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| 7/11/2018 10:20:00 PM

"La historia es aquí y ahora”, la despedida de Ibáñez cuando renunció la corte

En agosto del 2012, faltando tres años para cumplir su periodo como magistrado de la Corte Suprema de Justicia, Augusto Ibáñez presentó su carta de renuncia al alto tribunal argumentando razones personales. SEMANA reproduce las palabras de despedida que le hicieron sus colegas antes de verlo partir.

La despedida de Augusto Ibáñez cuando renunció a la corte "La historia es aquí y ahora”, la despedida de Ibáñez cuando renunció la corte Foto: Archivo particular

Aún sorprendidos por su decisión de levantar velas para zarpar hacia nuevos rumbos, tratamos de comprender sus argumentos. “Uno debe hacer las cosas con amor, pero no debe enamorarse de ellas”, le dijo a la Sala Plena el día que presentó renuncia. Y tiene razón: las grandes obras del Estado son prestadas a los hombres mientras las forjan, porque, una vez terminadas, se convierten en activos de la sociedad.

Con cierta frecuencia le escuchamos insistir en los juicios que emitirá la historia frente a la misión cumplida por la Corte Suprema en los últimos años, en la cual ha sido protagonista de primera línea. Pues bien, doctor Ibáñez, en el trayecto recorrido junto a usted, la justicia aprendió, como lo sentenció Eliot, que “la historia es aquí y ahora”.

“Uno debe hacer las cosas con amor, pero no debe enamorarse de ellas”, Augusto Ibáñez.

En los escasos cinco años de su paso por la judicatura se han escrito páginas memorables que nada ni nadie podrán borrar. Las enseñanzas, los juicios, la jurisprudencia y la doctrina, cuidadosamente labrados en el tiempo presente por la Corte de la que hizo parte, señalan los derroteros de la justicia actual y la de las épocas que vendrán.

Ya hacen parte de la historia sus invaluables aportes a la justicia penal de la Colombia contemporánea. Como lo afirmó en algún momento en calidad de presidente de la Corte –con palabras que despertaron asombro pero hoy nadie niega–, lo conquistado equivale a un salto cualitativo hacia el siglo XXI o siglo de los jueces. Concepto lejano  y ajeno a la vanidad del poder, aunque sí plenamente conectado a la importancia que cobra la justicia y las víctimas, frente a siglos anteriores en los que primó el fortalecimiento de los poderes Ejecutivo y Legislativo y la protección del sindicado –sin que ésta hay sido abandonada.

La justicia penal de nuestro país es punto de referencia en otras latitudes. Es incuestionable el proceso de inserción de nuestra jurisprudencia en el ámbito internacional, con el cubrimiento y uso pleno de los instrumentos y estándares contenidos en los pactos multilaterales, por un lado de lucha contra el crimen y, por otro, de respeto a los  Derechos Humanos y al Derecho Internacional Humanitario.  

Su lucidez y aguda visión, doctor Ibáñez, estuvieron allí presentes. Su inteligencia y conocimientos no sólo acompañaron a la Sala Penal, sino que guiaron y dirigieron la apertura de trascendentales avances de la Corte Suprema hacia el mundo de la justicia que ya no conoce fronteras. Su persistencia en la máxima de “cumplir y hacer cumplir”, como deber inalienable del Estado frente a los delitos de lesa humanidad, traspasó los espacios de la justicia para ponerla en el plano de la democracia en el más amplio sentido. 

Su espíritu inquieto, valiente y audaz queda impregnado en una Corte que permanece a la vanguardia en un mundo de cambios, pero fiel y defensora de los principios y valores más caros de la humanidad y la civilización. Espíritu que usted representó cuando los tiempos lo demandaron. En usted, el país y el mundo vieron el carácter, la seguridad y la firmeza de un Tribunal Supremo en épocas de crisis, porque como Presidente de la Corte se comportó cual capitán de barco que prefiere sucumbir en las profundidades del mar antes que abandonar la nave y sus ocupantes.   

Ante ese capitán, que enalteció a la Corte Suprema de Justicia en su paso por ella, esta noche dejamos constancia de gratitud y reconocimiento.

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