Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 7/8/1996 12:00:00 AM

"LA CRISIS SOLO COMENZARA AHORA"

"LA CRISIS SOLO COMENZARA AHORA" "LA CRISIS SOLO COMENZARA AHORA"
Entrevista: fernando cepeda ulloa "La crisis sólo comenzará ahora" En medio de la confusión desatada por la crisis política e institucional que vive el país por cuenta del proceso 8.000 y del juicio al presidente Ernesto Samper, miles de colombianos se preguntan en qué va a parar todo esto. Por ello, SEMANA decidió consultar al avezado gurú y padre de los politólogos colombianos, el ex ministro de Gobierno y de Comunicaciones Fernando Cepeda Ulloa. Estos son los principales apartes de la conversación, por demás llena de sorpresas y de tesis arriesgadas.
Semana: La pregunta más generalizada en estos días es para dónde van las cosas. ¿Cuál es su opinión?
FERNANDO CEPEDA: Aunque le parezca sorprendente, la crisis no ha comenzado. Arranca con todo vigor después del fallo del Congreso.
Semana: ¿Y le parece poquito todo lo que ya ha pasado?
F.C.: Pues frente a lo que puede pasar y a lo que estoy anticipando en mis meditaciones solitarias, lo que hemos visto es apenas el prólogo.
Semana: ¿Qué es lo que anticipan esas meditaciones solitarias?
F.C.: Un proceso creciente de radicalización, que es peor que la polarización que hemos vivido. Los síntomas están a la vista y el debate en el Congreso está estimulando ese proceso, al igual que el vocabulario de altos quilates que se está usando por los lados del sector empresarial.
Semana: Pero todo esto parece inevitable ante la prolongación de la crisis. ¿Qué alternativas habría para evitar que la polarización se volviera radicalización?
F.C.: A mí me parece indispensable hacer una pausa cuando se conozca la decisión de la Cámara. Estados Unidos, el sector empresarial, los medios, el gobierno y los demás actores deben hacer una pausa para reexaminar la situación a la luz de lo que significa para unos y para otros esa determinación.
Semana: El problema es que los opositores creen que ya hicieron esa pausa, cuando después de que habló Fernando Botero hubo muchos mensajes del gobierno para que se abriera el espacio a una salida digna. Y entonces, como ésta no se presentó, se habló de conejo...
F.C.: Si la decisión de la Cámara es favorable al Presidente, cualquiera que sea la evaluación que unos y otros hagan de la misma, Samper ya tiene en forma definitiva una salida personal digna. Ante esa situación, yo estoy convencido de que el Presidente pasa a ser otra persona: un hombre libre. Y entonces yo creo que será capaz de adoptar las decisiones que ahora, arrinconado, cuestionado, en peligro de ser acusado ante el Senado, no ha podido tomar.
Semana: Lo que pasa es que las señales son exactamente las contrarias, son las del "aquí estoy y aquí me quedo". ¿Qué le hace pensar que, victorioso y con la absolución bajo el brazo, el Presidente busque una salida?
F.C.: El Presidente está haciendo ahora lo que le corresponde. No puede hacer otra cosa: una señal equivocada puede derrumbarlo. Dentro de esa lógica _si es que ésta existe_ tiene que hacer lo propio una vez que sea un hombre libre. Y así como está por lograr, en términos personales, su objetivo en la Cámara, yo espero que logrará alcanzar una salida digna para la Nación después de la decisión de la Cámara.
Semana: Y si no lo hace...
F.C.: Si se da la pausa, o sea, si se dan las condiciones para que eso ocurra y el Presidente no procede en consecuencia, yo creo que la radicalización es inevitable y me duele decir que justificada.
Semana: Miremos ese abismo. ¿Qué cree usted que haría Estados Unidos?
F.C.: Si se dejaran aconsejar, debería hacer la pausa. Y dejar que los colombianos resolvamos este problema. Yo comparto la tesis de un importante think tank europeo, el Irela, cuando dice en un informe reciente al parlamento europeo que el sistema político colombiano ha demostrado que tiene la capacidad de resolver aun las crisis más difíciles.
Semana: ¿Qué debería pasar durante la pausa?
F.C.: La pausa tiene que servir para encontrar la salida política digna, porque _repito_ ya la personal la habrá otorgado la Cámara. Creo que durante la pausa es inescapable que actores que hasta el momento han jugado un papel menos protagónico, pasen a ocupar el centro de la escena.
Semana: ¿Como quiénes?
F.C.: El ex presidente Alfonso López Michelsen. Ojalá los demás ex presidentes, así enfrenten limitaciones de diverso orden. Sin duda las cabezas de los grupos económicos predominantes. Por supuesto Hernando Santos, quien por el papel que ha jugado hasta ahora tiene una gran autoridad. Sin duda Gabriel García Márquez, por la legitimidad que tiene internacional y nacionalmente. Y claro está, los demás actores que han estado presentes.
Semana: Pero es que esas personas lo que parecen haber dicho es que no tienen por qué meterse en eso...
F.C.: Puede que hasta ahora hayan tenido razón en lo que tenía que ver con emitir un juicio sobre las implicaciones penales o de indignidad de la conducta del Presidente. Para eso existía una vía institucional. Algunos de ellos así lo plantearon y así ocurrió. Pero después de la decisión de la Cámara estaremos ante una nueva realidad. Diría que a Colombia le llegó la hora de la verdad. Y ellos no tienen cómo escaparse.
Semana: ¿Qué hace que ya no se puedan escapar?
F.C.: Todos, incluyendo la persona que entregó los narcocasetes, eludimos el tema durante la primera etapa de este tortuoso proceso. No le dimos credibilidad. Luego, cuando el tema se nos vino encima con la declaración de Santiago Medina, le hicimos al asunto un segundo quite: en vez de afrontar el necesario debate político, nos enredamos en un galimatías jurídico en el cual todavía estamos y que debe terminar con la decisión que adopte la Cámara. Y ahí sí, por fin, se viene el inescapable debate político, sin incisos, sin códigos, sin jurisprudencias, sin tutelas.
Semana: ¿En qué consiste ese debate político?
F.C.: En establecer qué es lo que le conviene a la Nación toda, cómo vamos a relegitimar las instituciones, cómo vamos a recuperar lo que hemos perdido...
Semana: Y en su opinión, ¿qué hemos perdido?
F.C.: Muchísimo. Habíamos hecho, en medio de la situación menos propicia _narcoterrorismo, ofensivas guerrilleras, apagón, etc._ una reforma económica, una reforma constitucional, una modernización institucional y, en esencia, una relegitimación y puesta al día de la economía y de las instituciones. El sistema se había legitimado y la guerrilla había quedado deslegitimada, sin proyecto político, sin discurso, y reducida, según dicen las Fuerzas Armadas, a un narconegocio. Ahora parece que todo es al revés, que en vez de narcoguerrilla tenemos narcopolítica, narcoinstituciones, narcoeconomía, narcodemocracia. ¡Esto es un absurdo!
Semana: Pero según algunos, la pérdida no es sólo en el plano interno...
F.C.: Globalmente, estamos echando por la borda una de las mejores oportunidades de nuestra historia. En medio de la tragedia de los magnicidios y las bombas que comenzó en el 89, el mundo miró a Colombia con admiración, casi con asombro, al ver el coraje y la determinación con la que metíamos más democracia a un sistema político sitiado. Y además de admiración, obtuvimos respetabilidad, escenarios para presentar nuestro caso, cooperación internacional e interlocutores. El mundo sentía que nos había fallado y que nosotros nos estábamos jugando a fondo. No nos rajamos...
Semana: ¿Y eso sí sirvió de algo, más allá de lo simbólico?
F.C.: Europa y Estados Unidos se sintieron en la obligación moral y política de otorgarnos unas preferencias comerciales, no como dádiva, sino como reconocimiento. Estaban pagando una deuda. Tanto las reformas económicas como las institucionales nos colocaron en un lugar de privilegio en América Latina, donde se pusieron de moda las constituyentes como medicina para las crisis. El caso colombiano adquirió aún mayor proyección con las crisis mexicana y venezolana. En América Latina nos las íbamos con Chile, con la ventaja evidente de que no habíamos pasado por la dictadura. Eramos el ejemplo de cómo se podía desafiar al narcotráfico y modernizar un país por la vía democrática. Así lo declaró públicamente el Departamento de Estado cuando se produjo el 'fujimorazo'. Y el drama es que ahora muchos creen que la salida aquí es un 'fujimorazo'.
Semana: Pero Estados Unidos también está perdiendo. Miremos lo que le pasó en la cumbre de la OEA con la declaración de todo el continente sobre la ley Helms-Burton contra Cuba...
F.C.: Hay dos maneras de mirar ese episodio. La que plantea esta pregunta y la que resulta de preguntar si en esa cumbre hubo una solidaridad con Colombia similar a la que despertó una declaración contra una ley que afectaba a Cuba. Hay silencios que matan... Definitivamente hemos perdido capacidad de convocar aliados.
Semana: Hay algo de nostalgia en sus palabras...
F.C.: Todavía no... Durante la pausa se puede rescatar todo esto y más. Esa es la gran responsabilidad que tienen el Presidente y todos los demás. Todavía hay tiempo. La alternativa es derrumbarlo todo. Y algo de eso está pasando ya.
Semana: Usted habla una y otra vez de una salida digna. Sin embargo, el Presidente tiene derecho a pensar que no hay nada digno en caerse en medio de un escándalo de narcopolítica. ¿Qué le hace pensar que vaya a cambiar de opinión?
F.C.: Si al Presidente no lo acusan ante el Senado, ello quiere decir que no lo suspendieron, no lo destituyeron, no se cayó. Lo que el Presidente habría recuperado es su libertad para contribuir a encontrarle una salida digna a la Nación. El error máximo sería quitarle o limitarle esa libertad. Samper, como un hombre liberado, está condenado a encontrarle esa salida digna al país, más allá de cualquier consideración personal, pues eso ya está superado.
Semana: ¿Qué pasa si se da la pausa y el Presidente la aprovecha para atrincherarse, proponer gabinetes de unidad, consultas, anticipación de elecciones y canales del Atrato, en resumen, si sigue, como piensan algunos, comprando tiempo?
F.C.: Si procede así, se estaría encadenando, perdiendo la mejor oportunidad para propiciar una gran salida de proyecciones históricas formidables. Y entonces, eso no tendría perdón de Dios. La oportunidad la tiene. Me niego a creer que la desperdicie y que la cambie por seguir comprando tiempo, que ya sería tiempo del malo.
Semana: Y si Samper escoge la salida digna, ¿quién debe sucederlo?
F.C.: Hay un mecanismo automático que coloca inmediatamente al Vicepresidente de la República en la Presidencia. Eso no se discute. No está sujeto a interpretaciones de normas, parágrafos ni incisos. Eso es transparente. De la misma manera que he defendido para el Presidente la vía institucional, me parece que no se debe discutir siquiera la vía institucional para el Vicepresidente. Discutirla es negar su carácter automático. Es desconocer la institucionalidad. Y es exponer al país a las vías de hecho. Eso es una locura.
Semana: Pero hay mucha gente hablando de una tercería...
F.C.: Si la regla constitucional de la sucesión, que es la de la vicepresidencia, es objeto de debate, ¡qué tal el debate que se armaría para escoger a ese tercero!
Semana: ¿Y si todo esto que usted plantea falla, y no hay salida digna y se nos viene la radicalización?
F.C.: Entonces sí preparémonos para lo peor. Aquí puede pasar cualquier cosa. El menú de opciones es venenoso. No hay nada medianamente soportable: sanciones comerciales, suspensión de visas al más alto nivel, marginamiento internacional, desbordamiento de la guerrilla, anarquía, resistencia civil. Aquí muchos obran como si en Colombia no existieran factores de violencia, de resentimiento y de desestabilización capaces de llevarnos al peor de los desastres. Yo no jugaría con ese riesgo. No hay para qué jugar con candela.
Semana: Una última pregunta que es más bien una curiosidad. ¿Qué opina de lo que le ha pasado a Fernando Botero, su aventajado alumno de Los Andes?
F.C.: He seguido con admiración el periplo vital de Fernando Botero. Admiré su desempeño académico en Los Andes. Su éxito en Harvard, donde obtuvo dos magísteres. La manera como se involucró, también con éxito, en la política. Como mi viceministro siempre me pidió que le dejara resolver los problemas más difíciles de orden público que tuvimos. Posteriormente jugó un papel destacado en el Senado. Se comprometió a fondo, por ejemplo, con la ley sobre seguridad social y se jugó también en el debate sobre la fuga de Pablo Escobar. Y admiré la manera como se comprometió en la lucha contra el cartel de Cali. Una persona que habría podido irse a vivir a Europa o a jugar golf o a gozar de la dolce vita, ¿para qué correr esos riesgos, si no era porque tenía una vocación de servicio público? Y mire la paradoja. Admiré la entereza con que renunció al Ministerio de Defensa y soportó los rigores de la adversidad. Y, luego, que se hubiera dado la pela de hacer una confesión pública de sus propios pecados, de sus errores, a sabiendas de todo lo que ello podría significar. Creo que en una persona hay que admirar la manera como maneja el éxito y la forma como enfrenta la desgracia.

EDICIÓN 1879

PORTADA

Gustavo Petro: ¿Esperanza o miedo?

Gustavo Petro ha sido un fenómeno electoral, pero tiene a muchos sectores del país con los pelos de punta. ¿Cómo se explica y hasta dónde puede llegar?

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com