al ser interrogado en una entrevista sobre las deserciones de su campaña, contestó: “No son tantas ni tan graves como cree Julito Sánchez”. El martes la noticia del día era el botafuego de Juan Hernández contra D’Artagnan y Carlos Lemos en entrevista en La FM después de su nombramiento como secretario privado del Presidente. Estos son tres días comunes en el programa radial de Julio Sánchez, La FM. Y esto para no mencionar que días antes Sánchez Cristo había logrado una casi imposible entrevista de 20 minutos con el ex presidente Bill Clinton.

‘Julito’ se ha convertido en una referencia obligatoria de la clase dirigente colombiana. Para su audiencia sus comentarios son la última palabra sobre la actualidad. Originalmente se trataba de oyentes que para distraerse de la dura realidad nacional se relajaban escuchando la voz seductora y los comentarios sobre música, cine y farándula del mayor exponente del periodismo light en Colombia.

Hoy todo eso ha cambiado bastante. Julio Sánchez mantiene su voz y no ha dejado de ser light. Pero a este estilo tradicional se ha agregado un periodismo de opinión que día a día está marcando la pauta en los sectores donde se toman las decisiones importantes en el país. En esa franja ‘Julito’ ejerce un control sobre su audiencia poco común en los atomizados medios de comunicación de hoy. Sobre todo en la radio, cuya función tradicional ha sido más informar que opinar.

Esa audiencia es calificada. Se concentra en la clase alta de las principales ciudades, donde Sánchez le gana por amplio margen a sus competidores por promedios de tres a uno. Pero su sintonía se ha ido extendiendo y, a pesar de la naturaleza elitista del programa, en el cual se habla tanto en inglés como en español, ha conquistado sectores entre la clase media. En sintonía total La FM está muy por debajo de las cadenas básicas de RCN y Caracol, que cubren todo el país y todos los estratos. Pero el solo hecho de que una emisora de FM haya llegado a ser comparada con estos monstruos demuestra la dimensión de este fenómeno.

Y tal vez lo más sorprendente es que la voz con que despiertan todas las mañanas sus oyentes se origina buena parte del tiempo desde Miami. El programa tiene dos sedes principales: una en esa ciudad y la otra en Bogotá. Sánchez conduce todas las mañanas una conversación intercontinental, con múltiples corresponsales en varias ciudades, que muchas veces deja la impresión de que todo el grupo se encuentra en la misma cabina. Bien sea que esté en Bogotá, en Miami o viajando, sus diálogos con Alberto Casas suenan como un desayuno de dos amigos en la misma mesa, aunque con frecuencia están a 1.000 ó 2.000 kilómetros de distancia.

La dupleta Sánchez-Casas es la columna vertebral del programa. El popular ex ministro conservador es el complemento perfecto para ‘Julito’. Quince años mayor que su jefe, Casas es el polo a tierra del periodismo apasionado de Sánchez Cristo.

Porque apasionado sin duda lo es. Ninguno de los críticos de La FM, que son muchos, lo considera neutral. En términos de estereotipos lo encasillan como ‘conspiretas’, gavirista, anticongreso, antisamperista y antiserpista. De esos calificativos algunos son reales y otros exagerados. El más válido es el cargo de perseguidor del Congreso. Sánchez se convierte en un inquisidor implacable que considera todo viaje turismo parlamentario, toda partida un auxilio y todo puesto una expresión clientelista. Su dureza con el Legislativo es a veces desproporcionada. Pero como la mayoría de los colombianos comparten esta posición con la misma intensidad sus cruzadas contra las ‘martacatalinas’ lo han erigido en un paladín de la moral.

Más controversia suscitan los cargos que se le hacen de parcialidad política. Sánchez Cristo fue antisamperista furibundo en los días del proceso 8.000 y la única causa política que reconoce como propia fue el galanismo en su juventud. De ahí en adelante él se considera neutral. A pesar de su reputación de jefe de debate de Alvaro Uribe, en lo personal es igual de amigo de éste que de Serpa y de los otros candidatos. Con excepción de Noemí Sanín, todos los aspirantes a la Presidencia consideran que han sido muy bien tratados por él. Sin embargo, como sus oyentes son evidentemente uribistas y antiserpistas, el tono del diálogo en el programa muchas veces refleja esas preferencias.

Alberto Casas, quien conoce por dentro el mundo de la política, con frecuencia trata de centrarlo, particularmente en sus excesos contra el Congreso. Ese tira y afloje le fascina a los radioescuchas, quienes a veces no se dan cuenta de que es un diálogo entre dos personas que no siempre están en el mismo país. Recientemente se ha sumado a la tertulia Juan Carlos Iragorri desde Madrid y, a pesar de no tener antecedentes radiales, ha demostrado estar a la altura de sus dos compañeros. El otro integrante es Gustavo Gómez, quien es un apoyo de mucho calibre aunque los oyentes por lo general no lo identifican y lo confunden con su jefe.

Julio, quien aprendió de radio al lado de Yamid Amat, ha modernizado el tradicional programa de opinión de la mañana que éste impuso en Colombia. Tal vez su principal contribución es la línea abierta. Esta lo ha convertido más que en una estrella de la radio en el mejor amigo de su audiencia. Amas de casa, ejecutivos, desempleados y hasta taxistas esperan fácilmente 30 ó 40 minutos para oír la voz de ‘Julito’, su compañero de tantas madrugadas en los últimos años.

Como dato curioso, fueron Julio y Alberto Casas quienes produjeron la legislación que hoy los tiene al aire. Hace 12 años, durante el gobierno de César Gaviria, estaba prohibido que las emisoras de FM tuvieran contenido noticioso. Julio convenció al entonces presidente de la conveniencia de modificar esa norma y Casas, como ministro de Comunicaciones, firmó la resolución. Con esa luz verde se convirtió en el pionero de los programas de opinión en la frecuencia modulada con el programa de Caracol Viva FM.

Fue ahí cuando nació la línea abierta. En su segundo programa le abrió los micrófonos al tema del suicidio. Un hombre llamó espontáneamente y comunicó al aire que había tomado la decisión de quitarse la vida. Julio inmediatamente manejó el problema como un sicólogo profesional y los oyentes se sorprendieron al escuchar en vivo y en directo un drama de la vida real, en el cual un suicida era convencido por un locutor de que la vida aún tenía sentido. Los pocos que lo oyeron volvieron esa entrevista el tema de conversación al día siguiente y así nació el fenómeno de Julio Sánchez.

Rápidamente se dio cuenta de que el sensacionalismo era una forma eficaz de cautivar audiencia. En su línea abierta los gays comenzaron a revelar sus secretos, los yernos el odio a sus suegras y las esposas sus reprimidas fantasías sexuales. Algunas veces el programa bordeaba en lo pornográfico y esos temas tabú han sido una constante hasta ahora. Cuando se presentan Julio se crece. Consciente del morbo y la fascinación que despiertan, siempre ha tratado al interlocutor de turno con la misma atención que tuvo esa vez con el suicida. La diferencia es que en estos casos en lugar de trancarlo trata de llevarlo al límite, en medio de la incomodidad de Alberto Casas, cuyo temperamento es más retraído en estas materias.

La fórmula exitosa de La FM fue originalmente un patrimonio de Caracol y ahora lo es de RCN. Este cambio de bando obedeció inicialmente a conflictos entre él y Mabel García, la entonces presidenta de Caracol Televisión. Julio era empleado de Caracol Radio pero la telenovela de JES, la empresa de su padre, se enfrentaba a la de Caracol Televisión. Esto producía fricciones entre las dos empresas. Una vez que en Caracol Televisión se criticó a JES, Sánchez protestó solidarizándose con su familia. Cuando el problema se creció llamó a Julio Mario Santo Domingo, dueño de la cadena, para informarle. Augusto López, quien manejaba el grupo en aquella época, consideró que se había saltado el conducto regular y lo destituyó de forma fulminante. Julio trató de arreglar la situación pero no se pudo y dos meses más tarde fue contratado por Carlos Ardila Lülle.

Una vez pasó a RCN repitió su fórmula anterior con algunos ajustes. La música, como siempre, siguió siendo parte esencial del programa. Sánchez es un experto en esta materia y tiene algo de discjockey en su personalidad. Incluso ha puesto de moda en Colombia a cantantes como Laura Pausini y Francisco Céspedes, cuyo reconocimiento se debe en buena parte a La FM. Lo mismo ha intentado con poetas, aunque en este campo no le ha ido tan bien.

Pero sin duda alguna uno de los elementos clave del programa han sido las entrevistas con los famosos. Sánchez Cristo descubrió que éstos contestan el teléfono en sus casas como cualquier cristiano y es así como ha podido conversar a la hora del desayuno con personajes de la talla de Gorbachov, Sofía Loren, Larry King, Arnold Schwarzenegger, Robert Redford, Nelson Mandela, Pavarotti y Anthony Quinn, entre muchos otros. Gustavo Verbel, un productor de La FM, es la persona que tiene la misión imposible de encontrar a estas celebridades. A las 4 de la mañana comienza todos los días a buscar actores, presidentes, toreros, científicos, etc., a quienes Julio quiere entrevistar. Algunas veces la cosa es fácil pues el personaje está registrado en el directorio telefónico. Otras veces hay que pasar por múltiples burócratas antes de llegar al jefe. Cuando se trata de visitas de Estado, Verbel averigua cuáles son los dos o tres hoteles en los que la persona buscada podría alojarse. Cuando la ubica se juega la carta de ver si se la pasan. A veces resulta y a veces no.

La localización de personajes está llena de episodios que hoy forman parte del anecdotario de La FM. Un día, buscando a Robert Redford, Verbel logró de milagro que le dieran el número del teléfono celular del carro. El actor, quien manejaba su convertible entre Los Angeles y San Francisco, contestó en forma desprevenida y, sin más ni más, le conversó media hora a Sánchez desde las autopistas de California.

En todo caso el programa es un coctel de muchos elementos. Un día normal puede incluir las confesiones de una striptisera, una entrevista con el presidente del Consejo Superior de la Judicatura, un análisis de qué fue lo que pasó realmente en la Enron, una conversación con Bertolucci o un agarrón al aire entre dos candidatos presidenciales.

Sánchez y Casas han creado un mundo propio que comparten con sus oyentes. Este mundo tiene términos como “bagre” y “lamparazo“; personajes como el ‘Aterrado’, Guillermo Rozo Riveros y un peluquero de apellido Navarrete. También tienen ritos, como la fanfarria con que saludaban y despedían a C. Ll. de la F. (Carlos Lleras de La Fuente) cuando era director de El Espectador, y las disculpas que invariablemente les presentan a las hermanas de Alberto Casas cada vez que hablan de sexo.

Sin embargo el fuerte del programa en la actualidad es la opinión. Sánchez tiene las antenas bien puestas, está muy informado y tiene una rara agilidad como entrevistador. Combina la cordialidad con la confrontación. Al entrevistado por lo general le pregunta lo único que quiere que le pregunten y, al final, le saca lo único que no quería que le preguntaran.

Todas estas habilidades han convertido a Julio Sánchez en un periodista muy influyente en el país. Llegar a este punto ha significado un largo recorrido. Su nicho original era el mercado light del estrato seis de Bogotá. Hoy su audiencia se ha ampliado en cobertura geográfica, demográfica y social. Cualquier personaje o aspirante a serlo, del sector público o privado, sabe que aparecer en La FM es una de las forma más efectivas de ganar o de perder espacio en la opinión. Julio muchas veces inclina la balanza. En el pasado este poder era más propio de otros medios de comunicación, como los periódicos, la televisión y las cadenas básicas de radio. La posición de Julio Sánchez la han ostentado y la ostentan hoy otros periodistas en esos medios. La gracia de Julio Sánchez es haberlo logrado creando su propio espacio.

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