Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 7/12/1999 12:00:00 AM

LA GRAN DERROTA

La reforma política se hundió no tanto por la arrogancia de Andrés Pastrana como por la de <BR>'Tirofijo'.

LA GRAN DERROTA LA GRAN DERROTA
No tiene ninguna gravedad que se haya caído la reforma política la semana pasada. No porque
ésta fuera mala sino porque no era indispensable. Y al no ser indispensable, la única justificación que
podía tener era la de ser el resultado de un consenso político, que no existió. Lo cual puso en manos del
voto del senador indígena Jesús Piñacué la suerte del proyecto bandera del gobierno. Y Piñacué decidió
enterrarlo. ¿Por qué no era indispensable este proyecto? La reforma tenía dos pilares: las modificaciones al
régimen electoral y las facultades extraordinarias al Presidente de la República para sacar adelante el
proceso de paz. El primer punto, la reforma electoral, era bien intencionado pero confuso y muy
probablemente de ponerse en práctica sus resultados habrían sido tan imperfectos como los actuales. Umbral,
cifra repartidora, opción preferente, son temas que además de ser controvertidos dentro del propio Congreso
no despiertan ningún entusiamo en la galería.Independientemente de las bondades electorales que hubiera
podido tener el proyecto el hecho es que no era oportuno presentarlo en este momento. En medio de un
proceso de paz, en el cual aún existe la esperanza de una negociación seria, anticipar una reforma electoral
es un despropósito. Es absolutamente seguro que si dentro de dos o tres años 'Tirofijo' y 'Gabino' firman
un acuerdo para convocar a una Asamblea Constituyente uno de sus aspectos fundamentales será la
modificación del sistema electoral. Cuando un movimiento subversivo ingresa al sistema su supervivencia de
ahí en adelante depende de los mecanismos para acceder al poder. Ante esa realidad es más conveniente
seguir con el sistema actual hasta que llegue el momento de reemplazarlo por uno nuevo, producto de una
negociación con las fuerzas insurgentes que renuncien a la vía de las armas.Sin embargo el proyecto del
gobierno no se hundió por ninguna de las consideraciones anteriores, que de por sí serían suficientes.
Naufragó por las facultades extraordinarias al Presidente. Sobre esto se ha hecho mucha demagogia de lado
y lado. Los críticos del gobierno han denunciado pretensiones dictatoriales de Andrés Pastrana. Los
defensores del Presidente alegan que esas facultades eran necesarias y que vetarlas equivale a oponerse al
proceso de paz. Estas dos interpretaciones son exageradas. La realidad es que otorgarle facultades
extraordinarias al Presidente de la República no es absurdo. En Colombia las cosas manejadas a nivel de
junta directiva no funcionan. Alguien debe tener la sartén por el mango y ferrocarrilear los procesos. Esto,
sin embargo, solo se justificaba mientras existiera credibilidad alrededor de la buena voluntad de la
guerrilla y de la capacidad negociadora del primer mandatario. La confianza sobre estos dos aspectos ha
disminuido notoria en las últimas semanas. Andrés Pastrana tiene más audacia que estrategia y ya es evidente
que, si bien se la está jugando toda por la paz, no tiene claro ni cómo se consigue ni a qué costo. Esa en el
fondo fue la razón de la salida de Rodrigo Lloreda del Ministerio de Defensa. En estas circunstancias
darle al Presidente una chequera en blanco asusta. Si a esto se suma la arrogancia con que el gobierno
manejó ante la clase política el trámite del proyecto, la reforma no tenía chance alguno. Más grave que la
arrogancia del gobierno ha sido la de la guerrilla. Si 'Tirofijo', en lugar de haber dejado la silla vacía en
San Vicente del Caguán hubiera asistido a esa ceremonia, leído un discurso no insultante y
posteriormente respetado los plazos del despeje, es muy probable que el Congreso no hubiera negado las
facultades extraordinarias. Lamentablemente su línea de conducta a veces despierta la sospecha de que
su meta, más que la paz de Colombia, es solamente una ley permanente de canje de prisioneros. Y esto
también asusta. En otras palabras, de no ser porque el Presidente ignora para dónde va y el jefe guerrillero lo
tiene demasiado claro, no hubiera naufragado la reforma política. Aún así no es muy grave. Colombia es un
país presidencialista y con o sin facultades extraordinarias el jefe del Estado manda y puede sacar las
cosas adelante. Prácticamente todo lo que buscaba a través de las facultades lo puede hacer mediante las
atribuciones que le da la Ley 418, expedida para negociar la paz durante el gobierno de Ernesto Samper. Esta
tiene vigencia hasta diciembre de este año, y por ser una ley ordinaria y no una reforma constitucional se
podría prorrogar sin mayor problema. Lo único que no está contemplado en esta ley, y que en cambio sí era
posible con la reforma política, son las facultades para otorgar indulto por delitos atroces. Esta capacidad era
considerada por algunos como la pieza clave para hacer jurídicamente viable cualquier canje de secuestrados
por prisioneros. No obstante, son tan grandes las implicaciones de ese canje y tan escaso el consenso que
existe alrededor del mismo que no es malo que se aplace este punto hasta que el proceso de paz haya
entrado en una etapa más avanzada. Comenzar por ahí no era sano y el veto del Congreso a la reforma política
puede, paradójicamente, terminar fortaleciendo la capacidad negociadora del Presidente.Por todo lo anterior
se podría llegar a la conclusión de que las únicas consecuencias concretas que tuvo la batalla por la
reforma fueron las políticas. Es significativo que apenas con 10 meses de duración el gobierno haya sido
objeto de una derrota de esa dimensión. Esto lo obligará a agachar un poco la cabeza y a replantear su
estrategia, dándoles juego a otras fuerzas políticas.De la misma manera el naufragio representa un triunfo para
Horacio Serpa, quien a pesar de haber cambiado de bando a mitad de camino quedó ante la opinión
pública como el abanderado del hundimiento. Igualmente para Juan Manuel Santos, quien efectivamente fue
el estratega del sabotaje, y para el Congreso, que definitivamente se ganó con esa victoria su puesto en la
mesa de negociación de la paz.

EDICIÓN 1874

PORTADA

La orquesta del Titanic

Para tomar decisiones en el Consejo Nacional Electoral son necesarios 6 de los 9 votos. Cinco de esos votos ya están listos contra la posibilidad de que exista una candidatura viable de centro. La determinación del Consejo Nacional Electoral no será jurídica, sino exclusivamente política.

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com