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| 9/20/1999 12:00:00 AM

LA CUÑA QUE MAS APRIETA

En un enfrentamiento público entre las FF.MM.y el ex ministro Rafael Pardo, tras el asesinato de <BR>Jaime Garzón, se pone en evidencia la polarización que vive Colombia.

LA CUÑA QUE MAS APRIETA, Sección Nación, edición 903, Sep 20 1999 LA CUÑA QUE MAS APRIETA
Rafael Pardo Ruedalo unía una amistad entrañable con Jaime Garzón. Los dos se habían
hecho amigos desde finales del gobierno del presidente Virgilio Barco, cuando Pardo era director del Plan
Nacional de Rehabilitación, y esa amistad se había fortalecido mucho en los últimos tiempos. La muerte del
periodista y las sindicaciones que hicieron diversos medios de comunicación inspiraron la columna que
Pardo escribió para El Espectador, el pasado miércoles 18 de agosto, titulada, 'Garzón'. En su columna Pardo
dijo que las actividades humanitarias que Garzón adelantaba en beneficio de familiares de secuestrados por
las Farc y el ELN le habían traído al periodista incomprensión por parte de algunos integrantes del Ejército.
Afirmó además que Garzón había sido amenazado por Carlos Castaño. E hizo referencia también a una
comida en su casa en la cual, ante varias personas, el periodista le había dicho al entonces ministro Rodrigo
Lloreda que el comandante del Ejército, el general Jorge Enrique Mora, lo había acusado de ser amigo de la
guerrilla. Ante lo anterior Pardo terminaba su columna de la siguiente manera: "Varios medios han señalado
que una de las hipótesis del asesinato recae en el Ejército. El editor general de El Tiempo, Francisco Santos,
también lo señaló. ¿Por qué el Ejército reacciona tan tarde? ¿Por qué los mandos del Ejército no sabían que
Garzón era hostilizado por los militares? ¿Por qué Castaño desmiente su autoría y sí se le cree? Son
preguntas que no pueden quedar en el aire ante la muerte de nuestro querido Jaime Garzón". Nada de lo que
Pardo cuestionaba resultaba ajeno al debate nacional. La columna de Francisco Santos había alborotado el
avispero y había ido muchísimo más lejos en señalar a sectores de ultraderecha militar como posibles
cómplices del crimen de Garzón. Pero no sólo Santos lo hizo. Un buen número de medios trajo a cuento las
distintas hipótesis del atentado contra Garzón entre las que se cuentan la que sindica a los paramilitares
liderados por Castaño, o a ex miembros de las Fuerzas Militares, o a autodefensas no relacionadas con
Castaño o, también, a las que sindicaban a las Farc o aun a elementos relacionados con las actividades de
secuestro por parte de la guerrilla. La respuesta no se hizo esperar. Los comandantes de División y el
segundo comandante del Ejército salieron en defensa de su superior. La carta a Pardo es un texto bien
escrito, lleno de alusiones a posibles intereses políticos por parte de Pardo, llamamientos a poner por
encima de los intereses personales los de la Nación y contrapreguntas. Pero el tono de la carta demuestra
sobre todo indignación.La reacción del Ejército no ha sido afortunada. El espíritu de cuerpo y la indignación
son sin duda justificadas y predecibles pero la verdad es que la existencia de tantas suspicacias en los
medios de comunicación no es gratuita y merece una respuesta cuidadosa y detenida.Es claro que una
institución no puede ser blanco de ataques por parte de los medios sin que existan pruebas para ello. Pero
Rafael Pardo no hizo nunca algo semejante. El lenguaje de Pardo es muy cuidadoso y se limita a formular
preguntas que podrían haber sido respondidas de manera serena por los aludidos.Lo cierto es que su reacción
frente al ex ministro Pardo habla mucho del grado de polarización que vive el país y de la tensión en que se
encuentran los altos mandos. Macartizar a Pardo y dudar de sus propósitos al escribir su columna en El
Espectador es apenas una manera de sacarle el cuerpo a las preguntas. Quizás el único que puede
legítimamente formular esas preguntas es el propio Pardo. Al fin y al cabo se ha jugado a fondo toda su vida
como funcionario del gobierno, fue clave en el diseño del Ministerio de Defensa que existe en la actualidad,
hizo las veces de primer ministro de Defensa civil y su reputación como estudioso de los temas militares no
podría ser mejor. Pero en medio de un conflicto en el que pierde la vida alguien como Jaime Garzón,
señalado como cercano a uno de los bandos por el otro, no es extraño que un integrante del
establecimiento como Rafael Pardo termine en una controversia pública con el Ejército.Resulta, sin
embargo, paradójico que el Ejército la haya emprendido, en masa, contra el ex ministro Pardo. Después de
todo los últimos que se habían molestado con un artículo de Rafael Pardo habían sido nada más y nada
menos que los miembros del secretariado de las Farc. Al comentar un artículo escrito por Pardo, titulado
'Colombia: la guerra del fin del siglo', la revista Resistencia de las Farc afirmó en mayo pasado que Pardo
diseñó una política "deliberadamente concebida para golpear al adversario a sabiendas y a pesar de los
costos". En ese artículo las Farc acusaron a Pardo de "genocida" por el ataque a Casa Verde y lo
condenaron a ser juzgado en un "consejo de guerra revolucionario". Sin duda Pardo se equivocó en el tono
de sus preguntas y calculó mal la reacción de sus interlocutores, en un ambiente de opinión tan caldeado,
pero no es menos cierto que en las comunicaciones públicas posteriores todos se han salido de tono.
Espectáculo que, para este momento, debe ocupar buena parte del entretenimiento de las Farc en la
zona de despeje.

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